CAPÍTULO 19
LA CAZA
Cuando el depredador finalmente aparece... es porque huir ya ha dejado de ser una opción.
L a enorme cámara de contención permanecía sumida en un silencio tan profundo que los diez exploradores podían oír su propia respiración resonando dentro de los cascos ligeros.
Frente a ellos, la cápsula abierta parecía una antigua herida en el centro del laboratorio, rodeada de cables desconectados, cristales rotos y profundas marcas en el suelo metálico.
Ninguno conseguía aceptar que el organismo responsable de la destrucción de toda una civilización no solo hubiera escapado de aquel lugar, sino que hubiese permanecido vivo durante miles de años, esperando en silencio la llegada de nuevas víctimas.
Daniel regresó lentamente al terminal principal.
— Todavía quedan archivos.
Sus dedos recorrieron el antiguo panel.
La mayoría de los registros estaban completamente corruptos.
Algunos solo mostraban símbolos fragmentados.
Otros habían sido borrados deliberadamente.
Pero un único archivo permanecía intacto.
En el centro de la pantalla apareció una identificación:
REGISTRO FINAL — PRIORIDAD MÁXIMA
Daniel respiró profundamente.
— Creo que hemos encontrado el último informe.
Ethan lanzó una rápida mirada a Marcus.
Después observó a los demás integrantes del equipo.
— Reprodúcelo.
Daniel pulsó el comando.
Las luces del laboratorio disminuyeron automáticamente de intensidad.
Un holograma comenzó a surgir lentamente en el centro de la cámara.
La imagen temblaba.
Presentaba interferencias.
Pero todavía era posible distinguir a un científico de la antigua civilización.
Su uniforme estaba rasgado.
Tenía heridas en el rostro alargado.
Una de sus manos, formada por cuatro dedos delgados, presionaba una zona ensangrentada de su pecho.
Detrás de él, las luces de emergencia parpadeaban sin cesar.
Otros miembros de aquella especie corrían por los corredores.
Algunos gritaban.
Otros portaban armas o cerraban enormes puertas metálicas.
Era evidente que aquella grabación había sido realizada durante los últimos momentos de la ciudad.
La inteligencia artificial de la Odyssey-X9 comenzó a traducir las palabras.
La voz del científico surgió entre las interferencias.
— Si esta grabación todavía existe...
Respiró con dificultad.
— Significa que hemos fracasado.
La imagen cambió.
Ahora mostraba una sala de investigación.
En el centro, un individuo permanecía inmovilizado por gruesas estructuras metálicas.
Algo oscuro se movía sobre su cuerpo.
No parecía líquido.
Tampoco parecía sólido.
Era una masa viva formada por miles de filamentos negros que se movían como raíces, nervios o pequeños organismos actuando al unísono.
Los filamentos envolvieron lentamente los brazos de la víctima.
Después el pecho.
El cuello.
El investigador comenzó a forcejear.
Otros científicos intentaron acercarse, pero una barrera de seguridad impedía cualquier contacto.
El hombre gritó.
Incluso sin comprender el idioma original, todos los presentes reconocieron el terror en su voz.
Claire retrocedió un paso.
Lena se llevó una mano a la boca.
Maya, aunque horrorizada, continuó mirando.
Necesitaba comprender el proceso.
Los filamentos cubrieron por completo el cuerpo de la víctima.
La piel comenzó a desaparecer.
No era desgarrada.
Era absorbida.
La masa negra parecía disolver cada capa de tejido e incorporarla a su propia estructura.
Primero la piel.
Después los músculos.
Las venas se hicieron visibles durante apenas unos segundos antes de desaparecer también.
Los órganos fueron consumidos.
Por último, incluso los huesos comenzaron a deshacerse.
Claire apartó la mirada.
— Apaga eso...
Maya le sujetó delicadamente el brazo.
— Necesitamos saberlo.
Claire permaneció de espaldas a la proyección.
La grabación continuó.
En pocos minutos, no quedó rastro alguno del investigador.
Ni sangre.
Ni carne.
Ni huesos.
Solo la masa negra, pulsando en el centro de la sala.
Entonces comenzó a cambiar.
Los filamentos se contrajeron.
La masa creció verticalmente.
Primero surgieron las piernas.
Después los brazos.
Un torso.
La cabeza se formó en último lugar.
La superficie oscura comenzó a aclararse lentamente.
Adquirió textura.
Color.
Piel.
Ojos.
Cabello.
Minutos después, el investigador que acababa de ser completamente consumido volvió a estar de pie.
La misma altura.
El mismo rostro.
La misma ropa.
Incluso las heridas que tenía antes del ataque habían sido reproducidas.
El falso investigador miró a los científicos que lo observaban detrás de la barrera.
Después habló.
La voz era perfecta.
Claire volvió lentamente la mirada hacia el holograma.
— Dios mío...
Daniel permaneció inmóvil.
— Lo copia todo.
El científico herido reapareció en la grabación.
Su voz sonaba más débil.
— No se alimenta únicamente de materia orgánica.
Nuevos símbolos fueron traducidos.
— La sangre...
— Los músculos...
— Los órganos...
— La estructura ósea...
— Todo es consumido.
La imagen mostró diagramas neurológicos de aquella especie.
Algunas zonas del cerebro aparecían resaltadas.
— Durante la asimilación, también absorbe los patrones neuronales de la víctima.
Maya se acercó a la proyección.
— Recuerdos...
La traducción continuó.
— Aprende la voz.
— Los gestos.
— La manera de caminar.
— Los hábitos.
— Las relaciones sociales.
— Los recuerdos más recientes.
— El miedo.
— La confianza.
— Y aquello que la víctima ama.
El silencio dentro del laboratorio se volvió asfixiante.
Marcus miró lentamente a cada integrante del equipo.
La criatura no se limitaba a crear un cuerpo parecido.
Creaba una identidad.
La grabación mostró al falso investigador siendo liberado.
Caminó con normalidad entre sus compañeros.
Conversó con ellos.
Respondió preguntas.
Utilizó equipos.
Entró en zonas restringidas.
Nadie advirtió la sustitución.
Horas después, otro integrante desapareció.
Después otro.
Y otro más.
Con cada nueva víctima, la criatura se volvía más eficiente.
Aprendía más deprisa.
Cometía menos errores.
Conseguía reproducir las emociones con mayor precisión.
Sonrisas.
Tristeza.
Sorpresa.
Afecto.
Incluso lágrimas.
El científico continuó:
— Al principio, las copias presentaban pequeños fallos.
— Olvidaban detalles antiguos.
— Confundían relaciones personales.
— No comprendían determinados sentimientos.
La imagen mostró a un falso habitante siendo interrogado.
Vacilaba ante una pregunta.
Segundos después, los guardias intentaban contenerlo.
El cuerpo de la criatura comenzó a deformarse rápidamente.
Los brazos se alargaron.
La boca se abrió más allá de sus límites naturales.
Filamentos negros atravesaron su piel.
La grabación se interrumpió antes de que terminara el ataque.
— Pero mejora con cada asimilación —continuó el científico.
— Cada mente consumida amplía su inteligencia.
— Cada recuerdo aumenta su capacidad para engañar.
— Cada víctima hace que la siguiente imitación sea más perfecta.
Noah observaba los datos con el rostro pálido.
— Entonces puede poseer los recuerdos de varias personas al mismo tiempo.
Olivia respondió en voz baja:
— Quizá de cientos.
El científico se acercó a la cámara.
Parecía saber que no sobreviviría mucho más.
— No confiéis en la voz.
— No confiéis en el rostro.
— No confiéis en los recuerdos.
— Una copia puede recordar lo que recordaba la víctima.
— Puede responder preguntas personales.
— Puede sentir aquello que ha aprendido a reproducir.
Ethan sintió que se le contraía el estómago.
Los tests realizados dentro de la Odyssey-X9 quizá fueran inútiles.
Si la criatura absorbía los recuerdos de una víctima, sería capaz de responder correctamente a las preguntas.
Conocería la palabra de confirmación.
Reconocería acontecimientos del viaje.
Recordaría conversaciones privadas.
Marcus pareció llegar a la misma conclusión.
— Nuestros protocolos ya no sirven.
Nadie lo contradijo.
La grabación comenzó a fallar.
La imagen del científico se disolvía entre interferencias.
Aun así, su última advertencia todavía pudo ser traducida.
— Si alguien de vuestro grupo desaparece...
Respiró con dificultad.
— Aunque solo sea durante unos minutos...
El holograma osciló.
— Nunca estéis seguros...
Su voz se volvió casi inaudible.
— De quién ha regresado.
Detrás del científico, una puerta comenzó a abrirse.
Una figura apareció en el corredor.
Tenía exactamente la apariencia de otro científico de aquella civilización.
El hombre frente a la cámara la miró.
Sus ojos reflejaron un terror absoluto.
La grabación terminó.
El holograma desapareció.
Las luces del laboratorio regresaron lentamente.
Ninguno de los diez exploradores consiguió pronunciar una palabra.
La cápsula abierta permanecía en el centro de la cámara.
Los corredores que los rodeaban continuaban sumidos en el silencio.
Pero todo había cambiado.
Ahora sabían que la criatura no se limitaba a matar.
Borraba a la víctima por completo.
Consumía sangre, carne, órganos, huesos y recuerdos.
Después ocupaba su lugar.
Con el mismo rostro.
La misma voz.
Los mismos conocimientos.
Tal vez incluso los mismos sentimientos.
Ethan observó lentamente a cada uno de sus compañeros.
Marcus.
Adrian.
Daniel.
Noah.
Olivia.
Lena.
Claire.
Maya.
Sofia.
Todos parecían exactamente los mismos.
Pero, por primera vez, aquella constatación no ofreció ningún alivio.
Porque el mayor peligro de aquel planeta ya no era morir.
Era seguir caminando junto a alguien que tenía el rostro de un amigo...
Sin que nadie pudiera saber si el verdadero ser humano seguía existiendo detrás de él.
EL PRIMER ATAQUE
El último holograma desapareció.
Durante unos segundos, ninguno de los nueve exploradores consiguió moverse.
El silencio de la antigua cámara de contención parecía todavía más pesado que la propia revelación.
Entonces...
Un estruendo metálico resonó por todo el laboratorio.
La enorme puerta por la que habían entrado comenzó a cerrarse lentamente.
— ¡Corred! —gritó Ethan.
Marcus tomó inmediatamente la delantera.
Los nueve comenzaron a correr por los corredores.
Las luces parpadeaban sin cesar.
Antiguas sirenas, que habían permanecido en silencio durante miles de años, volvieron a funcionar.