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Juegos de espías

En París, la vida continuaba.[88] Cada día, al mediodía, cuando la compañía de guardia desfilaba por los Campos Elíseos acompañada por una banda, cientos, a veces miles de personas se reunían para ver el desfile.

Rara vez se veía en sus rostros una expresión de cólera u odio.

Por su gran tradición militar, los franceses sentían una atracción particular por las manifestaciones de fuerza y disciplina.

Y por las tardes, en los bulevares, frente a los cafés, ¿no se veía a soldados alemanes y civiles locales conversando amistosamente?

A Reile le van bien las cosas.[89] Ha reunido un grupo de agentes muy eficaces que, en 1941, encadenan una serie de victorias asombrosas sobre la naciente Resistencia francesa.

Su concepción optimista de una población francesa aquiescente, que admira a sus conquistadores y confraterniza con ellos, refuerza su confianza —durante esos primeros tiempos— en la idea de que quienes eligen actuar contra los ocupantes son una pequeña minoría,

cuyos esfuerzos se verán fácilmente sofocados.

Su primer gran golpe es la «Operación Porto», dirigida por Andreas Folmer, un luxemburgués cultivado, de origen alemán, a quien Reile reclutó antes de la guerra y que, en París, se convierte en su amigo más cercano.

Los dos hombres pasan buena parte de su tiempo libre juntos, evitando los placeres sórdidos de la ciudad y dedicando sus días de permiso a cazar en la campiña francesa.

«Porto», llamada así por Reile «en honor al excelente vino portugués», empieza en junio de 1941, con Folmer haciéndose pasar por un intermediario enviado desde Londres para dirigir células de la Resistencia en París, a las que transmite instrucciones supuestamente británicas pero que, en realidad,

proceden del Lutetia.

La operación llega a su punto culminante en septiembre, cuando la célula desobedece las órdenes de Folmer y ataca a dos oficiales alemanes.

Sospechando que la tapadera de su agente ha quedado al descubierto, Reile ordena detenciones masivas. En el transcurso de varios días, 962 personas son encarceladas. Se las somete a consejo de guerra; muchas, son condenadas a muerte.

Tras «Porto» llega «Paul», o «Interallié».

Esta compleja operación la dirige otro de los reclutas estrella de Reile, Hugo Bleicher, un alemán de Hamburgo que demuestra ser un agente de talento excepcional.

Bleicher es perspicaz, capaz, instruido, un interrogador competente, muy hábil a la hora de obtener información sin recurrir a la violencia.

Como Reile, Bleicher detesta a la Gestapo y desconfía de ella; odia los métodos nazis y está decidido a trabajar a su manera.

La red «Interallié» se dirige desde Londres y la encabeza en París un polaco volátil y carismático, Roman Czerniawski, junto con su novia, Mathilde Carré.

En noviembre de 1941, Bleicher da en el clavo cuando descubre la principal dirección utilizada por la red, en la Villa Léandre, en Montmartre.

Una redada conduce no sólo al arresto de Carré y Czerniawski, sino a un enorme botín de documentos.

Cuando Bleicher logra que Mathilde Carré se convierta en agente doble, confirma su condición de recluta estrella de Reile.

Como uno de los operarios de mayor éxito de la Abwehr, Bleicher quizá tenga derecho a estar resentido por no recibir rango de oficial: es un simple Feldwebel, es decir, un sargento,

lo que lo sitúa en pie de desigualdad frente a los oficiales de la Abwehr que pululan en el Lutetia por el despacho del adjunto de Reile, el mayor Schäfer.

Le escuece, porque, en su opinión, los oficiales de la Abwehr en Francia —con la excepción de Reile— son bastante inútiles para el contraespionaje; su único talento apreciable consiste en «abastecer a la central de Berlín con mercancías del mercado negro imposibles de conseguir en Alemania» y así

engordar los bolsillos colectivos germanos.

Bleicher no sale mal parado de su alianza con la Abwehr: él y su amante, Suzanne Laurent, viven con considerable comodidad en diversos hoteles y apartamentos, hasta lograr un buen piso en el número 76 de la rue Pergolèse, en el decimosexto arrondissement, cerca de la avenue Foch.

Pero la falta de reconocimiento lo corroe por dentro.

Los primeros éxitos de Reile al desmantelar redes de la Resistencia tienen poco impacto en el panorama general de Francia.

Irritado por los atascos en los tribunales militares, frustrado por la aparente incapacidad de sus fuerzas de ocupación para erradicar la Resistencia, en diciembre de 1941 Hitler emite una directiva, con nombre en clave Nacht und Nebel («noche y niebla»),

que permite a las autoridades alemanas detener a individuos considerados peligrosos para la seguridad alemana sin seguir los procedimientos legales habituales.

No habrá más juicios. Las familias de los miembros de la Resistencia no recibirán información.

Los prisioneros no tendrán derecho a correspondencia; no podrán recibir paquetes.

Se los llevan de noche y desaparecen sin dejar rastro.

A medida que el lazo se estrecha, crece el resentimiento contra los alemanes. Cuando Estados Unidos entra en la guerra, en diciembre de 1941, la victoria nazi deja de parecer algo inevitable, lo que anima a más franceses a actuar.