Hotel Dear Grace SUS HISTORIAS. LA HISTORIA DE SEO MI-HYE #2
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SUS HISTORIAS. LA HISTORIA DE SEO MI-HYE #2

Después de pasar por varios trabajos de atención al cliente, la señorita Mi-hye encontró un puesto en un pequeño museo de arte como recepcionista y dependienta de la tienda.

Gracias a su diligencia, amabilidad y atención al detalle, pronto se ganó la confianza de los clientes.

Trataba de usted y con mucha cortesía a las mujeres de mediana edad que se encargaban de la limpieza, por eso algunas de ellas decían que la querían de nuera.

Una de ellas, el día antes de jubilarse, preparó un regalo especial para la señorita Mi-hye.

—Hasta ahora, no ha habido nadie que nos haya tratado tan bien como tú. He visto que últimamente las jóvenes llevan un muñeco colgado del bolso, así que te he tejido uno. Esto me lo han dado por ahí y me pareció que te gustaría.

La limpiadora había sacado un muñeco hecho por ella y un cupón de una tienda de accesorios. Tras darle las gracias, colgó el muñeco en el gancho del bolso y leyó el cupón con atención.

¡Un pequeño objeto puede traer un gran cambio!

Oferta de un regalo gratis solo en la primera visita.

Hoy, especialmente, solo para usted.

—Tienda Best of you—

Por algún motivo, se sintió atraída por las palabras del cupón.

Justo mientras pensaba que, en uno de sus días libres, debería ir de compras para al menos distraerse, un hombre se acercó al mostrador y le dio su tarjeta de visita.

Era profesor de medicina clínica del departamento de Ortopedia del Hospital de Cuidados Je-jung, Kim Dae-seok.

Él le preguntó varias cosas sobre el museo y ella, como siempre que trataba con los clientes, le respondió con amabilidad.

Después de que se fuera, guardó sin pensárselo mucho la tarjeta de aquel hombre dentro del cajón del escritorio. Y se olvidó de aquello por completo.

Cuando se aproximaba el comienzo del otoño, le llegó el aviso de que habían ganado la demanda colectiva contra el gerente de su anterior empresa por impago de nóminas.

La señorita Mi-hye se encargó de comunicarlo por el grupo, y ella y sus antiguos compañeros, con los que había luchado durante los últimos tres años, se felicitaron y dieron ánimos.

La euforia por aquella noticia hizo que estuviera de buen humor durante el resto de la jornada laboral.

Aquel día por la tarde, apareció Dae-seok por el museo, con cara de cansancio.

Le confesó que, aunque estaba agotado después de una guardia completa, no le había quedado más remedio que venir porque tenía muchas ganas de verla y que quería que la próxima vez que se vieran fuese en una cita.

Quizá porque estaba de buen humor aquel día, quizá porque había sido el único hombre que no le había insistido para que le diese su número y simplemente le había dado su tarjeta de visita, o quizá porque tenía un trabajo prestigioso como le había dicho su abuela, la señorita Mi-hye aceptó sin problemas.

Dae-seok era una buena persona. Era tan cariñoso y considerado que le hacía preguntarse si no se habría escapado del guion de una serie romántica.

Siempre escuchaba atentamente lo que decía la señorita Mi-hye y, en cualquier ocasión, pensaba primero en la postura de esta.

Se enamoró por completo de él tras comprobar que era la única persona en el mundo que se ponía de su parte.

Cuando le contó a su madre que tenía un novio con el que pensaba casarse y que además era médico, su madre, por primera vez, volcó toda su atención en los asuntos de la señorita Mi-hye.

Comprobó que en la página web del Hospital Universitario de Je-jung aparecía el nombre de Kim Dae-seok en la lista del cuadro facultativo y, tras conocerlo en persona, en una cafetería frente al hospital, pareció encantada.

Los planes de boda avanzaron a gran velocidad.

Cada día, su madre le preguntaba varias veces sobre los detalles relacionados con la ceremonia y la señorita Mi-hye disfrutaba de ser el centro del interés de su madre.

Después de la reunión entre las familias de los novios, siguieron firmando diversos contratos a todo correr. Fue entonces cuando a la señorita Mi-hye le llegó una llamada urgente de Dae-seok.

—Hola, cariño. He venido a Suwon a ver ese establecimiento del que te hablé ayer. Creo que sería el lugar ideal para abrir la clínica y, además, tienen prisa por vender..., pero me falta un poco de dinero para la fianza.

—Ah, ¿sí? ¿Cuánto?

—En total son cuatrocientos noventa millones, y me faltan unos noventa.

Como soy médico, me concederían un préstamo fácilmente, pero estoy cien por cien seguro de que para cuando acabe la evaluación en el banco ya la habrán vendido.

Por eso me preguntaba si me podrías prestar los noventa solo un tiempecito; te los devolveré muy pronto, cuando termine la evaluación.

—¿Noventa millones? Va a ser imposible... Puedo enviarte setenta.

—Ah, ¿sí? Mmm... Vale, creo que podré reunir los veinte que faltan pidiéndoles el favor a un par de amigos. Manda ahora los setenta, aunque sea. Pero no me los envíes a mí, transfiéreselos directamente al dueño de la inmobiliaria.

—Vale, cariño.

La señorita Mi-hye encontró un hueco en la hora del almuerzo y fue al banco para transferir los setenta millones de wones a la cuenta del dueño de la inmobiliaria que le había enviado Dae-seok.

Como parte del protocolo, en el banco le preguntaron si había recibido alguna llamada de phishing de voz.

Ella explicó que hacía la transferencia para que su prometido pudiese realizar un contrato inmobiliario.

Así fue como setenta millones de wones salieron de la cuenta de la señorita Mi-hye.

El día en el que tenía que hacer la confirmación final del vestido y el salón de ceremonias, llamó a Dae-seok después de acabar su clase de pilates matutina.

Desconcertada por la actitud de este, que había cortado la llamada con frialdad tras decirle que había tenido que hacer una guardia repentina, se torció el tobillo mientras bajaba por las escaleras.

Por suerte, su hermana había venido a ayudarla.

Después de veinte años gritándose, estaba agradecida por haber pasado el día como hermanas que se querían de verdad, sin pelearse ni una sola vez, aunque, al mismo tiempo, sentía que no era suficiente.

Deseaba poder seguir llevándose así de bien con ella...

La señorita Mi-hye miró su móvil a escondidas.

No tenía pinta de que Dae-seok fuese a ponerse en contacto con ella.

No sabía si su hermana notaba o no cómo se sentía en ese momento, pero, de camino a casa, le preguntó por la sesión de fotos de los novios.

La señorita Mi-hye, extremadamente sensible porque no había conseguido ponerse en contacto con Dae-seok, contestó enfadada sin darse cuenta.

Su hermana, herida por la burla, la interrogó de forma minuciosa sobre aquel asunto tan delicado y al final acabaron teniendo una gran discusión en el coche.

Al llegar al aparcamiento del complejo de apartamentos, la señorita Mi-hye subió a casa deprisa e intentó llamar a Dae-seok, pero el aviso que llegaba del otro lado de la línea hizo que se derrumbara en el sitio.

—El número que ha marcado no existe. Por favor, compruébelo de nuevo. The number you have dialed is not in service. Please check the number and try...