Horizonte Azul II
69%

II

¿CAZADOS O CAZADORES?

La reunión comenzó pocos minutos después de que Noah terminara de analizar todos los registros de la misión.

El ambiente permanecía en silencio.

Las imágenes de la ciudad subterránea seguían apareciendo en una de las pantallas principales.

Los esqueletos.

Los corredores.

La biblioteca.

Las grabaciones holográficas.

La figura indefinida registrada por la cámara exterior.

Todo estaba ante ellos.

Ethan permaneció unos segundos observando cada rostro.

Veía el miedo.

La duda.

Y, sobre todo, la desconfianza que comenzaba a surgir entre todos.

Respiró profundamente antes de hablar.

— Cuando abandonamos la Tierra...

Hizo una breve pausa.

— Nuestra misión era encontrar un nuevo hogar para la humanidad.

Volvió a mirar a sus compañeros.

— Hoy esa misión ha cambiado.

Nadie lo interrumpió.

— Seguimos siendo científicos.

— Seguimos siendo exploradores.

— Pero, a partir de ahora...

Su voz se volvió firme.

— También somos supervivientes.

Marcus se levantó.

Se acercó al enorme mapa holográfico del planeta.

Señaló la región de la ciudad subterránea.

— El enemigo conoce el terreno.

Cambió la proyección hacia la Odyssey-X9.

— Nosotros no.

Miró directamente a todos.

— Eso significa que nunca volveremos a cometer dos veces el mismo error.

Entonces comenzó a presentar los nuevos protocolos.

— Primera regla.

Nadie se aleja más de cinco metros de su compañero de pareja.

— Segunda.

Las cámaras corporales permanecerán encendidas las veinticuatro horas del día.

— Tercera.

Los comunicadores jamás serán desconectados.

— Cuarta.

Antes de responder a cualquier llamada, la persona deberá confirmar la palabra de seguridad.

Miró a Ethan.

— ¿Palabra del día?

Ethan respondió inmediatamente.

— Andrómeda.

Todos la repitieron en voz alta.

— Andrómeda.

Marcus continuó.

— Quinta regla.

Recuento del equipo antes de salir de la nave.

Recuento al llegar al destino.

Recuento antes de regresar.

Recuento al volver a entrar en la Odyssey.

Daniel sonrió discretamente.

— Parece un protocolo militar.

Marcus respondió sin vacilar.

— Ahora lo es.

Olivia tomó la palabra.

En el gran monitor apareció el mapa de la nave y sus alrededores.

Pequeños puntos azules representaban a cada integrante de la misión.

— Noah y yo seguiremos todos los desplazamientos en tiempo real.

Amplió la imagen.

— Si desaparece cualquier señal...

— O aparece una nueva...

Miró seriamente al grupo.

— Seréis avisados inmediatamente.

Claire permaneció unos segundos observando la proyección.

Después hizo la pregunta que todos parecían evitar.

— ¿Seguimos explorando este planeta...

O...

Miró lentamente a Ethan.

— Es él quien nos está explorando a nosotros?

Nadie respondió de inmediato.

La pregunta quedó suspendida en el aire.

Hasta que Noah bajó lentamente la mirada hacia uno de los monitores.

En voz baja, casi como si hablara consigo mismo, respondió:

— Después de todo lo que hemos visto...

Creo que ya no somos únicamente los observadores.

También nos hemos convertido en parte del experimento.

El silencio que se apoderó de la sala fue más pesado que cualquier respuesta.

Por primera vez desde su llegada al planeta, los diez exploradores comprendieron que quizá ya no fueran los cazadores.

Tal vez, desde el primer paso que dieron en aquel mundo, hubieran sido ellos las verdaderas presas.

EL ERROR IMPOSIBLE

A la mañana siguiente, Ethan decidió que nadie regresaría inmediatamente a la ciudad subterránea.

Antes de enfrentarse de nuevo a aquel laberinto, sería necesario poner a prueba los nuevos protocolos en una zona considerada segura.

El equipo permanecería en los alrededores de la Odyssey-X9.

Noah aprobó la decisión.

— Si surge cualquier problema, estaremos a pocos metros de la nave.

Marcus volvió a comprobar los equipos.

Cada integrante llevaba dos cámaras corporales.

Un comunicador.

Un rastreador biométrico.

Y un transmisor de emergencia sujeto al uniforme.

Antes de que se abriera la compuerta, Ethan inició el primer recuento.

— Marcus.

— Presente.

— Claire.

— Presente.

— Daniel.

— Presente.

— Maya.

— Presente.

— Sofia.

— Presente.

— Adrian.

— Presente.

— Lena.

— Presente.

— Noah.

— Presente.

— Olivia.

— Presente.

Por último, Ethan respondió a su propio nombre.

— Presente.

Todos pronunciaron juntos la palabra de confirmación.

— Andrómeda.

La compuerta se abrió lentamente.

Los diez descendieron de la Odyssey-X9.

El objetivo era sencillo.

Recorrer únicamente unos cientos de metros alrededor de la nave.

Nada de cavernas.

Nada de ruinas.

Nada de exploración profunda.

El bosque permanecía tranquilo.

Las aves de cuatro alas cruzaban el cielo.

Los grandes herbívoros pastaban cerca del río.

Todo parecía exactamente igual que durante los primeros días.

Durante casi cuarenta minutos no ocurrió absolutamente nada.

En el interior de la Odyssey-X9, Noah seguía cada movimiento mediante los sensores.

Olivia observaba los rastreadores biométricos.

De repente...

Apareció una discreta alerta.

Frunció el ceño.

— Noah...

Él se acercó inmediatamente.

En el mapa había once puntos luminosos.

No diez.

Once.

Noah realizó rápidamente un recuento visual a través de las cámaras.

Marcus.

Ethan.

Claire.

Daniel.

Maya.

Sofia.

Lena.

Adrian.

Olivia.

Él mismo.

Diez personas.

Ninguna más.

Volvió a mirar el monitor.

El undécimo punto permanecía inmóvil.

Situado pocos metros detrás del equipo.

Como si alguien los acompañara en silencio.

Olivia volvió a comprobarlo.

— No es posible...

Noah amplió el mapa.

La señal se movió lentamente.

Después desapareció.

Cinco segundos más tarde...

Volvió a aparecer.

Exactamente en el mismo lugar.

Tomó inmediatamente el comunicador.

— Ethan...

Su voz sonó seria.

— Tenemos un problema.

Ethan se detuvo de inmediato.

— ¿Qué ha ocurrido?

— Los sensores están registrando once firmas biológicas.

Marcus giró lentamente el cuerpo.

Miró hacia el bosque.

Hacia el río.

Hacia las montañas.

No había absolutamente nadie.

Aun así, sacó lentamente el arma de la cintura.

— Formación defensiva.

Ahora.

Los diez se acercaron automáticamente unos a otros.

Claire sentía cómo se aceleraba su corazón.

Maya observaba en todas direcciones.

Sofia intentaba localizar cualquier movimiento con el escáner portátil.

Nada.

Absolutamente nada.

Por radio, Noah volvió a hablar.

Su voz revelaba una tensión que ninguno de ellos había escuchado hasta entonces.

— Ethan...

La undécima señal...

Sigue ahí con vosotros.

¿QUIÉN ES EL UNDÉCIMO?

La orden de Marcus fue inmediata.

— Regreso a la Odyssey-X9. Ahora.

Nadie cuestionó la decisión.

La formación permaneció cerrada.

Marcus avanzaba delante.

Ethan protegía la retaguardia.

Claire, Maya, Daniel, Sofia, Adrian, Lena, Noah y Olivia caminaban manteniendo un contacto visual constante.

La palabra de confirmación se repetía a intervalos regulares.

— Andrómeda.

— Andrómeda.

Cada respuesta reducía ligeramente la tensión.

Pero solo durante unos segundos.

En la sala de mando de la Odyssey-X9, los sensores continuaban enviando información en tiempo real.

Noah observaba el monitor sin apartar la mirada.

El undécimo punto luminoso permanecía detrás del equipo.

A veces reducía la distancia.

Después volvía a alejarse.

Como si acompañara deliberadamente cada paso.

Olivia apretó los controles del panel.

— No consigo identificar esa firma biológica.

El ordenador respondió automáticamente.

ESPECIE: DESCONOCIDA.

CORRESPONDENCIA GENÉTICA: INEXISTENTE.

Respiró profundamente.

— Nunca había visto esto.

Pocos minutos después, el equipo alcanzó la nave.

La compuerta se abrió.

Uno a uno, los exploradores entraron.

En cuanto la puerta se cerró, Ethan inició inmediatamente el recuento.

— Marcus.

— Andrómeda.

— Claire.

— Andrómeda.

— Daniel.

— Andrómeda.

El recuento continuó.

Maya.

Sofia.

Adrian.

Lena.

Noah.

Olivia.

Por último, Ethan respondió a su propia llamada.

Todos estaban presentes.

Todos respondieron correctamente.

Marcus miró a Noah.

— ¿Cuántas señales hay ahora?

Noah se volvió hacia el monitor.

La pantalla mostraba únicamente diez puntos.

El undécimo había desaparecido.

Permaneció unos segundos en silencio.

— Ahora... solo diez.

Un suspiro colectivo recorrió la sala.

Claire se apoyó contra la pared.

— Entonces se acabó.

Marcus respondió inmediatamente.

— No.

Ella lo miró.

— Solo ha dejado de aparecer.

En aquel instante, Daniel decidió revisar rápidamente una de las cámaras exteriores de la nave.

— Quiero asegurarme de que nadie nos seguía.

La grabación comenzó a reproducirse.

Nada.

La vegetación.

El río.

Las montañas.

Entonces, durante un único fotograma, algo apareció en el borde del bosque.

Una figura extremadamente alta.

Inmóvil.

Observando la Odyssey-X9.

Antes de que Daniel pudiera ampliar la imagen, apareció el siguiente fotograma.

La figura había desaparecido.

Se quedó paralizado.

Volvió a mirar la pantalla.

Después cerró discretamente el archivo.

No dijo una palabra.

Porque, en aquel momento, comprendió una verdad que todavía no estaba preparado para compartir con los demás.

La undécima presencia no intentaba impedir que regresaran a la nave.

Solo quería descubrir dónde vivían.

Y, por primera vez desde su llegada al planeta, Daniel tuvo la perturbadora sensación de que la Odyssey-X9 quizá nunca volvería a ser un lugar verdaderamente seguro.