Hotel Dear Grace CAPÍTULO 4. HOTEL DEAR GRACE
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CAPÍTULO 4. HOTEL DEAR GRACE

HOTEL DEAR GRACE

—Ah... —La señorita Eun-hye se quedó sin palabras; no sabía qué decir, así que no le resultaba fácil empezar a hablar—. Lo siento. No tenía ni idea de que había pasado por circunstancias tan difíciles.

Ante la disculpa de la señorita Eun-hye, May se encogió de hombros como si no entendiese.

—Señorita, no tiene nada por lo que pedir perdón. Esta historia solo son recuerdos de mi pasado; a mí, que estoy aislada del mundo exterior, ya no me afectan. Lo único que me preocupa ahora es cómo darle el mejor servicio posible al menor precio.

—Aun así, estoy muy avergonzada. ¿No le parece que mis quejas son muy patéticas? Comparado con lo que tuvo que sufrir usted, realmente no es nada...

—Señorita, todo el mundo tiene sus dificultades y no sería justo establecer una clasificación en función de cuáles son más o menos graves.

No se enfrente a su tristeza comparándola con la de los demás.

Además, he disfrutado mucho ocupándome de usted.

La verdad es que... viví toda mi vida abrumada y trabajando para salir adelante, así que en este hotel he sido muy feliz; he tenido la sensación de que había invitado a una amiga a casa y pasábamos el día juntas mientras me contaba sus preocupaciones.

Incluso pude participar en la fiesta de cumpleaños de esa amiga, algo que nunca pude hacer en vida.

Si no fuese por usted, nunca habría podido sentir esto.

—Pero...

—Si le soy sincera, era lo que ansiaba. Como he disfrutado del tiempo que he pasado con usted, quizá la he inducido a que vuelva a visitar este lugar.

Por muy trivial que fuese el recuerdo o pequeña la energía vital, podría haber tenido consecuencias negativas en su vida.

Ya no tiene que volver más aquí. Quiero disculparme de corazón —dijo May, y bajó la cabeza.

Parecía que se había quitado un peso de encima, pero la señorita Eun-hye no sintió que su corazón se aligerase con tanta facilidad, especialmente al pensar que había creado aquel hotel solo para ella. ¿No habría otra manera mejor para que ambas pudiesen verse?

—¿Qué ocurriría si dijese que mi sueño es que regrese al mundo exterior al hotel? —preguntó Eun-hye, después de pensar unos instantes—. Según las normas de funcionamiento de la Dream Company, deben hacer mi sueño realidad, ¿no?

—¿Qué? —May parecía aturdida, pero pronto recuperó la calma y dijo con amabilidad—: No hay nada en el manual de la Dream Company sobre eso que pregunta... Voy a tener que consultarlo con mis superiores.

—Entonces hágalo. Yo me encargaré de pagarlo de alguna manera.

—Entendido. Me pondré en contacto con usted cuando mis superiores me den una respuesta, pero ¿es necesario llegar a eso? Me inquieta que pueda llegar a perjudicarle de algún modo.

—No se preocupe. Aunque me vea así, soy una persona prudente. Entonces, ¿seguimos con la fiesta de cumpleaños?

—Si eso es lo que desea.

Chasqueó los dedos y volvió a escucharse la alegre risa de la madre de la señorita Eun-hye. El feliz baile de Mi-hye también continuaba. La señorita Eun-hye, con ganas de llorar, alternó su mirada una y otra vez entre el rostro de la pequeña Mi-hye y el de su joven madre...

—Mamá, deja que te ayude —le dijo, pues acababa de recoger la mesa del cumpleaños y se disponía a empezar a lavar los platos.

—Ayy, gracias por ofrecerte, mi niña. Esto ya lo hago yo, ve a jugar con Mi-hye —respondió ella con una luminosa sonrisa, mientras agitaba las manos para rechazarla.

—Mi-hye se lo está pasando bien con mis amigos, yo te ayudo.

La señorita Eun-hye se arremangó y se quedó de pie al lado de su madre.

Su madre rio sin decir nada y dejó el plato que había lavado con el estropajo dentro del cubo para la loza que estaba en la pila de al lado.

La señorita Eun-hye aclaró los platos llenos de jabón y los colocó en el escurreplatos. Se compenetraba muy bien con su madre.

—Mamá, ¿cuál era tu sueño? ¿Quizá ser pintora?

—¡Cielos! ¿Cómo sabes eso?

—Me lo contó un pajarito. Me gustaría ver tus dibujos.

—No sé si me queda alguno, hace mucho tiempo que dejé de dibujar.

—¿Y qué pasa si no tienes dibujos antiguos? Puedes hacerlos de nuevo. Cuando Mi-hye y yo crezcamos y ya no tengas que cuidar de nosotras, dedícate a la pintura. Haz exposiciones y vende los dibujos.

—¡Ja, ja, ja! ¡Qué cosas más graciosas dices! —respondió su madre restándole importancia, como si fuese una broma—. ¿Quieres que te haga un dibujo?

Aun así, le pareció que su expresión irradiaba felicidad, por eso se sintió en cierto modo satisfecha.

Después de poner fin a la larga fiesta de cumpleaños y de fingir que mandaba a sus amigos de vuelta a sus casas sin que su madre y su hermana sospechasen, la señorita Eun-hye preparó la cama en el salón para dormir allí con su familia.

Mi-hye, que llevaba un pijama rosa de conejitos, se echó encima de las mantas, extendió los brazos y las piernas y los movió haciendo ángeles de nieve.

—¡Ojalá papá también estuviese con nosotras! —dijo.

—Papá está de viaje de negocios. No ha podido quedarse, está trabajando mucho para ganar dinero.

La señorita Eun-hye vio cómo el brillo de los ojos de su madre se desvanecía tras decir aquello.

Entendió el significado oculto que había detrás del supuesto viaje de negocios.

¿Habría vivido su madre toda la vida fingiendo no conocer la infidelidad de su padre?

La señorita Eun-hye sintió un amargo sabor en la boca.

Quizá notando el cambio en el ambiente, Mi-hye se pegó a su hermana y se puso a hacerle cosquillas de repente. La señorita Eun-hye cogió las pequeñísimas manos de Mi-hye y rio en voz alta, sacudiéndola con suavidad.

—Eun-hye, la verdad es que estoy un poco triste porque desde este año ya no dormimos juntas —dijo Mi-hye, después de jugar un buen rato.

—¿Sí? ¿Te gustaría seguir durmiendo conmigo?

—Sí, pero sé que ya no se puede, porque estás en los cursos superiores y ahora tienes que usar una cama de mayor.

—Entonces te va a tocar crecer deprisa. ¿Qué te parece si entonces usamos una cama doble?

Aun sabiendo que sería una promesa que no se haría realidad, la pequeña Mi-hye asintió con la cabeza, feliz.

La señorita Eun-hye se acostó al lado de su hermana y le dio unas palmaditas con calma.

Mi-hye se quedó dormida enseguida. Al ver aquel rostro inocente, al instante le abrumaron sentimientos encontrados.

Quizá por haber estado de visita en su antigua casa, recobró un recuerdo escondido, un recuerdo que era posible que ella misma hubiese enterrado a propósito en lo más profundo de su conciencia.

En la casa de la abuela, durante las fiestas, con su primo mayor a su lado, provocándola, Mi-hye se había acercado a hacer una monería y entonces...

¡Seo Mi-hye! ¿Sabes que, si sigues así sin estudiar y solo haciendo monerías vas a acabar vendiendo tiques como esas señoras bobas de las cafeterías que salen en la tele?

En aquel entonces, la señorita Eun-hye no entendía lo que querían decir aquellas palabras.

Por eso la sorprendió un montón que su madre se la llevara y la regañara tanto.

Evidentemente, lo correcto al cometer un error, aunque fuese por ignorancia, era pedir perdón.

Sin embargo, en vez de eso, había escondido aquel recuerdo en su subconsciente y había pintado por encima.

Se había dicho a sí misma que la rabia que sentía hacia su hermana era justa y que, aunque había cometido pequeños errores, su hermana había sido la causa principal.

—Mi-hye, voy a pedirle perdón sin falta a tu yo del futuro. Fue mi culpa, no hay excusas. Sé que es muy tarde, pero...

Aunque Mi-hye no aceptase sus disculpas, no tenía derecho a sentirse agraviada. Agotada, acarició el pelo de Mi-hye hasta que se quedó dormida sin darse cuenta.

¿Cuánto tiempo habría pasado?

La señorita Eun-hye despertó de golpe: el teléfono fijo no paraba de sonar en la sala de estar. Cuando se levantó, adormilada, no vio al resto de su familia, y entre la amplia ropa de cama extendida en el salón solo estaba ella. Cogió el auricular con una sensación un poco triste.

—Señorita, la he llamado porque es la hora del check-out .

La señorita Eun-hye colgó, se levantó y se preparó para marcharse.

Echó un último vistazo a la casa de su infancia que había vivido en sus recuerdos y salió por la puerta.

Al otro lado la esperaba Doorbot. El autómata le dio una cesta de pícnic con sus pertenencias y un gran sobre con documentos; le indicó que se trataba de un regalo de May que debía abrir tras salir del hotel.

La señorita Eun-hye metió el sobre en la cesta de pícnic y, siguiendo a Doorbot, se dirigió a la salida del hotel.

Cuando salió del hotel era por la mañana temprano.

Tuvo la sensación de que la hora de check-out había sido más pronto que en las otras ocasiones, pero Doorbot no cometería un error de principiante como confundirse de hora.

Le pareció extraño, pero pensó que habría un motivo y, por costumbre, fue a colocarse el bolso sobre el hombro.

Entonces su brazo y su hombro chocaron con una textura desconocida.

Fue en ese momento cuando se dio cuenta de que, en vez de su bolso, llevaba una cesta de pícnic.

Para ella, el tiempo que pasaba en el Hotel Dear Grace era como un pícnic, pero al verse llevando una cesta de verdad le entró la risa.

Cuando entró por la puerta de casa sus ojos se encontraron con los de Mi-hye, que estaba en la mesa de la cocina tomando una gran cucharada de un bol de bibimbap .

1 Se hizo el silencio. Las dos se quedaron inmóviles en su sitio como si el tiempo se hubiese detenido.

Después de unos instantes, la señorita Eun-hye fue la primera en hablar.

—¿Estos días hasta desayunas?

Mi-hye, masticando con los carrillos llenos, dejó la cuchara ante la pregunta de su hermana.

—Ya sé que me está haciendo efecto yoyó, mamá también me dice todo el tiempo que le parece que he engordado...