Hotel Dear Grace CAPÍTULO 4. HOTEL DEAR GRACE #4
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CAPÍTULO 4. HOTEL DEAR GRACE #4

La señorita Eun-hye sospechaba que Won-jae no había podido concentrarse en la exposición. Al verlo mirar el móvil con preocupación una y otra vez, dedujo que tenía algún problema, pero él le repitió que no era nada y sonrió de manera forzada.

—Por cierto, ¿no tienes hambre? Hoy quiero comer algo picante... Eun-hye, ¿también comes cosas del estilo del gamjatang ? 2

—¿ Gamjatang ? ¡No lo como cuando no lo hay! ¡Me encanta!

—¿En serio? Eso no me lo esperaba.

—¿Cómo?

¿Qué era lo que no se esperaba? Sin querer, había contestado con frialdad. Won-jae, sorprendido por su reacción, movió las manos deprisa, negando.

—Ah, no, es que... me acordé de algo que escuché en la universidad. Lo siento, debía de tener prejuicios.

—¿Prejuicios? ¿Qué escuchaste?

—Pues... —Won-jae se detuvo unos instantes—.

Escuché que tu familia era muy rica, que vivíais en Hannam-dong 3 y teníais varios apartamentos.

Se difundió el rumor de que solo comías en restaurantes de lujo.

Además, unos compañeros de cursos inferiores me dijeron que los habías invitado a hanu, 4 ¿es verdad?

Había una parte cierta, pero casi todo era mentira.

De pequeña, había visto a su abuela lanzar largas peroratas que siempre empezaban con un «Tenía unas parcelas en Hannam-dong...

», y que luego continuaban con «mi maldito esposo perdió todo aquello apostando».

Si embargo, lo cierto era que la señorita Eun-hye ni siquiera había vivido cerca de aquel barrio.

Cuando la operaron de apendicitis y no había podido participar en un trabajo en grupo, decidió invitar a los compañeros que la habían ayudado a su restaurante de carne favorito, como agradecimiento durante los exámenes finales.

Recordaba que, ya que estaban comiendo juntos, le había parecido que lo mejor sería que tomasen la carne más rica, y por eso había pedido hanu, pero eso no significaba, ni mucho menos, que solo comiese en restaurantes de lujo.

Para ella, que siempre se tomaba la comida muy en serio, lo importante no era el precio, sino el sabor.

A ella le gustaba el tonkatsu con salsa al estilo coreano de los viejos restaurantes llenos de garabatos en las paredes, el arroz frito con kimchi con sabor a mantequilla del pequeño local que había al lado de la salida trasera de la universidad y también le gustaban los jeon 5 de marisco y cebollino fritos en acuoso aceite borboteante del mercado callejero...

Sin embargo, al final, el rumor que se había extendido era aquel relacionado con el hanu.

—Ese rumor se aleja bastante de la verdad. Es muy exagerado.

—Entonces, ¿qué parte es cierta?

La señorita Eun-hye lo miró entornando los ojos y Won-jae rio como una flor en plena primavera.

—¡Ja, ja, ja! ¡Es broma! Solo me preocupaba que no te gustase el gamjatang .

La verdad es que mi familia siempre ha llegado un poco justa a fin de mes.

Las pocas veces que íbamos a comer fuera, tomábamos gamjatang .

De pequeño lo odiaba, porque quería comer pizza , pero ahora entiendo por qué les gustaba tanto a mis padres.

Debo de haber llegado a una edad en la que siento mucha nostalgia.

—Aah, ya veo...

A la señorita Eun-hye la conmovió la historia de Won-jae.

Hacía poco que su padre le había dicho algo parecido, pero ella nunca había tenido que preocuparse por no poder comer lo que quería.

¿Sería por eso? Imaginó a un Won-jae pequeño, sentado a la mesa del restaurante de gamjatang al que había llegado de la mano de sus padres, abatido por no poder comer pizza .

Solo con imaginarlo sentía ternura y pena.

—Won-jae, vamos ya a comernos un buen gamjatang . ¡Yo invito! La próxima vez nos comemos una pizza .

—¿Eh? De ninguna manera, gracias a ti he podido venir a esta exposición tan chula, así que ahora invito yo.

«No parece que hayas disfrutado mucho de la exposición...

». Sin dejar que aquellas palabras innecesarias saliesen de sus labios, la señorita Eun-hye se dirigió con Won-jae a un restaurante de gamjatang que había cerca del museo.

Tan pronto como entraron, notó el sabroso aroma que invadía el interior.

Solo con olerlo, el cansancio que había acumulado durante la visita al museo pareció desvanecerse.

Un poco después, llegó una olla burbujeante con un gran hueso de espinazo de cerdo y hojas de rabaniza secas, cubiertos por hojas de perilla y semillas de sésamo silvestre molidas.

La sopa hervía sobre la parrilla; cuando las hojas verdeazuladas de la perilla se cocinaron suavemente, la señorita Eun-hye sacó el hueso que se había hundido al fondo y lo dejó sobre el plato de Won-jae.

—¡Que aproveche! ¡Come mucho!

—Gracias, Eun-hye.

La señorita Eun-hye sacó un buen trozo de carne y se la puso en su plato.

Tras envolver la carne bien cocida en las hojas de rabaniza las mojó en salsa de soja con wasabi; al probarlas, un sabor delicioso se deshizo en su boca.

Lo acompañó de rábano encurtido que, al estar maduro, agridulce y crujiente, casaba a la perfección con el gamjatang .

—Me siento un poco culpable por lo de hoy —dijo Won-jae, mirando a la señorita Eun-hye.

—¿Qué? ¿Por qué?

Won-jae se encogió de hombros.

—Había asumido que eras de una familia rica, parece que tenía prejuicios de los que no era consciente.

Te tomé por una chica que solo había vivido recibiendo lo que le daban los demás.

Quizá tengo un complejo por haberme criado sin mucho.

Al ver que te lanzaste a servir la carne de forma tan natural y lo bien que comes, sin miramientos, me he dado cuenta de que estaba muy equivocado. Siento haber pensado así de ti.

—Anda ya, son cosas que pasan. No conocemos a las personas realmente hasta que tratamos con ellas.

—Eres muy profunda. Aprendo mucho estando contigo. Además, es increíble lo bien que te cuidas con lo que comes.

Eun-hye, fingiendo no haber escuchado este último elogio de Won-jae, decidió hacer que le saliese por el otro oído.

Sí, no era algo que debiera molestarla. Por suerte, justo en ese momento, un cliente subió el volumen de la televisión, donde se estaba emitiendo un programa sobre las estafas piramidales que tanto habían proliferado últimamente.

Las víctimas, después de perder todo su patrimonio, contaban entre lágrimas que no imaginaban que una persona tan cercana en la que llevaban años confiando las estafaría de esa manera.

Entre las víctimas, había una que ya había fallecido.

La señorita Eun-hye no pudo evitar que le afectase de forma personal.

—Ay... pobres... —dijo para sí misma, sin darse cuenta.

—Es una pena, pero ¿por qué invertirían todo su dinero en esos individuos? Para eso, sería mejor invertir directamente en acciones o criptomonedas. Si supieran lo valioso que es el dinero, no lo entregarían por ahí con tanta facilidad —masculló Won-jae mirando la televisión.

Aquellas palabras dañaron sobremanera los oídos de la señorita Eun-hye, pues, aunque no se llevaba especialmente bien con su hermana, sabía perfectamente lo mucho que esta valoraba el dinero después de haber sido víctima de los impagos en su primer trabajo.

No había perdido los fondos matrimoniales ahorrados con tanto esfuerzo por negligencia, sino porque la persona en la que más confiaba había planeado estafarla, y el caso de las víctimas que salían en la televisión era exactamente el mismo.

La clave del caso era que el estafador había engañado a la gente usando la confianza como arma.

—Pues porque creían que eran amigos de verdad. Dicen que la mayoría de las víctimas habían sido amigas suyas durante más de diez años —dijo la señorita Eun-hye.

Won-jae asintió con la cabeza inmediatamente.

—Claro, si es una persona tan cercana y a la que conoces desde hace tanto tiempo, yo también hubiera confiado en ella. Pero, desde este punto de vista, el verdadero tonto es el estafador, porque perder a sus amigos es como perderlo todo.

—¡Sí! ¡Con lo importantes que son los seres queridos! ¿Por qué será que los estafadores no lo saben?

Won-jae, viendo a la señorita Eun-hye encenderse y despotricar como si se tratase de algo personal, le sonrió, sacó una patata de la olla y se la dio.

Ella, avergonzada, le dio las gracias y cogió la cuchara.

Solo con ver aquella patata tan blanda, de la que emanaban hilos de vapor, podía saber que sería muy fácil partirla.

La señorita Eun-hye se metió toda la patata en la boca de una vez.

Después de haber estado sumergida en aquel sabroso caldo, tenía un sabor magnífico: algo salada y ligeramente reconfortante.

Pensó que el sabor de aquella cucharada podía resumir la sensación de estar compartiendo una comida deliciosa con aquel hombre atractivo con el que tenía un casi-algo.

La señorita Eun-hye estaba feliz. ¿Era posible que llegase a serlo aún más?

Cuando volvió a casa y la vio maquillada, su madre, contenta, le preguntó si venía de una cita.

Ella se limitó a dar una respuesta vaga y entró rápidamente en su habitación.

No estaba mal para una primera cita, ¿no?

Con el corazón latiéndole al pensar qué escribir en el mensaje que le enviaría a Won-jae, abrió la aplicación de Instagram y, de repente, sintió que se quedaba sin fuerzas.

cafe_inco ¿Qué tal tomarnos un café después de una cita en el museo de arte?

#cafeteriaaesthetic #cafeteriapopular #cafedetueste #cafeteriadeespecialidad #cafeblend

ssdoosi Si pedimos un café, ¿la cita viene de regalo?

jjanggoo_ Uf, es tan mi tipo... ¿es modelo?

nuri304 @jjanggoo_ Nop. Es el dueño de la cafetería. Hay rumores de que en la universidad era el chico más guapo de la facultad de artes...

jjanggoo_ @nuri304 ¡Guau! ¿También dibuja? Es tan guapo, parece salido de un manga :O

bestb0g ¿Seguro que te dedicas a vender café? La verdad es que lo único en lo que puedo fijarme es en su cara lol