CAPÍTULO 3. SU BOLSO FAVORITO #8
Normalmente, Doorbot le abriría la puerta y esperaría a que ella entrase, pero, por algún motivo, en esta ocasión se quedó allí quieto sin hacer nada. ¿Sería un fallo repentino? Lo observó de arriba abajo durante unos instantes y al final optó por abrir la puerta ella misma.
—¿Eh?
Justo antes de entrar en la habitación se detuvo en seco. Era a causa de la decoración completamente distinta a la de sus dos visitas anteriores. Aquel lugar lo conocía al dedillo. Deprisa, se quitó los zapatos en la entrada, entró en la sala de estar y empezó a inspeccionar los alrededores.
—Es la casa en la que vivía cuando era pequeña... ¡Guau, hasta el olor de los muebles es clavado!
La gruesa televisión de tubo, el sofá de cuero con los bordes algo pelados, la mesa del salón con su tapa de cristal, la nevera GoldStar descolorida y hasta el garabato de la puerta pintado con ceras de colores.
El interior de la habitación era exactamente igual a la casa que recordaba.
En la pared al lado del baño, junto a una rama con flores secas, había colgado un calendario con el nombre de la empresa de finanzas en la que trabajaba su padre escrito en letras grandes; había una fecha rodeada con un gran círculo y una anotación en la que se podía leer: «Cumpleaños de Eun-hye».
La señorita Eun-hye, que iba mirando por todos los recovecos de la casa, descubrió una caja de cartón cerca del secadero.
En el interior de aquella caja, donde almacenaban los papeles para reciclar, había varios libros de enfermería.
Se fijó en que en el canto superior de las hojas estaba escrito el nombre de su madre.
Parecía que, aun después de haber dejado el trabajo, había conservado los libros durante muchos años.
La señorita Eun-hye cogió uno y le echó un vistazo.
Todas las páginas estaban llenas de partes subrayadas y asteriscos, y los pósits que había elaborado de forma minuciosa aún estaban pegados. Sintió un calor en el pecho.
También encontró páginas en las que su madre había ido pintarrajeando.
A decir verdad, aquello no eran simples garabatos, sino obras muy detalladas y hermosas.
Al ver que el grosor del lápiz iba cambiando a pesar de no ser ilustraciones grandes supuso que no las había dibujado de una sola vez, sino que las había ido completando poco a poco en sus ratos libres.
La señorita Eun-hye se detuvo a contemplar aquellos dibujos de flores.
Entonces escuchó el timbre, seguido de alguien que llamaba a la puerta.
—¡Eun-hye, soy yo! ¡Abre rápido! —era la voz de Mi-hye, su voz de niña.
Sintiéndose presa de un hechizo, se acercó a la entrada y quitó el pestillo.
La puerta se abrió de par en par y entraron Mi-hye, con una falda que ondeaba como la de una bailarina de ballet, y su madre, con su pelo negro peinado en grandes ondas.
Mi-hye debía estar en los primeros cursos de la primaria, y su madre parecía tener la misma edad que ella ahora.
¿Serían las invitadas especiales a las que había llamado May?
—Lo siento, Eun-hye. Pensaba que volveríamos más pronto, pero Mi-hye dijo que tenía que entrar en la papelería y por eso nos hemos retrasado.
Además de comprar la tarta, fui a por esa morcilla que dijiste que querías comer.
Aunque no sé si pegará mucho la tarta con la morcilla...
También dejé preparado tteokbokki 7 con verduras fritas. Por cierto, ¿has llamado a tus amigos?
—¿A mis amigos? —preguntó desconcertada.
—¡Sí! —respondió Mi-hye—. ¡Dijiste que habías invitado a tus dos mejores amigos a tu fiesta de cumpleaños!
—Ah..., ¿dije eso?
La señorita Eun-hye se rascó la nuca y se dirigió al teléfono fijo de la sala de estar.
Por mucho que tuviese el aspecto de su antigua casa, estaba en el Hotel Dear Grace, así que era obvio que aquel teléfono era la línea interna.
Tomó el auricular y marcó el cero. Después de que sonase el tono dos veces y media, escuchó la voz de Doorbot al otro lado del auricular.
—¿Sí, señorita? ¿Necesita algo?
—Puede parecerle repentino, pero creo que necesito amigos. Un par de ellos. ¡Ah! Bastaría con que vinieseis tú y la directora.
—Ah, ¿amigos? Entendido, señorita. Ahora mismo vamos a la habitación.
Un poco después, sonó el timbre. Su madre, que había ido a abrir la puerta, recibió con alegría a los dos amigos de la señorita Eun-hye: May y Doorbot.
Al verlos a todos reunidos alrededor de la mesa de cumpleaños, a la señorita Eun-hye no dejaba de escapársele la risa.
Le hacía mucha gracia ver cómo su madre los trataba a ella y a sus amigos como si tuvieran nueve años.
¡Quién iba a imaginar que estaría en una fiesta de noveno aniversario en la que la cumpleañera pasaba de los treinta y sus dos amigos eran una mujer de edad desconocida y alta como una torre y un robot de madera con una misteriosa estructura interior!
—Venga, ¿cantamos juntos? ¡Uno, dos, tres, cuatro!
—¡Cumpleaños feliz, cumpleaños feliz, te deseamos Eun-hye, cumpleaños feliz!
Cuando terminaron la divertida canción y la señorita Eun-hye sopló las velas, a ambos lados del pastel estallaron cañones de confeti con un estruendo. Todos los que participaban en la fiesta le aplaudieron.
—¡Eun-hye, toma! ¡Un regalo!
Mientras su madre cortaba el pastel, Mi-hye, emocionada, le entregó una pequeña caja de regalo. Al ver su expresión, le pareció que era un presente por el que se había preocupado bastante.
—¿Qué será? —susurró en voz alta a propósito, mientras desenvolvía el regalo.
Lo que había dentro de la caja era el reloj de pulsera de Margarita, un personaje de los dibujos Hada Nupcial .
—¡Guau! ¿Cómo has comprado esto?
Los ojos de la señorita Eun-hye, verdaderamente sorprendida, se abrieron como platos. Mi-hye solo sonreía de oreja a oreja; fue su madre, que estaba al lado emplatando la tarta, quien contestó en su lugar.
—Mi-hye se esforzó mucho en ahorrar la paga y el dinero que le dieron en año nuevo para comprártelo. A mí también me sorprendió.
—Eun-hye, pruébatelo, rápido —la apremió Mi-hye, moviéndose de lado a lado como si le diese vergüenza lo que había contado su madre.
—Ah, ¡vale!
Abrió la caja y sacó el reloj de pulsera.
Aunque era un reloj hecho de plástico con un diseño un poco cutre, al levantar la tapa salía la música de transformación de Margarita, creando un ambiente de lo más convincente.
La señorita Eun-hye hizo la pose de transformación de Margarita mirando a Mi-hye, y ella dejó escapar un gritito de alegría.
Ver a Mi-hye desde sus ojos de adulta le daba una impresión distinta a la imagen de ella que tenía de pequeña.
Mi-hye era una niña que sonreía con facilidad y expresaba abiertamente su amor por la gente a la que quería.
Además, a diferencia de ahora, no se rebotaba contra su hermana ni le daba respuestas insolentes.
¡Era muy linda cuando la miraba con aquellos ojillos de cachorrito!
La señorita Eun-hye le dio un fuerte abrazo a la pequeña Mi-hye y la acribilló a besos en la frente y las mejillas.
—Ayy, qué linda eres, ¡bonita! ¡Ya no me acordaba de lo bonita que eras!
—¡Ji, ji, ji! La verdad es que quería pedirte un favor.
—¿Sí? ¿Qué es?
—¿Puedes dibujar a Lirio en mis libretas?
—¡Claro! ¡Todas las veces que quieras!
—¡Viva! Espera un momento, Eun-hye.
Mi-hye corrió hacia la habitación dando brincos y volvió con las libretas y un lápiz.
A cada paso que daba, su falda de bailarina ondeaba como si se tratase de las alas de una mariposa.
Dispuso las libretas, cada una de una asignatura, y le pidió que le dibujase a Lirio en la primera página de cada una.
La señorita Eun-hye cogió el lápiz y empezó a dibujar.
Como hacía mucho tiempo que no la dibujaba, no recordaba bien los detalles, pero usó su experiencia como diseñadora para rellenar aquellos espacios en blanco y crear preciosas ilustraciones.
—¡Tus dibujos molan mucho! —dijo Mi-hye, que, con las manos puestas en cáliz alrededor de la barbilla, la observaba con atención.
—Je, je, ¿en serio?
—¡Sí! ¿Cuando seas mayor vas a ser dibujante?
—Mmm... antes mi sueño era ese, pero creo que voy a hacer otra cosa.
—¿En serio? ¿Y qué vas a ser entonces?
—Diseñadora.
—¿Qué es una diseñadora?
—Mmm... para simplificarlo, es una persona que imagina la forma de los objetos y los crea de forma bonita. A la persona que hizo tu falda de volantes la llaman diseñadora de ropa, y a quien hizo esa silla, diseñador de muebles.
—¡Oooh, qué guay! ¿Y qué van a hacer tus amigos cuando sean mayores?
En esta ocasión, los ojos de Mi-hye se posaron con interés en May y Doorbot.
—¡Voy a trabajar en un hotel grande y hermoso! —contestó Doorbot sin dudar, levantando la mano.
Era una respuesta clara, propia de Doorbot. Mi-hye empezó a dar palmas, con admiración.
—¿Un hotel grande y hermoso? ¡Eso también es muy guay! ¿Y la chica alta?
—Yo... quiero ser escritora —respondió May, tras vacilar unos instantes.
Aquella respuesta inesperada hizo que la señorita Eun-hye aguzase los oídos. Su madre, quizá divertida por la conversación de los niños, se acercó, se sentó al lado y se metió en ella como quien no quiere la cosa.
—¡Vaya! ¡Qué romántico! ¡Escritora! ¿Qué tipo de novela te gustaría escribir? ¿Una como El principito ?
—Bueno, no estaría mal, pero yo quiero escribir sci-fi . Me resulta divertido imaginar mundos con autómatas.
Después de decir eso, May miró a Doorbot disimuladamente. Mi-hye ladeó la cabeza, confusa con la respuesta de May.
—Eun-hye, ¿qué es saifai ? —preguntó a su hermana.
—¿Te acuerdas de cuando alquilamos Parque Jurásico en el videoclub?
—¡Sí! ¡Me acuerdo! ¡La de los dinosaurios!
—A ese tipo de historias creativas relacionadas con los avances científicos se les llama sci-fi .
—Aaah, entonces, ¿los dinosaurios son saifai ?