CAPÍTULO 2. EL RELOJ DEL HADA NUPCIAL #3
Sentada en el asiento, la señorita Eun-hye apretó los puños e intentó calmarse. Creía que, si volvía así a casa, le acabaría dando una indigestión de la rabia. Al final optó por llamar a Yeong-eun.
—Ja, ja, ja, espera, que me están llamando... ¿Diga?
—Yeong-eun, soy yo. ¿Estás ocupada?
—No estoy ocupada, pero como mañana es el cumpleaños de mi padre estoy en nuestro pueblo natal. ¿Por qué?
—Ah, ya veo... Entonces te llamo en otro momento.
—¿Por qué? ¿Qué sucede?
—No es urgente. ¡Come muchas cosas ricas y pásalo en grande con tu familia!
—Sí, vale. ¡Cuando vuelva te mando un mensaje!
«Quería desestresarme quedando con mi mejor amiga, pero resulta que está en otra ciudad», se lamentó tras colgar la llamada, con cara de amargura.
«¿Cómo se sentirán los que han crecido en familias tan armónicas cuando se reúnen?
Seguro que no entienden cómo me siento...
Qué suerte, qué envidia...», pensó la señorita Eun-hye, mientras echaba un vistazo a sus contactos en el móvil.
Se le fueron los ojos al número que tenía guardado como «Dear Grace».
Obviamente, aquel era el sitio más cómodo en el que podía quedarse en esos momentos, el lugar que incluso la ayudaría a sentirse mejor.
Sin embargo, a diferencia de la primera vez, en esta ocasión tendría que pagar, y aún faltaba bastante para cobrar el sueldo de este mes.
La señorita Eun-hye lo pensó con detenimiento.
¿Volver a casa así y compartir el mismo espacio que Seo Mi-hye o pasar otro día en el hotel y prepararse para pasar el resto del mes con la cuenta del banco vacía?
—Bueno... ¿y si pregunto cuánto es?
Seleccionó Dear Grace entre sus contactos y presionó el botón de llamada. El tono de llamada sonó dos veces y media; entonces escuchó la voz de Doorbot.
—¡Buenas tardes, señorita! El precio de la estancia es un objeto que ha de tener antiguos recuerdos asociados.
Tiene que venir vestida de chándal. El servicio de sueños que afectan al mundo externo al hotel se paga aparte; debo advertirle que no será posible realizar el check-in si viene con un objeto o vestimenta inadecuados. Bien, ¡nos vemos en un rato, señorita!
Pii, pii, pii.
Tras exponer la información general, Doorbot colgó.
«¿Eh? ¿Quiere decir que ya está hecha la reserva?
». No habría podido imaginar que el precio fuese un objeto y le pidiesen ir de chándal, así que se había quedado atónita, pero, al pensarlo con calma, se dio cuenta de que se trataban de unos requisitos bastante buenos.
Aquello quería decir que, solo con llevar un chándal y un objeto con antiguos recuerdos asociados, podría disfrutar del Hotel Dear Grace libremente igual que la primera vez.
La señorita Eun-hye subió a su casa e inmediatamente se puso a hurgar en el armario.
Tenía un conjunto de chándal que había comprado el año pasado con la intención de ir al gimnasio; lo había lavado una vez y después lo había dejado allí encasquetado.
Al tirar para sacar el chándal encajado en la esquina, la caja de regalo que había encima de una pila de cachivaches cayó al suelo.
Con el golpe, la tapa de la caja se abrió y los objetos que albergaba se desperdigaron por la habitación.
—¡Joba! De verdad que hoy no es mi día, me pasa de todo.
La caja de regalo era una especie de cápsula del tiempo que había hecho en la escuela primaria. Mientras ordenaba los objetos caídos, entre un diario, una carta y bisutería vieja encontró un reloj de pulsera de juguete que la hizo detenerse.
—¡Es el reloj de Margarita! ¡De pequeña me encantaba!
Abrió la tapa del reloj de pulsera. Era el «reloj del ángel» que aparecía en los dibujos animados Hada Nupcial ; si funcionase como antes, debería haber sonado la música de transformación del Ángel Margarita, pero no le quedaba batería y se mantuvo en silencio.
Por supuesto, la pantalla en la que deberían aparecido las cifras estaba en blanco.
—¿Podré pagar con esto? Al ser un artículo de Hada Nupcial , está muy ligado a mis recuerdos de la infancia... Valdrá, ¿no?
La señorita Eun-hye volvió a colocar los objetos que habían caído en la cápsula del tiempo, y salió de casa con el chándal y el reloj de pulsera en el bolso.
Se encontraba frente a la ventanilla de información del Hotel Dear Grace.
Aquel lugar tenía el mismo aspecto desolador que antes, pero ahora ya no le resultaba sombrío.
Cuando se acercó, la puerta de aluminio se abrió con un chirrido y apareció Doorbot saludando con una reverencia.
La señorita Eun-hye entró en el edificio, contenta.
—Señorita, la estaba esperando. ¿Ha traído el objeto que le he pedido?
—Sí. Y aquí tengo el chándal... Este reloj casa a la perfección con el objeto que me describiste.
Tras enseñarle el chándal del bolso, sacó el reloj de Margarita para dárselo.
Doorbot recibió el reloj respetuosamente, con ambas manos; sus ojos-lámpara se iluminaron de color rojo y escudriñó el objeto con detenimiento, como si lo escaneara.
El corazón de la señorita Eun-hye comenzó a latir, al temer que lo rechazase, pero, por suerte, en los ojos de Doorbot brilló una luz verde.
—Ha traído un objeto excepcional, señorita.
—¿Sí? ¡Menos mal!
—Pero hay algo que debo advertirle: si usa este objeto como pago por la estancia, el recuerdo más íntimo ligado a él pasará a ser propiedad de nuestro hotel. Una vez realizado el check-in , no hay posibilidad de devolución. ¿Sigue estando de acuerdo?
—Aunque se trate de un recuerdo... Como es tan viejo, lo más probable es que ya esté borroso. ¡Cóbrame con esto!
—Entendido.
Doorbot abrió uno de los compartimentos de su cuerpo y, después de guardar con cuidado el reloj de Margarita, sacó un pequeño panel táctil de madera.
Era el dispositivo para confirmar que el cliente había recibido una explicación detallada por parte del personal sobre el uso del hotel y las condiciones de pago.
Tan pronto como la señorita Eun-hye pulsó todas las casillas de verificación, en la casilla en blanco de abajo apareció con un clic el mensaje «Inscripción completa».
—Le agradezco que nos visite por segunda vez, señorita. Bien, venga conmigo.
La señorita Eun-hye siguió a Doorbot al interior del tenebroso edificio.
Tal y como había ocurrido la vez anterior, la superficie de la pared se separó y apareció un ascensor de un blanco inmaculado.
Mientras subía al ascensor y este se ponía en marcha, un solo pensamiento ocupaba la cabeza de la señorita Eun-hye: ponerse las botas toda la noche, bebiendo algún alcohol que no le diese resaca acompañado de unas tapas justo en su punto de sal.
Si pudiese hacer aquel sueño realidad, no le daría nada de pena haber usado aquel juguete de cuando era pequeña como pago.
Sin embargo, cuando se abrió la puerta del ascensor no pudo hacer más que sorprenderse. No había rastro del elegante vestíbulo de madera, solo se veía un espacio lleno de taquillas blancas.
—Doorbot, ¿hemos venido al piso que no era? —preguntó la señorita Eun-hye, extrañada.
—No, señorita. Yo no cometo esos errores de principiante.
Doorbot, que había salido del ascensor primero, estaba de pie en una pose respetuosa esperando a la señorita Eun-hye. Mirándola a ella, que no escondía su expresión de recelo, abrió la puerta de una de las taquillas.
—Cuando se ponga la ropa adecuada para el código de vestimenta, salga por aquí. —Doorbot terminó su explicación, abrió la puerta que estaba enfrente del ascensor y salió caminando con un repiqueteo.
Al quedarse sola, la señorita Eun-hye empezó a cambiarse con desgana.
Por mucho que fuese un hotel conceptual, ¿no era demasiado llegar hasta este punto?
De todos modos, ya había pagado por la estancia, así que lo mejor para ella sería probar al menos otra de las instalaciones del hotel.
Se cambió rápido y salió por la puerta por la que se había ido Doorbot.
—¡Cuánto tiempo, señorita! Vamos a empezar con unos estiramientos.
En un espacio cubierto por una esterilla negruzca, escuchó una voz de mujer que le resultaba familiar. Al girar la cabeza hacia un lado, vio a May vestida con un chándal. Parecía que había entrado en un gimnasio, pero la verdad era que en aquellos momentos no le apetecía nada hacer ejercicio.
—Esto, directora, hoy quería...
—¿No quería darle puñetazos a alguien?
La señorita Eun-hye se detuvo en seco. Era como si aquellas palabras hubieran encendido un fuego en su interior. La pelea con Mi-hye apareció en su cabeza como una visión panorámica. Entonces vio un ring de boxeo. De repente, sintió un impulso competitivo.
—¿Ahí podré pegarle puñetazos a Seo Mi-hye? ¿De forma legal? —preguntó señalando al ring.
—Si eso es lo que quiere, así será, pero antes de subirse al ring debe aprender lo básico.
—¡Bien! Venga, por probar no pasa nada.
La señorita Eun-hye estiró ligeramente, copiando los movimientos de May. Después, esta comenzó por enseñarle la postura básica: el pie izquierdo delante, el derecho detrás, el cuerpo girado a unos cuarenta y cinco grados en posición de defensa; una vez que la dominó, se sintió orgullosa.
—Levante un poco el talón y salte con ligereza. Más que saltar hacia arriba, tiene que llevar el ritmo hacia delante y hacia atrás, un, dos, un dos... Así, bien. Siga moviéndose así. Los triobots la ayudarán a entrenar este juego de piernas.
—¿Cómo? ¿Los triobots no son músicos? ¿También boxean?
Los triobots llegaron corriendo con pasitos cortos y se pusieron en fila al lado de la señorita Eun-hye, que estaba extrañada.
El triobot que estaba más a la izquierda golpeó el triángulo, el que estaba en medio tocó las castañuelas.
Clin, riapitá, clin, riapitá... Era justo el ritmo del que le había hablado May.
Cuando le surgieron dudas sobre el triobot de la derecha, que estaba de pie sin hacer nada, May volvió a llamar su atención.