Hotel Dear Grace SUS HISTORIAS. LA HISTORIA DE SEO MI-HYE
50%

SUS HISTORIAS. LA HISTORIA DE SEO MI-HYE

SUS HISTORIAS

LA HISTORIA DE SEO MI-HYE

En la primaria, a la señorita Mi-hye le gustaba mucho la papelería.

En ella podía encontrar material escolar o aquellas chuches a las que llamaban comida basura, pero lo que más le gustaba era mirar los muñecos.

En particular, la muñeca del Ángel Lirio le había robado el corazón.

Por aquel entonces, los dibujos de Hada Nupcial estaban muy de moda entre los estudiantes de primaria, y Lirio era una de las protagonistas.

Día tras día, la señorita Mi-hye se sentaba en cuclillas delante de la muñeca de Lirio y pensaba en los números de su libreta de gastos.

Un buen día, el señor de la papelería puso un nuevo juguete al lado de la muñeca Lirio. Era el reloj de pulsera de transformación de Margarita, otra de las protagonistas de Hada Nupcial . El precio era nada menos que cinco mil wones.

—¡Eun-hye! ¡Feliz cumpleaños! ¡Te he traído un regalo!

Tras ahorrar con esfuerzo el dinero de la paga y los regalos de año nuevo, la señorita Mi-hye no había comprado la muñeca de Lirio, sino el reloj de pulsera de Margarita.

Todavía recordaba la cara de su hermana el día que le regaló aquel reloj.

Cuando Eun-hye, a quien le chiflaba Margarita, lo vio, empezó a correr por la casa gritando y dando saltos hasta que su madre le pegó en la espalda.

Después le dio un montón de besitos a la señorita Mi-hye en la frente y las mejillas, le dibujó a Lirio en los cuadernos y hasta le coloreó los dibujos de una forma muy bonita.

Al día siguiente, presumió de las ilustraciones de su hermana ante sus compañeros de clase.

Todos se agolparon para admirarlo y sintieron envidia de la señorita Mi-hye, que tenía una hermana mayor que dibujaba así de bien.

A la señorita Mi-hye se le hinchió el pecho de orgullo.

La señorita Mi-hye sentía celos de su hermana. En las fiestas, era la niña favorita de los mayores, porque siempre estaba entre las primeras de la clase. Ella quería a su hermana, pero odiaba que los adultos le preguntasen: «Eun-hye es la número uno de su clase. ¿Y tú? ¿En qué puesto estás?».

Por eso, cuando pensaba que iban a sacar el tema, actuaba de forma adorable e intentaba desviar la atención. Aquella estrategia funcionaba muy bien, y la conversación sobre las notas siempre quedaba a medias cuando llegaba su turno.

Su hermana no solo sacaba buenas notas, también dibujaba bien, era alta y fuerte. Cuando un niño molestaba a la señorita Mi-hye con travesuras, Eun-hye iba a buscarlo personalmente para regañarlo. Su hermana era una persona fantástica, por eso la señorita Mi-hye la adoraba y la obedecía.

Hacia el final de la primaria, su hermana se cortó el pelo muy corto y se lo tiñó de naranja, y empezó a llevar camisetas cortas y pantalones muy anchos que arrastraban por el suelo.

Los mayores empezaron a preocuparse por ella.

Además, sus notas habían bajado, así que los conflictos con su madre eran frecuentes.

Eun-hye gritaba que iba a dejar los estudios y convertirse en dibujante de cómics, y su madre, echando fuego por los ojos, le preguntaba si creía que de eso se podía vivir.

En aquellos momentos, la señorita Mi-hye se metía en medio y actuaba de forma adorable para detener la pelea entre ambas.

Su madre no tardaba en ablandarse, pero, en cambio, su hermana le clavaba la mirada, molesta, e iba a encerrarse en su habitación dando un portazo. Eun-hye no volvió a dibujarle nada.

Como era de esperar, cuando llegaron las fiestas y todos se reunieron en la casa de la abuela, el pelo de su hermana se volvió un tema candente.

Mientras la abuela le preguntaba a gritos a su hermana a dónde iba con aquel pelo horrendo (la palabra exacta fue «greñas»), ella le daba la vuelta a los jeon 1 y su primo mayor estaba a su lado molestándola.

El primo se zampaba todos los jeon que su hermana hacía con esfuerzo mientras despotricaba sin parar: «Está soso».

«Muy crudo». «Este es demasiado pequeño».

Al ver la cara de su hermana, la señorita Mi-hye comprendió que estaba justo a punto de estallar.

Si Eun-hye se peleaba con su primo, la abuela solo la reñiría a ella.

Con la intención de separarlo de su hermana, la señorita Mi-hye se acercó a él y empezó a hacerle mimos para que jugara con ella.

El primo la encontraba encantadora. Eun-hye se quedó mirando la escena, soltó un bufido y le dijo burlona:

—Yo partiéndome el espinazo haciendo jeon y tú tan contenta jugando. ¡Seo Mi-hye! ¿Sabes que, si sigues así sin estudiar y solo haciendo monerías, vas a acabar vendiendo tiques, como esas señoras bobas de las cafeterías que salen en la tele?

Después de que su hermana dijese aquello, se armó una gorda.

Su abuela se levantó de golpe y empezó a insultarla mientras la señalaba con el dedo: «¿Qué dices, descerebrada?

¿Te crees que de esta casa va a salir una ramera?

». Su madre, apurada, se llevó a su hermana a la habitación tirando de ella.

El resto de adultos, agitando la cabeza, le decían a la señorita Mi-hye que fingiera no haberlo escuchado.

En aquel momento, la señorita Mi-hye no sabía exactamente lo que significaban aquellas palabras.

Por la expresión perpleja de su hermana, a la que su madre estaba arrastrando fuera, suponía que ella tampoco.

Quizá debido a que, en aquella época, los programas de televisión no tenían restricción de edad, habían emitido abiertamente alguna película o serie en la que aparecían «las señoritas de las cafeterías», que vendían su compañía a los hombres.

Incluso una vez, sin saber bien lo que significaba, la señorita Mi-hye y sus amigas habían jugado en el colegio a ser señoritas de cafetería: vendían y compraban billetes y se llamaban «miss» las unas a las otras.

Así que se había quedado algo turbada al ver la extrema reacción de los adultos.

La abuela sentó a la señorita Mi-hye en su regazo y la reprendió una y otra vez: «Tú no puedes torcerte como tu hermana, tienes que crecer bella, como corresponde a una señorita, conocer a un hombre con un puesto importante, casarte y entrar en una buena familia.

Esa es la vida correcta para una mujer».

Aquel día había quedado grabado a fuego en la memoria de la señorita Mi-hye.

A partir de aquel suceso empezó a odiar a su hermana.

No estaba muy segura de por qué, pero estaba claro que su hermana le había dicho algo hiriente.

Empezó a ver a su hermana desde la perspectiva de los adultos.

Recordaba las cosas que le echaban en cara los mayores y las usaba cuidadosamente cada vez que surgía un conflicto entre ellas.

Aunque su hermana patalease y dijese que era injusto, ellos siempre se ponían de parte de la señorita Mi-hye, y ella quedaba satisfecha por su triunfo.

Sin embargo, para su madre, su hermana seguía siendo la primera.

Aunque discutía con ella a menudo y decía que su hija mayor iba a matarla a disgustos, siempre se preocupaba por ella primero.

Incluso durante la adolescencia, para su madre la señorita Mi-hye había sido la hija que no la hacía preocuparse, aquella a la que le iba bien por sí sola.

Por eso le costaba pedirle a su madre que también se preocupase por ella.

Tenía miedo de que, si expresaba su disgusto, pudiera perder el papel de hija independiente y solo decepcionaría a su madre.

Después de que su hermana, que había ido dando tumbos durante toda la etapa de escolarización, hubiese aceptado como término medio preparar el examen de ingreso a la facultad de Bellas Artes, la vida de su madre empezó a girar por completo alrededor de ella.

Además de encargarse personalmente de ir a recogerla al instituto y a la academia de arte, en los días libres iba al templo a pedirle a Buda por su hermana.

Como para jactarse, su hermana entró en una facultad de Bellas Artes de renombre y, todos los días, la cara de su madre se iluminaba al hablar de ella.

La señorita Mi-hye, tomando un papel de espectadora, observaba con atención.

Mientras su hermana trabajaba en una gran agencia de publicidad, la señorita Mi-hye se graduó en un instituto de formación profesional y entró en una pequeña empresa.

Solo un año y medio después, el director se esfumó.

La señorita Mi-hye, que llevaba varios meses sin cobrar las nóminas, fue con sus compañeros a presentar su denuncia al Ministerio de Trabajo y Empleo y la Corporación de Asistencia Judicial Coreana.

Como el director se había dado a la fuga, se retrasaba la resolución del caso.

La señorita Mi-hye, al menos, pudo mantenerse mientras buscaba un nuevo trabajo, ya que vivía con sus padres, pero muchos de sus compañeros se vieron obligados, para poder comer, a ir de un lado para otro día y noche con trabajos temporales mientras encontraban algo estable.

Por eso Mi-hye se encargó de mantener al grupo de chat informado sobre el progreso de la denuncia.

Por primera vez, la señorita Mi-hye tomó la decisión de quejarse y contarle a su madre que estaba pasando por un mal momento.

Sin embargo, justo entonces, su hermana enfermó por exceso de trabajo.

La atención de su madre volvió a verterse en su hermana.

Incluso en aquella situación, la señorita Mi-hye sentía celos de su hermana.