CAPÍTULO 16
EL PRIMER CONTACTO
El verdadero terror no comienza cuando vemos lo desconocido. Comienza cuando nos observa antes de que podamos verlo.
El reloj de la nave marcaba poco más de las tres de la madrugada, hora local.
Fuera, las dos lunas iluminaban tenuemente el bosque.
En el interior de la Odyssey-X9, solo permanecían encendidas las luces de emergencia.
Noah estaba solo en la sala de mando.
Observaba continuamente los sensores exteriores.
Desde la aparición de la undécima firma biológica, había decidido revisar todos los registros de la nave en tiempo real.
Olivia entró silenciosamente.
Llevaba dos tazas de café.
— ¿Todavía despierto?
Noah sonrió discretamente.
— Alguien tiene que vigilar.
Ella dejó una de las tazas sobre la mesa.
— ¿Has encontrado algo?
Él negó con la cabeza.
— Nada.
Volvió a mirar los monitores.
— Y eso es precisamente lo que me preocupa.
Olivia observó los gráficos.
Los sensores mostraban únicamente la vegetación meciéndose con el viento.
La temperatura permanecía estable.
Ningún animal de gran tamaño se acercaba a la nave.
Todo parecía absolutamente normal.
Entonces...
Un pequeño chasquido metálico resonó por el corredor principal.
Los dos levantaron la cabeza al mismo tiempo.
— ¿Lo has oído? —preguntó Olivia.
Noah asintió.
El sonido era muy parecido al que Marcus había escuchado la noche anterior.
Otro chasquido.
Esta vez más cerca.
Noah tomó inmediatamente el comunicador.
— Marcus.
La respuesta llegó casi al instante.
— Estoy despierto.
— ¿Has encontrado algo?
— Todavía no.
Marcus apareció pocos segundos después, ya vestido y con el arma en la funda.
— ¿De dónde ha venido el ruido?
Noah señaló el corredor que conducía al compartimento de carga.
Los tres avanzaron lentamente.
La iluminación era tenue.
Todas las puertas permanecían cerradas.
Ninguna señal de intrusión.
Ninguna alarma.
Al llegar al compartimento de carga, Noah pasó la tarjeta de acceso.
La puerta se deslizó lentamente.
El lugar estaba exactamente como lo habían dejado.
Cajas de suministros.
Equipos científicos.
Herramientas.
Todo en perfecto orden.
Marcus recorrió el lugar con la linterna.
Nada.
Olivia comprobó el panel de la compuerta.
Seguía bloqueada.
No había ningún registro de apertura desde la noche anterior.
— Tal vez haya sido solo la dilatación de la estructura —comentó Noah.
Marcus no respondió.
Continuó observando atentamente cada rincón del compartimento.
Fue entonces cuando su linterna iluminó el suelo metálico junto a la pared.
Se agachó lentamente.
Allí, sobre la fina capa de polvo arrastrada por las botas del equipo, había una marca.
No era una huella humana.
Tampoco pertenecía a ninguno de los animales catalogados en el planeta.
Tenía cuatro dedos extremadamente largos.
Como si una mano se hubiera apoyado en el suelo.
Marcus permaneció inmóvil.
Después llamó a los otros dos en voz baja.
— Creo que tenéis que ver esto.
Noah y Olivia se acercaron.
Los tres guardaron silencio.
Porque aquella marca... definitivamente no estaba allí la noche anterior.
Marcus permaneció arrodillado frente a la extraña marca.
Durante unos segundos, nadie dijo una palabra.
Noah acercó el escáner portátil.
Un haz azul recorrió lentamente toda la superficie metálica del suelo.
El ordenador inició el análisis.
ESTRUCTURA ORGÁNICA DETECTADA.
CORRESPONDENCIA CON LA BASE DE DATOS: INEXISTENTE.
Olivia frunció el ceño.
— No pertenece a ninguno de los animales que hemos catalogado.
Marcus continuaba observando la marca.
Cuatro dedos largos.
Muy delgados.
Las extremidades terminaban en pequeñas puntas redondeadas.
No parecía una huella.
Parecía realmente la marca de una mano.
Como si alguna criatura hubiera apoyado el cuerpo en el suelo.
Noah volvió a comprobar los registros de la compuerta.
Todo seguía igual.
Ninguna apertura.
Ninguna alarma.
Ninguna violación del sistema.
Miró a Olivia.
— Entonces... ¿cómo ha aparecido esto aquí dentro?
Ella no encontró respuesta.
En aquel instante, Ethan llegó acompañado de Daniel, Claire, Maya, Sofia, Adrian y Lena.
El grupo formó un círculo alrededor de la marca.
Claire se llevó una mano a la boca.
— ¿Esto estaba aquí?
Marcus respondió sin apartar los ojos del suelo.
— No.
Ayer este compartimento estaba limpio.
Daniel acercó cuidadosamente un medidor láser.
— El tamaño...
Volvió a observar la marca.
— Es mucho mayor que una mano humana.
Maya recogió delicadamente una pequeña muestra del fino residuo oscuro que había quedado entre los dedos.
La guardó en un recipiente esterilizado.
— Lo analizaremos en el laboratorio.
Tal vez podamos identificar su composición.
Mientras tanto, Sofia comenzó a fotografiar la marca desde todos los ángulos.
Fue entonces cuando percibió otro detalle.
— Esperad...
Todos la miraron.
Apuntó la linterna hacia el suelo.
A pocos metros de la primera marca había una segunda.
Después una tercera.
Todas seguían la misma dirección.
Iban desde el compartimento de carga hasta el corredor principal.
Marcus siguió lentamente el rastro.
Las marcas terminaban frente a una pared metálica completamente lisa.
No había puertas.
Ni conductos visibles.
Nada.
Pasó la mano por la superficie.
Fría.
Sólida.
Impenetrable.
Olivia consultó rápidamente el plano estructural de la Odyssey-X9.
— Detrás de esta pared...
Amplió el plano de la nave.
— Solo está el compartimento de los sistemas eléctricos.
Noah comprobó las cámaras internas de aquel sector.
Ningún movimiento.
Todo permanecía normal.
Aun así, Ethan tomó una decisión.
— Vamos a abrirlo.
Marcus asintió inmediatamente.
Daniel activó el panel de mantenimiento.
Con un ligero sonido hidráulico, la pesada puerta técnica comenzó a deslizarse lentamente.
Todos contuvieron la respiración.
Las linternas iluminaron el interior del compartimento.
Cables.
Paneles.
Reactores auxiliares.
Todo parecía exactamente como debía estar.
Entonces Lena dio un paso al frente.
Su mirada se fijó en uno de los paneles metálicos.
Habló casi en un susurro.
— Nosotros no dejamos eso ahí...
Adherido al panel había un pequeño objeto negro.
Liso.
Ovalado.
Parecía palpitar muy lentamente, como si estuviera vivo.
Marcus fue el primero en entrar en el compartimento técnico.
Mantenía el arma apuntando hacia el extraño objeto adherido al panel.
Nadie se acercó de inmediato.
El pequeño artefacto negro tenía aproximadamente el tamaño de una mano humana.
Su superficie era lisa, sin tornillos, juntas ni ningún detalle que indicara que hubiera sido fabricado por manos humanas.
Noah acercó lentamente el escáner.
La pantalla parpadeó.
Durante un instante, todos los datos desaparecieron.
Después regresaron.
A continuación volvieron a desaparecer.
Olivia observaba el visor.
— Está interfiriendo con el equipo.
Daniel sacó otro escáner de la mochila.
El resultado fue exactamente el mismo.
Las lecturas aparecían.
Desaparecían.
Regresaban.
Como si aquel objeto emitiera algún tipo de campo desconocido.
Maya acercó un pequeño brazo mecánico de recogida.
— Voy a retirarlo.
Marcus levantó una mano.
— Despacio.
El brazo metálico tocó delicadamente la superficie oscura.
En aquel mismo instante, una ligera vibración recorrió todo el compartimento.
Las luces de la Odyssey-X9 parpadearon.
Una vez.
Dos veces.
Después se apagaron por completo.
La nave quedó sumida en la oscuridad.
Durante tres largos segundos, nadie consiguió ver absolutamente nada.
Entonces se activó el sistema de emergencia.
Luces rojas inundaron los corredores.
La inteligencia artificial de la nave anunció:
ALIMENTACIÓN PRINCIPAL INTERRUMPIDA.
REACTOR AUXILIAR ACTIVADO.
Noah corrió hasta un terminal.
— ¿Qué ha ocurrido?
Los gráficos aparecían completamente desorganizados.
Sensores internos.
Comunicaciones.
Rastreo.
Todo presentaba fallos simultáneos.
Olivia miró rápidamente hacia el compartimento.
— ¡El objeto!
Todos dirigieron las linternas hacia el panel.
Había desaparecido.
El soporte metálico al que estaba adherido permanecía vacío.
Maya retrocedió un paso.
— Yo... ni siquiera he conseguido tocarlo.
Marcus iluminó inmediatamente el suelo.
Ninguna señal.
Ninguna marca.
Nada.
Como si aquel extraño artefacto jamás hubiera estado allí.
En ese instante, una breve alarma sonó en la sala de mando.
Noah accedió rápidamente al monitor principal.
Su rostro perdió el color.
— Ethan...
Señaló la pantalla.
Las cámaras internas de la Odyssey-X9 mostraban todos los compartimentos de la nave.
En uno de los corredores, durante apenas dos segundos, una figura alta y extremadamente delgada atravesó lentamente el campo de visión de la cámara.
En el fotograma siguiente...
El corredor estaba completamente vacío.
Noah amplió la grabación.
El sistema respondió inmediatamente:
ERROR DE RASTREO.
NINGUNA PRESENCIA DETECTADA.
Marcus permaneció mirando fijamente la pantalla.
Después habló en voz baja, incapaz de ocultar la preocupación.
— Creo que ha entrado en la nave.