CAPÍTULO 1. PRUEBA GRATUITA #2
—Mamá, no me he puesto de mal humor porque hayas hablado con franqueza, sino por lo que me has dicho —dijo la señorita Eun-hye con la voz temblorosa, esforzándose por hablar de forma calmada.
—¡Venga ya! ¿Crees que me gusta regañarte?
Anda, hazme caso y ponte a régimen, que te va a ir bien.
Si te cuidas, ya no tendré motivos para decirte nada, ¿eh?
No sé por qué te enfadas, solo te lo digo porque no haces lo que tienes que hacer.
¿Por qué eres tan retorcida? ¡Siempre tienes que replicar!
—¿Por qué no paras de decirme cosas si la que se casa es ella?
¿Por qué me metes? ¿Es que no vas a parar nunca?
¡Antes no eras así! ¡Desde la reunión con los suegros de Mi-hye me vuelves loca del estrés!
Siempre con lo del cuidarse, ¡el maldito cuidarse!
¿Qué pasa? ¿Que su novio le ha dicho que si no me «cuido» ya no se casa?
Cada vez que la señorita Eun-hye decía «cuidarse» hacía comillas en el aire con dos dedos y, a propósito, hablaba de forma más insolente.
Su madre se cubrió la cabeza con las manos, como si se hubiese quedado sin palabras.
En ese momento su padre, que había estado comiendo sin decir nada, empujó su vaso vacío en dirección a su esposa.
—Agua —dijo.
Ella, con cara cansada, se echó el flequillo hacia atrás y echó agua en el vaso de su marido.
Glugluglú . En la casa solo resonaba el sonido del agua siendo vertida apaciblemente.
Cuando el vaso estaba dos tercios lleno, subió la botella; él solo cogió el vaso y bebió sin decir nada.
Glogló, haaaa... Clanc, clanc, haa, ñom, ñom, ñam, ñam, cris, cris, ñom, ñom, sluurp, gluglú, ñam, ñam, ñam...
Era un silencio que revolvía el estómago.
Entonces Mi-hye intervino desde la sala de estar.
—Mi churri dijo que no tienes malas facciones, pero que piensa que eres del tipo que no brilla por culpa de los kilos de más. Dijo que serías muy guapa si adelgazaras.
La temperatura del corazón de la señorita Eun-hye, que hasta hacía apenas unos instantes parecía a punto de explotar de la rabia, cayó en picado. Un escalofrío le recorrió el cuerpo mientras sus extremidades se congelaban.
—¿Eso dijo tu novio? —preguntó la señorita Eun-hye con una voz fría, que se iba helando más y más mientras miraba a su hermana.
—Sí.
—¿Y me lo estás repitiendo?
—Sí. ¿Qué pasa? ¿No es un gran cumplido? Además, piénsalo. Las fotos de ambas familias van a quedar en el álbum de boda para siempre y así podrás salir más guapa ¿no?
—Suficiente. No voy a ir a la boda. Haced lo que queráis.
La señorita Eun-hye dejó caer aquella bomba, se levantó de repente y corrió hacia su habitación.
Su madre, que había reaccionado demasiado tarde para poder evitar el incidente, se puso a gritarle con tal mala suerte que el arroz que estaba comiendo se le escapó de la boca y aterrizó volando en la mesa. El padre, al verlo, arrugó la cara.
—¿Qué te pasa? ¡Ni que te haya insultado!
¡Solo he hablado de un elogio que te han hecho!
Te da un arrebato ¿y dices que no vas a venir a mi boda?
Mamá, ¿a que se ha vuelto loca? ¡Está actuando así porque está decidida a humillarme el día de mi boda!
¡Lo que pasa es que odia que me vaya bien!
—gritó Mi-hye desde la sala, hasta romper en llanto.
Su madre intentaba consolarla.
—¡Seo Eun-hye! —La voz de su madre cambió súbitamente—. ¡Sal inmediatamente y pídele perdón a tu hermana! Siempre haces una montaña de un grano de arena. ¡Oye! ¡Niña! ¡Sal de una vez de tu cuarto!
La señorita Eun-hye sentía que la trataban de una forma injusta.
«¿Qué demonios he hecho para que me hablen así?
». Se imaginó lo que ocurriría a continuación.
Daba igual si salía a la sala de estar o se quedaba en la habitación, ambas opciones convergían en un futuro en el que su madre la regañaba.
Por eso decidió que lo mejor sería salir de casa.
¿A dónde podría ir? ¿Al Hotel Dear Grace?
Tenía la reserva para dentro de unos días...
De todas formas, lo mejor sería ir. Si no tenían sitio, no le quedaría más remedio que pedirle un favor a una amiga.
Cogió el móvil, el bolso, el abrigo y el gorro y salió de la habitación. Después, como alguien a quien nadie ve ni oye, pasó por la sala sin hacer ruido y se dirigió a la puerta para huir de aquella casa en la que dos mujeres seguían gritando y un hombre parecía vivir en otro mundo.
Así fue como acabó frente al Hotel Dear Grace.
Para su sorpresa, el empleado que salió a recibirla no era humano. Se trataba de un robot tallado en madera con un elegante uniforme añil adornado con botones dorados. La señorita Eun-hye se quedó quieta en el sitio con la boca abierta de par en par, desconcertada.
—¡Señorita! ¡Bienvenida! ¿Ha venido a echarle un vistazo al hotel? —preguntó el robot de madera.
Ella volvió en sí y, rápidamente, rebuscó en el bolso y sacó la tableta.
Entró en la aplicación de ilustración y abrió un documento de la carpeta «Doorbot».
Las pulsaciones de la señorita Eun-hye, que habían ido aumentando poco a poco, comenzaron a correr desbocadas como un caballo de carreras.
Si hubiese llevado un reloj inteligente, muy probablemente habría registrado por error que estaba haciendo ejercicio.
Tras escudriñar la tableta, se frotó los ojos, alzó la cabeza de nuevo y se quedó mirando al robot de madera que hablaba.
El cuerpo largo, con las zonas angulosas suavemente esculpidas; los movimientos sin restricción de las articulaciones; la altura, que le llegaba a ella por la cintura; la cara redonda como una pelota; el sombrero decorado con plumas...
El autómata de madera que tenía enfrente se parecía demasiado a la ilustración de Doorbot que ella había dibujado en la tableta.
—¿Doorbot? ¿Eres Doorbot? —preguntó la señorita Eun-hye en un susurro.
El robot tallado en madera se quitó el sombrero y, mientras lo bajaba, la saludó con cortesía. Incluso aquella postura era exactamente igual al aspecto del Doorbot que había dibujado para sí misma.
Doorbot era un autómata que aparecía en Al pie de la tumba, me encontré con una rosa azul que se parece a ti , su novela online preferida.
La novela, que pertenecía a la ciencia ficción romántica, un género de baja consideración, no era muy popular, pero la señorita Eun-hye vivía por el placer de esperar al siguiente episodio.
No solo le gustaban los protagonistas, también los personajes secundarios, y, entre ellos, podría decirse que su favorito era Doorbot.
Doorbot era un empleado distribuido en masa por una cadena de hoteles de escala nacional; como los doorbots compartían su memoria, cada vez que los protagonistas se iban de viaje podían hablar con los doorbots de regiones a las que iban por primera vez con la familiaridad de viejos amigos.
Doorbot tenía el cuerpo tallado en madera de ebanistería y un traje elegante; su principal tarea era recibir a los clientes.
Justo igual que el robot de madera tallada que tenía delante en aquellos momentos.
—Señorita, ¿puedo llevar su equipaje?
—...
—¿No le ha gustado que haya venido a recibirla? —preguntó el robot.
La señorita Eun-hye agitó la cabeza apresuradamente para responder.
—No, ¡no es eso! Es que ha sido muy repentino... Todavía no puedo creérmelo. ¿Cómo puede existir en este mundo un doorbot tal y como yo me lo imaginaba? ¿No estaré soñando...?
—Señorita, ¿recuerda la información que le di cuando llamó para preguntar?
Nuestro hotel alberga sus sueños. El servicio básico que ofrecemos consiste en proporcionar un entorno óptimo para que usted pueda experimentarlos directamente y de la manera más cómoda —respondió el autómata de madera, no, Doorbot, recolocándose el sombrero.
Claro que recordaba lo que le había dicho Doorbot, pero ¿cómo iba a saber que no era un simple eslogan, sino algo que debía interpretar al pie de la letra? Después de rebuscar durante un buen rato por su mente enmarañada, por fin consiguió encontrar lo que más ganas tenía de decir.
—Esto, Doorbot... ¿Te importaría si te toco? —preguntó.
Doorbot respondió asintiendo con la cabeza.
—Si se limita al hardware , todo lo que quiera —aceptó este—. En cuanto al software , me pone en un apuro, señorita.
La señorita Eun-hye se echó a reír con la inesperada respuesta de Doorbot.
—¡Ja, ja, ja! ¡No voy a tocarte el software ! No, ¡no podría! Ni siquiera sé cómo está conectado el sistema de un doorbot. Solo quiero comprobar que realmente eres de verdad. ¿Qué tal si nos damos la mano para celebrar que nos hemos conocido?
—Ah, un apretón de manos. Claro, eso está bien.
Doorbot levantó el brazo derecho. La señorita Eun-hye, acercándose a él, se inclinó con cuidado y le cogió la mano.
Las articulaciones de los dedos de Doorbot se doblaron una a una y rodearon la mano de la señorita Eun-hye rápidamente.
Los actuadores que podía vislumbrar entre las articulaciones de los dedos de este le asían la mano con la presión adecuada, firme sin resultar incómoda.
Se maravilló de nuevo ante la ingeniería que había sido aplicada en la creación del cuerpo de Doorbot.
—Bien, ahora que ya nos hemos dado la mano, ¿puedo guiarla hasta el hotel?
Ella sintió como si las palabras de Doorbot la hubiesen despertado de un sueño.
Se quedó observando el viejo edificio que tenía enfrente.
Como la iluminación del interior estaba apagada, no podía ver cómo era el interior, pero no parecía que el vestíbulo de aquel hotel de madera que había visto en la fotografía pudiese materializarse dentro de ese edificio.
—Pero... ¿este edificio es el mismo hotel que aparece en la fotografía? —preguntó la señorita Eun-hye con cuidado.
Doorbot sacudió la cabeza.
—No. Esta es, digamos, la ventanilla de información. Aunque sí que está conectada al hotel.
—Entonces, ¿quieres decir que el hotel está en otro lugar?