Drancy
Situada en el extremo noreste de París, la «Cité de la Muette» de Drancy fue concebida originalmente como vivienda social para personas con ingresos moderados.
El proyecto fracasó: mal construido y emplazado en un lugar inadecuado, nadie quería vivir allí.
Al estallar la guerra, el Gobierno francés requisó el complejo como prisión para comunistas.
Tras el armisticio, la Wehrmacht lo utilizó como centro provisional de detención para prisioneros de guerra franceses y británicos, y, a partir de 1941, Drancy se convirtió en campo de internamiento.
Ubicado cerca de las estaciones de Bourget-Drancy y Bobigny, el campo acabaría siendo el principal centro de concentración temporal de los judíos arrestados en Francia y destinados a su traslado a campos de concentración.
Notorio por sus malas condiciones de vida y por la falta de higiene, en cierto momento llegó a albergar hasta siete mil personas.
Paul Léon se encuentra en Drancy dentro de un club supuestamente «privilegiado», conocido como el «grupo de los abogados», mantenido en condiciones apenas algo mejores que las del resto de los prisioneros, pese a que él nunca ejerció formalmente como abogado.
La reacción inmediata de Paul Léon ante el entorno ruidoso, hacinado y sucio al que lo han arrojado es pedir papel y lápiz y comenzar una serie de cartas dirigidas a su esposa, Lucie, la primera de las cuales está fechada al día siguiente de su llegada, el 22 de agosto de 1941,
y terminan la víspera de su partida hacia el este.
En un total de cuarenta y nueve cartas, unas en francés y otras en ruso, Léon revela una mente atormentada por tres preocupaciones: el destino de su esposa y su hijo; la educación de su hijo, y su trabajo.
¿Cómo está Alexis? Te aconsejo adoptar una actitud de gran prudencia y paciencia. Toda la responsabilidad de la familia recae ahora sobre tus hombros. Debes dominar tus nervios y mantenerte firme. Te amaré aún más por ello, si eso fuera posible.[95]
La salud de Paul Léon se deteriora con rapidez: asmático, puede que diabético, y en muy mala forma física, primero lo tortura el hambre, luego la disentería y después un edema que le hincha dolorosamente las piernas.
«Parecen mermelada», escribe. Apenas puede caminar: «Me siento agotado y con los nervios destrozados. El ruido en la sala es espantoso.»
Siempre práctica, Lucie enseguida intenta hallar una manera de aliviar el sufrimiento de su marido.
Se alista en la Cruz Roja, organiza una zona de recepción para las familias de prisioneros donde puedan llevar comida para empaquetarla y enviarla al campo de internamiento; visita Drancy varias veces e incluso logra encontrarse con Paul allí, en secreto.
Cuando él le ruega por carta que le envíe su biblia, que dejó sobre la mesilla, ella se las ingenia de algún modo para introducir una en el campo, convenciendo a un sacerdote ortodoxo ruso para que se la lleve a ese excéntrico judío de profunda fe cristiana.
Léon encuentra un gran consuelo al leerla en voz alta a los demás hombres.
Horrorizado por la situación de Léon, Samuel Beckett ofrece sus raciones a Lucie para que se las lleve a su esposo.
«Nunca olvidaré esa gran bondad por su parte», escribiría Lucie más tarde.
«En aquel momento, él estaba probablemente casi tan apurado como nosotros, y sin duda necesitaba esas raciones.»
Conforme pasan las semanas y la posibilidad de una liberación se aleja, las cartas de Paul Léon se vuelven cada vez más desesperadas:
30 de septiembre de 1941
Me preocupa Alexis, su trabajo y su futuro.
6 de noviembre
Te envío abrazos,
te quiero.
Tengo hambre,
todavía no he recibido ni un solo paquete de comida.
8 de noviembre
Ya no tengo cordones amarillos, en realidad no tengo cordones en absoluto. ¿Podrías enviarme un par, por favor? Y terrones de azúcar, queso, mantequilla, tocino...
12 de noviembre
Mi locura produce sueños de expediciones culinarias contigo. «Mi barba se está volviendo blanca como la nieve.»
Por graves que sean, las privaciones físicas que padece Léon son secundarias frente a la angustia mental de este intelectual generoso y poco práctico, este estudioso de Constant y Rousseau,
este padre y marido afectuoso cuyo mundo cálido y familiar de libros y conversación se ha visto sustituido por una brutalidad incomprensible.
29 de noviembre de 1941
Cuánto anhelo estar cerca de ti y hacer un trabajo de verdad.
[...] Aquí nuestra inteligencia se debilita y se desmorona y el entumecimiento se apodera de nosotros.
Por la mañana nos despertamos aún capaces de pensar, pero dos horas después todo ha desaparecido, hemos perdido toda capacidad de reflexionar.
Es duro, amor mío, es duro. [...] Es doloroso, amor mío, y, sobre todo, es triste.
Debo insistir en que Alexis tiene que ir al menos una vez por semana a una clase con Bosqui.
Tal como están las cosas, el año pasado perdió todo un trimestre de enseñanza y esto no puede volver a ocurrir.
Te lo ruego, haz lo que sea necesario, porque su futuro entero está en juego.
El 12 de diciembre de 1941, el padre de Eva Tichauer, Theodor, es arrestado en París, en otra redada de varones judíos, y trasladado al campo de internamiento de Compiègne, en el norte de Francia.
[96] En lugar de huir, la madre de Eva está convencida de que ella y Eva deben quedarse en su apartamento para aguardar allí alguna noticia de él.
«¿De verdad creía mi madre que tenía alguna posibilidad de volver a ver a mi padre?»
Ese mismo día trasladan a Compiègne a muchos de los retenidos en Drancy y pertenecientes al «grupo de los abogados», entre ellos Paul Léon.
Este traslado coincide con una nueva detención masiva de 743 judíos franceses en París, conocida como la rafle des notables («la redada de los notables»): llevan a todos a Drancy.
Paul Léon permanece en Compiègne hasta marzo de 1942, en condiciones aún peores que en Drancy.
Luego dividen a los hombres en dos grupos.
El primero regresa a Drancy el 19 de marzo de 1942 y más tarde es deportado hacia el este.
El segundo grupo lo envían directamente a Auschwitz desde Compiègne.
El jueves 26 de marzo de 1942, Léon escribe una última carta a su esposa:
Querida: nos han contado y mañana salimos; no sé adónde vamos ni cómo.
[...] Rezo a Dios cada noche por ti y por Alexis, y también por todos nuestros amigos.
Espero volver a verte, aunque no tengo mucha esperanza.
Pero lo más importante para mí es decirte que te amo tanto como hace veinte años y que —si no llego a verte otra vez— es a ti a quien amaré por siempre.
El 27 de marzo de 1942, sale de Francia el primer convoy hacia Auschwitz, con 1.112 varones judíos. En él van Paul Léon y Theodor Tichauer. La madre de Eva Tichauer, Erna, viaja sola para verlos partir. No quiere que Eva presencie la marcha de su padre.
Lucie y Alexis Léon están allí para despedirse de Paul, que ahora está tan enfermo que dos hombres tienen que sostenerlo.
[97] Lucie no se deja intimidar, rompe el cordón de la policía militar y trata de hacerle llegar comida a Paul, pero la empujan hacia atrás.
Ella y Alexis recorren la estación hasta el otro extremo y agitan la mano para despedirse de Paul a través de una abertura en la valla, hasta que aquél desaparece de su vista.
Los hombres parten cantando La Marsellesa.
Lucie regresa a París. Una semana después, utiliza sus contactos en la Resistencia para sacar a Alexis de la zona ocupada.
Al día siguiente de la partida de su hijo, la Gestapo se presenta en la casa a las seis de la mañana.
Han venido a por Alexis y su bicicleta. Lucie logra escapar más tarde a la Zona Libre.
Eva Tichauer y su madre vuelven a su piso de la rue Nollet. Eva duerme en la cama de su padre porque su madre no quiere dormir sola.