CAPÍTULO 20
EL SALÓN DE LAS SOMbrAS
En la oscuridad, el miedo no necesita un rostro. Basta con que alguien deje de responder cuando pronuncian su nombre.
L os ocho supervivientes avanzaron lentamente por el último corredor del antiguo laboratorio subterráneo.
Ethan iba delante, Marcus protegía la retaguardia y Adrian permanecía en el centro de la formación, vigilado constantemente por los demás.
Nadie había vuelto a mencionar el nombre de Lena.
El silencio era la dolorosa confirmación de que todos comprendían ya lo que probablemente le había ocurrido.
El corredor terminaba ante una gigantesca puerta circular.
Era mucho mayor que cualquier otra encontrada hasta aquel momento.
Daniel acercó el escáner.
— No existe ninguna fuente de energía...
Antes de que pudiera terminar la frase, el mecanismo respondió por sí solo.
Un grave ruido metálico recorrió toda la estructura.
La pesada puerta comenzó a deslizarse lentamente.
Claire abrió mucho los ojos.
— Se ha abierto sola...
Marcus levantó el arma.
— Eso no es buena señal.
En cuanto los ocho atravesaron la entrada, se encontraron en un enorme salón circular.
El techo se perdía en la oscuridad.
Decenas de pilares negros sostenían la estructura.
En el centro había una plataforma rodeada de antiguos símbolos grabados en el suelo metálico.
Parecía un lugar construido para reunir a miles de personas.
Pero ahora...
Estaba completamente vacío.
O, al menos, eso parecía.
Noah se acercó a uno de los pilares.
Su escáner comenzó a emitir pequeñas alertas.
— Hay algo funcionando aquí.
Olivia analizó rápidamente los datos.
— Hay energía...
— Muy poca.
— Pero suficiente para mantener algunos sistemas activos.
Ethan dio unos pasos hacia el centro del salón.
Fue entonces cuando la gigantesca puerta situada detrás de ellos se cerró violentamente.
El estruendo resonó por toda la cámara.
Daniel corrió hasta el panel.
Intentó volver a abrirla.
Nada.
Ni siquiera el panel respondía.
Marcus miró a su alrededor.
— Estamos atrapados.
Antes de que alguien pudiera decir nada...
Toda la iluminación desapareció.
También las linternas.
Los comunicadores quedaron completamente en silencio.
Una oscuridad absoluta se apoderó del salón.
Era imposible ver la propia mano delante del rostro.
Durante unos segundos, solo se oyeron respiraciones.
Después...
Pasos.
Lentos.
Pesados.
Circulando alrededor del grupo.
Claire se aferró al brazo de Maya.
Noah intentó encender de nuevo la linterna.
Nada.
Entonces un grito rasgó la oscuridad.
Breve.
Desesperado.
Inmediatamente después llegó el sonido de una lucha.
Metal golpeando contra metal.
Algo pesado siendo arrastrado por el suelo.
Y, de repente...
Silencio.
Un silencio tan profundo que Ethan sintió un escalofrío recorrerle todo el cuerpo.
Cinco interminables segundos después, las luces de emergencia comenzaron a encenderse lentamente.
Una tras otra.
Bañaron el salón con una débil iluminación rojiza.
Ethan miró rápidamente a su alrededor.
Marcus.
Daniel.
Claire.
Maya.
Sofia.
Noah.
Olivia.
Adrian.
Todos parecían estar allí.
Y, aun así...
Algo no encajaba.
Porque solo había ocho personas.
Pero todos tenían la extraña sensación de que, apenas unos segundos antes de la oscuridad, había alguien más entre ellos.
Y ninguno de los ocho conseguía recordar exactamente quién era.
LA MEMORIA ROTA
Nadie habló durante varios segundos.
Los ocho permanecieron inmóviles, iluminados únicamente por la tenue luz roja de emergencia.
Ethan volvió a hacer el recuento.
Marcus.
Daniel.
Claire.
Maya.
Sofia.
Noah.
Olivia.
Adrian.
El número era correcto.
Y, aun así...
La sensación de que faltaba alguien seguía consumiéndolos.
Claire fue la primera en romper el silencio.
— ¿Por qué tengo la impresión de que éramos más?
Nadie respondió.
Porque todos sentían exactamente lo mismo.
Daniel se llevó una mano a la cabeza.
— Yo... recuerdo un grito.
Miró a su alrededor.
— Pero no consigo recordar quién gritó.
Olivia frunció el ceño.
— Eso no tiene sentido.
Noah consultó rápidamente el escáner portátil.
La pantalla parpadeaba sin cesar.
Las lecturas cambiaban continuamente.
Ocho.
Nueve.
Ocho.
Nueve.
Como si el propio equipo tampoco pudiera decidir cuántas formas de vida había en aquel salón.
Marcus dio un paso al frente.
— Formad un círculo.
Ahora.
Los ocho obedecieron de inmediato.
Cada uno mantenía los ojos fijos en la persona que tenía al lado.
Pero, por primera vez desde el inicio de la misión, nadie conseguía sostener durante mucho tiempo la mirada del otro.
La duda ya se había instalado.
Adrian advirtió aquellas miradas.
— ¿Todavía pensáis que soy yo?
Marcus respondió sin bajar el arma.
— Ya no sé quién es quién.
En aquel instante, un ruido seco resonó detrás de uno de los pilares.
Todos dirigieron las linternas hacia allí.
Nada.
Otro ruido.
Ahora en el lado opuesto.
Después otro.
Como si algo estuviera caminando en círculos alrededor del grupo.
Sin entrar nunca en la luz.
Claire apretó el comunicador.
— ¿Quién está ahí?
La respuesta llegó de inmediato.
Pero no desde las sombras.
Procedió del propio comunicador.
Con la voz perfecta de Ethan.
— Claire... ven conmigo.
Todos miraron a Ethan.
Seguía inmóvil.
No había abierto la boca.
Pocos segundos después, otro comunicador transmitió.
Esta vez, con la voz de Marcus.
— Daniel... deprisa.
Marcus permaneció inmóvil.
Su radio estaba apagada.
Entonces surgió una tercera voz.
Era Lena.
— He encontrado la salida...
Por favor...
Venid.
Claire cerró los ojos.
Las lágrimas le recorrieron el rostro.
Sabía que Lena había desaparecido.
Y, aun así...
Escuchar su voz era como recibir una última súplica de auxilio.
Ethan respiró profundamente.
— Apagad todos los comunicadores.
Ahora.
Uno por uno, los radios fueron desconectados.
El silencio volvió a dominar el salón.
Pero solo durante unos segundos.
Porque, poco después...
Las mismas voces comenzaron a resonar directamente entre los pilares.
Sin radios.
Sin altavoces.
Como si la propia oscuridad hubiera aprendido a hablar.
LA TERCERA PÉRDIDA
Las voces cesaron tan repentinamente como habían comenzado.
El silencio volvió a dominar el salón.
Nadie se atrevía a dar un solo paso.
Los ocho supervivientes permanecían formando un círculo, cada uno observando al compañero que tenía al lado.
Marcus mantenía el arma apuntando hacia Adrian.
Adrian no reaccionaba.
Simplemente sostenía su mirada.
Entonces...
Un pequeño ruido metálico resonó detrás de uno de los pilares.
Todos dirigieron las linternas hacia la misma dirección.
Nada.
Otro ruido surgió en el lado opuesto.
Después otro.
Y otro más.
Parecía imposible.
Como si algo se estuviera moviendo en varios lugares al mismo tiempo.
Noah volvió a consultar el escáner.
Su expresión cambió de inmediato.
— Ethan...
Levantó lentamente el visor.
La pantalla mostraba nueve firmas biológicas.
Ethan frunció el ceño.
— Somos ocho.
En aquel mismo instante...
Las luces volvieron a apagarse.
La oscuridad engulló por completo el salón.
Esta vez, nadie gritó.
Todos permanecieron inmóviles.
Solo el sonido de las respiraciones llenaba el ambiente.
Entonces una de ellas se detuvo.
Durante apenas un instante.
Inmediatamente después, se oyó un ruido apagado.
Como si alguien hubiera sido arrastrado violentamente detrás de uno de los pilares.
Marcus avanzó un paso.
— ¡Nadie se mueva!
Pero ya era demasiado tarde.
Las luces de emergencia volvieron a encenderse.
El círculo se había roto.
Ethan miró desesperadamente a su alrededor.
Marcus.
Daniel.
Claire.
Maya.
Sofia.
Noah.
Olivia.
Adrian.
Volvió a contar.
Siete.
Se detuvo.
Contó una tercera vez.
Seguían siendo solo siete.
Olivia había desaparecido.
En el suelo solo permanecía su escáner portátil.
Todavía encendido.
Marcus se acercó lentamente.
Se agachó para recogerlo.
En la pantalla parpadeaba una única información.
FORMAS DE VIDA DETECTADAS: 9.
Marcus permaneció inmóvil.
Miró lentamente a Ethan.
Después a Adrian.
Después a todos los demás.
Nadie pronunció una palabra.
Porque todos llegaron a la misma conclusión.
Olivia había desaparecido.
Y, aun así...
Los sensores seguían afirmando que había nueve formas de vida en aquel salón.
Eso solo podía significar una cosa.
La criatura ya no estaba cazando al grupo.
Ella...
Ya caminaba entre ellos.