CAPÍTULO 3. SU BOLSO FAVORITO #6
—¡No quiero un matrimonio así! —interrumpió la señorita Eun-hye—. No quiero tener que vivir preocupándome por todo, actuando como alguien que no soy y tratando como familia a gente desagradable que me hace sentir incómoda. ¿Hay que malgastar así la vida solo para casarse?
—Eun-hye, tú y yo somos diferentes. Aunque en mi época no fuese posible, tú puedes casarte con alguien a quien ames. Piénsalo. Ya no se forman las parejas teniendo en cuenta a los padres del otro. ¿Qué harías si quisieses a alguien pero sus padres no pensasen bien de ti? ¿No te casarías?
—¡Pues claro que no! ¿Para qué me voy a casar?
—¿Aunque lo quieras mucho, muchísimo, hasta la muerte?
—Mamá, el sentimiento llamado amor y la institución del matrimonio son dos cosas distintas.
Tú y papá no continuáis con esta vida de casados porque os améis mucho, muchísimo, hasta la muerte.
Lo siento mucho, pero... la verdad es que preferiría vivir sola a vivir como tú. Mamá, tienes que vivir tu vida.
El silencio permaneció unos instantes entre madre e hija.
—Lo que acabas de decir, ¿significa que no te vas a casar? Vas a hacerlo, ¿no? —preguntó su madre un poco después.
—¡Mamá! ¿Me vienes con eso ahora? ¡Si aún no hemos arreglado el asunto de Mi-hye!
—No, pero me gustaría que... Bueno, no sé.
Su madre apoyó la frente en la mano soltando un largo suspiro. La señorita Eun-hye la miró de reojo.
—Ahora entiendo el motivo por el que me decías que tenía que perder peso y encontrar un hombre. ¡Por eso empezaste a reñirme tanto desde que Mi-hye dijo que se iba a casar! A partir de ahora, está prohibido hablar de matrimonio en esta casa.
—Oye, hay cosas que no se pueden evitar. Si te casas...
—Como vuelvas a decir eso junto al barrio entero y hago una fiesta para celebrar que no me voy a casar nunca.
Ante aquella declaración de guerra, su madre dio un paso atrás.
Lo más probable era que no se tratase de una rendición completa y solo hubiese retrocedido para atacar con mayor ímpetu más tarde, pero al menos habían dejado de lado el tema del matrimonio por el momento.
Había un problema mayor: su madre parecía haber asumido las infidelidades de su padre.
«¿Cómo es que está toda la familia tan revuelta?
», se preguntó la señorita Eun-hye, abrumada y a punto de explotar.
—Director, le he enviado los cambios del proyecto del banner de F entonces alzó la mano deprisa.
—Eun-hye, como no cogías el teléfono...
—¿Cómo sabes dónde trabajo?
—Le dije a tu madre que me mandase una foto de tu tarjeta de visita.
Eso quería decir que ambos habían hablado de la situación. Su padre le dijo que quería charlar en un lugar tranquilo. Ella aceptó y juntos caminaron hacia una franquicia de cafeterías cercana.
Tras dejar dos tazas de café con leche sobre la mesa, su padre fue el primero en hablar.
—Ahora tú también lo sabes... Sí, estoy saliendo con una mujer. No es un romance pasajero, realmente pienso en ella como mi último amor.
La señorita Eun-hye se quedó de piedra. Se imaginaba más o menos qué iba a decirle su padre, pero aquello era una confesión tan desvergonzada que no le pareció que fuera algo que debiese escuchar una hija.
Lo único que podía explicar aquella frase era que estuviera bajo la falsa ilusión de ser el protagonista de una película romántica.
—Es algo que ya tengo hablado con tu madre desde hace tiempo y no afectará a la boda de Mi-hye. Estate tranquila, pero ten cuidado con lo que dices para que no lleguen rumores raros a oídos de nuestros consuegros.
Parecía que su padre aún no sabía que el compromiso de Mi-hye se había roto. ¿Por qué no le habría contado su madre algo tan importante?
—Mi-hye no va a casarse. Se ha acabado —dijo la señorita Eun-hye sin rodeos.
—¿Cómo? ¿Así, de repente? ¿Por qué?
—¿No le preguntaste a mamá cómo iban los preparativos de la boda?
—Pues... pensé que todo marchaba bien... —Su padre dejó la frase sin terminar.
«Sí, esta es la verdadera cara de nuestro padre. Un hombre que de forma recurrente ignora asuntos cruciales para sus hijas; así fue en la reunión con sus futuros suegros y así sigue siendo ahora».
—Este bolso..., ¿por casualidad tuvo algo que ver esa mujer con la que sales con que me lo compraras? —preguntó la señorita Eun-hye, poniendo sobre la mesa el bolso que tenía en el regazo.
—Sí. Cuando le hablé de ti, a Hyeon-ju le pareció un buen regalo. Para que sepas el tipo de persona que es.
Las entrañas de la señorita Eun-hye empezaron a hervir a borbotones. ¿Qué más daba qué clase de mujer fuese? ¿Cómo le regalaba a su hija un bolso que había elegido la mujer con la que cometía adulterio? ¿Quería que la tratase como madrastra aun cuando su verdadera madre estaba viva?
—Papá, ¿entonces por qué sigues viviendo con mamá? ¿No te casaste con ella porque la querías? —preguntó, mordiéndose los labios en un esfuerzo por mantener la calma.
Su padre no respondió. Dio un gran sorbo a su café con leche y el silencio continuó. Después de mirar fijamente la pared de la cafetería durante un largo rato, abrió la boca, despacio.
—Me casé porque me lo ordenó el abuelo. Nunca he querido a tu madre.
—¿El abuelo? ¿Tu abuelo? ¿Quieres decir mi bisabuelo?
—Sí. No me quedó más remedio que casarme. El abuelo dijo que quería a aquella mujer de nieta política e insistió hasta conseguirlo. Por culpa de eso, tuve que dejar a la mujer a la que amaba entonces.
La señorita Eun-hye rio con sorna.
—¡Ni que estuvierais en la dinastía Joseon! 6 ¿Dices que te casaste obligado con la persona que decidió tu abuelo? No te tenía por un nieto tan filial, ¿cómo es que ahora nunca vas a visitar las tumbas familiares?
—Sí, tienes razón, eso de la devoción filial no es más que una historia pasada de moda.
¿Quieres saber por qué nadie se atrevía a desobedecer a mi abuelo?
Por el dinero. Si mi padre pudo vivir como un holgazán sin tener que preocuparse nunca por asuntos económicos fue por el patrimonio que había reunido mi abuelo.
Incluso durante la crisis del FMI, cuando todo el país estaba en la ruina, nuestra familia sobrevivió sin problemas gracias a la fortuna del abuelo.
¿Crees que el abuelo no tuvo nada que ver en que tú ahora puedas tener lo que quieras, comer lo que quieras y hacer lo que quieras?
Mira, si sigue teniendo poder aun después de muerto es por el dinero, ¿cómo te parece que era mientras estaba vivo?
—Pero aun así...
—Y a tu madre le pasa igual. ¿Por qué crees que no puede divorciarse de mí? Básicamente, por el dinero. Si no fuese por el dinero, ya me habría dejado y se habría buscado a otro.
La señorita Eun-hye no encontraba palabras con las que responder, pero le parecía injusto tener que seguir escuchando cómo su padre justificaba su aventura. Así que soltó de golpe una cuestión que había estado reprimiendo con todas sus fuerzas.
—Entonces, ¿crees que la tal Hyeon-ju está contigo porque realmente te quiere? ¿Y no por el dinero?
Su padre se quedó callado unos instantes, pero no tardó en sonreír y asintió con la cabeza.
—Sí, quizá sea por interés, pero no me importa, porque cuando empecé a salir con ella era consciente de ese riesgo. Al final, tal como yo lo veo, lo que hace que dos personas se sientan atraídas la una por la otra puede variar enormemente según cada caso.
La señorita Eun-hye no supo qué decir. No había marcha atrás, y sospechaba que ya había sido así desde un principio. Su padre apuró el resto del café y se levantó del asiento.
—Creo que, como vuestro padre, os he apoyado toda la vida en lo financiero sin que nunca os haya faltado de nada. Es una pena que haya pasado eso con el matrimonio de Mi-hye; hablaré con vuestra madre. De todos modos, seguiré cumpliendo con mi deber como padre.
Al ver a su padre hablar como si estuviese siendo generoso con ellas, se le revolvió el estómago.
—Entonces..., ¿vamos a seguir viviendo así a partir de ahora?
—No sé, eso depende de tu madre.