CAPÍTULO 1. PRUEBA GRATUITA #3
—Sí. Un edificio fijo tiene sus limitaciones a la hora de ofrecer un espacio personalizado. Si después de recibir información sobre nuestro hotel decide hacer el check-in , la acompañaré de manera segura a un espacio creado solo para usted.
A continuación, Doorbot empujó ligeramente la puerta de aluminio para abrirla.
El chirrido del metal seco contrastó con el nítido repiqueteo de la campanita.
Parecía que la puerta metálica malograda por el tiempo chillaba al rascar el suelo.
La señorita Eun-hye de quince minutos antes no hubiera puesto un pie en el interior de un edificio con un portón envejecido que emitía un sonido tan desagradable, pero, quizá por la magia que había desplegado Doorbot, aquel afilado rechinar que salía de la puerta de aluminio era como el crujido de las ruedas de un carruaje que la llevaba a un mundo misterioso y hacía que su corazón latiese de emoción.
Por eso no tenía motivos para dudar y, siguiendo a Doorbot, se adentró despacio en el oscuro edificio.
El interior estaba mucho más oscuro de lo que había imaginado.
A excepción de los haces de luz que se colaban por la entrada, estaba negro como el carbón, pero incluso en aquella oscuridad Doorbot caminaba con confianza.
Quizá contase con tecnología de iluminación: al menos, el cuerpo y la ropa de Doorbot emitían un brillo muy tenue.
La señorita Eun-hye caminaba tomando la silueta del robot como guía.
Se sentía como si estuviera siguiendo un organismo bioluminiscente por las profundidades del océano.
Aun así, rodeada completamente de oscuridad por los cuatro costados, la señorita Eun-hye no tardó en desorientarse.
Era incapaz de percibir si habían caminado un metro o cinco, si estaban yendo rectos o si se habían desviado ligeramente.
Sin embargo, no sintió miedo; más bien, la curiosidad por aquel lugar desconocido había reemplazado al temor.
Quizá fuera gracias a la seguridad que le proporcionaba Doorbot.
Doorbot, que caminaba con pasos veloces, interrumpió su marcha y, de forma natural, ella también se detuvo.
Un poco después, una pantalla enorme se encendió frente a ambos.
La oscuridad no le permitía distinguir la disposición de aquel lugar, pero le pareció que el monitor estaba en una pared.
En él apareció la foto del vestíbulo del Hotel Dear Grace que había visto en la página web.
—Bienvenida al Hotel Dear Grace —dijo Doorbot.
Justo en ese instante, la fotografía dio paso a un vídeo y comenzó a sonar la Humoresca número 7 de Dvořák adaptada para piano, violín y violonchelo.
En un pequeño escenario instalado cerca del vestíbulo, tres robots de madera, de distinto tamaño y forma, tocaban divertidos un piano, un violín y un chelo.
—Uno de los orgullos del Hotel Dear Grace son nuestros triobots —dijo Doorbot.
A la señorita Eun-hye se le abrió la boca en una amplia sonrisa. No había duda de que aquellos robots de madera que aparecían en el vídeo eran los robots músicos de su novela online favorita.
—¿Habrá también un chefbot? —susurró sin darse cuenta.
—¡Por supuesto! —respondió Doorbot.
Al momento, el vídeo de la pantalla cambió a la cocina.
Brubrú. Gluglú. Podía oír el ruido del agua y el aceite hirviendo a borbotones y el presto tacatacatá del cuchillo al cortar.
Los chefbots, que tenían la parte inferior de la cara abombada como una cebolla, usaban gorros alargados y estaban enfrascados en sus labores culinarias.
—Entonces, ¿también tenéis actbots? Ah, claro, como no hay teatro será complicado...
—Ah, no se preocupe. Nuestro hotel tiene unas instalaciones de teatro robot de lo más avanzado. Si decide hospedarse en él, podrá ver la función robot que esté en cartelera con total libertad.
El vídeo de la pantalla cambió a un teatro. Adornados con telas lujosas y piezas de repuesto de lo más variopinto, los actbots caminaban de aquí para allá, bailaban, se batían en duelo, fingían desmayos o se lucían de múltiples formas coordinando su ritmo.
—¡Guau! ¿Cómo es posible que un hotel tenga incluso un teatro? —preguntó la señorita Eun-hye con admiración.
—Pues claro que debemos tenerlo: nuestro hotel alberga sus sueños —dijo Doorbot, doblando un brazo y saludando con caballerosidad.
Al ver esto, la señorita Eun-hye no necesitó seguir evaluando las instalaciones del Hotel Dear Grace.
Aunque tuviera que alojarse en una habitación sórdida, solo poder conocer en persona a los robots de la novela haría que la experiencia valiera la pena.
La verdad era que, en un día como aquel, entre volver a un rincón de su casa o dormir en una cama de paja, pero poder seguir a Doorbot, elegiría lo segundo sin dudarlo.
—Pero... todavía faltan unos días para la fecha de reserva... —dijo la señorita Eun-hye, dejando la frase a medias.
—Señorita, si usted así lo desea, puede alojarse en el hotel hoy mismo —respondió rápidamente Doorbot.
—¿En serio?
—Sí. ¿Desea que le explique las indicaciones a la hora de usar el hotel?
—¡Sí, por favor!
La señorita Eun-hye quedó entusiasmada con la respuesta afirmativa de Doorbot. Solo con pensar en hospedarse en aquel hotel de estilo clockpunk 1 y conocer a los robots, todo el estrés que había sufrido en casa pareció evaporarse.
—Primero, mientras se hospede en el Hotel Dear Grace podrá usar todos los cuartos e instalaciones auxiliares con total libertad y de manera ilimitada.
Sin embargo, está estrictamente prohibido llevarse objetos del hotel al exterior sin el permiso de la directora.
Si ha entendido esta explicación, pulse la casilla de verificación de la izquierda —dijo Doorbot, sacando un pequeño panel táctil de madera de su pecho.
Doorbot le entregó el panel táctil. A la izquierda se podía leer lo que Doorbot acababa de recitar, y, justo al lado, había un relieve con forma de casilla. Cuando la señorita Eun-hye la presionó ligeramente, se oyó el clic de un resorte y la forma de la casilla cambió a una V.
—Segundo, el Hotel Dear Grace es un espacio diseñado de forma personalizada para representar sus sueños.
No les está permitida la entrada a otros visitantes, y debe abstenerse de revelar información sobre este hotel a terceros.
Si ha entendido esta explicación, presione la casilla de verificación del centro.
La señorita Eun-hye inclinó la cabeza ligeramente.
La información sobre el establecimiento le había llegado a través de una página de comparación de hoteles, ¿era posible que el Dear Grace pudiese guardar sus secretos solo con su silencio?
Tenía que confesar que aquella frase le resultaba extraña, pero, de todos modos, pulsó la casilla y esta cambió a una V.
—Bien, ahora le referiré la última indicación, la más importante.
Debido a que la mayoría de los servicios dentro del hotel son de un solo uso, si selecciona un servicio de sueños que tenga efecto en el mundo exterior, deberá tener presente la posible reacción en cadena.
El hotel no se hace responsable del resultado del servicio de sueños.
Si ha entendido esta explicación, pulse la casilla de verificación abajo de todo.
La tercera indicación apareció en una letra más grande que las anteriores, y la última frase del aviso estaba escrita en rojo.
«¿Sueños que puedan afectar al mundo real?
Eso no existe». Con un ligero movimiento de manos, la señorita Eun-hye presionó la última casilla.
En el momento en que todas las casillas quedaron marcadas con sendas V, el botón vacío que se encontraba en la parte inferior del panel se transformó con un clic y en su lugar apareció un mensaje que rezaba «Inscripción completa».
—Con esto está todo listo. ¿Me acompaña a hacer el check-in ? —dijo Doorbot, mientras guardaba el panel en el bolsillo de la chaqueta.
Tan pronto como asintió, en el centro de la pantalla, que hasta hacía unos momentos había mostrado los vídeos del hotel, apareció una línea blanca que se fue haciendo más y más grande.
Al observarla, pronto descubrió que el monitor se había separado en dos mitades y, en medio, quedaba un espacio que daba acceso al otro lado de la pared.
—Suba al ascensor, señorita. —Doorbot la guio mientras se quitaba la gorra cortésmente.
Ella se montó en el ascensor y el robot la siguió. En aquel espacio rodeado de luces no había ni un simple botón. El aparato comenzó a moverse sin que la señorita Eun-hye tuviese manera de saber si subían, bajaban o se desplazaban hacia delante.
Aunque era de esperar que, al moverse el ascensor, pudiese notar la fuerza que le indicase hacia dónde iba, la señorita Eun-hye tan solo era consciente de hallarse dentro de un espacio y apenas era capaz de sentir ninguna otra sensación.
Además, al ver a Doorbot de pie, rígido como un tótem y sin moverse ni un milímetro, tuvo la ilusión de ser la única persona capaz de moverse en un mundo que se había detenido.
—Señorita, hemos llegado.
Le resultó prácticamente imposible estimar cuánto tiempo había pasado. «Un momento, tengo la sensación de que el tiempo comenzó a comportarse de manera extraña desde que entré en el viejo edificio que sirve de ventanilla de información del Dear Grace», pensó la señorita Eun-hye.
Justo entonces, como para tapar aquellos pensamientos, una alegre y familiar melodía llegó a los oídos de la señorita Eun-hye.
Cuando las puertas del ascensor, cerradas a cal y canto, se abrieron suavemente, la música se oyó más fuerte.
Era la Humoresca número siete de Dvořák que antes había sonado en el vídeo.
—Señorita, venga por aquí, por favor. —Doorbot se giró y gesticuló con cortesía.