Hotel Dear Grace CAPÍTULO 2. EL RELOJ DEL HADA NUPCIAL #6
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CAPÍTULO 2. EL RELOJ DEL HADA NUPCIAL #6

El día de la orientación para los empleados nuevos, la señorita Eun-hye miró a su alrededor para ver si había alguna cara conocida, pero como la orientación se hacía por separado en cada departamento no tenía manera de comprobar si alguno había pasado el periodo de prueba, porque estaría en otro equipo.

Sin embargo, mandarles un mensaje solo para preguntar si habían sido admitidos en Naeil Planning podría provocar que alguno de ellos la recordase como una villana incorregible.

Después de que terminase el aburrido discurso motivacional del director de departamento, les mostraron las instalaciones de la empresa y les dieron un pequeño cursillo sobre la intranet, además de la información básica que necesitarían en su trabajo.

A la señorita Eun-hye, que había pasado por el periodo de prueba, casi todo le resultaba familiar, pero cuando entró en la intranet por primera vez usando una identificación oficial en vez de una temporal se sintió genial.

Siguiendo la política de empresa, el nombre en inglés que había puesto en su solicitud de empleo, Grace, se convirtió en su nombre oficial en la oficina.

La asignaron al equipo creativo número cuatro.

Cuando llegó, se presentó saludando vigorosamente a los veteranos, pero estos solo la miraron de reojo y siguieron con su trabajo, ocupados.

Sin nada que hacer, la señorita Eun-hye fue ojeando el manual de trabajo que le había dado la jefa del equipo y mató el tiempo encendiendo y apagando el programa en vano.

Aquella tarde, una compañera bastante mayor se le acercó y le entregó una pequeña agenda. La señorita Eun-hye, sin saber lo que era, la recibió contenta y la saludó agachando la cabeza.

—Grace, este es el libro de cuentas de aperitivos de nuestro equipo.

Cada mes, tienes que llenar el armarito con la cantidad que coincida con lo asignado y apuntarlo aquí.

Como es una cantidad fija, el equipo de finanzas no se encarga de organizar los recibos aparte.

Hay que pegarlos aquí y enseñárselos a la jefa de equipo para que dé su visto bueno; basta con hacer esas dos cosas.

Ah, ¡hay algo más! En la parte de atrás del libro de cuentas están escritos los cumpleaños de los miembros del equipo.

Esos días debes encargarte de comprar una tarta. No es difícil, ¿no?

—Ah, ¡entendido! ¿Entonces yo quedo encargada de la sala de descanso? —preguntó la señorita Eun-hye, algo perdida.

La veterana sacudió la cabeza.

—No. En el pasado se lio una buena porque alguien se dedicó a sustraer productos cada vez que aprovisionaban la sala de descanso. Después de aquello, en la sala solo hay una máquina de agua y una cafetera; ahora cada equipo se encarga de sus propios piscolabis. Ese es nuestro armarito.

Incluso en aquel lugar, donde todos los subordinados debían tutearse y usar nombres en inglés independientemente de su posición para crear una cultura de empresa horizontal, parecía que la costumbre de asignarle aquel tipo de trabajos a la persona más joven, típica de la cultura corporativa vertical, gozaba de muy buena salud. Bueno, tampoco podía quejarse.

—¡Sí! ¡Me esforzaré! —contestó la señorita Eun-hye con vigor.

La veterana volvió a su sitio con una sonrisa que le ocupaba todo el rostro.

¿Sería para transmitirle ánimos? Con el libro de cuentas de los piscolabis en la mano, los latidos de la señorita Eun-hye comenzaron a acelerarse sin motivo.

Quizá porque en aquel momento sintió de verdad que ya formaba parte del equipo creativo cuatro.

Sin embargo, antes de que pasara mucho tiempo, comprendió con exactitud el significado de la sonrisa de aquel día.

—Grace, ¿qué tal si esta vez compramos el café soluble Maxim Mocha Gold Mild?

—¿Maxim Mocha Gold Mild? Sí, entendido.

—Mira, con el pedido dan una taza de Maxim. ¿No podrías dármela a mí?

—¿Disculpa...?

—Lo importante es el café, ¡la taza es un extra! No creo que nadie más la necesite.

—Ah, sí... Entonces lo dejamos así.

—¡Gracias, Grace!

Estaba claro que lo importante para el equipo no era la taza, sino el café, pero no estaba segura de que eso pudiera hacerse.

—Grace, desde mi revisión médica he dejado de tomar café soluble y galletitas, pero el presupuesto para aperitivos va por equipos.

Creo que no es justo si soy la única que no puede comer, así que me preguntaba si sería posible que me comprases algo ligero que pueda tomar cuando me quedo a hacer horas extra, como fideos de konjac.

—¿Fideos de konjac? Vale, entendido.

Si le hacía caso a la propuesta de un compañero, siempre llegaba otro después con otra.

—Grace, ¿no te parece que lo de los fideos de konjac es muy de maniático? A los miembros del equipo que se preocupan por la salud les puede parecer bien, pero... tener una montaña de fideos konjac cuando no hay ni un ramen normal no parece muy equilibrado.

—Oh... entonces voy a comprar también ramen normal.

Cuando incluía ambas propuestas, llegaba una nueva, opuesta.

—Grace, últimamente parece que hay demasiado ramen.

Esto es algo que se compra con el presupuesto de aperitivos del equipo.

Para mí, el ramen no es un piscolabis, sino un plato principal.

La empresa tiene otro presupuesto para alimentos y creo que no debe incluirse dentro del presupuesto para aperitivos.

Hay que usar el dinero de forma adecuada a la situación.

—Entendido... Lo tendré en cuenta...

No sabía desde cuándo, pero la señorita Eun-hye empezó a estresarse mucho más con tener que comprar aperitivos que con su trabajo oficial.

Para ser exactos, lo que la hacía sufrir era que sus compañeros la molestaran con sus argumentos a favor y en contra del manejo de los aperitivos.

Si decía que tendría en cuenta las sugerencias que presentasen formalmente, se escaqueaban y decían que eso formaba parte de su trabajo, pero, una vez que compraba los aperitivos, la iban a buscar para exponerle sus quejas.

Lo más probable era que la persona encargada antes de los aperitivos hubiese pasado por lo mismo, pero ¡qué feliz debió de sentirse cuando llegó una nueva y le pudo encasquetar aquel trabajo tan molesto!

No había pasado ni medio año desde que, con la pasión propia de una nueva empleada, había recibido el libro de cuentas con entusiasmo, pero, poco a poco, como un grifo que gotea, fue perdiendo energía.

Aun así, la señorita Eun-hye se adaptó bien a la empresa.

Completaba el trabajo que le asignaba la encargada del equipo dentro del plazo y cuando le hacían revisiones incorporaba los cambios dócilmente; en las presentaciones, iba leyendo las caras de sus compañeros, que ya había descifrado, y se adaptaba según el ambiente.

Preparaba las reuniones a fondo y, además, redactaba minuciosamente el acta.

Se preguntaba si se notaría aquel esfuerzo, pero tenía la impresión de que sus compañeros la consideraban una empleada bastante competente.

—Grace, lleva al equipo uno de desarrollo de soluciones un informe de lo que se trató en la reunión de hoy sobre el proyecto de renovación de la estrategia de la marca de alimentación. Explícaselo enfatizando especialmente esta parte. ¿Te acuerdas?

—Sí, encargada. El nicho del cliente es grande, así que les resaltaré que quieren una reconfiguración que incluya, en la medida de lo posible, los objetos que se usaron en el póster del anuncio actual.

—Bien. Como no es bueno dar demasiado margen para que entreguen el feedback , diles que lo necesitamos para el jueves, y pregúntales qué día de la semana que viene les va bien para una reunión.

—Sí, entendido.

La señorita Eun-hye salió de la oficina con los documentos del proyecto ordenados en un archivador.

La oficina del departamento de desarrollo estaba una planta por encima del departamento de producción.

Antes de pulsar el botón del ascensor se fijó en las cifras de la pantalla y, tras pensárselo unos segundos, decidió subir por las escaleras.

Pasaba mucho tiempo sentada trabajando, así que le pareció buena idea moverse, aunque fuera así.

Hacía tan poco ejercicio que solo con subir un piso ya estaba sin aliento.

Cuando llegó al rellano resollando, la puerta de las escaleras se abrió de repente y apareció un hombre.

Al verle la cara, la señorita Eun-hye dio un respingo.

—¿Seong-hak?

—¡Anda! ¿Eun-hye?

Era el compañero que había formado parte de su equipo durante el programa intensivo de prácticas. Parecía que, al igual que ella, había pasado la entrevista final y tenía un puesto fijo.

—¡Guau! ¡Me alegro de verte! ¡Al final de verdad nos hemos visto en el trabajo! —dijo ella.

—¡Ja, ja, pues sí! ¿Qué tal te va? Ah, ¡mira!

—Seong-hak sacó una flamante tarjeta de visita del bolsillo interior de la chaqueta de su traje semiformal—.

Me da un poco de vergüenza, pero en la empresa me llaman Connor.

Estoy en el departamento de desarrollo, en el equipo de desarrollo de soluciones dos.

Tras aceptar la tarjeta de visita, la señorita Eun-hye rebuscó en el bolsillo trasero de sus pantalones y, apurada, le tendió la suya.

—¡Ah! ¡Se ha arrugado! Lo siento, Seong-hak. Digo, ¡Connor! Solo tengo esta ahora mismo.

—No pasa nada, ¡si somos compañeros! Grace, del departamento de producción, equipo creativo cuatro. Vaya, te pega mucho ese nombre.

—¿Tú crees? Como la empresa es tan grande, no sabía que había alguien conocido en otro departamento.

—Ja, ja, tienes razón. Por cierto, ¿qué haces aquí? ¿El departamento de producción no está un piso más abajo?

—Vengo a hacer un recado al equipo de soluciones uno —respondió ella, mostrándole el archivador que llevaba en la mano.

—Ah, ya veo. Yo iba de camino al equipo de marketing . La oficina del equipo uno está al fondo a la derecha. No te va a costar encontrarla. Bueno, nos vemos pronto.

—Sí, ¡hasta luego!