CAPÍTULO 3. SU BOLSO FAVORITO #4
—Es sospechoso... Bueno, tengo hambre, vamos a por la comida y después seguimos hablando. Por cierto, ¿estás comiendo bien? Tienes la cara escuchimizada. No has estado enferma, ¿no?
—No dejan de decirme eso últimamente. No te preocupes, no estoy enferma.
Aunque, bueno, sí que le había salido una pequeña cicatriz en la nuca.
La señorita Eun-hye y Yeong-eun cogieron una bandeja cada una y fueron a la zona de autoservicio para buscar los ingredientes que echar al malatang .
Como base, crujientes brotes de soja y col china, pak choi y setas; también se sirvieron una cantidad generosa de albóndigas y fideos de tofu.
Tras poner los cuencos sobre la pesa, añadir carne y pagar, volvieron a la mesa y comenzaron a charlar de verdad.
—Entonces, ¿todavía os estáis conociendo?
—Nada de eso. Ya te he dicho que nos encontramos por casualidad. Abrieron una nueva cafetería cerca de mi empresa y resulta que es el dueño.
—Ah, ¿sí? Yo ya me había montado la película de que me llamaste la semana pasada porque habías discutido con tu novio, ¿eran todo ilusiones mías? Entonces, ¿por qué me llamaste?
—Pues por lo de siempre, me peleé con Mi-hye —respondió la señorita Eun-hye encogiéndose de hombros.
—Jo, pero ¿no os cansáis? La verdad es que resulta alucinante. ¡Ah!, ahora que lo dices, ¿no es hora de que Mi-hye reparta las invitaciones? Se va acercando la fecha de la boda...
—Pues surgió un problema con eso...
—¿Por qué? ¿En la imprenta hicieron mal todas las invitaciones?
—Ay, ¡ojalá fuese algo así! Lo cierto es que... Mi-hye fue víctima de una estafa de matrimonio.
—¿Una estafa de matrimonio? Joder.
Entonces le explicó a Yeong-eun lo que había pasado durante ese tiempo. Al principio, Yeong-eun tenía los ojos como platos; poco a poco su expresión se fue volviendo más dubitativa.
—Oye, creo que hace poco vi en Instagram un post viral en el que había una historia muy parecida —dijo Yeong-eun tan pronto como su amiga terminó la larga historia—. Espera un momento... Ah, ¡aquí está! Mira, te lo acabo de mandar.
La señorita Eun-hye entró en el enlace que le había enviado Yeong-eun y leyó el post. La escritora de la historia, que era larguísima, comenzaba diciendo que la publicaba en nombre de una amiga que no usaba redes sociales.
Seis meses atrás, la amiga de la autora había estado a punto de casarse con un hombre, que, aunque trabajaba en una famosa aerolínea y estaba muy ocupado, todos los días sacaba fotos para enviárselas a su prometida, y, cuando volvía a Corea, por muy cansado que estuviera siempre sacaba tiempo para pasar un rato con ella.
La relación se afianzó rápidamente y no tardaron en prometerse; incluso los padres de él, que tenían una agencia de viajes en el extranjero, fueron a Corea para la reunión oficial de las familias antes del enlace.
El hombre, que estaba firmando el contrato para el apartamento de recién casados en Songdo, le pidió a su prometida que le prestase dinero de forma urgente, ya que, a causa de un problema con el envío de dinero desde el extranjero, los casi cien millones de wones que sus padres iban a enviarle habían quedado retenidos en un banco local.
La chica, que estaba trabajando, pidió la mitad del día libre, fue a su banco y envió los casi cien millones a la empresa inmobiliaria que le había dicho él.
Después de eso, dio de baja el número y desapareció.
—¿No es exactamente igual? Solo cambia el trabajo.
—¡Sí! Hay un noventa por ciento de posibilidades de que se trate del mismo tipo. ¿Por eso le preguntaría si usaba redes sociales? ¿Por si veía la historia de la víctima y se ponía en guardia? Guau, ¡no era la primera vez que actuaba ese cabrón!
La señorita Eun-hye, ardiendo de rabia, apretó los puños y rechinó los dientes. Al igual que ella, Yeong-eun también se puso seria.
—Aquí dice que engañó por completo a los amigos y la familia de esta persona. Es posible que haya más víctimas. Creo que deberíamos contarle esto a Mi-hye.
—Sí, ya se lo estoy enviando.
La señorita Eun-hye le mandó el enlace a su hermana, añadiendo que debería ponerse en contacto con la escritora del post para descubrir si aquel timador era el mismo que se hizo pasar por Kim Dae-seok.
Hasta ahora, ese farsante había usado como presa a mujeres jóvenes que no tenían redes sociales, por eso cualquier información sobre sus artimañas había tardado en ser compartida.
Eso quería decir también que, para evitar al menos que hubiese más víctimas, lo mejor sería hacer público el caso de la forma más rápida posible. Si encontraran la manera de llegar a un público más amplio que el de las redes sociales y a su vez proteger la identidad de las víctimas...
Entonces se le ocurrió algo de repente.
«¡Ya está! ¡El programa Preguntas sin responder !».
—Jefa de departamento Seo.
Después de enviar la historia a Preguntas sin responder , adquirió la costumbre de mirar su teléfono móvil varias veces al día, por si le llegaba alguna respuesta de los productores.
La verdad era que habían dado muchas vueltas antes de enviar la información al programa.
Mi-hye, la verdadera víctima, estuvo dispuesta de inmediato a compartir el caso en el programa de investigación; su madre, en cambio, se oponía firmemente.
—¿Jefa de departamento Seo?
Su madre decía que, por mucho que le difuminaran el rostro y le distorsionaran la voz, si Mi-hye aparecía por televisión, la gente de su entorno la reconocería, y le inquietaba que los rumores pudiesen ser un obstáculo para encontrar marido en el futuro.
Mi-hye argumentaba que, como el enlace ya estaba roto, los cotillas tenían vía libre para imaginarse lo que quisieran, y que seguro que sus fantasías serían mucho peores que la realidad; por eso, le parecía mucho mejor hacer pública la historia de forma precisa.
Además, añadió que, si las víctimas se reunían y compartían información, podrían surgir nuevas pistas que ayudaran a pillar a ese cabrón, y de eso era de lo que se trataba al final.
Tras un largo tira y afloja, Mi-hye convenció a su madre y esta aceptó enviar la información del caso al programa.
—¡Jefa de departamento Seo!
—¿Sí? Ah, director, ¿me llamaba?
—¿Qué te pasa? No es propio de ti estar así, en Babia. ¿Recuerdas lo que te encargué hoy?
—¿Lo que me encargó? Ah, claro. ¡Ahora mismo voy!
La señorita Eun-hye se levantó de su asiento de golpe.
El director, que mantenía oculto el gran logro del contrato con F&T Solutions para revelarlo por sorpresa, le había pedido que preparase en secreto una tarta y algo de beber para celebrarlo.
Ella había escrito a Won-jae inmediatamente para preguntarle si podía reservar para el día siguiente una tarta entera y ocho bebidas.
Él no solo le dijo que era posible, también se ofreció de buena gana a llevarlas él mismo.
Eun-hye, que tenía que llevar todos los refrigerios a la sala de reuniones sin que sus compañeros se enterasen, le estuvo muy agradecida.
Cuando llegó a la cafetería, vio una enorme caja de tarta y varios portavasos desechables listos ya para ser transportados. Won-jae dejó la cafetería a cargo de uno de sus empleados, se repartió los cafés y la tarta con la señorita Eun-hye y salió de detrás del mostrador.
De camino a la empresa de ella, charlaron animados de trivialidades y asuntos sin importancia, lo que resultó muy agradable.
Al llegar a la primera planta del edificio donde se encontraban las oficinas de Blackcoat Lab, entraron en la sala de reuniones con cuidado de no llamar la atención.
Colocar la tarta y las bebidas en la mesa de reuniones no les llevó demasiado tiempo.
Justo cuando la señorita Eun-hye iba a darle las gracias a Won-jae, él se adelantó y le puso algo en la mano.
—Muchas gracias por ayudarme a aumentar las ventas de la cafetería. La galleta no se la des a nadie más, cómetela tú sola —le dijo él, sonriendo.
—Ah, muchas gracias. ¿Y esta invitación...? —preguntó, desconcertada.
—Un cliente de la empresa de mi padre se la regaló, y él me la dio para que la usara, pero no tengo con quién ir... ¿Vendrías conmigo?
¿Qué quería decir aquello?
—Pero... ¿no es muy caro? Me pones en un apuro... —balbuceó la señorita Eun-hye, que no había podido imaginar aquella evolución de los hechos.
—Ah, ¿te resulta un poco incómodo si vamos juntos? Lo siento, no había pensado en eso. Mira, te doy la invitación, es un regalo. Así podrás hacer lo que quieras. ¿Te parece bien? Bueno, me vuelvo a la cafetería.
Won-jae salió de la sala de reuniones sonriendo.
Cuando se giró, su aspecto le pareció tan guay y refrescante como el anuncio de la bebida Pocari Sweat con Santorini de fondo.
La señorita Eun-hye, que se había quedado quieta de pie, ensimismada, volvió en sí.
Le resultaba incómodo recibir aquello de un compañero de universidad, pero él le había sugerido que fuesen juntos...
Deprisa, bajó las escaleras del edificio para seguir a Won-jae.
—¡Won-jae! ¡Vamos juntos! ¡Es un bufet!
—¿Eh? ¿Has cambiado de idea?
—¡Sí! ¿Cuándo tienes tiempo?
—Mmm, el fin de semana se me hace un poco complicado dejar la cafetería. ¿Algún día entre semana a la hora de cenar te iría bien?
—Normalmente mandamos los archivos para confirmar los jueves por la tarde, así que ese día estaría bien.
—Vale. Entonces tratamos de cuadrar un jueves. Después te mando un mensaje privado. ¡Chao!
Won-jae se alejó del edificio saludando enérgicamente con los brazos. La señorita Eun-hye también lo despidió moviendo las manos con cautela. La estafa de matrimonio de Mi-hye aún seguía en curso, e inquieta sin motivo aparente se preguntó si mientras tanto estaría bien tener una cita así.
Los productores de Preguntas sin responder no se pusieron en contacto con ella. Pero, al menos, tenía una pequeña esperanza gracias al aviso solicitando información que había aparecido al final del programa.