Hotel Dear Grace CAPÍTULO 4. HOTEL DEAR GRACE #3
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CAPÍTULO 4. HOTEL DEAR GRACE #3

En el transcurso de una semana hubo un pequeño cambio en su familia.

Mi-hye comenzó el proceso de demanda colectiva junto a un grupo de víctimas de la estafa de matrimonio.

También tuvo lugar la entrevista con el equipo de Preguntas sin responder .

Mi-hye y su madre hablaron directamente de los daños sufridos y la entrevista de la señorita Eun-hye trataba sobre aquellas personas que se habían presentado como los padres de Kim Dae-seok en la comida oficial y la manera en la que estos los habían engañado por completo.

Su madre, emocionada, había tomado a la productora de las manos y, tras decirle que era una fiel seguidora del programa, bajó la cabeza dándole las gracias por ayudarlas a atrapar a aquel maldito estafador.

No sabía qué mosca le había picado después, pero aquella tarde fue a una tienda de materiales de bellas artes a comprar un libro de bocetos, lápices de colores, acuarelas y pinturas acrílicas.

Un rincón del salón que siempre había estado vacío renació como el pequeño taller de su madre.

Aquellos fueron días tranquilos. No había manera de saber con exactitud si aquella calma era real o tan solo un espejismo por estar en el ojo del huracán, pero comparado con las últimas semanas, tan llenas de dificultades, aquella fue una semana realmente pacífica.

Aunque le preocupaba no haber recibido noticias de May, se esforzó por pensar que, como la Dream Company era una empresa, tendría sus procedimientos internos y la aprobación, por tanto, podía demorarse un poco.

Por fin llegó el domingo.

La señorita Eun-hye, de pie delante del espejo, se hizo un recogido de apariencia casual (que ocultaba completamente la zona donde el cabello comenzaba a crecer poco a poco, después del tratamiento), y que dejaba caer también unos mechones por la frente de manera natural.

La blusa de chifón con un lazo que había comprado con Yeong-eun el día antes en un centro comercial era de un estilo desenfadado que casaba con ella a la perfección.

Abrió su caja de cosméticos, llena de productos que había adquirido recientemente, y empezó a maquillarse en serio. Le llevó una hora entera.

Al subirse al autobús, después de arreglarse de la cabeza a los pies, se empezó a fijar en los diferentes estilismos de las mujeres que veía, algo por lo que no se había preocupado demasiado antes.

«El color de la sombra y el de los labios de aquella no combinan.

El peinado de aquella otra se ve muy pesado.

Aquella tiene las piernas gruesas, ¿por qué lleva unos pantalones tan cortos?

». Entretenida de aquella manera, llegó a su destino en un abrir y cerrar de ojos.

Al bajarse del autobús, descubrió a Won-jae de pie cerca del cruce de delante del museo, mirando el móvil.

Con unos vaqueros slim fit desteñidos y una camisa casual arremangada pulcramente hasta los codos, parecía un modelo de verdad.

No había perdido nada de su encanto desde la época universitaria, cuando su blog de Cyworld marcaba el récord de visitas de toda la facultad de arte.

—¿Won-jae?

Won-jae, que miraba el móvil con expresión seria, no se dio cuenta de que la señorita Eun-hye se le estaba acercando hasta que lo llamó directamente. Cuando la vio, algo tarde, le mostró una amplia sonrisa, pero, por algún motivo, no parecía nada contento.

—Won-jae, ¿te ocurre algo? —preguntó la señorita Eun-hye, preocupada.

—No, no me pasa nada —dijo él, negando con la cabeza—. Es que me habló una chica muy guapa y eso me trastocó por unos instantes. Hoy estás especialmente guapa, ¿qué clase de magia has usado?

—¿Qué? ¿Cómo que magia?

¿Pensaba seguir diciendo cosas que le hicieran sentir mariposas? Se tapó la boca con el dorso de la mano y rio como una señorita, con cuidado para no cometer el error de principiante de acercar demasiado la mano y dejarse la marca del pintalabios.

—Eun-hye, ¿me puedes sacar una foto con el museo de fondo? Me gustaría que fuese así como informal pero chic, estilo POV de cita. Ah, ¿me estoy expresando demasiado como un publicista?

—¡Ja, ja, ja! ¡Para ser un publicista, estás siendo muy amable! Yo me encargo. En la agencia de publicidad aprendí unos truquillos mirando de reojo cuando iba a echar una mano en las sesiones fotográficas. ¡Confía en mí!

Tomó el móvil de Won-jae y posicionó a este en un lugar donde se vieran tanto el cielo como las montañas en la composición y fuese imposible negar que había ido al museo de arte.

Won-jae, quizá porque lo hacía a menudo, posó de forma natural.

Al sacarle fotos desde distintos ángulos, la pasión de la señorita Eun-hye estaba más ardiente que nunca.

La frase «POV de cita» daba vueltas por su cabeza.

—Eun-hye, se te da genial sacar fotos, eres una pro. Es justo el estilo que se lleva últimamente.

—Je, je, ¡gracias! ¿Vas a subirlas a Instagram?

—Sí. Hasta ahora no había subido fotos personales a la cuenta de la cafetería, pero creo que ha llegado la hora de hacerme viral vendiendo mi cara...

—¿Viral? Ah... vas a usarlas...

—¿Por qué? ¿Te parece que no son lo suficientemente buenas como para hacer un POV de cita conmigo?

—Ah, no, no. ¡Las fotos están muy bien! Solo que el café sabe genial y parece que ya tienes muchos clientes habituales en la cafetería... ¿Necesitas hacerte viral?

—Pues sí. El alquiler ha subido mucho y no llega con una rotación de clientes decente.

—Es verdad... Los que tenéis negocios propios sufrís por el alquiler...

—Anda, venga. Hemos quedado para pasar un buen rato, vamos a dejar estos temas. Voy a sacarte fotos a ti también. Hoy estás muy guapa, tengo que hacértelas sí o sí —dijo Won-jae riendo, mientras le daba unas palmaditas en la espalda a la señorita Eun-hye, que se había entristecido de repente.

Las mejillas rosadas de la señorita Eun-hye se volvieron más rojas al darle el teléfono a Won-jae.

Mientras se hacían fotos el uno al otro con el museo como telón de fondo —estaba situado además en un lugar con unas vistas espectaculares—, sentía realmente como si se hubiera zambullido de lleno en el estanque del flirteo.

Dentro del museo, la señorita Eun-hye se entusiasmó aún más al ver las nuevas obras de la talentosa directora de arte Yuni Yoshida que, de forma manual, creaba fotografías de fantasía que parecían gráficos hechos digitalmente.

Sacó un montón de fotos a las obras y miró con detenimiento los objetos reales que había usado al crearlas.

Aunque era un campo ligeramente distinto al suyo, muchos de los ángulos en los que los objetos habían sido fotografiados le dieron que pensar como diseñadora.

Se sumergió por completo en la exposición.

Cuando estaba frente a un gran panel mirando un vídeo que mostraba el proceso de trabajo, escuchó a un hombre susurrar a sus espaldas.

—Uf, menuda forma más cansina de trabajar —dijo, quisquilloso.

Estaba claro que hablaba para sí mismo, pero la señorita Eun-hye lo oyó tan claramente como si hubiese usado un megáfono. Al girarse, vio a una pareja discutiendo en voz baja.

—¿Por qué tienes que decir algo así al ver una obra tan hermosa? —preguntó ella.

—A ver, no es que el resultado sea malo, pero trabajar así, haciéndolo todo a mano, lleva mucho tiempo y tanto los modelos como el resto del equipo se cansan. Si lo hiciese de manera digital sería mucho más fácil.

—¿Te crees que es fácil crear un programa digital que consiga llegar a ese nivel de calidad? Eso sin pensar en lo que costaría.

—Eso puede hacerlo cualquiera con la IA.

—¿Que puede hacerlo cualquiera? Esto no es como esas fotos que haces en casa por pasar el tiempo dándole a unos botones. Además, estos días se habla mucho de que la IA se entrena utilizando millones de datos sin ningún permiso...

—Ah, sí, sí, tienes razón. Es cierto, pero, como soy gerente de una empresa, lo estaba pensando desde el punto de vista de los costes.

Como no has llevado un negocio directamente, puede que no lo sepas, pero para los empresarios el tiempo es dinero.

Por culpa del maldito salario mínimo, el coste de mano de obra por hora ha subido muchísimo, así que si puede reducirse al mínimo el número de personas que se necesita para producir una imagen similar, el proceso es mucho más eficiente. ¿Entiendes lo que quiero decir?

—Aah... sí...

—Claro que eso es lo que pienso yo. Para ti, cosas como los sentimientos son más importantes que la lógica, por eso puedes considerar que la actividad artística es prioritaria.

Cada persona tiene su perspectiva, ¿no? Así que tú tienes que respetar mi opinión, para que yo pueda respetar también la tuya.

La chica, que parecía ya estar agotada de sus explicaciones, se adelantó unos pasos y él la siguió rápidamente.

La señorita Eun-hye los miró de reojo y bufó sin que la oyeran.

La razón por la que tantos espectadores quedan fascinados por la obra de esta directora radicaba precisamente en su estilo de producción, que se mantiene fiel a los métodos analógicos.

Además, era obvio que sus clientes preferirían esa forma de trabajar, y que por eso la contrataban.

También el equipo estaba al tanto, evidentemente.

Le pareció que aquella chica era infantil por no romper con aquel hombre tan cerrado de miras con el que discutía.

Al mismo tiempo sintió orgullo, porque Won-jae, a diferencia de él, no era una persona con la que fuese imposible hablar.

—Won-jae, ¿escuchaste lo que decía ese? Es la primera vez que veo a alguien así en la vida real, hablando sin parar como si estuviese dándole una clase a su novia. ¿Won-jae?

Won-jae, que estaba mirando el móvil con el rostro serio, levantó la cabeza demasiado tarde.

—Ah, lo siento. No lo escuché. ¿Qué decía?

—Nada, no era importante.