Capítulo 14
Katherine todavía tiene el pulso disparado y está experimentando un agradable cosquilleo por el vientre mientras observa a Jodie desaparecer.
Marjorie García mira primero a Jodie y después a su jefa, al principio con asombro, pero de inmediato, esa sorpresa inicial desencadena una sonrisa siniestra y pone en marcha esa mente maliciosa suya dispuesta a sacar provecho de lo que acaba de presenciar.
—¿Quieres algo, Marjorie? —suelta Katherine de pronto, mientras busca dentro de su bolso la tarjeta para abrir la puerta de su ático.
—No, señora Taylor, está todo en orden —responde Marjorie entrando en el ascensor del que las dos mujeres acaban de salir.
En cuanto Katherine cierra la puerta de su ático, lo primero que hace es coger su teléfono y marcar el número de Jodie.
—¿Estás bien? —pregunta en cuanto la limpiadora responde tras varios tonos.
—Sí, lamento haberme marchado así, pero es que me he sentido muy incómoda al ver a Marjorie. Esa mujer me la tiene jurada y no sé, no he sabido reaccionar, de verdad que lo siento.
Katherine se sienta en uno de los taburetes de la isla de su cocina.
—No te disculpes, lo comprendo, pero escucha, Jodie, no quiero que lo que ha pasado nos vuelva a dejar en tensión como lo que pasó la otra tarde en mi terraza —dice Katherine ahuecándose la melena con cierto nerviosismo—. Quiero que hablemos de lo que ha pasado en el ascensor.
—¿Por teléfono? —responde Jodie.
La limpiadora escucha a Katherine sonreír y siente un martillazo entre las piernas.
—No, en persona, lo único que pido es que no lo evites y que tampoco estés tensa o distante, eso me pone nerviosa.
—No lo haré —sonríe también Jodie, tan nerviosa por lo que ha pasado y, sobre todo, por lo que ha sentido, que se acaba de dar cuenta de que camina sin rumbo por las calles de Nueva York.
—Eso espero —dice Katherine justo cuando le suena el timbre de la puerta—. Oye, tengo que dejarte, hablamos mañana, ¿de acuerdo?
—Claro.
Cuando Katherine abre la puerta, se encuentra a Mike al otro lado.
—Me envía tu hermana para decirte que ella y tu padre te esperan en el restaurante del hotel para cenar —dice su hombre de confianza.
—¿Ahora te utiliza de recadero? —arquea una ceja Katherine.
—Es la hermana de la jefa, no puedo negarme —sonríe Mike.
Cuando Katherine llega a la mesa, se inclina para besar la mejilla de su padre y hace lo mismo con su hermana pequeña antes de sentarse .
—¿Dónde habéis estado? —pregunta la dueña del hotel después de hacerle una señal a uno de los camareros para que se acerque.
Su padre le rellena la copa con vino mientras Caroline responde.
—He llevado a papá de compras, mañana tengo una reunión y quiero que me acompañe.
—Papá tiene mil trajes —dice Katherine.
—Ninguno es nuevo —responde su hermana.
—¿Para qué es la reunión? —se interesa Katherine.
—Un posible proveedor nuevo. Tengo problemas con la agencia que se ocupa de las reservas de los cruceros.
Últimamente, no cumplen con la ocupación y ya me estoy cansando.
Llevo varias semanas buscando y la propuesta de este tipo me gusta, parece seria.
Así que voy a reunirme con él y si nos parece bien —dice señalándose a sí misma y a su padre con una sonrisa—, quizá llegue a un preacuerdo para hacer una prueba con el siguiente crucero.
—¿Si nos parece bien? —repite Katherine con tono burlón—.
Diriges una de las empresas de cruceros más potentes del estado, tienes un coeficiente intelectual por encima de la media y estabas en la universidad cuando debías estar en la High School.
¿Cuándo vas a dejar de llevar a papá contigo a las reuniones?
—Katherine, deja a tu hermana —le advierte su padre sonriendo.
Caroline clava la mirada en Katherine, pero para nada está ofendida porque sabe que solo ha sido un alago por parte de su hermana.
—Pienso seguir llevándolo siempre que él quiera venir —dice cogiendo la mano de su padre—, con esa cara de ogro da mucho respeto y nadie intenta ligar conmigo —añade y el resoplido de Katherine se escucha por encima de la risa de su padre.
El resto de la cena transcurre tranquila mientras la familia habla de una posible visita a Ítaca para ver a la hermana mayor de las Taylor.
—Bueno, con vuestro permiso, yo me retiro ya —dice Warren Taylor—, que uno está mayor y necesita descansar.
Las dos hermanas se levantan para despedir a su padre y Katherine le hace un gesto a Mike para pedirle que lo lleve hasta su casa.
—Bueno —dice Caroline cuando las dos hermanas se quedan a solas—, ahora cuéntame qué es lo que ha pasado esta mañana.
Katherine dibuja una mueca de desconcierto.
—No sé de qué me hablas.
—Hablo del numerito extraño que has montado en tu ático cuando ha venido la limpiadora.
A Katherine le entran los calores de la muerte.
—¿Qué numerito? Solo te he pedido que te comportases.
La risa de Caroline es tan repentina que incluso Katherine termina contagiándose.
—Venga ya, Katherine, eso a lo mejor cuela con Rachel, pero no conmigo. He tratado de ligar con tus amantes en broma mil veces y jamás te ha importado. Y con esa chica, que quiero remarcar que no tenía ni idea de que teníais algo, casi me saltas al cuello…
—Yo no…
—Cállate —le pide Caroline—, no he terminado.
Te ha molestado tanto que le pidiese una cita que no solo me has prohibido acercarme a ella, sino acercarme a cualquier persona del hotel.
¿Cuándo has hecho tú eso? Ya te lo digo yo, nunca.
Así que ya me estás contando qué es lo que pasa entre la dueña del Mallois y esa limpiadora tan mona.
Katherine cierra los ojos y se frota las sienes. No está segura de lo que debe responder, incluso de si debe hacerlo, pero necesita soltar eso que tiene dentro y que comienza a quemarle.
—Creo que me estoy enamorando de ella —escupe a bocajarro.
—¡Ala! —exclama Caroline completamente sorprendida—. ¿Lo dices en serio?
—¿Quieres que te lo dibuje? —pregunta Katherine molesta.
—Perdona, hermana, es que joder —sonríe Caroline—, reconoce que esto es un bombazo. Katherine, la mujer de hielo, enamorada. Qué fuerte, ¿lo sabe Rachel?
Katherine resopla.
—No, no lo sabe, y si lo llego a saber, no te lo digo.
—Anda ya —Caroline le coge una mano y borra la sonrisa de su rostro—, lo siento, es que no me lo esperaba, pero cuéntame más. ¿Cómo ha pasado?
—Es que no hay mucho que contar —Katherine le resume lo que ha pasado con Jodie desde que la conoce—.
Al principio me sentía muy confusa, pensaba que solo quería protegerla o qué sé yo, pero desde hace unos días tengo muy claro que no es eso, me atrae muchísimo y no me la puedo sacar de la cabeza.
Y cuando la he besado en el ascensor —Katherine no sabe ni cómo expresarlo, así que solo sonríe.
—¿Y ella? —pregunta Caroline.
—No sé, la verdad es que no tengo ni idea de lo que piensa sobre esto realmente.
—¿Y qué haces aquí conmigo entonces ?
—¿Cómo dices? —pregunta Katherine.
—Que si quieres saber lo que siente Jodie tienes que ir y preguntárselo.
—¿Ahora? —Katherine mira su reloj y comprueba que no es tarde.
—¿Por qué esperar? Deja de perder el tiempo conmigo y ve a aclarar las cosas con ella.
—¿Te he dicho que te quiero? —dice Katherine sonriendo.
—Muchas veces, ahora vete, que Mike acaba de volver.
Durante el trayecto hasta casa de Jodie, Katherine está nerviosa mientras intenta idear mil formas de comenzar una conversación que ni siquiera ella sabe cómo abordar.
El sonido de una notificación en su teléfono la saca de sus pensamientos y cuando la abre ve que es un mensaje de Caroline en el grupo de las hermanas Taylor, siente ganas de romper algo.
—¡Katherine está enamorada!
La noticia va acompañada de varios emoticonos que incluyen altavoces como si fuera una noticia importante, botellas de cava para celebrarlo y dos mujeres abrazándose.
Sofocada, Katherine observa con horror que Rachel está escribiendo, así que bloquea el teléfono antes de ver lo que dice su hermana mayor.
—Joder —masculla guardando el aparato en el bolso.
—¿Algún problema? —pregunta Mike mirándola a través del espejo central.
—Caroline, que es una bocazas.
Mike sonríe sin comentar nada y veinte minutos más tarde, detiene el coche delante de la puerta de Jodie.
—Si en una hora no he salido, márchate —dice Katherine antes de bajarse.
—De acuerdo, qué paséis buena noche —se despide Mike y Katherine lo mira con los ojos entornados.
Jodie está a punto de irse a la cama cuando escucha el timbre.
El corazón se le acelera y siente cierto miedo mientras se acerca, porque ella no espera a nadie, y mucho menos a esas horas.
Con la cadena echada, abre un poco la puerta y su respiración se corta cuando por la pequeña abertura ve a Katherine Taylor.
—¿Qué haces aquí? —pregunta atónita, mientras un agradable hormigueo se expande por su cuerpo conquistando hasta el último rincón.
—¿Puedo pasar o te lo tengo que explicar desde la calle? —responde Katherine.
—Sí, claro, perdona.
Jodie cierra la puerta, quita la cadena del pestillo y la abre por completo para dejar entrar a Katherine.
La dueña del Mallois nota un temblor en el corazón cuando su mirada se engancha unos segundos a la de Jodie, después, incapaz de controlar su curiosidad, lo observa todo tras sentir que dentro de la casa hace casi tanto frío como fuera.
Jodie lleva un pantalón de pijama, calcetines gordos y en la parte de arriba una sudadera que Katherine solo se pondría en pleno invierno.
—No funciona la calefacción —se excusa Jodie, azorada—. Si quieres vamos a la cocina, allí tengo una estufa y es donde suelo hacer vida cuando estoy en casa, todavía estará caliente.
Sin mediar palabra, Katherine la sigue mientras observa todo lo que ve y la madera del suelo va crujiendo conforme la pisa.
Sin duda, la casa necesita una reforma urgente, tanto en las paredes como en el techo y las ventanas, pero es evidente que la situación actual de su empleada, no se lo permite.
—Siéntate ahí, ¿quieres un té? —dice Jodie, cerrando la puerta de la cocina en cuanto entran.
Katherine nota el calor de la estancia de inmediato.
—No es necesario, creo que no he debido venir sin avisar, estabas a punto de irte a la cama, ¿verdad? —concluye Katherine al comprobar que Jodie ha vuelto a encender la estufa.
—Sí, aunque no a dormir. A esta hora suelo leer, pero estoy más caliente allí que en el sofá.
—Entiendo —dice Katherine, mirándola con tanta fijeza, que Jodie se ruboriza.
—¿Por qué has venido? —pregunta la limpiadora, notando que el aire se está electrificando.
Katherine, que no ha llegado a sentarse, da un paso hacia ella y se sitúa justo delante, dejando a Jodie con muy poco margen de maniobra.
—Antes te he dicho por teléfono que quería que habláramos de lo que ha pasado en el ascensor.
Las palabras salen de la boca de Katherine como una caricia para Jodie, que se estremece de arriba abajo y su entrepierna se empapa cuando su jefa se humedece los labios antes de seguir hablando.
—Pero ahora que estoy aquí, me he quedado en blanco, me nublas la mente, Jodie —añade susurrando, recortando la distancia hasta que están tan pegadas, que las manos de Jodie se posan sobre el pecho de Katherine.
—Me parece que esta noche no vamos a hablar mucho —concluye Jodie mientras una de las manos de Katherine resbala por su cuello hasta hundirse entre su pelo.
—No, no lo creo .
En esta ocasión, lo primero en rozar los labios de Jodie es la lengua de Katherine, que se abre paso y entra con fiereza dentro de su boca.
Jodie deja de respirar y siente vértigo cuando se aferra a su cintura para no perder el equilibrio cuando Katherine la arrolla con su cuerpo.
En menos de un segundo, la tiene acorralada contra el mármol de la cocina y le está besando el cuello.
Jodie siente que se marea con cada caricia y no está segura de poder soportarlas porque las sensaciones que experimenta superan con creces todo lo que había imaginado que sentiría si algún día Katherine la tocaba.
—Me molesta tu ropa —jadea Katherine desatada, ansiosa por tocar la piel de Jodie y recorrer cada centímetro con la lengua.
De repente, Jodie la detiene.
—Necesito ir más despacio —pide nerviosa—, hace mucho que no…
Katherine parpadea un par de veces hasta que logra que la sangre le llegue al cerebro.
—Claro, perdona. ¿Prefieres ir a la habitación?
Jodie asiente y la coge de la mano para guiarla hasta su cuarto.
Por el camino se siente estúpida, está muy excitada y deseosa de que Katherine Taylor se la coma entera y no debería tener problemas para echar un polvo en la cocina, pero lleva demasiado tiempo sin sexo y deseando a Katherine Taylor como para que todo pase tan rápido.
Una vez en la habitación, Katherine tiene que concentrarse mucho para no dejarse llevar por las ganas y ser más comedida.
No es su estilo, pero entiende a Jodie y quiere complacerla, así que la dueña del hotel Mallois la desnuda muy despacio mientras reparte besos por su cuerpo y deja que sea Jodie la que guie su boca hasta su sexo para permitirle lamerlo.
En ese momento, Katherine no se frena y Jodie se corre tan deprisa que se asusta .
—Lo siento —dice sonrojada, todavía entre jadeos—, es que tanto tiempo sin…
—¿Follar? —completa Katherine entre sus piernas, con una sonrisa torcida que le provoca un corrientazo a Jodie—. Tranquila, te prometo que ahora iré más despacio, no tienes ni idea de lo bien que sabes —asegura, antes de volver a hundir la lengua entre sus pliegues.