Horizonte Azul II
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II

EL LABERINTO VIVIENTE

La decisión se tomó sin pronunciar una sola palabra.

Ethan se limitó a hacer un gesto con la mano.

El grupo reanudó la marcha.

Nadie discutió.

Nadie miró hacia atrás.

Pero todos sabían que, a partir de aquel momento, cada paso podía ser el último.

Marcus mantuvo a Adrian exactamente en el centro de la formación.

Delante caminaban Ethan y Daniel.

Justo detrás iban Claire, Maya y Sofia.

En la retaguardia permanecían Noah, Olivia y Marcus.

Ninguno de los nueve apartaba la mirada de los corredores.

Adrian permanecía en silencio.

A veces observaba discretamente a sus compañeros.

Otras veces se limitaba a seguir caminando.

Era imposible saber qué pasaba por su mente.

O si todavía existía una mente humana allí dentro.

El antiguo mapa holográfico ya no se correspondía con la realidad.

Varios corredores aparecían bloqueados.

Otros simplemente dejaban de existir.

Como si toda la ciudad subterránea estuviera modificando lentamente su propia estructura.

Daniel consultaba el escáner cada pocos metros.

— Este camino existía cuando entramos.

Ahora... ya no existe.

Claire miró la sólida pared que había aparecido ante ellos.

— Eso es imposible.

Antes de que alguien pudiera responder, un ruido metálico recorrió toda la galería.

A lo lejos, otra puerta acababa de cerrarse.

Después otra.

Y otra más.

El sonido se propagaba por las profundidades como si la propia ciudad estuviera despertando.

Noah observaba los sensores portátiles.

Se habían vuelto completamente erráticos.

Las lecturas cambiaban a cada instante.

Temperatura.

Campo magnético.

Presión.

Nada permanecía estable.

Olivia se acercó a él.

— ¿Qué está pasando?

Noah respondió sin ocultar su preocupación.

— Creo que no es solo la criatura.

Señaló las paredes.

— Parece que el propio complejo está reaccionando a nuestra presencia.

En aquel instante, el sonido de unos pasos resonó en el corredor detrás de ellos.

Marcus se volvió de inmediato.

La linterna iluminó el vacío.

Ninguna persona.

Ningún animal.

Y, aun así...

Los pasos continuaban.

Lentos.

Rítmicos.

Como si alguien los siguiera manteniendo exactamente la misma distancia.

Claire apretó el brazo de Maya.

— ¿Lo estáis oyendo?

Todos lo oían.

Y eso era lo más aterrador.

No se trataba de una ilusión individual.

Los pasos eran reales.

Marcus levantó el arma.

— Seguid caminando.

No os detengáis por ningún motivo.

El grupo reanudó la marcha.

Los pasos también.

Siempre detrás.

Siempre a la misma distancia.

Nunca más cerca.

Nunca más lejos.

Hasta que, lentamente...

Un segundo conjunto de pasos comenzó a resonar.

Esta vez...

Delante de ellos.

Los nueve exploradores se detuvieron casi al mismo tiempo.

Por primera vez desde que habían llegado a aquel planeta, tuvieron la sensación de que no solo los estaban persiguiendo.

Los estaban conduciendo.

Hacia algún lugar que ninguno de ellos conocía.

LA SEGUNDA PÉRDIDA

El grupo volvió a caminar.

Ethan iba delante.

Marcus permanecía justo detrás.

Daniel consultaba constantemente el escáner.

Claire, Maya, Sofia, Noah y Olivia mantenían una formación cerrada.

En el centro...

Caminaba Adrian.

O aquello que todos esperaban que todavía fuera Adrian.

Nadie se acercaba a él.

Nadie hablaba con él.

La única persona que jamás apartaba los ojos de Adrian era Marcus.

El silencio se volvió asfixiante.

Entonces Adrian dejó de caminar.

Miró a Marcus.

— Crees que ya no soy yo...

Marcus respondió sin emoción alguna.

— No sé quién eres.

Adrian bajó lentamente la cabeza.

— Yo también tendría esa duda.

Antes de que Ethan pudiera decir nada, toda la iluminación del corredor desapareció.

No solo las lámparas.

También las linternas.

La oscuridad se volvió absoluta.

Los comunicadores emitieron una fuerte interferencia.

— ¡Formación! —gritó Ethan.

— ¡Nadie se mueva de su sitio!

Respiraciones aceleradas llenaban el corredor.

Alguien tropezó.

Otro chocó contra la pared.

Entonces un grito atravesó la oscuridad.

— ¡Claire!

Era Lena.

Su voz resonó por los corredores.

— ¡Ayudadme!

Otro grito.

Mucho más cerca.

Después...

Un ruido extraño.

Como si algo estuviera siendo arrastrado por el suelo.

Y, de repente...

Silencio.

Las luces de emergencia regresaron lentamente.

El corredor quedó iluminado por un resplandor rojo.

Ethan hizo inmediatamente el recuento.

Marcus.

Daniel.

Claire.

Maya.

Sofia.

Noah.

Olivia.

Adrian.

Lena ya no estaba.

Claire se desesperó.

— ¡Lena!

Ninguna respuesta.

Noah consultó rápidamente el rastreador portátil.

Un punto luminoso se alejaba a gran velocidad por los corredores.

— ¡Todavía hay una señal!

Antes de que alguien pudiera reaccionar, la radio cobró vida.

La voz de Lena surgió entre interferencias.

— Ethan...

— Estoy viva...

— Por favor...

— Volved...

Claire corrió dos pasos.

Marcus la sujetó por el brazo.

— ¡No!

— ¡Nos necesita! —gritó Claire.

Marcus respondió sin apartar los ojos del corredor.

— Así fue exactamente como perdimos a Adrian.

El silencio volvió a caer.

Ethan apretó el comunicador.

Su voz sonó firme, pero cargada de dolor.

— Lena... si todavía puedes oírnos...

Sigue corriendo.

Vamos a encontrarte.

Ninguna respuesta.

Solo estática.

Después...

La misma voz regresó.

Idéntica.

Pero esta vez había algo diferente.

Repetía exactamente las mismas palabras.

Con la misma entonación.

Al mismo ritmo.

Como si alguien estuviera reproduciendo una grabación perfecta.

Claire se quedó inmóvil.

Miró lentamente a Marcus.

Él se limitó a confirmarlo con un leve movimiento de cabeza.

Ahora ya no quedaba ninguna duda.

La criatura había aprendido otra voz.

Y, por segunda vez desde que habían entrado en aquella ciudad, nadie podía decir dónde terminaba un compañero...

Y dónde comenzaba el verdadero depredador.

EL ÚLTIMO CORREDOR

El grupo reanudó la marcha.

Nadie tuvo valor para volver a pronunciar el nombre de Lena.

El silencio lo decía todo.

Cada uno cargaba con el peso de la decisión de continuar avanzando.

Marcus permanecía en la retaguardia.

Sus ojos alternaban constantemente entre los oscuros corredores y Adrian.

O, al menos, aquel que tenía el rostro de Adrian.

El antiguo laboratorio parecía estar vivo.

Las paredes vibraban ligeramente.

Puertas metálicas se abrían por sí solas.

Otras se cerraban justo detrás del equipo.

Era como si la propia ciudad subterránea intentara impedir su huida.

Daniel volvió a consultar el mapa.

Su expresión cambió de inmediato.

— El corredor ha cambiado otra vez.

En el monitor, la ruta de salida desaparecía lentamente.

Surgían nuevos corredores.

Otros simplemente dejaban de existir.

Noah observaba el escáner portátil.

Las señales biométricas parpadeaban sin cesar.

Durante unos segundos aparecían nueve.

Después diez.

Después volvían a ser nueve.

Ninguno conseguía comprender qué estaban detectando realmente los sensores.

Entonces Ethan divisó una luz a lo lejos.

Un resplandor natural.

Azulado.

Diferente de la iluminación artificial del complejo.

Claire respiró aliviada.

— La salida...

Marcus, sin embargo, no bajó la guardia.

— Todavía no.

Los nueve avanzaron lentamente.

Cuando por fin atravesaron el último corredor, sintieron el viento frío procedente de la entrada de la gigantesca caverna.

La luz de las dos lunas volvía a iluminar el mundo exterior.

Todos respiraron profundamente.

Por primera vez en mucho tiempo, creyeron haber escapado.

Noah activó inmediatamente la comunicación con la Odyssey-X9.

— Aquí Noah.

Solicito apertura de la compuerta.

La respuesta de la inteligencia artificial fue inmediata.

TRIPULACIÓN IDENTIFICADA.

EN ESPERA DE CONFIRMACIÓN BIOMÉTRICA.

Mientras la nave iniciaba los procedimientos de apertura, Noah miró rápidamente el escáner portátil.

El color desapareció por completo de su rostro.

Marcus se dio cuenta.

— ¿Qué ocurre?

Noah giró lentamente el visor hacia Ethan.

En el monitor aparecían diez firmas biológicas.

Ethan hizo el recuento visual.

Estaban allí.

Ethan.

Marcus.

Daniel.

Claire.

Maya.

Sofia.

Noah.

Olivia.

Adrian.

Nueve personas.

Y, aun así...

El escáner insistía en registrar una décima presencia.

Muy cerca.

Exactamente en medio del grupo.

Marcus levantó lentamente la mirada.

Los observó uno por uno.

Nadie pronunciaba una palabra.

Todos hacían exactamente lo mismo.

Observaban discretamente a sus compañeros.

Sin saber en quién confiar.

Sin saber quién seguía siendo humano.

A lo lejos, la compuerta de la Odyssey-X9 comenzó a abrirse.

Pero, en aquel instante, ninguno tuvo valor para dar el primer paso.

Porque comprendieron una verdad mucho más aterradora que cualquier criatura oculta entre las sombras.

Tal vez el verdadero depredador ya hubiera conseguido exactamente lo que quería.

Entrar en el grupo...

Sin que nadie supiera quién era.