Hotel Dear Grace CAPÍTULO 4. HOTEL DEAR GRACE #2
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CAPÍTULO 4. HOTEL DEAR GRACE #2

Ahora que lo decía, el cuerpo y la cara de Mi-hye tenían algo más de volumen que antes.

—No, no es eso lo que quiero decir. Al contrario, me alegra ver que estás comiendo bien —dijo la señorita Eun-hye, dejando la cesta de pícnic sobre la mesa—. Tienes que alimentarte y recuperar fuerzas para atrapar a ese cabrón que nos estafó. ¿Has sabido algo más?

—Me han dicho que la semana que viene van a venir de Preguntas sin responder a entrevistarme.

—¡Qué bien! Ah, al verte comer me ha entrado el hambre de repente. Voy a servirme bibimbap yo también.

La señorita Eun-hye puso la sartén sobre la placa de inducción y sacó un huevo de la nevera. Mi-hye, de forma disimulada, volvió a tomar la cuchara y los palillos y siguió comiendo el bibimbap .

—¿Y esta cesta? ¿Cuándo la compraste? —preguntó Mi-hye, hurgando en ella.

—No la he comprado, me la han regalado.

—Por mucho que sea un regalo, ¿puedes ir a trabajar con una cesta? Dentro hay un sobre con documentos, ¿no es algo importante?

—No es algo de la empresa, pero aún no sé lo que contiene.

—¿Y lo llevas sin saber lo que hay dentro? ¡Con lo pesado que es!

—Si tienes curiosidad, ábrelo. Ahora mismo tengo que darle la vuelta al huevo frito, así que no me hables.

A la señorita Eun-hye le gustaban los huevos fritos por los dos lados, no solo por uno; estaba de pie delante de la placa de inducción con la espátula en la mano, lista para darle la vuelta.

Mientras, Mi-hye sacó el sobre con los documentos de la cesta que había traído su hermana.

Dentro había un libro de texto de enfermería y varias libretas de las que usaban los niños de primaria.

—¿Eh? ¡Son las libretas que usaba en el cole! ¡Pensaba que mamá las había tirado! Y este libro de enfermería geriátrica..., Park Myeong-ja..., ¿es de mamá?

—Eso parece. ¿Qué hace eso ahí?

Sirvió el arroz en un bol que sacó de la alacena, puso encima el huevo frito que acababa de cocinar y se sentó a la mesa.

Luego, echó en el plato varias de las guarniciones hechas por su madre que estaban en fila sobre la mesa y, mientras las echaba en el bol, estiró el cuello para ver el libro y las libretas que estaba mirando Mi-hye.

La mano de su hermana, que hojeaba el libro de texto distraídamente, se detuvo al descubrir una página con ilustraciones a lápiz.

—¡Guau! ¿Esto lo ha dibujado mamá?

—Eso parece. Antes de ser enfermera, el sueño de mamá era ser pintora.

—¿En serio? ¿Cómo sabes eso?

—Mmm... no me acuerdo... simplemente lo sé...

—¿Sí? Pues yo no tenía ni idea. Cuando mamá vuelva de rezar tenemos que enseñarle esto y preguntarle. ¡Ah!

Mi-hye dejó el libro y cogió una de las libretas como si hubiese recordado algo de repente.

Al abrir la primera página, había una ilustración de Lirio de Hada Nupcial , los dibujos que habían causado furor entre las estudiantes de primaria de la época.

Mi-hye le enseñó la libreta abierta de par en par a su hermana.

—¡Mira, mira! ¡Te pedí que me lo dibujaras! Aún me acuerdo. ¡Fue en tu cumpleaños! —dijo emocionada.

—¿Dices que dibujé esto en mi cumpleaños? Sé que te hice muchos dibujos, pero no tengo un recuerdo tan detallado... ¿Cómo puedes acordarte de todo eso?

En ese momento, la señorita Eun-hye soltó un grito ahogado y se calló, porque la conversación le había desbloqueado un recuerdo del pasado. Mientras echaba gochujang en el plato y lo mezclaba todo, empezó a hablar, vacilando.

—Oye, esto..., hay algo por lo que quiero pedirte perdón.

—¿Pedirme perdón? ¿Así? ¿De repente?

—Sí. Pasó hace mucho tiempo...

Al escucharla, Mi-hye miró hacia arriba, pensando durante unos instantes.

—¡Ah! —dijo, y asintió con la cabeza— Ya sé de qué hablas.

—¿Lo sabes?

—Sí. ¿No hablas de aquella vez que me dijiste lo de las señoras que venden tiques en las cafeterías?

—Sí... Exacto, lo has pillado a la primera...

Mi-hye siguió comiendo el bibimbap como si nada. La señorita Eun-hye, avergonzada, fue incapaz de hacer una profunda reverencia, pero, para mostrar su sinceridad, se disculpó con la cabeza ligeramente agachada.

—Lo siento mucho. También lamento no haberme disculpado antes.

—Vale, te perdono.

La señorita Eun-hye se sorprendió por la reacción indiferente de su hermana, que bebió un vaso de agua antes de seguir hablando como si tal cosa.

—Cuando vi lo sorprendida que estabas cuando mamá te arrastró a la habitación, me di cuenta de que habías dicho aquello sin saber dónde te metías.

Y yo tampoco lo entendí. Por supuesto que aquello me hizo odiarte, pero, si pienso en las veces que me porté mal contigo después...

sería como la sartén diciéndole al cazo que está sucio, ¿no?

—dijo Mi-hye, y se echó a reír a carcajadas.

La señorita Eun-hye, gélida a causa de los nervios, sintió que el corazón se le iba derritiendo un poco mientras reía con ella. Sin embargo, aquel momento de complicidad duró apenas unos instantes: Mi-hye vio de reojo el reloj de la cocina y se levantó sobresaltada.

—¡Ay! ¡Voy a llegar tarde! Perdona, ¿podrías recoger tú mis platos?

—Es verdad, trabajas los fines de semana, ¿no? Corre, ve a lavarte los dientes. Ya lo recojo yo cuando termine de comer.

—Vale, ¡gracias!

Aunque le había dado las gracias con prisa en un momento de confusión, a la señorita Eun-hye le alegraron aquellas palabras viniendo de su hermana.

Estaba contenta porque, aunque había pasado mucho tiempo, al fin se había abierto el camino para que ella y Mi-hye se reconciliasen y pudiesen convivir en paz.

Poco después, vio que Mi-hye corría a la entrada con el bolso en la mano.

La señorita Eun-hye se sorprendió a sí misma gritándole que tuviese cuidado.

Aquella tarde, su madre, al ver el libro de enfermería con sus dibujos, estuvo a punto de gritar de la sorpresa.

Mientras las dos hermanas contenían la emoción al ver que los ojos de su madre se humedecían al pasar varias páginas del libro, sonó el teléfono de la señorita Eun-hye.

Pensando en que quizá May se había puesto en contacto con ella, sacó el teléfono deprisa.

Eun-hye, ¿qué haces? ¿Has cenado?

Era un MD de Won-jae. La señorita Eun-hye detuvo a su corazón, que había decidido por sí mismo desbocarse, y respondió rápidamente.

Acabo de cenar y ahora estoy charlando con mi familia.

Ah, ¿te llevas bien con ellos? Qué suerte xd. Bueno, no te quería hablar de eso... ¿Te encuentras mejor? Me preocupaba porque no has dado señales de vida desde el miércoles.

¡Ay! ¡Es cierto! ¡Lo siento! Debería haberte escrito o algo. Ahora estoy recuperada. Siento mucho haberte preocupado, encima que me invitas a algo tan rico... (;´ - `;)

No, no. Pero últimamente el mundo está muy raro, solo te he escrito para asegurarme. Me basta con que estés bien.

El corazón de la señorita Eun-hye se puso blandito como el tofu.

Después de tantos años, se dio cuenta de que la popularidad de Won-jae en la universidad no había sido simplemente por su aspecto bien parecido.

Para que su familia no viera cómo se le escapaba la sonrisa, siguió escribiendo con el cuerpo girado discretamente a un lado.

Won-jae, ¡la próxima vez invito yo! ¿El finde tienes planes?

Normalmente, el fin de semana estoy ocupado en la cafetería... ¿Por qué?

Ah, es que hace un tiempo compré unas entradas de venta anticipada para una exposición de Yuni Yoshida. Pedí dos por si acaso, y pensé que estaría bien si fuésemos juntos, pero si estás ocupado los findes...

¿Yuni Yoshida? ¿La directora de arte? Está muy de moda últimamente.

Sí, ella misma.

Al ver ese nombre, la verdad es que me han entrado ganas de ir a la exposición. Quizá podría intentar recrear un poco su estilo en la cafetería.

La señorita Eun-hye hizo un bailecito con los dedos de los pies y contestó rápidamente.

¿Entonces vienes conmigo? ¡Puedo pedir un día libre entre semana!

No. Si aviso con antelación a uno de los trabajadores, no importa si falto uno de los días del fin de semana. Además, ahora que lo pienso, hace bastante que no hago nada relacionado con la cultura... Hacía mucho que no escuchaba la palabra exposición jaja. Así que, ¿qué tal si nos vemos el domingo?

¡Perfecto! Entonces el sábado te escribo. Ah, ¡seguro que antes me paso a por un café! (*´v`*)

Yo encantado de que vengas. ¡Muchas gracias por aumentarme siempre la facturación!

Pasaron unos instantes y llegó volando un emoticono de corazón.

¿Le estaba dando luz verde? La señorita Eun-hye se cubrió la mano con la boca rápidamente.

¡Quién iba a imaginar que llegaría un día en que se enviaría mensajes así con Won-jae, el chico más popular de la facultad!

Se le empezaron a pasar por la cabeza los argumentos de aquellas novelas web tan de moda cuando estaba en la secundaria, en las que la premisa era que el novio de la prota era siempre el chico más guapo del instituto. Se echó a reír sin darse cuenta.

—¿Por qué te ríes de repente? —preguntó Mi-hye.

La señorita Eun-hye agitó la cabeza y cubrió el móvil.

No había estado prestando atención a la conversación entre su madre y su hermana, solo pensaba en la exposición a la que iría el fin de semana.

Aunque ahora Won-jae estaba haciendo un trabajo completamente distinto, le daba la sensación de que, al haber estudiado diseño, aquella cita les iba a inspirar de forma positiva a ambos.

Estaba de buen humor. Solo deseaba que, a partir de ahora, todas las cosas siguiesen marchando así, a pedir de boca.