Capítulo 17
Esta vez la que siente un escozor en las piernas al despertar es Katherine Taylor.
La noche anterior pasaron varias horas en el sofá haciendo de todo, y aunque Jodie es la que sigue controlando el ritmo, lo que ocurrió en ese ático se puede catalogar como una buena follada.
La limpiadora esta vez tomó el control, y Katherine de solo recordarlo sufre unos espasmos por todo el cuerpo que no puede controlar.
La empresaria se durmió del tirón una vez puso la cabeza en su almohada y ahora se concede unos minutos con los ojos cerrados para recordar cómo Jodie dormía a su lado con un gesto tranquilo y la melena desparramada sobre la almohada.
Un movimiento en el colchón hace que Katherine mueva la cabeza y se encuentre con la espalda desnuda de su amante, que se ha sentado y parece lista para salir de la cama, pero ella no lo permite y, en un rápido movimiento, la abraza con fuerza y la atrae hacia ella.
—¿A dónde crees que vas? —pregunta la dueña del hotel Mallois dándole besos por la cara y el cuello.
Jodie se ríe y esa melodía enloquece a Katherine.
—Tengo turno en el hotel —logra decir la limpiadora disfrutando de los besos de su amante.
—Mejor te quedas aquí conmigo —susurra Katherine y se mueve para quedar encima del cuerpo de Jodie—, y disfrutamos la mañana juntas .
La rubia hunde su lengua húmeda en la boca de Jodie y por unos segundos se enredan en un beso frenético, que lo acompañan sus manos nerviosas.
Jodie Sinclair se siente como nunca y aún le cuesta creer que esa mujer de la que lleva años enamorada esté allí a su lado pidiéndole que se quede en la cama con ella.
La noche anterior decidió demostrarle lo mucho que le gustaba y sobre todo las ganas acumuladas que tenía de devorarla entera, y al parecer funcionó, porque Katherine Taylor gime —y mucho— cuando algo la enloquece.
—Tengo que ir a trabajar y lo sabes —contesta Jodie sofocada y con la voz temblorosa.
—Soy la dueña del hotel y te doy el día libre —dice Katherine como toda respuesta y se acerca para morder los labios de su amante.
Jodie siente como los dientes de Katherine ejercen una presión paralizante en su labio inferior y le cuesta controlar un aullido de placer que brota de su garganta. Se separa como puede y Katherine la mira frunciendo el ceño.
—De ninguna manera, Katherine Taylor. Es mi trabajo y pienso cumplirlo. Ahora, deja que me levante, no quiero llegar tarde —zanja la limpiadora y la empresaria se derrite, una de las cosas que más le gusta es el ímpetu de la chica.
La dueña del hotel Mallois no dice nada, pero antes de apartarse mira a Jodie con cariño, le acaricia la cara y le deja un beso casto, pero tan sentido que la limpiadora cierra los ojos para disfrutar de la sensación.
Media hora después, Jodie Sinclair entra a la primera habitación que le toca limpiar.
La planta siete del hotel Mallois es de las más grandes y la chica tiene en su hoja de trabajo más de diez habitaciones que no solo exigen cambio de sábanas y toallas, sino también desinfección de suelos y baños.
Un ruido la sobresalta de repente y, al girarse, se encuentra con la mirada de Marjorie García clavada en ella .
—Ocúpate también de la habitación veintiuno y la veinticuatro —dice Marjorie mientras le pasa los dedos a una mesa comprobando si está bien limpia.
Jodie llena de aire los pulmones.
—Tengo diez habitaciones de esta planta y si tengo que limpiar dos más, necesitaré a alguna de mis compañeras para que…
—Estás sola, no pienso ponerte a nadie más para acabar un trabajo que puede hacer una sola persona —escupe Marjorie paseándose por la habitación en modo militar—. Y es mejor que te des prisa con esta, los huéspedes han pedido entrada temprana.
Y sin decir nada más, la encargada del servicio de limpieza sale de la habitación, dejando a Jodie con ganas de cogerla por el pelo y arrastrarla por el suelo.
Desde que la limpiadora entró al hotel, Marjorie García siempre ha sido más dura con ella que con el resto, al principio lo aguantaba todo y acataba las órdenes sin rechistar, pero con el paso del tiempo cada vez la soporta menos y tiene miedo de que en algún momento no pueda controlarse y se enzarce con ella en una discusión absurda que le cueste su puesto de trabajo.
—Pensé que hoy no comías aquí —dice Sarah, que estaba a punto de llevarse a la boca un trozo de filete.
—He terminado hace unos minutos, he tenido que limpiar doce habitaciones de las grandes, estoy agotada —contesta Jodie sentándose y abriendo un sándwich que ha comprado en la cafetería.
—Será hija de puta —brama Sarah, levantando la voz más de lo que quería, refiriéndose a Marjorie.
—Sabe que Katherine y yo estamos juntas y…
—¿Qué? —reacciona Sarah —, ¿cómo que estáis juntas? Y me lo sueltas así, tan tranquila .
Jodie se ríe, por más que lo repita, le cuesta creer que está saliendo con Katherine Taylor.
Decide contarle todo lo que ha ocurrido en los últimos días y su amiga mantiene la boca abierta durante toda la historia hasta que llega el momento de comprender que Marjorie García tiene una especie de arrebato porque la dueña del hotel y la limpiadora parecen tener un affaire .
—Estoy muy contenta por ti, Jodie, de verdad.
Has sufrido mucho y te mereces una tregua —contesta Sarah y le coge la mano a su amiga con afecto—.
En cuanto a Marjorie, pasa de ella. Sabes cómo es y ahora que se entera de lo vuestro tiene una rabieta que no le durará mucho.
No es tonta y sabe que no le conviene echarse de enemiga a la jefa ni joder, a su novia.
—No somos novias —responde Jodie, aunque le encantaría que lo fueran, no puede mentir.
—Tú me entiendes —le dice Sarah—. Intenta tener paciencia, ignórala y ya verás como pronto se olvida de ti.
Las dos limpiadoras se despiden tras terminar de comer y Jodie sube al ático para empezar su turno de tarde.
Mientras el ascensor va subiendo, la chica se siente exultante y a diferencia de la mayoría de las veces que rezaba para que Katherine no estuviera en su casa, está vez lo hace para encontrarla allí y poder verla.
Cuando Jodie saca su tarjeta y accede al ático, la mirada de Katherine se clava en ella, haciendo que la limpiadora se detenga en seco para no tropezar. Espera que esa sensación no sea eterna porque, de serlo, vivirá muy poco, su cuerpo no lo soportará.
—Hola, chica guapa —la saluda Katherine levantándose de ese escritorio en guerra que tiene en el ático.
—Hola —sonríe Jodie y se engancha a sus labios en cuanto la tiene frente a ella .
—¿Qué tal la mañana? —pregunta la empresaria en cuanto rompen el beso y caminan hasta la cocina.
Jodie duda, quiere contarle la verdad, pero no sabe si están ya en esa etapa. Además, Katherine sigue siendo su jefa.
—Bien, ¿y la tuya? —decide contestar de forma escueta.
Katherine la conoce lo suficiente como para notar que algo no va bien.
—¿Ha pasado algo? —pregunta la rubia.
—No, nada —dice Jodie sin mirarla mientras abre el lavavajillas para meter los platos sucios, pero también para esquivar la mirada inquisitiva de su amante.
Katherine sabe que Jodie no dice la verdad. Algo en su cuerpo le grita que esconde algo. Le quita un plato de la mano y la gira hacia ella.
—Mírame —le exige Katherine, pero suaviza su gesto—. Dime si ha pasado algo, por favor.
Jodie no se resiste a ese gesto. Se pasa la mano por el cuello antes de hablar.
—He tenido un encuentro algo molesto con Marjorie, nada de qué preocuparse —aclara Jodie en cuanto nota el cambio de gesto de Katherine—. Sigue en su línea y hoy me he encargado de casi todas las habitaciones de la siete yo sola.
Katherine eleva las cejas.
—¿De la siete? Pero si las habitaciones son inmensas, las más grandes del hotel —inquiere con un tono de voz áspero.
—Lo sé, quizá hubo alguna baja hoy —intenta rebajar la tensión. Ahora Jodie no está tan segura de que contarle a Katherine lo sucedido haya sido lo correcto.
—Tenemos suficiente personal para cubrir bajas en caso de tenerlas, puedo decirte de memoria la cantidad de empleados por servicios que tenemos contratados y te aseguro que no es necesario que una sola persona se encargue de tantas habitaciones.
A Katherine le hierve el cerebro y tiene otra vez esa sensación de pérdida de control porque en otra situación hablaría con su director, Lamir Kumar, para que supervisara lo ocurrido y lo gestionaría a través de alguna sanción disciplinaria si fuera el caso, pero en este momento, la dueña del Mallois quiere salir de su ático y sacar ella misma de su hotel a Marjorie García.
Jodie observa cómo el azul de los ojos de Katherine se torna opaco y una energía rabiosa flota alrededor de su cuerpo.
—No te preocupes, ha sido una tontería —dice Jodie pegándose al cuerpo de su jefa y amante a la vez que le coge la cara con las manos.
Katherine se pierde en esa caricia momentánea, pero reacciona con rapidez.
—Iré a hablar con ella —decide la mediana de las Taylor—, no puede…
Jodie levanta la mano para que la deje hablar.
—Esto es algo que tengo que resolver yo, Katherine. Si veo que es algo que se descontrola, yo misma pondré una queja en dirección —dice con firmeza.
Katherine está a punto de decirle que tirarse a la jefa tiene sus beneficios, pero, por fortuna, su móvil interrumpe ese pensamiento tan radical y la empresaria contesta la llamada.
—Sí, en cinco minutos estamos abajo —le dice Katherine a su interlocutor—. Vamos, tenemos que ir al Magnolis —le pide a Jodie—, Mike está abajo esperando, vamos a reunirnos con el jefe de obra .
Jodie termina de meter los vasos que quedan en el lavavajillas, lo deja funcionando y, cuando se cambia, sale detrás de su jefa hacia el ascensor.
Katherine, con su potente porte, atraviesa su hotel, atrayendo todas las miradas como es costumbre, pero ahora, el estar acompañada de otra mujer tan fuerte como ella, hace que las personas a su alrededor no puedan dejar de observarlas.
Después de recorrer varios kilómetros, llegan al hotel Magnolis y se encuentran con Joshua Stanley, el encargado de la reforma que, por fin, ha acabado.
—Señora Taylor, bienvenida —dice el hombre de forma educada—. Su equipo ha supervisado cada rincón del hotel y ha dado su aprobación. Faltaría la suya para dar mi trabajo por concluido.
Las dos mujeres se toman su tiempo y recorren cada una de las plantas del nuevo hotel. Casi dos horas después, vuelven a reunirse con Joshua, que ahora está junto a Mike, en el lobby.
—Muchas gracias, Joshua —Katherine extiende su mano para estrecharla con la del hombre—, aunque habéis tardado más de la cuenta, el resultado es el que esperaba.
Joshua sonríe complacido, para nadie es un secreto que Katherine Taylor es una mujer muy exigente.
—Jodie, necesito que confirmes con el equipo de limpieza que mañana pueden comenzar y que se ciñan a la hoja de trabajo que les enviaste —pide Katherine y Jodie ya tiene el teléfono en la oreja haciendo llegar la orden de su jefa.
Salen del nuevo hotel y Katherine, aunque está contenta, nunca suele celebrar estas cosas, solo en la inauguración o evento propicio para ello; por eso se sorprende de la reacción de Jodie cuando llegan hasta el coche .
—Enhorabuena, cariño —dice melosa y la coge por la cintura—, el hotel ha quedado espectacular, será el segundo mejor de Nueva York.
Jodie la besa con ternura y la abraza con más fuerza. Katherine se marea; siente que está en una nube.
—No puedo invitarte a comer, pero podemos ir a tu ático y te cocino lo que te apetezca —le dice Jodie sonriente, pero con la pena de no poder llevar a su chica a un restaurante como se merece.
A Katherine el corazón le va tan rápido que siente que el pecho se le abrirá en cualquier momento. Ha salido con decenas de mujeres a lo largo de su vida, pero ninguna le ha llenado tanto el alma como lo hace Jodie en el poco tiempo que hace que se conocen.
—Tú y yo vamos a cenar al sitio que quieras —dice Katherine con la mirada oscurecida—. No quiero que cocines esta noche, pero en cuanto volvamos al ático, tú serás mi postre.