CAPÍTULO 3. SU BOLSO FAVORITO #9
La cándida respuesta de Mi-hye hizo estallar en carcajadas a la señorita Eun-hye.
Cuando su hermana le preguntó de qué se reía, le puso un trozo de morcilla en la boca.
Mi-hye la masticó y sonrió diciendo que estaba buenísima.
Cuando su hermana terminó los dibujos de Lirio, Mi-hye las deleitó con una divertida actuación de baile.
La señorita Eun-hye, de buen humor por las gracietas de Mi-hye, se propuso probar toda la comida de la fiesta.
La morcilla, en efecto, estaba muy buena, pero el tteokbokki y las verduras fritas que había hecho su madre estaban directamente increíbles.
Tras intentar mezclar la morcilla, el tteokbokki y las frituras en un solo bocado, se los puso en la boca uno por uno.
«¡Sí, este es el sabor perfecto! ¡Este era el sabor que recordaba! », pensó, dando pataditas de felicidad.
—Directora, hace unos días seguí el papel que me entregó y pude comer una morcilla que sabía muy parecida a esta. ¿Cómo descubrió aquel sitio? —susurró en dirección a May.
—Se podría decir que es un servicio especial de la Dream Company. Me alegro de que le haya gustado.
—¡Ah, sí, estaba riquísima! ¡Y el evento de hoy ha sido increíble!
Habría estado genial si de verdad hubiese tenido una fiesta como esta cuando era pequeña.
¡Especialmente el reloj de Margarita! Quizá mi madre me habría pegado por correr de felicidad al recibirlo, je, je...
Puede que así no me hubiese distanciado tanto de Mi-hye...
—Señorita, este espacio no ha surgido de mi imaginación. Es la materialización del sueño que dejó en nuestro hotel la última vez que lo visitó, junto a este reloj de pulsera —respondió May, serena, mostrándole el reloj de Margarita.
¿Eh? ¿Qué hacía eso ahí? Desconcertada, tocó su muñeca. El reloj de Margarita, que había estado allí hacía unos instantes, había desaparecido. Y ya no veía a su madre ni a Mi-hye.
—Por lo que yo sé, no existe precedente en dejar que los clientes vean de nuevo los recuerdos que usan como pago...
Sin embargo, aunque está prohibido devolver los recuerdos, no hay ninguna regla sobre enseñarlos de nuevo, así que hice los arreglos necesarios para que pudiese volver a vivir el recuerdo.
Obviamente, como es algo que solo puede suceder dentro de este hotel, en cuanto haga el check-out el recuerdo de lo que ha vivido aquí volverá a desaparecer.
—Ah... así que... ¿dice que todo esto sucedió de verdad y cuando usé el reloj como pago para el hotel el recuerdo desapareció de mi mente? ¿Y a partir de ahora tampoco voy a poder recordarlo?
—Sí, eso es.
De pronto, recordó las significativas palabras que le había dicho May en su anterior visita: que sería una pena pagar aquel precio por un servicio de sueños sin sentido.
Por fin había podido entender el significado de aquellas palabras.
Lo que le había dado a May no era solo un viejo objeto, sino un recuerdo nostálgico como aquel, todo lo que su subconsciente guardaba en relación al reloj.
—Ah, necesito esto para poder recordarlo... ¿Por qué lo habré usado como pago? ¡Qué tonta! ¡Qué estúpida! ¡Con la de malos recuerdos que tengo! ¿Por qué habré escogido justo esto?
May, con calma, agarró las manos de la señorita Eun-hye, que se estaba golpeando la cabeza con los puños.
—No se reproche demasiado, señorita. Este problema ha surgido en parte debido a mi falta de habilidad.
Mi imaginación es demasiado pobre como para materializar una «familia normal» como aquella con la que sueña de forma imprecisa.
Habría sido mejor si hubiese podido enseñarle una visión nueva en vez de este recuerdo —dijo May.
—¡No! —La señorita Eun-hye negó con la cabeza apresuradamente—.
Gracias por hacer que pudiese vivirlo de nuevo aunque fuese una sola vez.
Es triste que vaya a olvidarlo por completo, pero creo que este rato que hemos pasado juntos ha sido revelador...
Si lo pienso, tampoco ha sido mala idea pagarte hoy con el bolso, porque eso significa que van a desaparecer los malos recuerdos ligados a él.
—El otro día, tenía varias preguntas sobre la manera en la que opera la Dream Company.
Me preguntó si un modelo de negocio así podría reportar beneficios.
Sí, la tasa de rentabilidad de la Dream Company es inmensamente alta, ya que asigna un precio a los recuerdos, algo que no es mercancía.
No debe subestimar el valor de toda la experiencia que obtuvo no solo a través de los buenos recuerdos, sino también de los malos —dijo May en voz baja mientras miraba a la señorita Eun-hye, que parecía un poco abatida.
—Lo entiendo. Al final, este hotel ha resultado ser increíblemente caro. A partir de la primera estancia, no se pueden usar los servicios a la ligera.
Los ojos de la señorita Eun-hye, que había hablado medio en broma, estaban húmedos.
—No se aflija demasiado, señorita. Aunque desaparezcan los recuerdos, las emociones perduran —dijo May, soltando despacio las manos de la señorita Eun-hye—. Entonces, ¿le gustaría pasar un poco más de tiempo de calidad con la familia de su recuerdo?
La señorita Eun-hye asintió con vehemencia.
—Sí, pero antes tengo una pregunta. Hay algo relacionado con este recuerdo que me ha dado qué pensar.
—Sí, señorita. ¿Qué le preocupa?
—Usted me dijo claramente que solo había usado imágenes que estaban en mi memoria. Entonces, ¿el resto de las cosas las ha hecho basándose en su imaginación? ¿Incluidos los robots?
—Sí, señorita.
—Dijo que, de pequeña, su sueño era ser escritora de sci-fi .
—Sí, señorita.
—¿De qué trabajaba antes de venir a este lugar? Acaso... ¿es alguien que yo conozca?
May, que a todo respondía rápidamente y sin dudar, se quedó callada ante aquella pregunta.
—Si hay que pagar un extra al tratarse del mundo de fuera del hotel, estoy dispuesta a...
May negó con la cabeza despacio.
—No. Puedo hablar de mí misma según mi propio criterio, porque esencialmente me he convertido en un ser que no tiene relación con el mundo exterior.
Era una expresión curiosa. Hablar del mundo de fuera del hotel ya era extraño de por sí, pero le resultaba aún más discordante que se refiriese a sí misma como un ser sin relación con el mundo, porque eso quería decir que en algún momento había sido un ser que sí la tenía. La señorita Eun-hye tragó saliva.
—Me gustaría escuchar su historia —dijo la señorita Eun-hye con cautela.
Por primera vez desde que la había conocido, May suspiró. Después empezó a contar su historia, despacio.
—Entonces, a partir de ahora le contaré la historia que desea escuchar. Antes de venir a este lugar mi nombre y mi rostro eran completamente distintos. Era una humana normal, que vivía en el mundo de fuera del hotel. Me llamo...