Les absents
Durante la breve campaña militar de mayo de 1940, el Ejército alemán capturó a un elevado número de prisioneros de guerra franceses, que desde entonces han permanecido retenidos en una red de campos de prisioneros que se extiende por toda Europa.
Durante la Ocupación, cientos de miles de ciudadanos franceses fueron reclutados y enviados a Alemania o Polonia a desempeñar trabajos forzados para el Reich.
Además, miles de deportados fueron trasladados desde Francia a diferentes campos de concentración y prisiones, ya fuera por motivos políticos (al ser miembros de la Resistencia) o por motivos raciales (por ser judíos).
En conjunto, se los conoce como les absents («los ausentes», «los desaparecidos»).
El Gobierno provisional de la Francia Libre, dirigido por el general De Gaulle desde el norte de África y conocido como el Comité Francés de Liberación Nacional, ya estaba pensando en les absents en noviembre de 1943,
cuando De Gaulle se dirigió a Henri Frenay para que se incorporara a su Gobierno como responsable de un ministerio de nueva creación: el Ministerio de Prisioneros, Deportados y Refugiados.
Frenay pertenecía a ese grupo selecto conocido como résistants de la première heure, aquellos que habían combatido la ocupación nazi desde el primer momento.
Capturado y encarcelado por los nazis en 1940, Frenay logró escapar al cabo de tres días y regresar a Francia, donde empezó de inmediato a producir literatura clandestina y fundó el que más tarde se convertiría en uno de los tres principales movimientos de resistencia,
Combat (los otros dos fueron Libération y Franc-Tireur).
Frenay aceptó la oferta de De Gaulle a regañadientes, pues implicaba renunciar al compañerismo y al propósito activo que traía consigo la vida de un résistant.
Por encima de todo, nadie era capaz de decirle en qué consistiría su nuevo trabajo.
El único dato que el Gobierno podía ofrecerle era de tal magnitud que la tarea que se avecinaba amedrentaría al individuo más valiente: se estimaba que, en total, había más de dos millones de absents que tendrían que regresar a Francia cuando la guerra terminara.
Frenay llega a París a finales de agosto de 1944 y elige como sede de su ministerio una dirección cargada de simbolismo: avenue Foch, 83, el antiguo «cuartel general de la Gestapo».
La labor que afronta es de una complejidad extrema: mientras que el número de prisioneros de guerra está cuidadosamente documentado, y existen cifras bastante precisas de los enviados a trabajos forzados, la información sobre los deportados es casi nula.
Los archivos nazis han desaparecido; los registros de Vichy se han dispersado.
En cuanto a los campos de concentración, es el caos: aparte de algunos como Buchenwald y Dachau, establecidos antes de la guerra, nadie sabe dónde están, ni siquiera cuántos existen.
El decreto «Noche y niebla» de 1941 ha permitido borrar las huellas de quienes fueron deportados por motivos políticos, y de los deportados por motivos raciales no hay registros en absoluto.
A veces aparecen nombres en los registros de prisiones como el fuerte de Romainville, o en los archivos de los campos de tránsito de Compiègne y Drancy, pero nadie tiene una idea precisa de cuántos son los deportados, dónde están, cuál es su estado de salud o qué necesitan.
Preparar de manera eficaz su regreso resulta casi imposible.
El proceso de repatriación se complica aún más por la forma en que la guerra está terminando en Europa, con dos zonas de control divididas entre estadounidenses y británicos, en el oeste, y los soviéticos en el este.
Frenay reúne a su alrededor un equipo de jóvenes, hombres y mujeres, la mayoría de los cuales, como él mismo, vienen de la Resistencia.
Son miembros destacados de Combat, del mln (Mouvement de la Libération nationale) y de la organización de asistencia social cosor (Comité des œuvres sociales des organisations de la Résistance).
Pocos tienen experiencia directa en administración.
No hay sistemas establecidos. Hay que improvisarlo todo.
La capacidad para arreglárselas es una de las cualidades principales de un résistant.
Una cualidad que se pondrá a prueba a fondo en los meses venideros.
Olga Jungelson es profesora de Historia y antigua miembro de la Resistencia.
[3] Está esperando el comienzo del curso escolar para retomar su carrera docente cuando una amiga le propone incorporarse al Ministerio de Prisioneros, Deportados y Refugiados para iniciar el proceso de localización de deportados franceses.
Empieza a trabajar el 12 de septiembre de 1944 y lleva un diario detallado de los «nueve meses mortíferos» que transcurren entre la liberación de París y el final de la guerra, mientras intenta documentar el número y el paradero de los ciudadanos franceses deportados por los nazis.
La tarea resulta a la vez fascinante y profundamente dolorosa.
Jungelson empieza en Francia, recorriendo el país durante el gélido invierno de 1944 para obtener la información que pueda en las prisiones donde estuvieron retenidos los deportados: habla con antiguos prisioneros, visita cárceles para encontrar nombres arañados en paredes, marcos de ventana,
taburetes.
«Fusilado, deportado, internado, torturado, tomado como rehén: esas palabras comienzan a dominar mi vocabulario.»
Va más lejos: viaja a Ginebra para ver qué puede averiguar en el Comité Internacional de la Cruz Roja.
Y entonces llega el momento dramático en que los ejércitos aliados abren las puertas de Buchenwald, Dachau y Belsen: un instante de horror indecible que se retransmite al mundo entero.
La apertura de los campos permite al menos que se empiecen a elaborar listas.
Otra integrante del equipo de Frenay, Marie-Hélène Lefaucheux, de la ocm (Organisation Civile et Militaire [Organización Civil y Militar], otra rama de servicios sociales de la Resistencia), viaja a Belsen y comienza a confeccionar listados de supervivientes.
En abril envía de vuelta los primeros nombres de ciudadanos franceses que van a ser liberados del campo.
Es un botín exiguo: apenas mil doscientos nombres de los muchos miles que están buscando. Pero es un comienzo.
Cifras[4]
Conocidas en 1945:
1 millón de prisioneros de guerra.
650.000 reclutas para trabajos forzados.
No conocidas en 1945:
165.000 personas deportadas desde Francia a campos de concentración y prisiones nazis.
De ellas:
90.000 deportados políticos y miembros de la Resistencia;
75.000 judíos, incluidos 11.400 niños.
La vraie France
Paris martyrisé! Mais Paris libéré! Libéré par lui-même, libéré par son peuple avec le concours des armées de la France, avec l’appui et le concours de la France tout entière, de la France qui se bat, de la seule France, de la vraie France, de la France éternelle.(6), [5]
Cuando el general Charles de Gaulle entra en el París recién liberado el 25 de agosto de 1944, lo hace con la profunda convicción de que, para poder seguir adelante, el país debe estar unido.
Cuatro años de ocupación han dejado a Francia profundamente dividida en todos los aspectos.
Bajo la sencilla alegría que acompaña los primeros instantes de la liberación se ocultan sentimientos complejos y difíciles: vergüenza, resentimiento, rabia, el deseo de venganza contra quienes ejercieron el poder en nombre de los nazis.
De regreso en su país tras sus años de exilio, De Gaulle propone un relato triunfal, destinado a cohesionar a la nación: la única Francia verdadera es la Francia que resistió el dominio nazi.
Es primavera cuando llegan a París los primeros deportados, repatriados por vía aérea desde Buchenwald y recibidos en el aeropuerto de Le Bourget el 18 de abril de 1945 por autoridades, periodistas y fotógrafos, así como por una banda que interpreta La Marsellesa.
Se trata de un grupo cuidadosamente seleccionado de notorios deportados políticos y miembros de la Resistencia, cuyo regreso refuerza la visión de De Gaulle de una Francia unida en la celebración de sus valientes héroes.
Entre ellos hay dos generales de división, varios altos mandos militares, diputados, profesores de Derecho, Medicina, Literatura y Ciencias, el director de la Bibliothèque nationale, periodistas y médicos.
Buchenwald albergó al mayor número de prisioneros franceses.
El campo tenía incluso su propia organización de Resistencia, conocida como el Comité de Intereses Franceses.
Dos de sus dirigentes figuran entre los repatriados: el sindicalista y comunista Marcel Paul y el coronel Frédéric-Henri Manhès.
Estos hombres (y son todos hombres; las mujeres llegarán más tarde) pertenecen a la primera de las dos categorías principales de deportados: deportés politiques (deportados políticos) y deportés raciaux (deportados raciales, es decir, judíos).
Al mismo tiempo, regresan también a Francia prisioneros de guerra y trabajadores forzados: jóvenes en un estado de salud relativamente bueno, a los que sus familias reciben con una alegría espontánea y sin matices.
[6] La prensa dedica una amplia cobertura a las ceremonias oficiales de bienvenida.
En mayo, un apuesto prisionero de guerra rubio, Jules Garron, es elegido como el «millonésimo» ciudadano francés repatriado.
Las fotos en los periódicos lo muestran aterrizando, saludando o sosteniendo ramos de flores.
Es joven, fuerte y tiene un aspecto saludable.
Su historia se proyecta en todos los cines.