CAPÍTULO 4. HOTEL DEAR GRACE #5
o_sori va a hacerse viral con una foto editada lol nunca he visto un hombre así en la vida real xdd
11.mhv @o_sori Yo he estado en la cafetería y te juro que es igualito a la foto
Won-jae había subido a la cuenta de la cafetería la foto que le había sacado la señorita Eun-hye ese día.
Después de la foto de POV de cita en el museo de arte, aparecían en sucesión fotos de Won-jae tostando granos, moliendo café y preparándolo, como si de un storytelling se tratase.
No sabía si se había hecho viral de verdad, pero en la cuenta ya había cientos de «me gusta» y comentarios, y a cada rato veía cómo Won-jae iba reaccionado a ellos con un corazón.
La señorita Eun-hye también estuvo a punto de pulsar «me gusta» fingiendo que no pasaba nada, pero al final se detuvo.
Aunque Won-jae le había contado que usaría las fotos para este tipo de cosas, la verdad era que no le hacía gracia.
Le decepcionaba que un recuerdo precioso de la que se podía decir que era su primera cita se convirtiera en tan solo una imagen publicitaria.
Sin embargo, no tenían una relación tan estable como para enfadarse por esto.
Lamentaba no haberlo hablado antes de la cita, quizá diciendo «Hemos decidido ver a dónde nos lleva esto» o «Esto es algo solo entre nosotros dos».
—¿Será posible hacer una reserva en el hotel? Me gustaría consultar con la directora...
La señorita Eun-hye llamó al Hotel Dear Grace. Como siempre, después de dos tonos y medio, Doorbot contestó puntualmente.
—Señorita, ¡qué gusto hablar con usted! No es posible hacer una reserva en estos momentos. La directora sigue en la sede central comprobando la consulta que le realizó en la última visita.
Claro, no iba a ser posible. Los hombros de la señorita Eun-hye se desinflaron ligeramente.
—¿Hay algo que quiera decirle a la directora? Puedo transmitírselo.
—Bueno, no hay nada en especial... Ah, ¡es verdad! Dígale que, decidan lo que decidan en la oficina central, deseo que pueda resolverse de manera positiva para ella y que siempre la voy a apoyar.
—Sí, entendido. Me encargaré de decírselo. Que tenga una buena noche, señorita.
Pensó en llamar a Yeong-eun, pero al final dejó el móvil en el escritorio. No creía que aquella sensación de vacío fuese a desaparecer al contárselo a una amiga y, además, no quería mostrarle a nadie su tonto corazón, que se estaba volviendo tacaño.
—¡Eso! ¿Qué gano preocupándome así?
Se levantó de golpe, se puso el pijama y una diadema de spa.
Con energía, entró en el baño, se cepilló los dientes y se frotó la cara.
«Seo Eun-hye, no es propio de ti angustiarte así tú sola.
Si te cuesta soportar esta situación, tienes que enfrentarte a ella directamente y luchar».
Miró su reflejo en el espejo y se palmeó las mejillas, aún mojadas.
Unos días después, la señorita Eun-hye decidió pasarse por la cafetería de Won-jae sin avisarle antes para darle una sorpresa.
Tras salir del trabajo decidió matar el tiempo en una cadena de cafeterías cercana mientras esperaba a que llegase la hora de que Won-jae cerrase su establecimiento, pero, por algún motivo, estaba incómoda y sentía un cosquilleo en el estómago.
La verdad era que los casi-algos no iban con su forma de ser.
Quería aclarar las cosas lo antes posible, y determinar si iban a salir formalmente o si continuaban con una relación de antiguos compañeros de clase.
Sentada al lado de la ventana, no dejaba de mirar el teléfono una y otra vez, hasta que vio que las cifras de la pantalla mostraban las 21. 00 y se levantó del sitio.
No había dado más que unos pasos desde la entrada de la cafetería cuando le empezó a escocer el talón.
Al subir la pierna para echar un vistazo, vio que los zapatos, a los que no estaba acostumbrada, le habían levantado la piel un poco.
Pensó en aguantar un rato más, pero era evidente que, si empeoraba, aunque se pusiera una tirita le seguiría doliendo.
—Miaaaau.
Entonces, un gato naranja atigrado apareció delante de ella y se tendió de espaldas.
Con un fascinante pelaje de color rubio como la arena y unos brillantes ojos marrones en los que parecía que había caído sirope de arce, miró a la señorita Eun-hye y volvió a maullar con una bonita voz.
Despacio, la señorita Eun-hye se puso de cuclillas y lo acarició con cuidado.
El gato se apoyó en su pie y empezó a ronronear.
—¿De verdad eres un gato callejero? Parece que tienes el pelaje muy limpio, ¿no te habrás escapado?
La señorita Eun-hye miró a su alrededor por si había algún cartel que anunciase la desaparición de un gato, pero no encontró ninguno.
Solo le llamó la atención una tienda veinticuatro horas que estaba abierta.
Se le había pelado la parte de atrás del tobillo y tenía a un gato haciéndole monerías: era un lugar por el que tenía que pasar sí o sí para cumplir aquellas dos misiones secundarias que habían aparecido de forma simultánea.
—Gatito, no te vayas a ningún sitio. Espera aquí, que ahora vuelvo.
La señorita Eun-hye se descalzó parcialmente para dejar la zona donde le había rozado el zapato al aire y, poniendo el peso en la punta del pie, entró cojeando en la tienda para comprar muy rápido una tirita para la herida y un sobrecito de churu.
Mientras pagaba, miró afuera varias veces, preocupada por si desaparecía el gato, pero este seguía sentado obedientemente en el sitio siguiéndola con la mirada, como si estuviera esperando a su dueña.
—Gatito, ¿esperaste mucho?
El gato le respondió con su bonita voz y luego comenzó a lamer el churu que le ofrecía.
Con la mano libre y la boca, la señorita Eun-hye sacó la tirita de su envoltorio.
No era fácil ponérsela con una sola mano, pero tampoco imposible.
Primero pegó la parte adhesiva de un lado, después el otro; para que no saliesen fisuras ni se cayese la presionó para acabar de adherirla bien.
Cuando se volvió a calzar el zapato ya casi no sentía dolor.
—Ayy, así mucho mejor... ¿Eh? Gatito, ¿a dónde vas? Aún queda mucho churu.
El gato dejó de comer y empezó a caminar en dirección a algún lugar que quedaba a espaldas de la señorita Eun-hye.
A unos dos metros, se detuvo y se giró a mirarla.
Ella ladeó la cabeza y comenzó a seguirlo.
Entonces él volvió a avanzar un poco y se giró de nuevo.
Parecía que estaba indicándole que lo siguiera.
El gato, de hecho, se estaba moviendo en dirección a la cafetería de Won-jae. La señorita Eun-hye fue detrás.
Justo delante de la cafetería de Won-jae, el gato cambió de dirección repentinamente y entró en un callejón.
Era oscuro y angosto, así que la señorita Eun-hye quiso evitar entrar en él, pero el gato la miró de una forma peculiar, como diciéndole que tenía que seguirlo sí o sí.
¿Será que había dado a luz en algún recoveco?
Mentalizándose para huir en caso necesario, aunque fuese descalza, decidió seguir al animal.
Pronto le llegó un olor intenso que supuso sería de tabaco.
Entonces el gato, que hasta el momento había estado tranquilo, echó a correr de golpe al interior del callejón y bufó.
Justo después, la voz de un hombre irritado resonó por el pasadizo.
—¡Joder, qué susto! ¡Puto gato!
Aquella voz familiar hizo que la señorita Eun-hye se parase en seco.
Se trataba de Won-jae, que llevaba un delantal con el logo de la cafetería dibujado y fumaba en el callejón.
Ahora le clavaba la mirada en el gato con la cola levantada y la piel erizada, y parecía no haberse dado cuenta de que la señorita Eun-hye estaba detrás.
El suelo a su alrededor estaba especialmente sucio, con un montón de colillas viejas y restos de escupitajos secos.
—Ah, lo siento. Apareció un gato de la nada. No sé, debe de haber locas de los gatos por la zona.
Won-jae estaba hablando por teléfono con alguien. Tomó una calada profunda, expulsó el humo y después amenazó al gato dando un pisotón en dirección a este. El felino se apartó, asustado. Won-jae, al verlo, rio a carcajadas.
—Ja, ja, joder. Menudo mierdecilla estás hecho...
Habría que quemar a todos esos bichos para que las calles vuelvan a estar limpias.
En el Instagram de la cafetería solo tengo que subir una publicación sensiblera sobre la protección de animales y a las zorras esas que me siguen las tendré babeando... ¿Qué? ¿Seo Eun-hye?
La señorita Eun-hye no podía creer la escena que tenía ante sus ojos.
Al principio, había querido creer que el hombre que estaba fumando no era Won-jae, sino uno de los trabajadores de la cafetería, pero ahora, al ver que decía su nombre en voz alta, por mucho que quisiese negarlo no cabía duda de que aquel hombre era nada más y nada menos que Won-jae.
—¿Has visto Instagram? Se ha puesto muy guapa, yo también me sorprendí.
Además, parece que la familia tiene pasta.
Me dio esa sensación por cómo reaccionó al sacar el tema.
Sí, si fuese una pobretona, no habría dejado una multinacional por una pyme de mierda que no conoce nadie.
Además, seguro que tuvo que meter un montón de dinero para pasar de orco a elfa, ja, ja, ja...
No sé si será porque siempre ha estado soltera, pero solo con exagerar un poco se lo cree todo, ¿eh?
Sí, ahora me la estoy trabajando. Si la seduzco, creo que podré usarla como cajero de criptomonedas.
No voy a seguir saliendo con ella, mi plan es tirármela pronto y dejarla.
Es de hueso ancho, no cotiza que se va a poner como una vieja foca.
Entonces no me la podría tirar del asco que me daría, puaj.