CAPÍTULO 3. SU BOLSO FAVORITO
SU BOLSO FAVORITO
—¿Dónde te has vuelto a meter? ¿De dónde vienes? ¡Puf! —gritó su madre desde el sofá cuando abrió la puerta y entró en casa.
La señorita Eun-hye se detuvo unos instantes, pensando en que la iba a volver a pegar en la espalda, pero, por algún motivo, su madre estaba con la cabeza apoyada en las manos, dando hondos suspiros. Aunque era un alivio, el ambiente seguía enrarecido.
—Mamá, ¿te encuentras mal? —preguntó entrando en el salón tras quitarse los zapatos con cuidado.
—Sí, ¡estoy fatal! ¡Tengo las entrañas quemadas y me duele tanto que me muero!
—¿Por qué? ¿No será mi culpa? Ayer hice todo lo que me pediste.
Su madre, como si no tuviera fuerzas para responder, señaló el portátil que estaba encima de la mesa de la sala. Era de Mi-hye. ¿Por qué no estaba Mi-hye y estaba aquel objeto allí solo? Perpleja, se acercó y leyó lo que ponía en la pantalla.
Número de inscripción temporal: XXXXXXXXXX
Tipo de delito: Estafa
Cantidad de los daños (en wones): 70.000.000
Fecha de inscripción: XX-XX-24
Comisaría asignada: Comisaría XXXXXX, Seúl
Su denuncia ha quedado registrada temporalmente.
El incidente que ha denunciado no ha sido confirmado por el sistema como caso con múltiples víctimas.
Para registrarlo de forma regular, visite de lunes a viernes entre las nueve de la mañana y las seis de la tarde su comisaría asignada u otra comisaría cercana. El número de información de la policía es el 182, sin prefijo.
—¿Setenta... millones? ¿Qué es esto? ¿Nos han estafado? —preguntó la señorita Eun-hye, anonadada.
—¡Sí! El señor Kim... ¡Qué señor Kim ni qué cuernos! ¡Ese cabrón estafador robó todo el dinero de nuestra Mi-hye!
—¿Qué? ¿Cómo? ¿Le robó el carnet de identidad o algo así?
—Ay, si hubiese sido eso, no se me rompería tanto el corazón. Mi-hye dijo que se dejó engañar por la historia de ese maldito estafador y le hizo la transferencia directamente. ¡Y tan pronto como recibió el dinero se deshizo del número!
—¿En serio? ¿Habéis ido a buscarlo al hospital donde trabaja?
—¡Claro que fui! ¡Ese demonio ni siquiera es médico!
Anoche fui al Hospital Universitario de Je-jung y le supliqué de rodillas a una empleada que me dejase ver a Kim Dae-seok como fuese.
Y resulta que Kim Dae-seok no solo no había tenido guardia ayer, ¡es que era una persona completamente distinta! Nos ha engañado a todos, ayyy...
—Mamá, tú quedaste con él en persona antes de la reunión entre las familias. ¿No hubo nada extraño? —preguntó la señorita Eun-hye tras mover deprisa una silla para sentarse al lado de su madre.
—No sé, ¡qué iba a haber! Entró en la cafetería de enfrente al hospital con una bata blanca, así que simplemente pensé que era médico de verdad. En la página web del hospital también aparecía su nombre, y el hospital de su padre también aparece al buscarlo...
Al escuchar eso, la señorita Eun-hye fue directamente a abrir la página web del Hospital Universitario de Je-jung.
En la lista del cuadro facultativo del Departamento de Ortopedia había tres personas sin fotografía, y Kim Dae-seok era una de ellas.
La señorita Eun-hye le vio las orejas al lobo.
En la web del hospital que su padre había dicho que dirigía tampoco había fotografías del director.
—¿Cómo le envió tanto dinero sin pensárselo antes dos veces? Ayy, no puedo más... —La madre, señalando la puerta de la habitación de Mi-hye con el dedo, se golpeó el pecho como si le oprimiera.
La señorita Eun-hye pensó que aquella situación era muy extraña.
Su familia había comprobado la identidad del novio de Mi-hye en varias ocasiones.
Nadie había sospechado que no fuese médico y ninguno hubiera podido imaginar que sus padres fuesen también unos impostores.
Además, prestarse grandes cantidades de dinero era algo normal cuando una pareja estaba a punto de casarse y juntar todos los bienes.
Aquello no había ocurrido porque Mi-hye fuese una cría que viviera despreocupada, sino que toda su familia había sido engañada por una banda de estafadores que deliberadamente los había puesto en el punto de mira.
—Mamá, no le hagas ningún reproche a Mi-hye. Todos dábamos por supuesto que se iban a casar. Si tu prometido te dijese que necesita urgentemente una suma de dinero después de haber pasado por la comida oficial entre las familias, ¿crees que te habrías negado?
—Bueno..., dar se lo daría... Pero mandar setenta millones de golpe...
—Mamá, ¡deja de decir eso! ¿Crees que con culparnos entre nosotros va a cambiar algo? ¡Lo que tenemos que hacer es colaborar para encontrar a ese cabrón! ¿Se lo has contado a papá?
—No... Tu padre está de viaje de negocios y, si se lo cuento, solo le voy a dar un disgusto —dijo su madre agitando la cabeza, algo acobardada.
—Ay, tienes razón... Bueno, entonces el lunes pido el día libre en el trabajo y vamos juntas a la comisaría.
—¡No, no! No hay necesidad de que te metas. Yo la acompaño. Me he enfadado porque estoy desconcertada, pero ya no le voy a decir nada más a Mi-hye. Tienes razón, ella es la que más estará sufriendo... —Su madre dejó escapar un suspiro, algo más calmada.
—¿Ha comido algo? —preguntó la señorita Eun-hye, mirando de soslayo hacia la puerta cerrada a cal y canto de la habitación de su hermana.
—Anoche comería dos cucharadas de gachas de arroz... Lo vomitó todo y ha estado encerrada en su cuarto desde entonces. Oye, Eun-hye.
—Dime.
—No... ¿no has adelgazado?
Aquella intempestiva pregunta le provocó una risa sardónica.
—¿En eso te fijas en esta situación?
—No, no, es que has cambiado mucho de repente... Pensé que quizá no me había dado cuenta antes. Ah, por cierto. El brazo de gitano que me pediste que te comprase está en la nevera, así que sácalo si quieres comerlo, ¿vale?
Dejando caer aquello, su madre se levantó del sofá y se fue a su habitación. La señorita Eun-hye la miró atónita y, de camino a su cuarto, se dio la vuelta y sacó la caja del pastel de Paul Bassett que estaba en la nevera. «Voy a comer solo dos trocitos, solo dos».
Llegó el día en el que terminaba el trabajo desde casa y tenía que volver a la oficina tras el fin de la reforma.
Por la mañana, al vestirse para salir, se detuvo unos instantes.
Ya al salir del Hotel Dear Grace notó que los pantalones le iban algo flojos, pero ahora parecía que se le caían hasta la parte baja del trasero.
Revolvió el armario apresuradamente hasta encontrar un cinturón y, tras ajustárselo en la cintura, salió de casa.
Al verla, todos los compañeros de la empresa, a los que veía después de mucho tiempo, le comentaron algo.
Los hombres, confusos, le decían que le notaban algo distinto, y las mujeres la alababan diciendo que estaba muy guapa y le preguntaron con insistencia qué dieta había hecho.
Ella respondió que debía haber sido porque había ido a natación y a practicar algo de boxeo.
Así, salió del paso sin decir mentira alguna.
Justo a la hora en la que empezaba el horario de trabajo oficial, el director llegó a la oficina con pasos especialmente enérgicos.
—Jefa de departamento Seo, venga a mi despacho.
—Sí, director.
Inmediatamente, la señorita Eun-hye siguió al director y entró en el despacho.
—¡Jefa de departamento Seo, nuestro esfuerzo por fin ha dado sus frutos! ¡Ahora podremos hacer que la empresa crezca de verdad! —dijo emocionado el director, alzando los puños al aire tan pronto como la puerta se cerró con un clic.
—No sé de qué me habla, ¿le ha llegado alguna buena noticia?
—¡Claro que sí! ¡Resulta que hemos sido seleccionados para trabajar junto a F&T Solutions! ¡Buajaja!
F&T Solutions había causado furor recientemente con la creación de la IA de cuidado personalizado Una, hasta el punto de convertirse en la empresa emergente más popular del sector tecnológico coreano.
Tan pronto como vieron el anuncio de que F&T Solutions buscaba una empresa de diseño para una colaboración, la empresa de la señorita Eun-hye se volcó de lleno en preparar el concurso.
Recordaba con claridad cómo los ocho empleados habían trabajado día y noche para redactar la propuesta, ordenar el porfolio y elaborar un proyecto sólido que enviar a F&T Solutions, mientras, paralelamente, seguían avanzando en el trabajo ya existente.
Haber conseguido aquel contrato significaba que concentrar todo el esfuerzo de la empresa había valido la pena.
La señorita Eun-hye aplaudió emocionada.
—¡Guau! ¡Qué alegría! ¿Se lo digo yo al jefe de sección y al resto de los empleados?
—No, shhh. Todavía es un secreto. Daremos la sorpresa el día que llegue el documento oficial. Por cierto, ¡muchas gracias! ¡Ha sido todo gracias a ti!
—¡Qué dice! Ha sido gracias a que todos hemos trabajado duro.
—¡Anda! ¡No seas tan modesta! Si no te hubiera hecho caso cuando tuvimos ese desacuerdo, no habríamos conseguido el contrato. Parece ser que en F&T Solutions les encantó tu propuesta. Jefa de departamento Seo, ¡puedes presumir todo lo que quieras!
Con el cumplido del director, las comisuras de los labios de la señorita Eun-hye subieron ligeramente.
A decir verdad, ella tenía mucha confianza en sus habilidades para el diseño.
Si el cliente no lo veía así, ese era su problema.
Mientras seguía vanagloriándose para sus adentros, el director le preguntó algo extraño.
—Oye, ¿te hiciste daño en la cabeza mientras trabajabas desde casa?
—¿Cómo? ¿Por qué lo pregunta? ¿He dicho algo extraño hoy?
—No, no quiero decir eso... Quédate quieta un momento.
El director se puso detrás de la señorita Eun-hye, y ella escuchó un clic.
—Mira aquí. ¿No es una cicatriz? —dijo el director, enseñándole la fotografía de la nuca que le había sacado con la cámara del móvil.
—¿Eh? Eso parece. ¿Por qué me habrá salido esto?