Hotel Dear Grace CAPÍTULO 2. EL RELOJ DEL HADA NUPCIAL #8
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CAPÍTULO 2. EL RELOJ DEL HADA NUPCIAL #8

—Otra cosa importante. Nunca, bajo ningún concepto, llores dentro de la oficina.

Si crees que se te van a escapar las lágrimas, vete al baño volando.

En todos los lados hay grupos que convierten a los más vulnerables en objetivos —dijo la encargada, señalándole la cara llorosa con el índice en tono enfático.

—Ah, ah, ¡entendido!

La señorita Eun-hye se aclaró la voz ronca y tragó saliva; después parpadeó hasta hacer desaparecer las lágrimas.

—Bueno, ahora ya sé que te las arreglarás perfectamente cuando yo no esté —susurró la jefa para sí misma mientras la miraba con una sonrisa.

—¿Cómo? ¿Vas a dejar la empresa?

—Ja, ja, ja, no voy a dejar el trabajo... Pero tengo un bebé al que dar a luz.

La encargada se señaló la barriga con los dedos. Había pensado que su forma física estaba un poco cambiada últimamente, pero no tenía ni idea de que se debía a un embarazo. La señorita Eun-hye, sorprendida, se tapó la boca con la mano.

—¡Guau, enhorabuena! ¿Por qué no has dicho nada? —dijo en voz baja tras aplaudir sin sonido.

—Porque, si lo hubiese dicho muy pronto, no habría ayudado al ambiente en el trabajo. No te preocupes demasiado, los planes a largo plazo de nuestro equipo están prácticamente listos. Bueno, ¿volvemos?

La encargada regresó a la oficina primero. La señorita Eun-hye, que iba detrás, notó que el teléfono le vibraba en el bolsillo y lo sacó. Había un mensaje de un nombre que le resultaba familiar.

Connor / Dept. de desarrollo, Equipo de soluciones de desarrollo 2 Me ha llegado la información confidencial de que hoy hubo un montón de gritos en el equipo creativo cuatro. ¿Estás bien?

Al leerlo, se le escapó la risa. Era la primera vez que hablaban después de intercambiar las tarjetas de visita, pero notó una sensación de familiaridad que la sorprendió. Sonriendo de buen humor, le mandó una respuesta a Seong-hak.

Llegó un jefe de equipo temporal para cubrir la baja de maternidad de la encargada, pero en realidad este solo calentaba el asiento; la que lideraba el equipo de verdad era Miranda.

Justo entonces, una empresa de eventos de gran escala seleccionó a Naeil Planning para un encargo de anuncios.

Aquello originó una tempestad alarmante que azotó también al equipo creativo cuatro.

En la empresa incluso organizaron una competición para seleccionar a un equipo extra que se encargaría exclusivamente del proyecto.

La señorita Eun-hye no quería verse enredada en problemas profesionales con Miranda, que tenía mucha más codicia que aptitudes.

Así que decidió guardar silencio en la medida de lo posible y ceñirse a las tareas que le iban asignando mientras esperaba el regreso de la jefa de equipo original.

Sin embargo, no pudo ignorar el error de una compañera novata que, al intentar hacer la imagen completa más bonita, cambió la proporción del logo de la empresa arbitrariamente.

Esto le dio una idea a la señorita Eun-hye: se ofreció voluntaria para ocuparse de los novatos y los de prácticas, y así consiguió en parte mantenerse lejos de Miranda.

El segundo programa de prácticas acabó y llegó un año nuevo. Un día en el que, curiosamente, se cruzó por el camino con una urraca que graznaba cra-cra, la señorita Eun-hye vio en el tablón de anuncios de la intranet un aviso interno que no podría haberse imaginado.

[OBITUARIO] Abuela materna de Connor, del Dept. de desarrollo, Equipo de soluciones de desarrollo 2.

Después de salir de trabajar, fue a visitar la capilla ardiente que aparecía en el aviso de defunción.

En la pantalla de la pared, al lado del rostro de una anciana sonriente y benévola, aparecía inscrito un único y solitario nombre en el espacio para los familiares del difunto: Geum Seong-hak.

La señorita Eun-hye se acercó a la capilla ardiente con cautela.

Seong-hak, que ocupaba el puesto destinado a los dolientes principales, la recibió sorprendido.

A la señorita Eun-hye le pareció que decir «te acompaño en el sentimiento» estaba demasiado trillado y no fue capaz de pronunciar aquellas palabras.

Fue Seong-hak quien le habló primero; le dio las gracias una y otra vez, y se preocupó por cómo le iba en la oficina últimamente.

Tras charlar un rato con Seong-hak, se dio cuenta de que había varios empleados del equipo de soluciones comiendo en una mesa, pero no veía ninguna corona de flores con el nombre de la empresa.

—Seong-hak, ¿todavía no ha llegado la corona de flores de Naeil Planning?

—Me dijeron que solo financian los entierros de la familia paterna. Como solo daban dos días de descanso, tuve que pedir también un día de vacaciones.

—¿Cómo? ¿Hacen esa distinción?

—Eso me dijeron. Yo también me he enterado ahora.

Entonces llegó un grupo de ancianos al tanatorio.

Seong-hak se levantó para saludarlos, diciendo que aquellos señores iban a la iglesia con su abuela.

Ella lo apremió para que fuera con ellos y lo despidió con las manos.

Un poco después, escuchó un coro de cánticos acompañado de varios lamentos.

La señorita Eun-hye, con amargura, miró fijamente el yukgaejang 6 sobre la mesa.

Cuando volvió a trabajar el lunes, vio a los miembros de su equipo cuchicheando entre ellos. Por lo visto, Evan, fuente de noticias del equipo creativo cuatro, había traído alguna jugosa chismorrería. Tras saludar, la señorita Eun-hye fue a sentarse en su sitio, pero Evan se acercó a hablarle.

—Grace, ¿te has enterado? Dicen que alguien acaba de dejar el trabajo por culpa del Lodos del equipo de soluciones.

—¿El Lodos del equipo de soluciones? ¿Quién es ese?

—¡Pues el loco del equipo de soluciones dos! —respondió Evan, mostrándole dos dedos—. Lodos para acortarlo. Ya en el pasado dimitieron varios por culpa suya.

—Aaaaah —dijo la señorita Eun-hye, asintiendo con la cabeza.

Ya lo recordaba. Hacía un tiempo, había escuchado que en el equipo de desarrollo había una bomba de relojería andante; como sus padres eran ejecutivos de una empresa subsidiaria no lo podían echar por muchos problemas que causara.

No sabía que pertenecía al equipo de desarrollo de soluciones dos. Aunque... si era ese equipo...

—Pues resulta que la semana pasada un empleado tuvo el entierro de su abuela materna, y ¿no va y le dice que la muerte de una abuela no es tan importante como para usar días de vacaciones? Lo acusó de haber pedido el día para hacer puente con el fin de semana y tomarse un descanso.

—¿Cómo? ¡Menudo cabrón!

—¿A que sí? ¡Se pasó de la raya! Y no era la primera vez que se metía con él.

A menudo le preguntaba qué hacía un pueblerino como él trabajando en Seúl, y en vez de llamarlo por el nombre le gritaba: «¡Eh, paleto!

», y lo atacaba preguntándole cómo un tío como él se las apañaba para vivir en Seúl. ¿Eh? ¿Grace? ¿A dónde vas?

La señorita Eun-hye fue directa al departamento de desarrollo.

Sin ningún plan, se dirigió al equipo de soluciones dos y dijo que Connor tenía que mandarle unos documentos, pero como no le llegaba el correo electrónico había venido a buscarlos en persona.

Los miembros del equipo, con cara de estar en un aprieto, la mandaron de vuelta tras decirle que Connor no estaba porque se había tomado medio día libre, pero que ellos se encargarían de dejarle una nota.

Parecía que el escritorio de Seong-hak ya estaba vacío.

En las escaleras que bajaban al departamento de producción, la señorita Eun-hye sacó el móvil y buscó el contacto que tenía guardado como «Connor».

Después de pensarlo durante un buen rato, guardó el teléfono sin mandarle mensaje alguno.

Sentía que si ella, que trabajaba en la misma empresa, se ponía en contacto con él, sería como un intento de meter presión.

Dos semanas más tarde, se enteró de que Seong-hak había presentado su dimisión.

Ese mismo día, la señorita Eun-hye empezó a encontrarse mal.

No tenía fuerzas ni apetito; a la hora del almuerzo solo había tomado un café mientras trabajaba, y sobre las cuatro había empeorado tanto que sus compañeros le preguntaron si no debería pedirse la baja por enfermedad.

Aun así, la señorita Eun-hye se marchó solo tras completar la jornada de trabajo.

El camino de vuelta a casa se hizo larguísimo.

Caminaba muy lentamente, como si tuviese a varios zombis aferrados a sus hombros y piernas.

Estaba sin aliento y mareada. No dejaban de darle escalofríos y cada vez le dolía más la barriga.

Era un dolor extraño, que no había sentido nunca en su vida.

Cuando, a duras penas, consiguió abrir la puerta de casa y entrar, se derrumbó en la entrada y llamó a su madre.

—¿Qué haces ahí pasmada? ¿Por qué no pasas...? ¡Cielos! ¡Eun-hye! ¿Estás enferma?

—Mamá... Tengo mucha indigestión... Al mediodía no pude comer nada...

—¡Ayayay! ¡Pobrecita! ¡Estás bañada en sudor! ¿Dónde te duele? ¿En el estómago? ¿El vientre? ¿Notas ardor? ¿Calor?

—No sé... No estoy segura... Me encuentro mal en general...

—Ayyy, ¿te habrás descompuesto por algo que has comido? Uf, venga, vamos a urgencias.

Mientras iba en el coche con su madre al volante de camino a la sala de urgencias más cercana, la señorita Eun-hye tuvo náuseas continuamente.

Como tenía el estómago vacío, no podía salir nada, pero a partir de cierto momento comenzó a regurgitar un líquido verde inidentificable.

Vomitó en la silla mientras esperaba en la sala de urgencias y de nuevo en la camilla.

La señorita Eun-hye pudo comprobar, de una forma dolorosamente empírica, ese dicho de la ciencia según el cual gran parte del cuerpo humano está compuesto por agua.

Y hasta se dio cuenta de que la gente podía morir perfectamente solo por vomitar.

—¿Te encuentras bien? ¿Puedes hablar un momento conmigo?