Hotel Dear Grace CAPÍTULO 2. EL RELOJ DEL HADA NUPCIAL #4
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CAPÍTULO 2. EL RELOJ DEL HADA NUPCIAL #4

—Siguiendo este ritmo, extienda el brazo izquierdo, que está delante, como si estuviese golpeando. Bien. Esto se llama jab. ¿Podría practicar los jabs al ritmo del juego de piernas?

Mientras saltaba al ritmo, la señorita Eun-hye estiraba el brazo con agilidad.

—¿Cómo tendría que hacer para extender el brazo derecho a la posición de golpeo? —le preguntó May, que estaba a su lado corrigiéndole la postura minuciosamente.

—Como está mucho más atrás que la izquierda... supongo que tendría que girar la cadera.

—Así es. Extienda el brazo usando la fuerza del propio giro. Lo siente más fuerte que un jab, ¿verdad? Se llama derecho. Cuando se sienta cómoda con este movimiento, intente hacer una combinación de jab, jab, jab, derecho al compás.

Después de practicar el derecho, intentó la combinación.

Justo en aquel momento, el triobot de la derecha, que no había hecho nada hasta entonces, sacó una armónica y empezó a tocar.

Parapam, parapaam, parapaaam, parapaaam...

A la señorita Eun-hye le vino a la mente la imagen de su tío, que estaba en el paro cuando era ella pequeña, y que fingía boxear cada vez que escuchaba esta música.

Estaba segura de que era la banda sonora de una película de boxeo... ¡Sí! ¡La de Rocky !

Escuchar la banda sonora de Rocky tocada en armónica le pareció divertido y bastante entrañable.

Quizá porque los triobots estaban tocando a una cadencia un poco distinta de la original, la música coincidía perfectamente con el ritmo del juego de piernas de la señorita Eun-hye.

Todo junto —aquella banda sonora, el ejercicio y el sudor— hizo que se sintiera como la protagonista de una historia espectacular.

Animada, le insistía a May para que le enseñase más cosas.

Jab , derecho, hook , uppercut , ducking , weaving , swaying ... Al aprender diversas técnicas en un tiempo tan corto, la señorita Eun-hye empezó a ir a destiempo y confundir el orden de los pasos.

—Creo que lo mejor será dejarlo aquí por hoy. No se puede hacer todo el primer día —dijo May cuando vio que la señorita Eun-hye se desconcentraba cada vez más.

—¿Qué? ¿Ya? ¡Si tengo que golpear a Seo Mi-hye antes de hacer el check-out !

—Por eso he preparado esto.

Al gesto de May, Doorbot apareció con unos guantes de boxeo. En la palma de los guantes estaba pegada una foto de carnet de Mi-hye, ampliada. La señorita Eun-hye se echó a reír.

—¿Era esta la manera legal de pegarle a Mi-hye? Pensaba que, al tratarse del Hotel Dear Grace, buscaríais a una persona clavada a mi hermana para que pudiera pegarle.

—Claro que podría hacer lo que pide, pero ¿está realmente segura de que podría lanzarle puñetazos sin vacilar a un ser que se pareciera tanto a su hermana que no fuera capaz de distinguirla?

—¿Cómo? Pues...

La señorita Eun-hye no pudo responder fácilmente.

¿De verdad sería capaz de lanzarle un puñetazo de verdad, al estilo del «tortazo serio» del protagonista del manga One Punch-Man, a su hermana, que era tan blandengue como una varilla de espuma y tenía pinta de que lloraría con un simple empujón?

Al pensarlo, su entusiasmo se esfumó de repente y notó un cansancio y un hambre súbitos.

Justo entonces se dio cuenta de que le estaba costando respirar.

—Ayyy, ¡me fallan las piernas! —gimió, dejándose caer al suelo—. Sabía que me iban a doler los brazos al boxear, pero ¡lo de las piernas es peor!

—Eso es que lo ha hecho bien, señorita. ¿Le preparo la comida?

—Sí, carne... Tiene que ser carne... Carne de cerdo... Samgyeopsal . 1

—Entendido. Dúchese y venga al restaurante. Doorbot la acompañará.

Doorbot llegó andando con su repiqueteo y le ofreció la mano a la agotada señorita Eun-hye.

Aunque era mucho más pequeño, quizá porque era un robot, tiró de ella con una fuerza considerable.

Llevándola del brazo, la guio hasta una sala de ducha dentro del probador y la esperó fuera de la puerta.

La señorita Eun-hye se aseó a fondo para quitarse todo el sudor y después siguió a Doorbot al restaurante.

El restaurante tenía un aspecto completamente distinto a la vez anterior.

Encima de una larga mesa había una parrilla, y, en el suelo, un cojín para sentarse: parecía una escena sacada de un viejo restaurante de samgyeopsal .

La señorita Eun-hye se sentó sobre el cojín que le habían preparado y echó un vistazo a los acompañantes básicos que había sobre la mesa.

—¡Anda! ¡Hay hasta hojas de Angelica gigas ! ¡Están muy buenas!

Mientras examinaba las verduras, a la señorita Eun-hye le volvió el color a las mejillas.

Pronto salió un chefbot tirando de un carrito lleno de carne.

Chefbot la saludó inclinando la cabeza, agarró un trozo de carne fresca, en el que el color rojo y el blanco se mezclaban de forma armoniosa, y lo puso sobre la parrilla.

Chiiissssss. En unos instantes se formó un humo blanquecino, acompañado del apetitoso sonido de la grasa al freírse.

Mientras aquel olor sabroso se extendía por todo el restaurante, otro chefbot llegó con un carrito que portaba una caja isotérmica.

El chefbot puso un ttukbaegi 2 sobre el brasero en el centro de la parrilla y empujó una carta, que más bien parecía un viejo panfleto, en dirección a la señorita Eun-hye.

«¿Qué es esto? ¿No me habían dicho que en este restaurante no había carta?

». Al abrir el menú, con la cabeza inclinada a un lado, se echó a reír a carcajadas.

—Ah, ¿aquí el doenjangjjigae 3 se puede customizar? ¡Qué pasada!

—Cuando seleccione los ingredientes que desea comer, Chefbot hará que armonicen con las proporciones más adecuadas, y tendrá un jjigae exclusivo, solo para usted —respondió May.

—Guau, ¡qué bien! Veamos...

La señorita Eun-hye miró la primera página del menú atentamente. Podía elegir hasta qué caldo de carne serviría de base para el doenjang jjigae . Agua, agua de lavar arroz, anchoas, arenques, abadejo, almejas, langostino tigre, alga dashima , nabo, cebolleta...

—Eh... Es tan detallado, me cuesta escoger... —dijo la señorita Eun-hye, en un aprieto.

—Señorita, mire también la parte de atrás.

Si le resulta complicado seleccionar los ingredientes uno a uno, puede escoger los sabores u olores que prefiera.

Lo mejor es que nos diga si hay algún ingrediente que quiere que incluyan seguro o alguno que no quiera tomar.

¿Y si imagina que es como el proceso de subcontratar un diseño?

—le explicó May, amablemente, ampliando la información.

—¡Ajá! ¡No se me había ocurrido verlo así!

La señorita Eun-hye miró la carta con atención.

—Me gustaría que fuese fresco y picante.

Que no sepa dulce ni sea pesado. Quiero que tenga patatas, pero que estén tan cocidas que se deshagan.

En vez de calabacín coreano, quiero que pongan calabacín zucchini , y el tofu que sea de gran densidad.

En cuanto a setas, me da igual cuáles usen con tal de que queden bien.

Ah, ¡y sin guindilla roja, por favor! —pidió la señorita Eun-hye, señalando las letras con el dedo.

El chefbot que había anotado el pedido de la señorita Eun-hye asintió y sacó los ingredientes frescos que estaban en la caja isotérmica.

Era un envoltorio demasiado pequeño como para que cupieran todos los ingredientes que aparecían en el menú, pero, sorprendentemente, dentro estaban todos los que quería la señorita Eun-hye.

Con presteza, Chefbot cortó las verduras, abrió varias botellas de caldo de carne de distintos colores y comenzó a combinarlas.

Más que preparar un doenjang jjigae , parecía que estuviera mezclando un cóctel.

Un poco después, Chefbot cogió con las pinzas la carne que se había puesto blanquecina y empezó a cortarla con unas tijeras.

Parecía que la estaba cortando rápido y de cualquier manera, pero cada pedazo contenía una proporción semejante de carne magra y grasa.

La señorita Eun-hye tragó saliva. La comida que le sirvieron la otra vez estaba riquísima y había sido cocinada con gran esmero, pero ver cómo asaban la carne delante de ella le abría mucho más el apetito.

—Señorita, gracias por esperar. La carne está en su punto.

Chefbot puso la carne asada en un cálido plato de porcelana y lo colocó delante de ella. A continuación, volvió a poner carne en la parrilla. ¡Chisss!

—¡Directora! ¡Coma conmigo! —dijo la señorita Eun-hye, haciéndole señas a May para que se sentara con ella.

—¿Es eso lo que desea?

—¡Por supuesto! ¡El samgyeopsal está más rico cuando se comparte!

—Entonces eso haré.

Después de esperar a que May se sentase en el asiento de enfrente, cogió una hoja de lechuga, le puso encima hojas de angélica y sobre ellas apiló arroz, carne, ajo cortado a lo largo y un trozo de guindilla verde.

Luego, para darle un último toque, puso un poco de salsa ssamjang 4 por encima, lo cerró y le pegó un buen bocado.

—Guau... cweo que voy a llorag...

El samgyeopsal , después de haber sudado tanto, le sabía a cielo.

La lechuga crujiente, el sabor de la carne a la parrilla, el picor del ajo y el frescor de la guindilla verde se mezclaban con el ssamjang y adquirían una armonía extrema.

Y si le añadía a eso el sabor amargo pero ligeramente dulce de las hojas de angélica, ya subía a otro nivel.

La señorita Eun-hye cogió una cuchara del borboteante doenjangjjigae , le sopló con cuidado y sorbió con gusto.

—¡Mmmm! ¡Guau! ¡Qué locura! —Dejó la cuchara y se puso la mano en la frente.

Pensó que, si hubiese una cosmovisión capaz de bautizar su lengua, estaría en ese lugar.