Hotel Dear Grace CAPÍTULO 2. EL RELOJ DEL HADA NUPCIAL #5
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CAPÍTULO 2. EL RELOJ DEL HADA NUPCIAL #5

—¿Cómo puede ser que el sabor sea tan de mi estilo?

—susurró como si fuese una youtuber de comida, con la mano en la frente—.

¡La verdad es que este doenjangjjigae complementa a la perfección el sabor del samgyeopsal !

Si a esto le añadiese un chupito de soju ...

Ah, ¡no! No quiero arruinar el ejercicio de hoy bebiendo alcohol. ¿Tenéis algo como un refresco light ?

Delante de la señorita Eun-hye apareció un vaso de cristal. Chefbot vertió una bebida en el vaso y del líquido transparente subieron unas burbujas de frescor efervescente.

—Ay... quiero quedarme a vivir aquí —susurró la señorita Eun-hye de forma inconsciente.

—Señorita, no desea eso de verdad, ¿no? —le preguntó May, sonriendo ligeramente.

—¿Eh? Si se lo toma tan al pie de la letra, me va a asustar.

—Je, je, yo también sé hacer bromas.

—Ah, entonces, eso quiere decir que nos hemos vuelto más cercanas, ¿no? ¡Qué bien!

—Me alegro de que lo vea como algo positivo. Parece que está de mucho mejor humor.

Entonces la señorita Eun-hye recordó su aspecto al hacer el check-in en el hotel.

Había entrado decidida a pedirles que la dejasen pasar la noche en vela intoxicándose con un alcohol que no diese resaca, pero, por algún motivo, esta visita había sido distinta a la primera.

En vez de preguntarle qué quería, la estaban guiando de manera constructiva.

—Señorita, cuando se está muy enfadado es necesario aplazar el momento de tomar una decisión. Igual que ahora. Hubiera sido una pena desperdiciar lo que pagó en recibir un servicio de sueños sin sentido.

—¿Ese reloj? No me da mucha pena, es solo un viejo trasto. Quizá un coleccionista de juguetes retro podría comprarlo por mucho dinero, pero... para mí, pasar un día aquí es mayor ganancia.

—Ya que ha venido, me gustaría que escogiese un sueño que tuviese una influencia positiva en el mundo real. Mmm, aunque es posible que me esté excediendo de mis funciones de proveedora del servicio.

—Ah, no, ¡para nada! —contestó la señorita Eun-hye deprisa, sacudiendo las manos hacia los lados para negar—.

Sé que lo dice todo por mi bien. Le estoy muy agradecida.

¿Sabe que, cuando salgo de aquí, me siento revitalizada?

Todos dicen que el lugar más cómodo es el propio hogar, pero para mí no es así.

Aquí estoy mucho más cómoda que cuando estoy con mi familia.

Hoy volví a pelearme a gritos con mi hermana pequeña, me sentí muy alicaída.

Siempre me están insistiendo con el rollo ese de «cuidarse»...

—Parece que esa palabra le evoca malos recuerdos.

—Es cierto. Cada vez que la oigo, exploto.

—Después de darle un trago al refresco, frunció ligeramente el ceño y siguió hablando—: Aaaah, qué fresquito.

¿Sabe? Le he estado dando vueltas al motivo por el que me cabrea tanto, pero, por mucho que lo piense, lo único que se me ocurre es que fue debido a una experiencia en mi primera empresa.

Directora, ¿le importaría que le cuente mi historia?

—Por supuesto. La escucharé el tiempo que quiera.

La señorita Eun-hye suspiró profundamente y, despacio, empezó a hablar.

Estimada Seo Eun-hye:

Le saludamos desde el Departamento de Recursos Humanos de Naeil Planning.

Nos complace informarle de que ha sido seleccionada en el proceso final de contratación abierta al público de la empresa.

Informaremos sobre los siguientes pasos que deberá seguir a través de nuestra página web, por lo que le rogamos que permanezca alerta.

Atentamente,

Equipo de gestión de personal de Naeil Planning SA.

La señorita Eun-hye, impertérrita, hizo una captura de pantalla con el aviso de que había sido seleccionada y se la mandó a su madre.

Aunque no se lo dijera a su padre, al que no le importaba mucho la vida laboral de su hija, ni a su hermana menor, con la que no se llevaba bien, sintió que a su madre sí debía contárselo.

Inmediatamente, esta le hizo una videollamada.

No la veía tan contenta desde el día en que la admitieron en la universidad.

Su madre debía de haber presumido mucho ante sus conocidas, porque, después de aquello, cada vez que se cruzaba con las vecinas en el edificio la paraban para comentarle: «Me han dicho que has entrado en una muy buena empresa», «Ojalá a mis hijos les fuese tan bien como a ti», «¿Cuál es tu secreto? Cuéntamelo».

En realidad, la señorita Eun-hye no sintió una gran alegría al ser seleccionada. Quizá la falta de emoción se debiese a que había hecho las prácticas en la misma empresa. Fue cuando la aceptaron en el proceso de prácticas que creyó que se le iba a salir el corazón del pecho.

Durante las prácticas, se entregó en cuerpo y alma.

Consiguió el primer puesto en la presentación final del programa intensivo de prácticas, que en realidad no se diferenciaba en nada de una entrevista grupal.

Aunque, por supuesto, no era un resultado que hubiese conseguido exclusivamente gracias a su propio esfuerzo.

Al tratarse de un programa de prácticas de una agencia de publicidad, los candidatos de distintos equipos debían formar un grupo y realizar un proyecto en conjunto.

En muy poco tiempo, cada equipo debía establecer una estrategia de publicidad para una marca imaginaria y, después de elaborar el póster del anuncio y el guion gráfico, renovar la página web básica de la marca que se les había proporcionado.

En el proceso de renovar la página web, la señorita Eun-hye tuvo un choque de opiniones con uno de los compañeros.

Todavía se acordaba de su nombre. Geum Seong-hak.

Es posible que, si se hubiese apellidado Kim, lo habría olvidado hace tiempo, pero su apellido era tan peculiar que aquel nombre quedó grabado en su memoria.

En aquel entonces, la señorita Eun-hye no pudo entender a Seong-hak, ya que creía que el estilo que ella misma había mostrado era el más elegante y delicado, pero él argumentó que, aunque se veía bien en el póster, sería difícil implementarlo en la web y que, al diferir tanto de los criterios de accesibilidad que preferían los entrevistadores, no les resultaría fácil obtener una buena puntuación.

Los compañeros, convencidos, se pusieron de parte de Seong-hak.

Al final renovaron la página web tal como este sugería y, como resultado, su equipo logró la puntuación más alta en todas las categorías.

La primera conversación propiamente dicha que mantuvo con Seong-hak después de aquello fue el último día del programa, durante la fiesta de despedida en la que los invitaron a samgyeopsal .

—¿Qué verdura es esta? Es la primera vez que la veo —había preguntado la señorita Eun-hye ladeando la cabeza al ver una planta desconocida en la cesta de las verduras para el ssam .

—Es Angelica gigas . Si te gustan las verduras aromáticas, creo que te va a saber bien —contestó Seong-hak.

—¿La angélica no se usa en la medicina tradicional? —preguntó ella extrañada—. Lo vi en la serie Heo Jun . El doctor se guardaba la angélica en secreto y la vendía en el gibang. 5

—Ja, ja, es verdad. La raíz se usa en la medicina tradicional, pero las hojas se comen en ssam o como parte de acompañamientos.

—Anda, vaya. ¿Cómo sabes todo eso?

—Mi abuela cultivaba angélica. Yo recogí mucha también.

—Ah, ¿ibas en las vacaciones a ayudar, en plan voluntariado rural?

—Bueno, iba en las vacaciones y en los días en los que no había colegio. Vivía en la aldea con mi abuela.

—Guau, ¿en serio? Antes estuviste tan persuasivo que parecías salido de la élite de Gangnam.

—¡Anda ya! ¡Para nada! ¿Te apetece un chupito de soju ?

—¡Sí, venga!

Mientras bebían un par de vasos, charlaron con naturalidad.

—Te voy a decir la verdad. Aquel día estaba algo picada, pero los resultados demostraron que eras tú quien tenía razón, porque hay que hacer algo que les guste a los clientes —confesó la señorita Eun-hye, ligeramente ebria—. ¿Cómo sabías que los examinadores preferirían ese estilo?

—Pues lo primero que hice fue fijarme con cuidado en el ejemplo que nos mostraron en la orientación.

Además, pude deducirlo por varias cosas, como el diseño de la funda de los móviles de los entrevistadores, la flexibilidad de sus manos al manejar el dispositivo o el estilo y el grosor de las gafas que llevaban.

—Guau, ¿te fijaste en todo eso?

—Bueno, eso fue parte del proceso.

—A ver, pero explícame de una vez cómo lo decidiste.

—Pues no es nada del otro mundo. En la veintena, las articulaciones de los dedos son flexibles y los ojos enfocan bien, así que al usar internet o manejar aplicaciones mucha gente no es consciente de las incomodidades, pero, con los años, cada vez se notan más en detalles minúsculos.

Quizá porque viví con mi abuela durante bastante tiempo, pienso mucho en ese tipo de cosas.

Por eso siempre me pregunto cómo debería ser la interfaz para que cualquiera pudiese usarla durante mucho tiempo. Parto de esa pregunta.

—Ah.

La señorita Eun-hye escuchó a Seong-hak con atención.

Era mucho más considerado de lo que había pensado y tenía una gran perspicacia.

Si alguien así llegaba a sénior y lo ponían al frente de un equipo, conseguiría convertirlo en el mejor.

Una empresa puntera como Naeil Planning no podía dejar escapar a un talento así.

—Seong-hak, chicos, ¿hacemos un brindis? ¿Qué tal si decimos: «¡Nos vemos en el trabajo!»?

—Guau, qué bien. Qué buen gusto tienes, Eun-hye.

—Entonces, cuando yo diga «Nos vemos», tenéis que decir: «en el trabajo». ¿Entendido?

La señorita Eun-hye coreó mientras levantaba el vaso y sus compañeros de equipo, con la nariz y las mejillas coloradas, respondieron a viva voz. Aquel broche de oro puso fin a sus prácticas. Claro que, después de aquel día, no mantuvo el contacto con ninguno de sus compañeros.