Hotel Dear Grace CAPÍTULO 1. PRUEBA GRATUITA #4
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CAPÍTULO 1. PRUEBA GRATUITA #4

El ascensor al que se había subido la señorita Eun-hye estaba conectado con el vestíbulo del hotel de madera.

El interior del hotel estaba decorado con falso ciprés hinoki barnizado con tinte para madera y de él emanaba un aroma a bosque.

La tenue luz cálida de las lámparas casaba a la perfección con el louver , decorado con muy buen gusto.

La señorita Eun-hye, que caminaba encantada detrás de Doorbot, descubrió un pequeño escenario junto al vestíbulo.

Los triobots, cada uno de un tamaño distinto y un diseño particular, tocaban la Humoresca con entusiasmo, cada uno con su propio instrumento.

Sacó el móvil del bolso para capturar con la cámara aquellos movimientos que acentuaban el ambiente elegante del hotel de madera.

—¿Eh? ¿Qué ocurre? —La señorita Eun-hye se sobresaltó tras abrir la aplicación de la cámara.

La aplicación funcionaba, pero la pantalla permanecía completamente en negro. Cerró el programa y volvió a abrirlo, pero siguió igual. Entonces, oyó una voz desconocida.

—Aunque no tenga intención de revelar información sobre nuestro hotel, le agradeceríamos que se abstuviera de sacar fotografías. Claro que con el dispositivo que usted tiene... le resultará difícil fotografiar aquí.

La señorita Eun-hye se giró deprisa hacia el lugar de donde salía la voz.

De pie al lado de Doorbot había una mujer vestida con un traje negro.

Era alta y esbelta, de extremidades largas; llevaba el pelo rubio como la arena, corto, con muchas capas y suaves ondas.

En general daba una impresión pulcra y segura de sí misma.

Su rostro era especialmente armónico, con los iris color ámbar, profundos y claros; los labios algo gruesos con un brillo intenso como el del sirope de arce y las mejillas ligeramente ahuecadas bajo los pómulos.

Con un brazo a la altura del plexo solar y doblando la cintura en una reverencia, saludó a la señorita Eun-hye.

—Disculpe, debería haberme presentado primero. Soy May, la directora del Hotel Dear Grace. Es un honor conocerla, señorita.

Perpleja, la señorita Eun-hye también se inclinó para corresponder al saludo de la mujer que se había presentado como May.

Por supuesto, mientras la saludaba se le pasaron muchas cosas por la cabeza.

En la novela online en la que aparecía Doorbot no había ningún personaje llamado May.

La señorita Eun-hye se la había leído varias veces, así que se la sabía casi de memoria; intentó recordar a todos los personajes —extras incluidos— que aparecían en la historia, entre los cuales, estaba segura de ello, no había ninguna mujer con un aspecto tan memorable.

Se trataba, en definitiva, de una mujer enigmática, a la que había conocido en aquel extraño hotel al que iba por primera vez.

No podía predecir qué tipo de persona era y eso la puso nerviosa de golpe.

Quizá por los nervios, le dio la sensación de que estaban a punto de rugirle las tripas.

«Ay, qué vergüenza si hacen ruido...». La señorita Eun-hye, comenzando a sudar, se tapó la barriga sigilosamente.

—Ahora mismo la acompaño al restaurante —dijo May entonces.

—¿Cómo? —La respuesta salió de la boca de la señorita Eun-hye casi automáticamente.

—Se hospeda en un hotel en el que la comida está incluida, así que imagino que no habrá cenado antes de venir —contestó May con una sonrisa al ver su reacción—. Justo es la hora de la cena, así que es el momento perfecto.

La mirada de May se movió a la derecha de la señorita Eun-hye.

Ella siguió su mirada. La propia pared era un enorme reloj, donde se ubicaban un gran horario y un minutero.

Escudriñó el movimiento de los resortes conectados de manera intrincada en la parte de atrás de la esfera decorada con números romanos y quedó realmente impresionada con la complejidad de ese gran mecanismo cuyo engranaje giraba sin el más mínimo error.

—Bien. Entonces confíe su equipaje a Doorbot —dijo May.

Como si hubiese estado esperando aquellas palabras, Doorbot clavó una rodilla en el suelo delante de la señorita Eun-hye y alzó ambas manos con deferencia.

Era la postura de un caballero atendiendo a su reina.

La señorita Eun-hye quedó desconcertada durante unos instantes, pero se quitó el asa del bolso del hombro y la bajó con cuidado hasta las manos de Doorbot.

Él recibió su bolso, se levantó e hizo una reverencia.

—Dejaré este equipaje en su habitación a buen recaudo. Disfrute de la cena. Deseo que tenga una estancia muy feliz.

A continuación, Doorbot echó a andar con un repiqueteo. Sus pasos, que chocaban contra el suelo de madera, sonaban de forma mucho más clara que antes, cuando caminaba sobre el cemento. May siguió a Doorbot con la vista hasta que desapareció por el lado izquierdo de las escaleras centrales.

—La sala donde se sirve la cena está por aquí, señorita —dijo May.

En el espacio privado, al que se accedía tras pasar a través de una puerta de madera automática, había una cinta transportadora giratoria como las que se veían en los restaurantes de sushi .

Los chefbots esperaban al otro lado de la mesa.

May tiró de la silla hacia atrás, se quedó de pie en una postura ceremoniosa y llamó a la señorita Eun-hye.

—Por favor, señorita, siéntese aquí.

Cuando esta estuvo de pie frente a la mesa, May empujó la silla hasta dejarla en un lugar cómodo para que se sentara.

—Gracias, directora —dijo la señorita Eun-hye tras tomar asiento, inclinando la cabeza en señal de agradecimiento.

—No tiene por qué darlas. Bien, piense detenidamente qué desea comer y comuníqueme el menú que ha escogido. Al momento, le haré el pedido a los chefbots.

—Um, entendido.

La señorita Eun-hye comenzó a buscar la carta, pero no había nada encima de la mesa ni alrededor. Echó un vistazo por la sala, preguntándose si habría algún cartel en las paredes, pero no encontró nada que se pareciese a un menú.

—Señorita, ¿hay algo que le incomode? —preguntó May al ver que la señorita Eun-hye no pedía nada y solo miraba alrededor, contrariada.

—No, no es eso, pero... ¿dónde está la carta?

—No hay carta. Le serviremos cualquier comida que usted quiera —respondió May con una ligera sonrisa.

—¿Cualquier cosa? ¿De verdad pueden hacer todo lo que les pida? —volvió a preguntar la señorita Eun-hye, sorprendida.

—Por supuesto.

—¿En serio? Entonces, si se lo pido, ¿me traerían caviar? ¿Aunque la comida sea gratis?

—Claro.

Con un gesto de May, los chefbots comenzaron a trajinar.

Con rápidos movimientos de manos acompañados de sonidos variados —clanc, clanc, ras, ras—, los chefbots pronto colocaron un plato sobre la cinta transportadora y la pusieron en funcionamiento.

El plato no tardó en llegar hasta donde estaba la señorita Eun-hye.

En él, junto a unas frutas finamente cortadas y colocadas formando una linda flor, había un canapé de queso gouda y caviar sobre una galleta salada no muy grande.

Aunque, comparado con el gran plato, le resultó algo decepcionante el diminuto tamaño del canapé, la señorita Eun-hye fue a comerlo agradecida, teniendo en cuenta que no había lugares donde sirviesen caviar gratis.

Tomó el canapé con cuidado entre el índice y el pulgar, se lo acercó a la boca y, tras morderlo, sus papilas gustativas quedaron abrumadas por el sabor del caviar.

Era grasiento, demasiado salado y sabía excesivamente a pescado.

¿Así sabía el caviar? No pudo evitar hacer una mueca.

En realidad, era la primera vez que comía caviar.

Lo había pedido solo porque había sido lo primero en venirle a la cabeza al pensar en alimentos fuera de su alcance, pero no se imaginaba que le fuera a gustar tan poco.

Como no podía escupir la valiosa comida que ya se había metido en la boca, masticó con paciencia y se la tragó con un glup .

Lo más rico del plato era la decoración floral hecha con fruta. Ah, ojalá hubiese pedido fruta.

—Nuestro restaurante utiliza productos de la mejor calidad, pero parece que ese hors d’oeuvre no está al gusto de la señorita. ¿De verdad era eso lo que deseaba? —preguntó May, acercándole un vaso de agua.

La señorita Eun-hye vació el vaso de un trago.

Al enjuagarse la boca con agua la sensación mejoró ligeramente, aunque al mismo tiempo parecía que el sabor a pescado se había vuelto más intenso.

¿Se notaba demasiado que era la primera vez que comía caviar?

La señorita Eun-hye carraspeó, un poco avergonzada.

—Ejem, la verdad es que... era la primera vez que lo pedía y no es mi estilo —contestó con franqueza.

—Es normal, porque no era lo que usted realmente quería —dijo May, sonriendo.

—¿Eso cree?

—Sí. No escogió lo que usted quería, sino lo que le pareció más idóneo, y el resultado no la ha hecho feliz; al contrario, más bien ligeramente infeliz.

May le ofreció una servilleta.

—Entonces, si le pido que me den algo delicioso, ¿me servirán lo que quiero de verdad? —preguntó la señorita Eun-hye, limpiándose las comisuras de la boca.

—Es una petición demasiado genérica. De todas maneras, le ofreceremos una comida que usted, sin duda, considerará deliciosa.

Por ejemplo, podríamos servirle su ramen instantáneo favorito, o los gofres de mermelada de manzana que venden en las áreas de servicio.

Seguro que los disfrutará mucho, pero debería tener en cuenta que no van a tener un gran efecto en su felicidad y que, por lo tanto, solo se puede esperar de ellos un resultado aceptable.

La señorita Eun-hye asintió, como si estuviera de acuerdo con las palabras de May.

—Tiene razón. Ya que he venido a un hotel tan maravilloso como este, no quiero comer ramen o gofres... Aun así, no puedo saber si los platos más refinados me van a gustar antes de probarlos...

—No tiene que complicarse tanto. Ya ha soñado antes con una cena que puede servirle nuestro hotel.

—¿Dice que ya se me ha ocurrido antes? No sé, no estoy muy...