Hotel Dear Grace CAPÍTULO 3. SU BOLSO FAVORITO #7
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CAPÍTULO 3. SU BOLSO FAVORITO #7

Su padre se arregló la ropa, se aclaró la garganta y salió de la cafetería. La señorita Eun-hye se dejó caer sobre la mesa como si colapsara. Después de estar así un buen rato, levantó la cabeza, angustiada, y buscó «Dear Grace» entre sus contactos.

En vez de ir a casa, la señorita Eun-hye se dirigió directamente al Hotel Dear Grace.

En esta visita, no le solicitaron seguir ningún código de vestimenta y, cuando llegó al hotel dejándose guiar por Doorbot, este tenía el aspecto del vestíbulo de madera de la primera vez.

Los triobots tocaban la Humoresca número 7 de Dvořák, y frente al enorme reloj de la pared la esperaba May, tan elegante y cortés como siempre.

—Señorita, ha sufrido mucho —dijo May a modo de saludo, con una sonrisa tranquila.

Tan pronto como hizo contacto visual con ella, a la señorita Eun-hye se le llenaron los ojos de lágrimas.

Las palabras de May podían ser pura cortesía, para agradecerle que hubiese hecho tiempo para visitar el hotel, pero ella las recibió como un mensaje de consuelo por todo lo que le había pasado.

Extendió el bolso que llevaba, a punto de echarse a llorar en cualquier momento.

—Pagaré con este bolso. Por favor, devuélvame los objetos que hay en el interior.

—Entendido.

A una seña de May, Doorbot se acercó para recibir el bolso. Con cuidado, sacó las pertenencias de la señorita Eun-hye y empezó a colocarlas en una cesta de pícnic de ratán.

—Señorita, parece preocupada. ¿Le gustaría tomar una taza de té caliente? —le preguntó May mientras Doorbot trabajaba con ahínco.

—Sí, gracias. Cualquier cosa que usted recomiende está bien.

—Entendido. Bien, ¿me acompaña?

May señaló a la izquierda y empezó a caminar delante de ella.

En una ocasión anterior la había llevado por el mismo camino.

Si seguían recto, verían la puerta de madera que se abría automáticamente y desde allí pasarían al restaurante.

Sin embargo, el lugar al que llegaron a través de la puerta de madera no era el restaurante, sino una acogedora tetería.

—Siéntese donde desee y espere un momento, señorita.

May desapareció por la zona del mostrador.

«¿En esta cafetería no trabajarán los robots?

». Con ese pensamiento insustancial, la señorita Eun-hye se sentó cerca de una gran ventana de la que colgaban unas cortinas de gasa translúcida con motivos florales.

Las sillas de madera de elegantes curvas y el mantel que parecía bordado a mano desprendían un estilo retro.

En aquella tetería con delicado aroma a ciprés convivían en armonía la iluminación naranja de las lámparas de mesa, una pequeña pecera donde nadaban carpas diminutas y una planta de ave del paraíso más alta que la propia señorita Eun-hye.

Gracias a aquel ambiente, consiguió tranquilizarse un poco.

May no tardó en aparecer empujando un carrito con una tetera, una taza y un plato con tentempiés.

Tras servirle una infusión rojiza, colocó al lado un plato con un brazo de gitano.

Lo primero que hizo la señorita Eun-hye fue oler la infusión.

Era una fragancia algo amarga, como la de un árbol mojado por la lluvia.

Igual que aquel aroma del que disfrutaba por primera vez, el primer sorbo del té fue ligeramente amargo, pero delicioso.

Justo a continuación, mientras se preguntaba si aquel sabor era agridulce, este terminó por evolucionar hacia un dulzor que parecía derretirse como la nata.

—Está buenísimo. ¿Qué tipo de té es? —preguntó la señorita Eun-hye, ojiplática ante aquella fragancia y sabor inesperados.

—Es rooibos con arándano silvestre mezclado con regaliz. ¿Le agrada?

—¡Sí, está riquísimo! Pensar que un sabor tan exquisito pueda salir de una taza de té... Creo que ya entiendo a los friquis de las infusiones. La verdad es que pensaba que eran todas lo mismo. Igual que el café.

La señorita Eun-hye probó también el brazo de gitano que había en el plato. La textura húmeda y cremosa se le deshizo en la boca. Tomó otro sorbo de té.

—¡El brazo de gitano sabe muy parecido al de mi marca favorita! ¡Queda genial con esta infusión! —dijo, notablemente más contenta.

—Me alegro. Se la ve mucho mejor que cuando entró a hacer el check-in .

La señorita Eun-hye asintió con vigor, como si estuviera completamente de acuerdo con las palabras de May.

La verdad era que desde que había puesto un pie en el Hotel Dear Grace la violenta tempestad que se agitaba en su interior se había ido apaciguando poco a poco.

Quizá estaba tan segura de que si se quedaba un día allí se sentiría mejor, que su cuerpo ya había empezado a reaccionar.

Al menos, en el hotel conseguía organizar sus pensamientos con más calma que cuando estaba en el mundo exterior.

—Directora, han ocurrido muchas cosas desde la última vez que vine...

La señorita Eun-hye le contó a May con detalle todo lo que había pasado en ese tiempo.

Como siempre, May la escuchó con expresión serena.

La historia de su hermana, a la que le había quitado el dinero un estafador; la historia de su padre, que no se avergonzaba de ponerle los cuernos a su madre...

La señorita Eun-hye acabó gritando que la persona a la que menos entendía era su madre, y que no sabía por qué rayos no se divorciaba de una vez.

May, que había estado escuchando la historia en silencio, intervino de improviso:

—Tiene una buena madre. La verdad es que siento envidia.

La señorita Eun-hye quedó muy sorprendida. Hasta aquel momento, May siempre se había acercado a todas las situaciones desde el punto de vista de la señorita Eun-hye, teniendo en cuenta sus sentimientos de esta, pero, por primera vez, había expresado con claridad lo que pensaba.

—¿No le parece que la decisión de mi madre hace que sufra toda nuestra familia? —preguntó la señorita Eun-hye un poco extrañada.

—Es cierto. No se puede decir que la decisión que ha tomado su madre sea correcta o sensata, pero si ella ha decidido soportar la infelicidad, es por sus hijas. Detrás de eso hay una certeza: su madre la ama.

—Sí, lo sé... Es natural que una madre ame a sus hijos.

—Puede pensar eso, pero no debe ignorar que, en la práctica, existen muchos casos en el mundo en los que no es así. Está claro que no se pueden aceptar todas las acciones de los padres presuponiendo que hay amor. Dígame, ¿desea que la relación actual con su familia cambie?

La señorita Eun-hye se detuvo a pensar en la respuesta.

Intentó imaginar su versión de una familia ideal, pero no era fácil describirla en palabras.

¿Una familia en la que se quieran unos a otros?

Quererse no evitaría las discusiones. A veces, poniendo el amor como excusa, se le hacía más daño a un ser querido que a un desconocido.

¿Una familia que no se peleara? Era imposible que personas con valores distintos evitasen completamente los roces al convivir en un mismo espacio; de hecho, que no hubiese enfrentamientos podía significar que alguien se estaba conteniendo, carcomiéndose por dentro.

¿Una familia en la que todos sus miembros se respetasen mutuamente?

Que respetasen las decisiones de los demás aun pudiendo predecir que los resultados serían negativos...

¿Aquello sería realmente respeto o solo falta de interés?

—Ah, no sé qué decir... Solo quiero vivir en una casa normal...

La señorita Eun-hye suspiró profundamente y apoyó el mentón en la mano. Después de observarla en silencio durante un buen rato, May intervino:

—Creo que ahora mismo su cabeza es un caos.

Este hotel se materializa a través de la armonía entre sus sueños y mi imaginación.

Los sueños están íntimamente ligados con la expresión de los deseos del subconsciente.

Por muy embrollado que esté su subconsciente, si el deseo está claro, puedo hacer que tome cuerpo en este lugar sin problemas, pero en una circunstancia como la actual me resulta imposible ayudarla. Aunque...

—¿Aunque?

Al ver que May no terminaba la frase, la señorita Eun-hye prestó más atención. May estaba con los brazos cruzados, pensando.

—Creo que hay un pequeño artefacto que podría usar —respondió May, como si hubiese decidido algo—. Es posible que me llamen la atención en la próxima auditoría interna, pero, al menos, no es algo que figure explícitamente en la lista de prohibiciones del manual de atención al cliente, así que...

May chasqueó los dedos y Doorbot entró en la tetería caminando con un repiqueteo. May entrelazó las manos educadamente sobre el regazo e hizo una profunda reverencia a la señorita Eun-hye.

—Vamos a recibir a un invitado especial; le ruego que espere un momento en su habitación. Doorbot la acompañará hasta allí.

—¿Un invitado? ¿No me había dicho que en el Hotel Dear Grace solo podía entrar yo?

—Es cierto que la admisión está limitada a personas ajenas al hotel. Si tiene alguna pregunta más, llámeme a través de la línea telefónica interna.

Tras decir aquello, May se giró y salió de la tetería.

La señorita Eun-hye miró a Doorbot desconcertada.

Él se puso a su lado y, con una voz particularmente infantil, le dijo que la acompañaría hasta la habitación.

Ella asintió y se levantó del asiento. No entendía qué estaba ocurriendo, pero nunca había sufrido perjuicio alguno por hacer lo que le decía May.

Mientras se dirigía a la habitación, siguiendo a Doorbot, le pareció que el interior del Hotel Dear Grace no había sufrido grandes cambios desde la primera vez; especialmente teniendo en cuenta el gran impacto que le causó su segunda visita, en la que la habían arrastrado a un gimnasio tan pronto como completó el check-in .

Doorbot, que caminaba por el pasillo iluminado por la tenue luz dorada, se detuvo frente a la puerta de una habitación y se giró a mirarla.

—Es aquí.