Horizonte Azul CAPÍTULO 18
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CAPÍTULO 18

LA VERDAD ENTERRADA

Los muertos no se llevaron sus secretos a la tumba. Solo esperaron a que alguien fuera lo bastante valiente para encontrarlos.

E l amanecer trajo consigo una decisión que nadie deseaba tomar, pero que todos sabían inevitable. Si existía alguna respuesta para lo que estaba ocurriendo en aquel planeta, permanecía oculta bajo la antigua ciudad subterránea.

El mapa holográfico de la región giraba lentamente ante ellos.

La biblioteca.

El laboratorio.

Los corredores.

La gigantesca puerta circular.

Todo aparecía marcado en rojo.

— Hoy volveremos ahí abajo.

Nadie protestó.

El miedo seguía reflejado en todos los rostros.

Pero permanecer en la nave, esperando a que ocurriera algo, parecía aún peor.

Marcus asumió inmediatamente la planificación.

— Formación en dos filas.

Nadie quedará fuera del campo de visión de los demás.

Confirmaremos la palabra de seguridad cada cinco minutos.

Si alguien oye una voz llamándolo por su nombre...

No responde.

Todos asintieron.

Poco después, la compuerta de la Odyssey-X9 se abrió lentamente.

Los diez iniciaron la marcha a través del bosque.

El silencio era absoluto.

Ni siquiera aparecían los animales que habían visto durante los primeros días.

Parecía que toda forma de vida de aquel planeta evitaba acercarse a la ciudad subterránea.

Claire fue la primera en darse cuenta.

— Está todo demasiado tranquilo.

Maya observó la vegetación.

— Demasiado.

Después de casi una hora de caminata, la enorme entrada de la caverna volvió a aparecer ante ellos.

Marcus se detuvo.

Observó atentamente el oscuro interior.

Nada.

Ningún ruido.

Ningún movimiento.

Ethan hizo una leve señal con la cabeza.

El equipo entró.

Los corredores permanecían exactamente como los habían dejado.

Las marcas en el suelo.

Las columnas.

Los esqueletos esparcidos por el gran salón.

Todo permanecía inmóvil.

Como si el tiempo se hubiera detenido otra vez.

Cuando llegaron a la antigua biblioteca, Daniel volvió a sacar la batería portátil de la Odyssey-X9.

Conectó cuidadosamente los cables al panel principal.

Durante unos segundos no ocurrió nada.

Entonces, lentamente...

Una columna de cristal volvió a emitir el mismo resplandor azulado.

Después otra.

Y otra más.

Esta vez, sin embargo, había algo diferente.

Las luces no se apagaron.

Permanecieron encendidas.

Como si el sistema por fin hubiera reconocido la presencia de los visitantes.

En el centro de la biblioteca, un enorme holograma comenzó a tomar forma.

Mucho mayor que el anterior.

Las imágenes eran más nítidas.

Más estables.

Miles de habitantes caminaban por las calles de la antigua ciudad.

Niños jugaban.

Investigadores trabajaban.

Vehículos atravesaban enormes galerías subterráneas.

Parecía una civilización viviendo en el apogeo de su prosperidad.

Entonces la proyección avanzó rápidamente en el tiempo.

Las calles comenzaron a vaciarse.

Las personas empezaron a caminar mirando constantemente por encima del hombro.

Grupos armados aparecieron en distintos puntos de la ciudad.

Los rostros mostraban miedo.

Mucho miedo.

Claire observaba cada detalle.

— Algo ocurrió...

Daniel permaneció en silencio.

Porque, por primera vez, aquella antigua civilización no parecía temer una guerra.

Parecía temer...

A los demás.

El holograma continuó avanzando.

Las imágenes cambiaban lentamente, como páginas de una historia olvidada.

La ciudad, antes llena de vida, ahora parecía vivir bajo un estado permanente de alerta.

Patrullas recorrían las calles.

Compuertas metálicas aislaban barrios enteros.

Las familias permanecían encerradas en sus hogares.

Daniel observaba atentamente.

— Estaban en cuarentena...

Claire asintió.

— Pero no contra una enfermedad.

De repente, la proyección mostró una enorme sala de reuniones.

Decenas de científicos y dirigentes discutían frente a un mapa holográfico del planeta.

Todos parecían preocupados.

Uno de los científicos se acercó a un gran panel.

Comenzaron a aparecer símbolos.

El sistema de la Odyssey-X9 inició automáticamente una traducción parcial.

Las palabras fueron apareciendo lentamente en la pantalla de Noah.

«...IMITACIÓN...»

«...INFILTRACIÓN...»

«...AISLAMIENTO...»

Olivia amplió los datos.

— Descubrieron algo.

Las imágenes continuaron.

Otro científico levantó un pequeño dispositivo parecido a un comunicador.

A continuación, todos los presentes repitieron una secuencia de palabras y gestos, como si estuvieran llevando a cabo un procedimiento de identificación.

Marcus miró inmediatamente a Ethan.

— Igual que nuestro protocolo.

Ethan permaneció inmóvil.

Un escalofrío le recorrió la espalda.

Aquella antigua civilización había creado exactamente las mismas reglas que ellos.

No porque alguien se las hubiera enseñado.

Sino porque se enfrentaba al mismo enemigo.

El holograma volvió a cambiar.

Ahora mostraba pequeños grupos siendo separados.

Cada individuo debía responder preguntas ante otros miembros del equipo.

Algunos recibían autorización para entrar.

Otros eran aislados de inmediato.

Claire respiró profundamente.

— Ya no confiaban los unos en los otros...

Noah tradujo otra secuencia de símbolos.

Esta vez, la frase apareció casi completa:

«LA VOZ NO ES UNA PRUEBA.»

Justo debajo apareció otra:

«LA APARIENCIA TAMPOCO.»

Un pesado silencio se apoderó de la biblioteca.

Sofia dio un paso al frente.

— Entonces...

Miró a Ethan.

— Nosotros no inventamos nuestros protocolos.

Solo estamos repitiendo los suyos.

Nadie respondió.

Porque todos comprendieron exactamente lo que aquello significaba.

Aquella civilización poseía una tecnología muy superior a la humana.

Y, aun así...

Había llegado a las mismas conclusiones.

Y, a pesar de todos aquellos protocolos...

Había desaparecido.

La proyección comenzó a fallar de nuevo.

Las imágenes se volvieron inestables.

Pero antes de desaparecer, durante un breve instante apareció el dibujo de una enorme puerta circular marcada con un símbolo diferente de todos los demás.

Debajo de ella, solo apareció una traducción parcial en la pantalla de la Odyssey-X9:

«...SECTOR DE CONTENCIÓN...»

«...ACCESO PROHIBIDO...»

Ethan miró a Marcus.

Ambos comprendieron lo mismo al mismo tiempo.

Las respuestas que buscaban no estaban en la biblioteca.

Estaban ocultas mucho más abajo.

El holograma comenzó a perder intensidad.

Las imágenes temblaban como un recuerdo a punto de desaparecer para siempre.

Daniel aumentó cuidadosamente la alimentación energética de la columna de cristal.

— Solo unos segundos más...

El resplandor azulado volvió a intensificarse.

La proyección se estabilizó de nuevo.

Esta vez, sin embargo, ya no mostraba calles ni laboratorios.

Mostraba un enorme auditorio subterráneo.

Cientos de integrantes de aquella antigua civilización permanecían en absoluto silencio.

En el centro del salón, un científico anciano caminó lentamente hasta una plataforma elevada.

Su rostro reflejaba cansancio.

Miedo.

Y resignación.

Detrás de él apareció un enorme símbolo, distinto de todos los vistos hasta entonces.

La inteligencia artificial de la Odyssey-X9 inició inmediatamente un nuevo intento de traducción.

Los caracteres fueron apareciendo lentamente.

Primero una palabra.

Después otra.

Hasta que una frase casi completa surgió en la pantalla.

«...APRENDE...»

«...OBSERVA...»

«...ESPERA...»

Olivia grababa cada símbolo.

Claire permanecía inmóvil.

La proyección continuó.

El científico levantó lentamente un pequeño objeto oscuro.

Parecía un fragmento de piedra.

Pero, cuando la luz lo alcanzó, su superficie cambió durante un breve instante.

Como si estuviera viva.

Maya se acercó a la proyección.

— Es el mismo material que tenía aquel objeto encontrado en la nave...

Daniel se limitó a asentir.

La grabación avanzó unos segundos más.

El científico pronunció una larga secuencia de palabras en su idioma.

El ordenador solo consiguió traducir parte del mensaje.

«...NO LO DESTRUYÁIS...»

«...NO LO DESPERTÉIS...»

«...NUNCA PERMITÁIS...»

La última línea tardó varios segundos en ser decodificada.

Cuando finalmente apareció, ninguno pudo ocultar el impacto.

«...QUE APRENDA QUIÉNES SOIS.»

Toda la biblioteca quedó sumida en el silencio.

Marcus respiró lentamente.

— Entonces fue eso...

Ethan volvió la mirada hacia la enorme puerta circular indicada en el mapa holográfico.

Aquella puerta se encontraba en un nivel todavía más profundo de la ciudad.

Tal vez ocultara el último secreto de aquella civilización.

O el mayor error que jamás había cometido.

Entonces la proyección cambió por última vez.

Durante menos de un segundo apareció la imagen de una gigantesca cámara subterránea.

En el centro había una cápsula cilíndrica rodeada por gruesas estructuras metálicas.

Antes de que pudiera observarse ningún detalle, el holograma desapareció definitivamente.

Las columnas de cristal perdieron su resplandor.

La biblioteca volvió a quedar sumida en la oscuridad.

En aquel mismo instante, un ruido grave resonó por las galerías profundas de la ciudad.

No parecía una explosión.

Ni un derrumbe.

Era un sonido lento.

Pesado.

Como el de un gigantesco mecanismo que no se hubiera movido durante miles de años.

Marcus dirigió inmediatamente la linterna hacia el corredor.

— ¿Habéis oído eso?

Nadie respondió.

Porque todos lo habían oído.

Y todos comprendieron lo mismo.

Algo, en las profundidades de aquella ciudad, acababa de despertar.