Hotel Dear Grace CAPÍTULO 3. SU BOLSO FAVORITO #3
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CAPÍTULO 3. SU BOLSO FAVORITO #3

Tan pronto como se levantó del asiento para volver a casa, de algún lugar cercano le llegó un delicioso olor a morcilla.

Como el perro de Pávlov, empezó a salivar de forma automática.

Salió de la parada y echó un vistazo alrededor.

Por la parte de atrás, dando la espalda al borde del parque, había un puesto de comida ambulante. La señorita Eun-hye se acercó a él.

—Bienvenida, señorita. ¿Le apetece morcilla?

Como poseída, asintió a la pregunta del vendedor del puesto.

—Sí, póngame tres raciones para llevar con un poco de todo. 2 Con mucho aderezo, por favor.

—Sí, tres raciones variadas, con mucho adobo. Espere un momento.

La señorita Eun-hye volvió a casa con una pesada bolsa llena de morcilla y carne de cerdo.

Cuando llamó desde el móvil a su madre para avisarla de que no tenía que hacer la cena porque había comprado morcilla, le pareció que esta se había alegrado secretamente, pero, cuando llegó tras haber cargado con un montón de peso en el hombro, Mi-hye seguía encerrada en su habitación.

—¿Ha comido algo hoy?

Su madre contestó agitando la cabeza de lado a lado. La señorita Eun-hye llamó con los nudillos a la puerta de su hermana y la abrió ligeramente. En el interior de aquella habitación con las luces apagadas no se veía nada.

—Oye, Seo Mi-hye, si no sales, mamá y yo nos vamos a comer toda la morcilla —dijo fingiendo indiferencia.

A propósito, dejó la puerta entreabierta, fue al salón y se dejó caer en el sofá.

Entonces su madre puso la mesa, trajo sal, gochujang 3 con vinagre y salsa makjang ; 4 al abrir la bolsa vio que había más cantidad de lo que pensaba.

El aroma de la morcilla se extendió rápidamente por toda la casa.

La señorita Eun-hye cogió un trozo y se lo metió en la boca; la morcilla, de textura tierna y gomosa, estalló en el interior de su boca y un sabor exquisito le barrió el paladar.

—Eun-hye, ¡cielos! ¿No te recuerda a la morcilla que vendían en aquel restaurante del barrio en el que vivíamos antes?

—Sí, justo ahora estaba pensando lo mismo. De pequeña estaba tan acostumbrada al sabor de las morcillas de aquella anciana que decía que el resto sabían mal y no las quería comer.

—¡Sí, sí! Tú y Mi-hye decíais lo mismo. Estaban buenísimas, pero cuando la anciana tuvo que dejarlo y cambiaron de dueño, ya nunca supieron igual, fue una pena... ¿Dónde lo has comprado? ¿Dónde está este restaurante tan rico?

—¿Esto? En un puesto ambulante cerca de la parada del parque.

—Pues paso por ahí todos los días y nunca había visto un puesto de comida.

—Ya volveré por allí. Si vuelvo a la misma hora y el mismo día de la semana, seguro que coincido, ¿no? Les pediré una tarjeta de visita. Uf, pero mira que está bueno. ¡Es como si regresara a la infancia!

Un poco después, se escucharon unos pasos cuidadosos y apareció Mi-hye. Su madre se levantó de golpe, corrió hacia ella y la tomó de las manos.

—¡Cielos! ¡Mi-hye! Tienes hambre, ¿no? Ven, rápido, come un poco de morcilla.

—No tardes, que se enfría —dijo la señorita Eun-hye, que estaba sentada en el suelo con la espalda apoyada en el sofá mientras masticaba la morcilla, gesticulando en dirección a su hermana—. Si no te la comes ahora, te lo vas a perder.

Mi-hye se dejó guiar por su madre y se sentó cerca de la mesa.

Cogió los palillos y, sin decir nada, se metió un pedazo de morcilla en la boca y empezó a comer con ganas.

Al verla comer tan bien, poniendo la morcilla sobre el plato con sal y mojando en la salsa, la señorita Eun-hye se sintió más tranquila.

Ya que el ambiente se había relajado un poco, decidió sacar el tema como quien no quiere la cosa.

—¿Qué dijeron en la comisaría?

Mi-hye se detuvo. En vez de ella, fue su madre quien contestó.

—No sabemos el nombre ni la edad de ese cabrón, el teléfono es desechable y la cuenta a la que hizo la transferencia fue creada con el nombre de otra persona.

Han dicho que van a hacer lo que puedan para seguirle el rastro, pero no se les veía muy optimistas.

De todos modos, ahora que hemos denunciado, solo nos queda esperar.

—¿No se te ocurre nada relacionado con él? Algo extraño o particular. Da igual que sea algo que no parezca importante, intenta recordarlo —preguntó la señorita Eun-hye con precisión, mirando a Mi-hye.

Mi-hye, con el ceño fruncido, rebuscó entre sus recuerdos y negó con la cabeza despacio. Claro, un tipo tan determinado y arrojado no habría cometido un error por falta de atención. Entonces Mi-hye levantó la cabeza de repente, como si se le hubiera ocurrido algo.

—No sé si esto será relevante... pero me preguntó varias veces si tenía redes sociales o participaba en algún foro de internet. Decía que no le gustaba la gente que hacía ese tipo de cosas.

La señorita Eun-hye ladeó la cabeza.

—Pero ¿tú no usabas Instagram un montón?

—Eso era cuando estaba en la universidad. Desde que tuve aquellos líos en el trabajo y me quedé sin sueldo, había hombres mandándome mensajes privados muy raros con la excusa de que me iban a ayudar... Así que lo borré.

El ambiente se volvió de nuevo sombrío cuando resurgió otra herida relacionada con el dinero.

Aquella noche, la señorita Eun-hye se puso a reflexionar detenidamente. ¿Por qué le habría insistido ese estafador a Mi-hye sobre las redes? Encendió el móvil y buscó aplicaciones de redes sociales. La más popular en los últimos años era, sin duda, Instagram.

¿No decían que para cazar al tigre hay que meterse en su cueva?

La señorita Eun-hye pensó que debería empezar por abrirse un perfil.

Como era la primera vez que instalaba Instagram, había muchos pasos minúsculos que completar, como vincular los contactos.

Lo último que le pedía la app era que publicase algo.

Se sacó una selfi de cualquier manera y la subió.

Poco después, le llegó un comentario: «La guapa Eun-hye», seguido de un mensaje directo.

Extrañada, pulsó la pestaña de mensajes.

¡Eun-hye! ¿Qué tal? Soy Won-jae. ¿Te has hecho insta?

Solo con ver que su nombre de usuario —cafe_inco— y las máquinas de extracción de café en su foto de perfil le fue suficiente para saber que se trataba de Won-jae. Aunque seguía desconcertada, no tardó en contestarle, sin dejar atrás cierta sospecha.

¡Hola! ¿Cómo lo has sabido?

Cuando una persona cuyo contacto tienes guardado se crea una cuenta, te llega un aviso. Antes guardé tu número de la tarjeta de visita.

Al enterarse de la existencia de un sistema de aviso a su lista de contactos, el recelo de la señorita Eun-hye se derritió como un algodón de azúcar al mojarse.

¡Ah, vale! Como es la primera vez que me hago Instagram, todavía me faltan muchas cosas por aprender. (;´ - `;)

Jaja, no pasa nada. Yo también acribillaba a mis amigos con preguntas al principio. Así ahora, por Instagram, será mucho más fácil estar en contacto.

Pues sí, ja, ja, ja. Por cierto, muchas gracias por lo de hoy, siento no haber podido hablar más contigo. ¡El café estaba tan tan rico que hasta me sorprendió! ¡A partir de ahora iré a menudo!

Vale, ¡ven cuando quieras! Ahora voy a cerrar la cafetería.

¡Vale! Gracias de nuevo por todo. (*´v`*)

Aun después de que apareciera la señal de leído, la señorita Eun-hye observó la ventana de mensajes un buen rato, pensando que quizá Won-jae añadiría algo, pero la conversación terminó allí.

Durante unos instantes, se preguntó si el emoticono que acababa de mandar había sido demasiado efusivo y, al descubrirse a sí misma con esa preocupación, se sobresaltó y dejó el teléfono encima del escritorio.

El fin de semana llegó en un abrir y cerrar de ojos, casi sin que se hubiese dado cuenta del paso del tiempo.

Había sido una semana especialmente complicada.

La señorita Eun-hye había ido al centro de la ciudad para quedar con Yeong-eun, a la que no había podido ver la semana pasada; de improviso, alguien le habló por la calle.

—Disculpa.

Ella lo ignoró y siguió andando.

—Oye, ¡espera! Es que me gusta mucho tu estilo, ¿me darías tu número?

—¿Cómo?

Había dado por sentado que le iba a preguntar si creía en el Camino del Señor, pero aquellas palabras inesperadas la dejaron desconcertada. El hombre no dejó escapar la oportunidad y se acercó.

—No soy una persona rara, de verdad.

—No, pero no me...

—Si no quieres darme el número, dime al menos tu nombre de usuario en Instagram. Eso está bien, ¿no?

Pensando que tenía alguna posibilidad, la siguió con más insistencia. A ese paso, quizá acabaría siguiéndola hasta el lugar donde había quedado con Yeong-eun.

—Tengo novio —dijo para librarse de él.

—Anda ya, qué mentira. Si fuese cierto, me lo habrías dicho desde el principio.

—Es verdad.

La señorita Eun-hye abrió la aplicación de Instagram y le enseñó la cuenta de Won-jae, que le había dejado el comentario «La guapa Eun-hye».

Al ver el porte elegante y atractivo de Won-jae, el hombre puso mala cara.

Entonces ella aprovechó para entrar deprisa en el restaurante de malatang 5 donde la esperaba Yeong-eun.

—Eun-hye, ¿quién era ese? ¿Lo conoces? —le preguntó su amiga con cara de preocupación; quizá había visto cómo la atosigaba fuera del restaurante.

—¡Es la primera vez que lo veo y el tío va y me pide el número! —respondió avergonzada la señorita Eun-hye, mientras dejaba el bolso en la silla.

—Guau, ¿en serio? ¿Y qué? ¿Se lo diste? Vi que le enseñabas el móvil.

—No. Le dije que tenía novio.

Yeong-eun asintió despacio y, de repente, entrecerró los ojos y observó a su amiga.

—Aah, eso me preguntaba... Me pareció raro ver que alguien te dejaba un comentario en Instagram antes que yo. ¿Estás saliendo con él? ¿Por qué no me lo dijiste?

—No, no es eso. Es un compañero de la universidad algo mayor que me encontré por casualidad.

—¿Un compañero de la uni que te encontraste por casualidad te dejó un comentario en cuanto te hiciste la cuenta?

—Sí.