Hotel Dear Grace CAPÍTULO 2. EL RELOJ DEL HADA NUPCIAL
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CAPÍTULO 2. EL RELOJ DEL HADA NUPCIAL

EL RELOJ DEL HADA NUPCIAL

—¡Oye! ¡Seo Eun-hye!

Lo primero que se encontró la señorita Eun-hye tras abrir la puerta de casa fue a su madre chillando. Mientras se descalzaba vio cómo su madre, furiosa, se quitaba los guantes de goma apresuradamente y corría hacia la entrada. ¡Paf! En su espalda resonó el sonido sordo y pegajoso del golpe.

—Ay, joder, ¿por qué me pegas? —preguntó la señorita Eun-hye, molesta, encogiendo su espalda ardiente.

Ante esa reacción, su madre resopló como si no pudiese creer lo que escuchaba.

—Niña desagradecida, ¡mira cómo le hablas a tu madre! «Ay, joder, ¿por qué me pegas?». ¿Te parece que voy a recibirte con los brazos abiertos? ¡Ayer te fuiste de casa después de soltar esa bomba y ha sido imposible ponerse en contacto contigo! ¿Te has vuelto loca? ¿Dónde has pasado la noche? ¿Eh?

¡Zas! ¡Zas! Mientras hablaba, su madre le golpeó la espalda y los brazos dos o tres veces más.

Las manos de su madre, que olían a ajo y pimentón, picaban tanto como un kimchi recién hecho.

Rápidamente, la señorita Eun-hye se sacudió los zapatos de los pies, los dejó caer en la entrada y escapó al salón.

—¡Ay! ¡Qué daño! ¿Solo me vas a pegar? ¿No me das tiempo a responder?

—¡Es lo que mereces! ¿No eres ya mayorcita para salir de noche? ¿A dónde has ido?

—Solo decidí irme al hotel unos días antes, ¿qué pasa?

—¿A un hotel? ¿Con quién? ¿Un hombre?

—¿Qué hombre? ¡Si cuando te dije que me iba a un hotel ya te dije que iba a ir sola!

—...

Ante la respuesta de la señorita Eun-hye, su madre cerró la boca firmemente, como un sapo.

Entonces, cuando pensaba que el ataque ya había terminado, las ardientes manos de su madre volvieron a golpear repetidas veces contra la espalda de la señorita Eun-hye.

Quizá debido a que le había pegado estando con la guardia baja, le empezaron a escocer los omóplatos como si le fuesen a brotar las alas que no tenía.

—¡Ay! ¿Por qué? ¿Por qué vuelves a pegarme?

—¿Te fuiste en medio de la noche y has vuelto sin que pase nada? ¡La tonta soy yo por esperar algo!

—Pero ¿de qué estás hablando? ¿Ahora me estás pegando más porque pasé la noche fuera yo sola?

—Sí, ¡eso! Dicen que la juventud de hoy en día trae nietos antes de casarse, puf... Qué hastío... Al menos ven aquí y mira si está bien adobado el kimchi . —Su madre, que la regañaba y la miraba mal, le hizo un gesto con la mano para que fuese detrás de ella.

Haciendo un mohín, siguió a su madre a la cocina obedientemente.

El fregadero estaba lleno con los restos sobrantes de cortar col y cebolla de árbol; en los platos de la isla había sal, salsa de pescado, pimentón y un cuenco de acero inoxidable.

Todo indicaba que su madre estaba preparando la salazón del kimchi .

El aroma picante del pimentón de guindillas secadas al sol, el penetrante olor de la salsa de pescado de lanzones, los olores fuertes del ajo y el jengibre y el aroma dulce de la col que estaba absorbiendo la sal se unían de tal modo que se le hacía la boca agua.

Su madre sacó una hoja del kimchi sin fermentar que estaba ya mezclado en el cuenco, la envolvió y se la acercó a la boca.

—Pruébalo, a ver si está bien de sal. ¿Te parece soso?

La señorita Eun-hye abrió la boca y comió el kimchi sin fermentar que le daba su madre.

Crunch, crunch. El sabor dulce de la col, cuyos tallos todavía seguían llenos de vida, le estalló en la boca de golpe.

Picante: perfecto; umami: perfecto también.

Estaba ligeramente salado, pero si se comía para acompañar la comida, el adobo sería justo el adecuado.

— Azí ta riquízimo.

—¿Sí? ¿No necesita nada más?

—No. Está en su punto. Qué ganas de comer ternera cocida con esto.

—¡Ay, esta cría! ¿No piensas en nada más que en comer? ¡No te estoy diciendo que lo hagas toda la vida, pero cuídate al menos hasta el día de la boda de Mi-hye! Ya sabes que es en las bodas de otros donde más parejas surgen entre los invitados y los testigos. ¿Me estás escuchando?

La regañina de su madre le entró por un oído y le salió por el otro. Tenía que desviar su atención para que no siguiera con lo mismo... Entonces se le ocurrió de golpe un tema que, sin duda, atraería la atención de su madre.

—¡Es verdad! Mamá, ¿has visto Preguntas sin responder ?

—Sí, lo vi. ¿Por qué?

—¿Qué piensas del caso? Cuéntame.

La estrategia de la señorita Eun-hye fue un gran éxito. Su madre llevaba más de una década siendo fiel espectadora del programa y empezó a hablar animadamente como alguien que se reencuentra con sus amigos íntimos del colegio después de mucho tiempo.

Las circunstancias del caso eran tal que así: hacía seis meses, había ocurrido un accidente en una carretera nacional de provincias.

Una mujer en la cincuentena chocó contra una piedra conmemorativa.

El coche, que no tenía instalado el airbag del lado del copiloto, quedó gravemente aplastado de ese lado, y se descubrió que la hija había ido sentada ahí.

No hubo testigos, ni tampoco quedó constancia de nadie que hubiese recibido tratamiento en ningún hospital de la zona.

La policía descubrió un diario en el blog de la hija, escritora de novelas web, en el que decía que su madre planeaba defraudar al seguro y comprobaron que la mujer desaparecida realmente había puesto a nombre de la hija un cuantioso seguro de decesos unos meses atrás; así que el caso se transformó en un delito violento.

A medida que destapaban el pasado de la madre y la hija, adquiría fuerza la sospecha lógica de que la madre había causado el siniestro a propósito para cobrar el dinero del seguro.

El problema era que la madre, receptora del seguro, tampoco daba señales de vida.

Myeong-ja le contó que el programa había terminado recalcando que era muy importante la colaboración de cualquier persona que tuviera información sobre el paradero de la madre y la hija desaparecidas.

Aquella noche, abrió una ventana con el capítulo número XXXX de Preguntas sin responder , y después de verlo durante un rato decidió cerrarla.

Tal como habían dicho Doorbot y su madre, y como afirmaban en el programa, el caso había ocurrido unos seis meses atrás.

Le preocupaba que la autora de su obra favorita estuviese desaparecida, pero era obvio que aquello no había ocurrido por su culpa.

Entonces, ¿qué necesidad tenía de seguir escarbando en el asunto?

Se movió a la cama, se tumbó bocarriba y, tal como acostumbraba, cogió el móvil, abrió la aplicación de novelas web y, cuando se dio cuenta de lo que estaba haciendo, le dio al botón de cerrar deprisa. Había decidido no pensar más sobre el caso ni hacer nada relacionado con él.

El tiempo pasó deprisa. A la señorita Eun-hye le llegó un mensaje de su jefe diciendo que la renovación del interiorismo de la empresa había terminado tal como estaba previsto y que volverían a trabajar en la oficina a partir de la semana que viene.

Aunque era verdad que le costaba más concentrarse, trabajar desde casa era más cómodo...

Dejando los lamentos de lado, hizo una lista con las cosas que necesitaría en la oficina.

Como era el último fin de semana antes de volver allí, decidió dedicarlo a descansar, liberándose por completo del trabajo.

El sábado, cuando la aguja del reloj se acercó al mediodía, la llamó su madre, que había ido a una reunión de antiguas alumnas del colegio. La señorita Eun-hye paró la serie que estaba viendo en una plataforma de streaming y puso la llamada en manos libres.

—Hola, mamá.

—Ay, sí, ha sido tan repentino que estoy... Ah, ¿hola? ¿Eun-hye? ¿Eres tú?

—Claro que soy yo, si me has llamado. ¿Qué pasa?

—Sí, sí, pues no es nada... Era para preguntarte si podías coger el coche de papá y salir.

—¿El coche de papá? ¿Ahora? ¿Te has ido sin las invitaciones de la boda?

—Ay, ¡qué va! ¿Cuándo ha cometido tu madre un error semejante? No es por mí, es por tu hermana. ¿No podrías ayudarme e ir tú a por Mi-hye hoy? —La manera de hablar de su madre al pedirle el favor era particularmente dulce, probablemente porque estaba con sus compañeras de escuela.

—¿Por qué tengo que ir yo? No quiero. Y no creo que a ella le haga mucha gracia tampoco.

—Mira, es que Mi-hye se ha torcido el tobillo, y justo tiene las citas con el salón de ceremonias y la tienda de vestidos de novia.

—Pues aún más motivo para que no vaya. ¿No debería ir con su futuro marido?

—Puf, resulta que el señor Kim está de guardia hoy.

Normalmente puede cambiar el horario, pero parece ser que la situación en estos momentos no da pie a pedir que lo cubran.

Tu padre está de viaje de negocios en el extranjero y yo estoy en la reunión de antiguas alumnas.

Eun-hye, ayúdala, por favor. Además, últimamente estás en casa todo el día.

La última frase fue como un susurro.

Eun-hye rio con sorna.

—Justo el lunes que viene vuelvo a ir a la oficina. Tengo que prepararme.

—Niña, hoy es sábado, ¿qué tienes que preparar tan pronto? Puedes hacerlo mañana. Dedica un poco de tiempo para la familia, solo hoy, ¿vale? Que tú eres la hermana mayor.

¡Por fin había salido el deus ex machina de su madre! Siempre con la matraca de ser la hermana mayor.

—Uff, vale. Dile a Seo Mi-hye que me mande la dirección por Kakao Talk.

—¡Cielos, gracias, Eun-hye! Estoy cerca de los grandes almacenes Shinsegae, ¿quieres que te compre algo?

—Un brazo de gitano de Paul Bassett. No un trozo, uno entero.

—Vale, entendido. Nos vemos en casa en un rato. Muchas gracias, hija mía.

Después de terminar la llamada, la señorita Eun-hye hizo un mohín. ¿Y esa dualidad? No hacía nada que le había montado un pollo para que adelgazara, pero ahora que tenía una urgencia la engatusaba con un dulce. Entonces sonó su móvil. Era un mensaje de Mi-hye.