Hotel Mallois (Hermanas Taylor 1) Capítulo 9
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Capítulo 9

Otro día más y Jodie Sinclair vuelve al hotel Mallois a su hora habitual.

Repite la rutina diaria; entra al vestuario, se coloca el uniforme, busca su hoja de trabajo y recoge el carro de limpieza con todo lo necesario para cambiar las sábanas, toallas y dejarlo todo impoluto.

La mañana pasa sin contratiempos y después de comer, esta vez sola porque Sarah tiene el día libre, se prepara para subir al ático de Katherine Taylor.

Está nerviosa porque no sabe con qué se encontrará hoy, aunque con mucha certeza piensa que no será con la amiga —lo dice con cierto retintín— de la señora Taylor, porque sus encuentros suelen ser más espaciados en el tiempo.

Jodie se pasa la mano por el pelo y la desliza por la cola de caballo que se hizo esa mañana, reprendiéndose por llevar un seguimiento de los días que la tal Annie pasa por el hotel.

Por mucho que Katherine pueda ser dueña de sus pensamientos, ¿y por qué no?

La de sus orgasmos en soledad, la limpiadora tiene claro que jamás podrá competir con una mujer como Annie, su sofisticación está muy lejos del porte de Jodie. Y del dinero, no lo quiere ni pensar.

Llega a la puerta del ático y suelta el aire por la nariz para luego dar una respiración profunda. Saca la llave magnética y entra a la casa de su jefa.

—¿Cómo se te da tomar notas? —pregunta directamente la dueña del hotel Mallois mientras asoma una sonrisa que Jodie cataloga de irónica.

—Muy bien, la verdad, es una de las mejores cosas que hago —contesta la limpiadora imitando el tono de su jefa.

No es que Jodie haya cambiado de la noche a la mañana y haya dejado de ser esa mujer reservada que no podía mirar a Katherine a los ojos sin que le temblaran las piernas.

Es que la limpiadora siempre ha tenido un carácter fuerte y jamás había vacilado en cuanto a aguantarle la mirada a alguien, pero desde que la montaña de mierda y deudas cayó sobre ella, tuvo que amainar esa ferocidad que siempre la ha acompañado para poder conseguir un trabajo —o dos— que la ayudara a salir a flote.

Y cuando vio a Katherine Taylor y su corazón decidió convertirse en animador de un partido de fútbol, su mente colapsó y adoptó una timidez que hasta ahora ella desconocía.

Eso se ha acabado, algo en ella se ha revelado y, finalmente, puede ser la verdadera Jodie frente a su jefa y a cualquiera.

—Entonces eres perfecta —dice Katherine mientras busca su bolso y coge una libreta—. Olivia será abuela dentro de poco y se ha pedido la baja por unos meses para ir a ayudar a su hija. La pobre es primeriza y le está costando horrores controlar los nervios.

Jodie asiente y, cuando su jefa pasa por delante de ella para ir hasta la puerta, la chica no puede evitar darle un repaso en ese trasero redondo que ella considera perfecto.

Le pide que le permita cambiarse de ropa y se va corriendo al vestuario para hacerlo.

Después, cuando están atravesando el lobby del hotel, un empleado detiene a Katherine y esta le dice a Jodie que la espere en el coche.

—Buenas tardes, Jodie —dice Mike con una sonrisa resplandeciente y le abre la puerta trasera del vehículo.

Jodie se queda parada y tiene que girar el cuello para asegurarse de que es a ella a quien le abren la puerta. No está acostumbrada.

—Hola, Mike —responde la limpiadora saliendo de su trance y entrando al coche cuando el guardaespaldas le hace una seña con la mano para que entre.

Katherine, que observa la escena mientras camina hacia el coche, se acerca a Mike mientras entorna los ojos.

—A Annie nunca le sonríes así —dice la empresaria con burla—, y mucho menos le abres la puerta.

Mike no dice nada, solo enfoca a su jefa y amiga, le guiña el ojo y la invita a sentarse. Para nadie es un secreto que Annie no cae bien al resto de los mortales.

—¿Al Magnolis? —pregunta Mike cuando se sube y enciende el vehículo.

—Sí, a ver qué desastre nos encontramos hoy —responde Katherine haciendo un gesto de cansancio.

Jodie no puede con la intriga.

—¿Magnolis? —decide indagar la limpiadora.

—El nuevo hotel —le aclara la señora Taylor y clava la mirada en los ojos de Jodie—. El año pasado compré uno antiguo que llevaba más de diez años cerrado. Nadie quería invertir en él porque los herederos pedían una auténtica barbaridad.

—¿Y lo vale? —inquiere Jodie con mucha curiosidad. No le ha pasado desapercibido ese brillo en la mirada de Katherine al hablar de la nueva adquisición.

—Antes sí, era una reliquia, pero la dejadez de sus herederos hizo que fuera perdiendo clientes hasta que cayó en desgracia. Ahora lo realmente valioso es su terreno y ellos querían venderlo a precio de oro.

—Espero que siga contándome la historia porque si ahora ese hotel es suyo, es que logró comprarlo a un buen precio —dice Jodie al ver que su jefa se ha quedado callada otorgándole un toque de misterio digno de una historia de suspense .

Katherine sonríe con una picardía que le corta la respiración a su acompañante.

—Puse una oferta sobre la mesa y uno de los hermanos la rechazó de inmediato. No pensaba darles nada más, así que me retiré, pero solo una semana después me llamaron diciendo que aceptaban.

—Usted aceptó y ahora el hotel es suyo —adivina Jodie.

Katherine vuelve a sonreír y niega con la cabeza.

—No, les contesté que esa oferta ya no era válida y les dije que lo compraba, pero por un diez por ciento menos de lo que les había ofrecido.

La belleza de Katherine Taylor puede llamar la atención de muchas personas, pero en ese momento Jodie Sinclair se da cuenta de que a ella eso es lo que menos la cautiva.

Lo que realmente le gusta de esa mujer es su fortaleza, esa personalidad aguerrida y lo dura que es para los negocios.

La belleza es efímera, el carácter y la personalidad, no.

—Ahora llevamos meses haciendo reformas y ha sido un verdadero dolor de cabeza —continúa explicando Katherine—. Nos han parado la obra tres veces y el Ayuntamiento de Nueva York ha mandado varias inspecciones.

—Las obras son un quebradero de cabeza. Recuerdo cuando tuvimos que cerrar el restaurante familiar para una pequeña reforma que duraría dos semanas y acabó alargándose dos más —cuenta Jodie recordando a sus padres al borde de un ataque de nervios cada vez que volvían de supervisar los cambios y se encontraban con un drama nuevo.

—¿Teníais un restaurante? —pregunta Katherine interesada en la vida de su empleada.

—Sí, The Rustic Fork —contesta Jodie con nostalgia .

Katherine no puede ver la tristeza de la chica porque se ha quedado enganchada a sus labios y cómo se los humedece después de hablar.

—No me lo puedo creer —dice la dueña del Mallois y abre mucho los ojos—, mi padre amaba la comida de ese sitio. Decía que hacían el mejor…

—Pavo relleno de toda Nueva York —dice Jodie al mismo tiempo y ambas sonríen. Jodie, incómoda porque hablar de The Rustic Fork le destroza el corazón y Katherine con un entusiasmo un poco exagerado.

El móvil de la dueña del Hotel Mallois suena y salva a Jodie de una conversación que no quería continuar.

Katherine se disculpa y contesta la llamada embarcándose en una charla que solo se acaba cuando Mike aparca el coche y ambas mujeres bajan para entrar al hotel en obras.

Nada más acceder, Katherine lo observa todo meticulosamente y ve un par de cosas que no le gustan, así que va diciendo palabras sueltas que Jodie no tarda en apuntar.

La empresaria se acerca a un hombre alto y muy corpulento que viste una camiseta completamente sudada y un casco amarillo a medio poner.

—Señora Taylor, ¿qué tal está? —pregunta el hombre, que al parecer es el jefe de la obra.

—Podría estar mejor si esto ya estuviera acabado, Joshua —le contesta Katherine y Jodie no puede evitar sentir una repentina humedad entre sus piernas al presenciar en primera persona el carácter tan fuerte de la mujer de la que cree estar enamorada.

—Me dijiste que toda esta parte estaría acabada esta semana y yo no veo más que agujeros —sigue hablando Katherine y el hombre se limpia el sudor de la frente con la mano en un gesto nervioso.

—Dos chicos se han puesto enfermos y eso nos ha retrasado, pero esta semana estará acabado como le prometí, señora Taylor. El lunes podremos comenzar los retoques de arriba y en nada, habremos terminado —explica Joshua conteniendo el aliento. La mediana de las Taylor, impone.

—El lunes estaré aquí —dice Katherine y sigue caminando por el hotel.

Durante la siguiente hora, Katherine revisa cada rincón de su próximo hotel.

La obra está muy avanzada y ella estima que en unos meses ya podrán inaugurarlo.

Detrás de ella, Jodie va apuntándolo todo y Katherine no puede evitar sentirse muy cómoda con su asistente provisional.

En una de las ocasiones, la dueña del hotel se gira hacia ella dispuesta a pedirle que tome notas, pero se da cuenta de que Jodie lo tiene todo controlado y no hace falta decirle lo que tiene que hacer.

Cuando acaban, caminan hacia la salida y Jodie no se da cuenta de un trozo de madera que hay en el suelo, trastabilla y si no fuera por la rapidez de Katherine que la coge por el brazo y la pega con fuerza a su cuerpo, la limpiadora estaría en el suelo con alguna magulladura.

—Ten cuidado, no me gustaría perder tan pronto a mi nueva asistenta —le dice Katherine al oído. A Jodie le cuesta disimular que está completamente dispuesta a abrirse a su jefa con tan solo un par de palabras dichas con ese tono de voz que tanto la vuelve loca.