Hotel Mallois (Hermanas Taylor 1) Capítulo 13
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Capítulo 13

—Nos vemos mañana, Jodie —se despide Sarah de su compañera de trabajo tras acabar el turno.

Jodie Sinclair sigue de un humor raro que no la deja pensar con claridad.

Durmió regular por la noche y por la mañana ha estado muy pensativa.

Se recrimina su actitud porque ella misma rechazó a Katherine Taylor, pero rabia al saber que su jefa solo se le insinuó porque se había pasado con el vino.

Con ese pensamiento llega al ático y resopla al darse cuenta de que ha dejado la tarjeta de acceso en su casa, dentro del pantalón del uniforme que puso en el cesto de la ropa sucia.

No le queda de otra que tocar al timbre y esperar que Katherine esté allí, pero para su sorpresa, quien le abre la puerta no es la rubia que ella espera.

—Hola —dice la desconocida con un tono meloso que acompaña a una mirada lobuna que deja a Jodie con el corazón acelerado.

La mujer frente a la limpiadora sonríe y se humedece los labios.

—¿Te puedo ayudar? —pregunta ante el silencio de Jodie.

—Sí —logra decir Jodie, que no es inmune a la belleza arrebatadora de la chica—, trabajo en el ático de la señora Taylor.

—Entonces, adelante —contesta y cuando Jodie accede, la sigue con la mirada—. ¿A qué hora acabas el turno? Conozco un bar aquí cerca que sirve el mejor mojito de toda Nueva York.

Jodie está atónita, ni siquiera ha tenido tiempo de pensar en quién puede ser esa mujer, pero de inmediato descarta que sea otro ligue de su jefa, porque si sus oídos no le han fallado, la chica acaba de pedirle una cita con total descaro.

—Caroline… —se escucha de repente al otro lado del salón.

Cuando el timbre ha sonado, Katherine estaba terminando una llamada, así que su hermana Caroline, que estaba allí a su lado, le ha hecho una señal para indicarle que ya abría ella.

La mediana de las Taylor ha escuchado la voz de Jodie y de inmediato ha podido intuir lo que ocurriría a continuación teniendo en cuenta que su hermana pequeña no pierde oportunidad de ligar en cuanto una mujer atractiva se le pone delante.

No se ha equivocado, la descarada de Caroline Taylor estaba intentando ligarse a su empleada.

La molestia ha sido inmediata, y Katherine no cree recordar cuando ha sentido esa rabia correr por sus venas al presenciar cómo su hermana pequeña hacía gala de su potencial.

Caroline se gira y, al ver la expresión glacial de Katherine, eleva las cejas y levanta las manos en son de paz.

—Lo siento. No sabía que estabais liadas —contesta Caroline con una mueca pícara—, ya no me cuentas nada.

Katherine le lanza una mirada que podría acabar con un estado entero.

—Nosotras nos vamos —dice acercándose a Jodie sin ganas de contestar a la provocación de su hermana—. No quiero que molestes a las huéspedes ni escuchar nada de ti en este hotel, ¿me has entendido? —añade amenazante .

Caroline sonríe de forma atrevida, haciendo que la vena del cuello de su hermana mayor palpite con la fuerza de mil demonios.

—Sí, señora —contesta, le guiña el ojo a Jodie y se gira para salir a la terraza.

Katherine siente que el pecho le vibra y un molesto zumbido le atraviesa los tímpanos.

Caroline siempre ha sido de esa forma, una descarada que con tan solo una sonrisa ladeada —firma de las Taylor— puede poner al mundo a sus pies.

Es la más pequeña, la más atractiva y, sobre todo, la más inteligente, pero también la que le saca más canas verdes a sus dos hermanas.

A Katherine nunca le ha molestado que coqueteara con alguna de sus chicas, pero lo que acaba de sentir ahora cuando ha visto posar sus inmensos ojos azules sobre Jodie, la asusta y mucho.

—Buenos días, Mike —sonríe sincera Jodie cuando salen al pasillo y el guardaespaldas aparece como una sombra.

Mike le contesta a la vez que le lanza una mirada inquisitiva a la limpiadora al ver el gesto torcido de su jefa. Jodie, que no se ha dado cuenta del intercambio áspero de las dos rubias, niega con la cabeza y Mike frunce el ceño.

—Siempre igual, no cambia, joder —murmura Katherine tan bajo que solo su guardaespaldas entiende de qué habla y no puede evitar reír.

—Tu hermana, ¿no? —pregunta Mike.

—La misma —responde Katherine y suelta un suspiro de impaciencia.

Jodie, por fin, sale de esa ensoñación tonta en la que parece estar metida y comprende que la tal Caroline es la menor de las Taylor.

Aparte de que Katherine ya le había hablado de ella la otra noche, el parecido físico es increíble.

La diferencia es que Caroline es notoriamente más joven que Katherine y que su estilo al vestir es todo lo contrario al de la dueña de los hoteles, porque la limpiadora no imagina a la rubia de sus sueños ni con una minifalda ni con un escote tan atrevido como el de Caroline.

—¿A dónde os llevo? —pregunta Mike una vez que se han subido al coche.

—Al ayuntamiento —responde Katherine con una seriedad que pone los pelos de punta.

Llevan casi tres horas yendo de un sitio a otro, incluyendo el nuevo hotel Magnolis.

Mike se limita a conducir en silencio mientras Jodie toma notas e incluso hace varias llamadas que le pide su jefa.

Katherine está tan irascible que ninguno de sus dos empleados se atreve a decir una palabra.

La dueña del hotel Mallois suelta bufidos inconscientes cada vez que lee algo en su móvil, murmura ciertas palabras que Jodie jamás le había oído y no para de dar órdenes como si fuera la capitana de un ejército.

—¿Te han dicho algo de Caroline? —pregunta Katherine a Mike cuando el guardaespaldas está aparcando frente al hotel.

—No está en el hotel —contesta Mike y mira por el espejo retrovisor como su jefa se relaja—. Parece que ha salido con tu padre y no ha vuelto. La han visto saliendo con la camioneta hace más de una hora.

Jodie nota cómo ese gesto contraído que lleva acompañando a Katherine durante horas, desaparece de golpe y, aunque puede imaginarse muchas cosas, no quiere ser ella quien adivine lo que le molesta a su jefa.

—Necesito saber cuándo llega el mobiliario al Magnolis, que llames a la empresa de limusinas y al servicio de limpieza —dispara Katherine una orden tras otra y Jodie se limita a escribir mientras camina detrás de su jefa.

—Señora Taylor —la llama el jefe de mantenimiento del hotel, cuando están llegando al ascensor—. El aire acondicionado de…

—Ahora no, Jamal —responde con rapidez—. Habla con el director.

La respuesta de la empresaria es tan tajante que el hombre asiente y se gira para desaparecer hacia el pasillo donde están las oficinas.

Jodie la mira y siente la necesidad de ayudar a drenar toda esa molestia que parece tener, pero no sabe cómo hacerlo, y tampoco quiere retomar esa confianza peligrosa que habían adquirido. Así que decide hablar de forma casual.

—Había pensado en hacer una reserva para que cenara con su hermana, pero veo que no se lleva muy bien con ella —deja caer Jodie mientras entran en el ascensor que las lleva al ático.

Katherine levanta la mirada y la conecta con la de Jodie. El habitáculo aumenta unos cuantos grados cuando las dos mujeres se observan con una mezcla extraña de incertidumbre y ganas.

—Caroline y yo nos llevamos muy bien. Mis hermanas son lo que más quiero en esta vida.

—Entonces su malhumor se tiene que deber a otra cosa —se atreve Jodie.

La dueña del hotel Mallois aprieta la mandíbula mientras sigue mirando a Jodie, pero no abre la boca. No se atreve a decir lo que le está pasando por la cabeza y la limpiadora, que ya se ha soltado, escupe lo que piensa.

—Ya que no habla, entonces creo que lo que le pasa es que ha sentido celos de que su hermana haya querido invitarme a tomar una copa. Es una chica…

El mundo se detiene. Katherine Taylor ha avanzado tan rápido que su cuerpo ha impactado de lleno con el de Jodie y su boca se ha conectado a la de su acompañante como si tuvieran dos imanes.

La unión es impresionante; las lenguas se acarician por primera vez, haciendo que las dos giman de placer al sentirse.

Katherine se pega más a ella y con la mano le aprieta la cadera a Jodie para intentar detener las ganas que tiene de abrirle el pantalón y acariciarla.

Las dos mujeres se pierden en el beso y no son conscientes de que el ascensor se ha detenido y las puertas se están abriendo hasta que el ruido exterior hace que se separen de golpe.

Si Marjorie García abre más los ojos, seguramente se le caerán al suelo, no puede creer lo que ha visto, su jefa y una empleada comiéndose a besos dentro del ascensor del hotel.

—Buenas tardes, señora Taylor —suelta la encargada del equipo de limpieza con cierto toque burlón.

—Marjorie —saluda Katherine, parca en palabras. A la dueña del hotel le da igual que la haya visto. A Jodie no.

La limpiadora se pone tan nerviosa que se le perla la frente de inmediato.

Le pasan millones de cosas por la cabeza y la ansiedad se apodera de ella.

En un acto reflejo, sale del ascensor casi corriendo y, sin mirar atrás, se encamina hacia las escaleras para llegar al vestuario, recoger sus cosas y marcharse del hotel Mallois como si la persiguiera el mismísimo diablo.