Hotel Dear Grace CAPÍTULO 2. EL RELOJ DEL HADA NUPCIAL #7
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CAPÍTULO 2. EL RELOJ DEL HADA NUPCIAL #7

Mientras bajaba las escaleras, Seong-hak levantó un puño y le susurró: «ánimo».

La señorita Eun-hye también le contestó, repitiendo lo mismo solo con los labios.

No solo no había visto a Seong-hak después del programa, tampoco se habían puesto en contacto, así que se alegró como si se hubiese encontrado con un viejo amigo de su pueblo natal.

Se dirigió al departamento de desarrollo tarareando una canción.

La señorita Eun-hye llevaba dos años en Naeil Planning cuando ocurrió algo que puso la empresa patas arriba.

La modelo de los anuncios de la filial de seguros de mayor escala de la empresa matriz había sido procesada por tener un accidente estando ebria y darse a la fuga.

Habían tenido que eliminar todos los anuncios y cada uno de los departamentos estaba en estado de emergencia.

Los miembros del departamento de planificación, encargados de negociar el contrato de una nueva modelo y modificar la estrategia de la marca, corrían por toda la empresa apagando fuegos.

El departamento de producción tuvo que hacer horas extra una vez más para preparar un anuncio extraordinario.

El equipo del que formaba parte la señorita Eun-hye tenía la misión de volver a fabricar, con la mayor calidad posible, una nueva versión de todos los calendarios de Año Nuevo que habían tenido que destruir, después de haberse distribuido por empresas de seguros de todo el país.

—Uffff, estamos hasta arriba... Creo que se me van a caer los ojos... Grace, ¿no me puedes ayudar a recortar los fondos? Tú eres la más rápida de nuestro equipo —clamó Miranda, que llevaba cinco años en la empresa y estaba al lado de la señorita Eun-hye quitándole el fondo a las imágenes.

Tras mandar varias propuestas, el equipo creativo cuatro estaba diseñando el calendario adecuándose al concepto que les habían enviado del equipo de planificación.

Sin embargo, no dejaban de encontrarle defectos al mockup de la propuesta que habían seleccionado con prisas.

Por supuesto, dentro de los equipos también surgieron problemas de comunicación.

La moral de los trabajadores no podía caer ya más bajo y todos estaban al borde de la extenuación, a punto de llegar al límite.

—Miranda, envíame el documento. Vamos a hacerlo rápido y descansar al menos un poquito.

La señorita Eun-hye también quería terminar aquel trabajo lo más pronto posible, por eso hizo el trabajo de recortado de imágenes en lugar de Miranda.

Por suerte, consiguió hacer un mockup más o menos decente, pero entonces ocurrió un problema en el equipo de producción.

Como el equipo no tenía capacidad para imprimir todos los calendarios en solo un día, se les comunicó que debían buscar una empresa externa para un contrato de colaboración.

Al final, la encargada tuvo que salir de la oficina en busca de una empresa externa que pudiese producir los calendarios.

—Escuchad, ¿habéis revisado todas las partes que dije que no se veían bien?

Si consigo cerrar el contrato, los calendarios irán a producción inmediatamente, así que os pido que os centréis en los retoques finales.

Enviad vuestro trabajo a Miranda; ella se encargará de dar el visto bueno. ¿Entendido?

—¡Sí, encargada! —respondieron los empleados con energía, para variar.

La señorita Eun-hye, después de revisar cuidadosamente su trabajo por última vez, le envió a Miranda el documento final.

El esfuerzo había sido tan intenso que ni siquiera podía decir si el tiempo había ido hacia delante o hacia atrás, pero por fin tenía un pequeño respiro.

Se preparó una taza de café en la sala de descanso y volvió a su puesto.

En el equipo se respiraba un buen ambiente.

Todos reían y bromeaban. Sin embargo, sobre las cuatro de la tarde, aquella paz se rompió en mil pedazos cuando el jefe del departamento creativo irrumpió en la oficina del equipo creativo cuatro echando chispas.

—¡¿Quién ha hecho esto?! ¿Quién ha hecho la imagen de marzo? ¿Eh? —La voz del jefe de departamento retumbó por la oficina.

Los otros equipos miraban de soslayo al equipo cuatro. Marzo era parte del trabajo de Miranda. Mientras esta miraba a todos lados sin saber qué hacer, el jefe volvió a gritar.

—¡Eh! Tenéis los oídos taponados de cera, ¿o qué? He preguntado quién ha hecho tamaño estropicio al recortar la foto.

—Si está hablando de quitar el fondo... Grace se encargó de ello —susurró Miranda, mirando a la señorita Eun-hye de reojo.

El jefe de departamento fue hacia la señorita Eun-hye perforándola con la mirada.

Ella se quedó perpleja. Estaba segura de que había completado todos los archivos a la perfección, incluyendo tanto los que eran parte de su trabajo como aquellos en los que había ayudado a Miranda a recortar las imágenes.

—¿Tú eres Grace? ¿Hiciste tú esto? ¿A qué universidad fuiste? —preguntó el hombre con actitud imponente, acercándose a zancadas.

—A... a la Universidad Hongik —contestó ella con un hilillo de voz tras levantarse del asiento, abrumada por la postura del jefe de departamento.

—¿A Hongik? Ja, deben de haber bajado mucho los criterios de la universidad.

¡Dejar graduarse a alguien así y soltarla por el mundo!

¡Mira qué desastre! —gritó mientras le tiraba a la señorita Eun-hye un papel impreso—.

¿Te crees que como no es una modelo de renombre puedes convertirla en un fantasma?

Estaba tan avergonzado delante del director ejecutivo que me puse como un tomate. ¡Joder! ¡Qué cabreo!

La señorita Eun-hye, abochornada, recogió el papel tirado en el suelo.

Parte del brazo de la modelo estaba borrado y solo aparecía la mano; parecía una imagen paranormal.

Sin embargo, cuando la señorita Eun-hye había quitado el fondo, la imagen estaba bien.

Era obvio que el error se había originado al pegar la fotografía.

Miró a Miranda fijamente. Esta miraba la pantalla fingiendo indiferencia y esforzándose por ignorar la mirada de la señorita Eun-hye.

Los otros compañeros, que llevaban menos tiempo que Miranda en la empresa, también se hicieron los suecos y no abrieron la boca.

—¡Oye! ¿Cómo puede una diseñadora cometer un error tan básico?

¿Eh? ¿No sabes que toda la empresa está en una situación de emergencia?

¿Te crees que eres la única que está quemada y hasta arriba?

Aparte de la vergüenza que me has hecho pasar, ¿qué habría ocurrido si esto se hubiese impreso así?

¡Menudo ridículo hubiéramos hecho! ¿Me oyes?

—Lo... lo siento...

—Mira, cuidarse no es solo empolvarse la cara. Mostrar siempre un trabajo impecable, ¡así es como un empleado se cuida! ¿Entiendes? Por cierto, ¿por qué no ha revisado esto la encargada Baek? ¿A dónde se ha ido?

Justo entonces, la encargada Baek, que acababa de volver a la oficina, respondió apurada.

—Jefe, acabo de regresar de firmar el contrato con una empresa de producción externa. ¿Qué sucede?

—Ay, encargada Baek. ¿Qué haces llevando tanta carga de trabajo tú sola? Enséñale algo a estos niños, ¿vale? —dijo el jefe de departamento suspirando profundamente, mientras la encargada sudaba a borbotones.

Tras decir eso, el director de departamento, que había puesto al equipo creativo patas arriba, se fue del departamento de producción.

Toda la oficina se había quedado en silencio, como si les hubiesen echado un jarro de agua fría.

A oídos de la señorita Eun-hye solo llegaba el sonido de su propia respiración enojada.

Justo antes de que la cabeza le terminase de explotar, pues pensaba en ir a pedirle explicaciones a Miranda inmediatamente, su jefa la interrumpió.

—Grace, ven un momento conmigo —dijo, tirando del documento que esta tenía en las manos.

La encargada llevó a la señorita Eun-hye a una sala de reuniones vacía.

Esta estaba indignada. «No es mi culpa, ya me ha echado la bronca el jefe de departamento y encima ahora me va a reñir la jefa del equipo».

Debía contarle aquella injusticia al menos a su jefa, pero antes de que pudiera sacar el tema, la encargada intervino.

—Ya sé que estás en una situación injusta.

Yo me encargo de dividir el trabajo, así que, al ver el resultado, sé perfectamente lo que ha pasado.

Sin embargo, Miranda lleva cinco años en la empresa.

Eso quiere decir que tiene una extensa red de contactos, así que, si te enfadas, te van a colgar el sambenito de trabajadora novata que no sabe cuidarse y desafía a una veterana.

Es decir, que serás vista como la loca de la película.

Es ridículo, ¿no? Sería mejor si en todos los asuntos fuese posible distinguir entre el bien y el mal, pero tienes que entender que, si somos realistas, hay situaciones en las que eso no es posible.

Yo me encargaré de darle un toque a Miranda personalmente.

La señorita Eun-hye, que había dado por hecho que la jefa del equipo le iba a echar una buena bronca, quedó estupefacta al escucharla.

—Grace, eres muy buena diseñadora —continuó la encargada hablándole con calma—.

Normalmente, los júniors, cuando reciben comentarios, arreglan lo que se les pide solo en esa ocasión y, más tarde, vuelven a cometer los mismos errores, pero tú presentas un trabajo mejor en cada nuevo proyecto.

Tienes un don realmente excepcional. Sin embargo, el talento no es la única habilidad que necesitas para sobrevivir en una empresa.

Saber rechazar el trabajo ajeno también es una habilidad crucial.

Yo creo que, si aprendes a hacer ese tipo de cosas, podrías perfectamente llegar a ser responsable de todo el equipo.

Después de recibir aquellos cumplidos que no podía ni haberse imaginado, le empezaron a escocer los ojos y se le hizo un nudo en la garganta. Estaba mucho más afectada que cuando el jefe de departamento le había gritado.