Hotel Dear Grace CAPÍTULO 2. EL RELOJ DEL HADA NUPCIAL #2
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CAPÍTULO 2. EL RELOJ DEL HADA NUPCIAL #2

Al llegar a la dirección que le había enviado Mi-hye, vio un edificio de cuatro plantas.

Era la típica construcción dedicada al comercio: en el bajo había una farmacia; en el primer y el segundo piso, una clínica, y, en el tercero, una academia de pilates.

La señorita Eun-hye encendió el intermitente y aparcó el coche cerca de allí.

No fue hasta entonces que recordó que Mi-hye iba a clase de pilates todos los sábados.

Por fin, la puerta de la farmacia se abrió y apareció Mi-hye. Al verla acercarse al coche cojeando, le pareció que debía de doler mucho el tobillo.

—Oye, ¿no deberías ir al hospital primero? Tu novio es traumatólogo, ¿no? —preguntó la señorita Eun-hye al ver que Mi-hye se subía al asiento del copiloto en una postura encorvada, haciendo mucha fuerza.

—Solo es un pequeño esguince —dijo Mi-hye, sacudiendo la cabeza mientras usaba el GPS—. Ir a la clínica por esto sería montar un drama por nada.

—Tienes razón, pero... —La señorita Eun-hye giró el volante, sin acabar la frase.

El primer destino fue el salón de ceremonias.

Como ya habían firmado un contrato formal, hoy solo tenía que dar el visto bueno a detalles como la comida del restaurante y las decoraciones florales.

«Bueno, no es un día en el que tenga que firmar un contrato importante, así que no va a pasar nada.

Con que la lleve y espere, será suficiente», pensó la señorita Eun-hye, quitándose un peso de encima.

Cuando llegaron al salón de ceremonias, una trabajadora de sonrisa angelical se encargó de recibirlas y guiarlas al restaurante.

Allí había una pareja que acababa de terminar la ceremonia, vestidos de hanbok y yendo de aquí para allá saludando a los invitados.

La pareja se veía considerablemente cansada, con sus sonrisas fijas en las comisuras de los labios y los ojos apagados, sin espíritu.

La empleada guía quitó el cartel que ponía «Asiento reservado» y les indicó a las hermanas que se sentaran a la mesa.

Después, les entregó un documento con la fecha de la boda y el nombre del salón, junto con un bolígrafo, indicando que cualquier comentario sobre la comida se tendría en cuenta en los preparativos de los chefs el día señalado.

Un poco después, sacaron los aperitivos y la sopa. La señorita Eun-hye la probó sin pensárselo demasiado. Aunque le pareció que tenía un buen aroma, le resultó algo sosa; en ese momento, su mirada se encontró con la de Mi-hye por casualidad. Entre ellas se creó un silencio.

—Esto... creo que a ti te gustará, pero ¿no crees que los mayores van a decir que está soso? —intervino la señorita Eun-hye, dejando que su alma de gourmet rompiera aquel silencio.

Al momento, se arrepintió. «Ay, si solo iba a comer a su lado sin decir nada. ¿Para qué demonios me meto, si solo nos vamos a pelear?».

—Creo que tienes razón. Voy a apuntarlo —respondió Mi-hye asintiendo con la cabeza.

Con aquella señal, la señorita Eun-hye desató por completo el alma de gourmet que estaba sellada en su interior.

Considerando tanto sus preferencias como el gusto de la generación de sus padres, habló de los puntos buenos y mejorables de cada plato.

Mi-hye era toda oídos y apuntó la información en el documento detalladamente.

Después de llenarse el estómago con el menú degustación, la señorita Eun-hye decidió no intervenir más y limitarse a llevar a su hermana en coche.

Sin embargo, tan pronto como entraron en la tienda de vestidos de novia, su alma de diseñadora curtida en una agencia de publicidad salió disparada.

Considerando el espacio de la sala de ceremonias, que acababa de ver, y cómo quedarían en las fotos y los vídeos, fue señalando las cualidades de los vestidos que le enseñaban a Mi-hye.

—La iluminación de la sala de ceremonias es cálida.

Al corregir la imagen a un tono neutral, es posible que desaparezcan algunos de los detalles.

Además, la pedrería puede quedar desangelada en las fotos básicas.

Al contrario, cuando desfiléis por el pasillo, como apagan las luces y la gente se mueve, brillaría demasiado en los vídeos.

Tienes que ponerlo al lado de la joyería y escoger en conjunto, según cómo se vea y sienta.

En la tienda de novias, Mi-hye volvió a escuchar a su hermana con atención.

Incluso le pidió que le recomendara estilos que le quedasen bien.

Sorprendentemente, Mi-hye aceptó la mayoría de los consejos de la señorita Eun-hye, incluyendo la audaz sugerencia de cambiar por completo el estilo de vestido que tenía en mente.

Incluso la dueña de la tienda comentó, encantada, que era la primera vez que veía a hermanas que se quisieran tanto.

La señorita Eun-hye sintió que la Mi-hye de la primaria, que adoraba, admiraba y obedecía a su hermana, había regresado; aquello la descolocó un poco, pero tenía que confesar que se sentía bien.

Al volver del baño, después de terminar de seleccionar el vestido y la joyería, la señorita Eun-hye tuvo una extraña sensación.

Mi-hye, impaciente, estaba hablando con alguien por teléfono.

Para ser exactos, estaba intentando llamar.

Pronto vio que Mi-hye levantaba la cara del móvil y entonces pudo leer de sus labios claramente: «Me estoy volviendo loca».

Con una premonición sobrenatural de que algo estaba yendo mal, se escondió detrás de una planta al final del pasillo y, en silencio, contempló las acciones de su hermana.

Parecía que la otra persona seguía sin contestar la llamada.

Mi-hye suspiró profundamente y pulsó el botón para colgar.

La señorita Eun-hye dejó pasar unos instantes y se comportó como si acabase de salir del baño y no hubiese visto nada.

—¡Guau! El baño aquí es fantástico, ¡parece el de un hotel! ¿Hemos acabado ya todo lo que teníamos que hacer hoy? —dijo, tras atraer la mirada de Mi-hye.

Al escucharla, Mi-hye guardó el móvil disimuladamente en el bolso y asintió con la cabeza.

—Entonces vámonos, que en nada empezará a haber atascos —dijo la señorita Eun-hye como si estuviera cansada, mientras se estiraba exageradamente.

El silencio continuó en el camino de vuelta a casa.

Aunque la situación no era tan distinta a cuando habían salido, en esta ocasión la señorita Eun-hye miraba a Mi-hye de reojo constantemente, preocupada.

En su cara no quedaba rastro de la imagen de una novia emocionada e irradiando felicidad.

Mi-hye, ansiosa, miraba por la ventanilla con los ojos un poco idos.

La señorita Eun-hye estaba muy incómoda fingiendo no haberse dado cuenta de lo que había sucedido en la tienda de vestidos.

Si algo había afectado tanto a Mi-hye en un día como aquel, debía tratarse de un problema con su novio...

Por la cabeza de la señorita Eun-hye pasaron tantas simulaciones como coches circulaban por la autopista Olympic-daero, pero todo aquello no eran más que fantasías que no tenían por qué corresponderse con la realidad.

Al final, no pudo aguantarse más e intentó sacar el tema con cuidado.

—¿Cuándo os vais a ir a hacer las fotos? ¿Habéis decidido la fecha? Normalmente se hacen tres meses antes de la ceremonia...

—Eso es cosa mía. —Mi-hye cortó a la señorita Eun-hye con brusquedad.

De repente sopló un viento gélido. La señorita Eun-hye quedó atónita ante la respuesta de su hermana.

Solo le había preguntado qué día se sacarían las fotos de estudio, ¿a qué venía esa respuesta tan borde?

Llevaba todo el día paseándola de un lado para otro y se había esforzado en ayudarla con los preparativos lo mejor que podía, ¿por qué reaccionaba así?

—Ah, vale. Seguro que te las arreglarás perfectamente. Y tu novio, ¿qué está haciendo? Por mucho que esté ocupado, es su boda, ¿puede pasar así del tema? —ironizó la señorita Eun-hye, ofendida, con una risa nasal.

—Ya empieza.

—¿El qué?

—Tú, que ya empiezas con tu rollo. ¿No puedes confiar en que haga nada bien?

—¿Por qué me hablas así de repente? ¿Buscas pelea?

—Eres tú la que la está buscando.

—Pero ¡si has sido tú la que se ha puesto borde! ¿Primero me provocas y después me conviertes a mí en la mala? No sé qué os pasa a mamá y a ti conmigo últimamente. ¡Estoy harta de vivir con vosotras!

—Si tan cansada estás de vivir con nosotras, deberías haberte independizado.

Cuando encontraste trabajo no dejabas la cantinela de que te ibas a independizar y al final te acomodaste en casa e ibas a trabajar mientras comías lo que te preparaba mamá.

Y, aun así, siempre te quejas por todo. Creo que necesitas volver la vista atrás y reflexionar sobre tu vida.

—Oye, ¿te crees que no me independicé por decisión propia? ¡Ya tenía una casa a la que mudarme y enfermé de repente!

—Eso es porque no te cuidas. Por eso acabaste así.

—¡Joder! De verdad... Siempre con lo de la cuidarse. ¡A ver si paras ya con eso! ¡La que tiene que cuidarse eres tú! Si no te hubieras hecho daño, no tendríamos que estar ahora juntas, ¿no crees? —gritó la señorita Eun-hye.

Se preguntó si pisar el acelerador y echar a correr haría que se sintiese un poco mejor, pero estaba rodeada de tortugas con ruedas compuestas por una masa de hierros, que una y otra vez se movían un poquitito hacia delante y luego se detenían.

¡Si no fuese por aquella odiosa Seo Mi-hye, no estaría a esta hora pasando por el problemón de volver a casa por la Olympic-daero!

Cuanto más se alargaba el tiempo que pasaban en la carretera, más crecía la irritación de la señorita Eun-hye, a la que no veía un final.

Después de superar aquel terrible atasco y llegar a casa, Mi-hye se bajó del coche sin decir ni gracias tan pronto como la señorita Eun-hye hubo aparcado en el parking subterráneo, y se fue sola hacia el ascensor. ¿Qué era tan urgente para irse cojeando así sin esperarla?

—Uf, ¡qué ganas de pegarle, aunque sea una vez!