Hotel Exilio Oveja #3
73%

Oveja #3

[119] También saben que tendrá lugar en la costa norte de Francia, quizá en Bélgica.

Los agentes de Inglaterra han señalado la llegada de grandes contingentes de estadounidenses a los puertos del sur del país.

Se ha suspendido todo lo demás. El personal de la Abwehr permanece junto a la radio escuchando la bbc, a la espera de las palabras clave que señalarán el desembarco. La tensión es casi insoportable.

Por fin, hacia las seis de la tarde del 1 de junio de 1944, los radioperadores del Lutetia informan a Reile de que la bbc acaba de pronunciar veintiséis frases que pondrán en alerta a los grupos de la Resistencia.

Reile telefonea al comandante en jefe del Oeste, al gobernador militar de Francia y a los responsables de la Abwehr en Berlín para darles la noticia, que confirma por escrito a la mañana siguiente.

Los días siguientes se hacen interminables.

Reile permanece pegado a la radio con sus colegas, atento a las frases que indicarán el comienzo de los desembarcos.

Casi con alivio, el 5 de junio oyen en la bbc las frases que señalan que la operación ha comenzado.

Reile vuelve a informar a sus superiores por teléfono y después mediante una nota escrita.

Hacia las diez de la noche de ese día, las unidades del Ejército alemán estacionadas junto al Canal se ponen en máxima alerta.

Los primeros paracaidistas aliados saltan en la madrugada del 6 de junio en la región de Caen-Cherbourg.

El desembarco, largamente esperado, ha comenzado.

El complot

En Berlín, el almirante Canaris se ha replegado y lleva la vida de un burócrata de oficina.

[120] Va al trabajo y vuelve a casa, pasa el tiempo libre leyendo, charlando con los vecinos sobre la valla del jardín y cocinando alguna comida de vez en cuando.

Sus animales le brindan el consuelo que los humanos no pueden darle: juega sin parar con sus adorados perros salchicha, Sabine y Kasper, y deja que su yegua árabe se acerque y asome por las balconeras para recibir un terrón de azúcar.

Canaris siempre ha mantenido una distancia vigilante respecto del grupo de conspiradores cuyas actividades gravitan en torno a la figura carismática del conde Claus von Stauffenberg, así que no se entera del intento de asesinato de Hitler hasta bien entrada la tarde del 20 de julio.

Con la esperanza de que la posterior represión no lo alcance, Canaris jura rápidamente lealtad al Führer.

Es inútil. En los interrogatorios que siguen al atentado, su nombre aparece una y otra vez.

Puede que no haya participado de forma directa, pero se lo considera una figura central, un facilitador, de algún modo el «instigador espiritual» del movimiento que ha acabado conduciendo al complot.

Se emite una orden de detención. Walter Schellenberg, del sd, recibe el encargo de ir a buscarlo.

La represión llevada a cabo por el régimen nazi tras este episodio alcanza a varios altos mandos de la Abwehr, entre ellos el coronel Rudolph, de quien se sabe que es cercano al almirante Canaris.

El 26 de julio de 1944, Rudolph es detenido y trasladado a una prisión de las ss en Berlín para ser interrogado por su posible implicación en el complot.

Aunque queda en libertad en septiembre por falta de pruebas, su carrera en París ha terminado.

Tras repetidas detenciones, juicios e interrogatorios a manos de las ss, cuando por fin lo capturan los Aliados en mayo de 1945 parece —quizá de manera fingida— tan afectado por esas experiencias y tan preocupado por su esposa, con quien no ha podido contactar desde hace meses,

que su memoria se ha resentido y apenas logra concentrarse.

[121] El coronel Rudolph ya no es, desde luego, el hombre rechoncho y amante de los placeres, con Gourmandgesicht, que pasó los cuatro años anteriores viviendo a cuerpo de rey en el Lutetia.

Está roto, tiene la memoria hecha trizas y la mirada perdida.

Algo en el carácter del almirante Canaris le impidió sumarse del todo a quienes decidieron combatir a Hitler desde dentro.

En lugar de ello, actuó de forma pasiva, apoyando de manera tácita las acciones de esos rebeldes desde las primeras fases de la guerra, haciendo la vista gorda ante sus planes y ayudando en muchas ocasiones a facilitar la huida de refugiados amenazados por el régimen nazi.

Sean cuales fueran las razones de su reticencia a actuar, no cambian el resultado: el almirante Canaris es arrestado y trasladado a una prisión de la Gestapo y, de allí, al campo de concentración de Flossenbürg,

donde muere ahorcado junto con otros miembros destacados de la conspiración el 9 de abril de 1945, casi al final de la guerra.

La Abwehr ha perdido todo sentido de unidad. La mayoría de los oficiales están convencidos de que, salvo que ocurra un milagro, la guerra está perdida, pero sólo se atreven a decirlo en grupos reducidos, aterrados ante la posibilidad de que los fusilen por derrotismo.

El último gran convoy que sale de Drancy, el número 77, parte de la estación de Paris-Bobigny rumbo a Auschwitz el 31 de julio de 1944. Hay más de mil trescientos nombres en la lista de deportación, incluidos trescientos niños.