Horizonte Azul CAPÍTULO 14
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CAPÍTULO 14

LA IMITACIÓN

El mayor depredador no es aquel que caza. Es aquel que consigue hacerte creer que estás a salvo.

E l tercer día de exploración comenzó incluso antes de que la estrella terminara de salir.

Después del inquietante descubrimiento de la ciudad subterránea, nadie mostraba ya el mismo entusiasmo de los primeros días.

El planeta continuaba siendo extraordinariamente hermoso en la superficie, pero, bajo sus pies, ocultaba un pasado que desafiaba cualquier explicación científica.

Ethan decidió que había llegado el momento de regresar a las ruinas.

Si existía una respuesta para la desaparición de aquella civilización, probablemente se encontraba escondida en algún lugar de aquel complejo subterráneo.

Poco después de las siete, hora local, los ocho exploradores volvieron a atravesar el bosque.

La caminata fue mucho más silenciosa que en las expediciones anteriores.

Marcus permanecía atento a cada movimiento de la vegetación.

Claire caminaba cerca de Maya.

Daniel analizaba continuamente el mapa tridimensional.

Sofia revisaba las fotografías tomadas el día anterior.

Ninguno de ellos conseguía olvidar aquella ciudad repleta de esqueletos.

Cuando llegaron a la entrada de la caverna, Ethan hizo una breve pausa.

Miró a todos.

— A partir de aquí...

Respiró profundamente.

— Nadie se aleja del grupo.

Todos estuvieron de acuerdo.

Encendieron las linternas.

Uno a uno, atravesaron de nuevo la enorme abertura de piedra.

El silencio parecía todavía más intenso.

Era como si aquel lugar jamás hubiera conocido el sonido de la vida.

Noah y Olivia seguían todo desde la Odyssey-X9.

Las cámaras corporales transmitían imágenes en alta definición.

Los sensores de la nave actualizaban continuamente el mapa subterráneo.

— Comunicación perfecta —informó Noah.

— Todas las constantes vitales son normales.

Marcus condujo al grupo hasta una galería diferente de la explorada el día anterior.

Después de varios minutos caminando, encontraron una enorme puerta metálica parcialmente caída sobre el suelo.

Probablemente había permanecido cerrada durante miles de años.

Daniel examinó cuidadosamente su estructura.

— Creo que podemos pasar.

Con un esfuerzo conjunto, los ocho consiguieron moverla lo suficiente para abrir un estrecho paso.

Un intenso olor a polvo antiguo escapó del interior.

Claire iluminó el lugar.

Era una sala gigantesca.

Diferente de los laboratorios encontrados anteriormente.

Cientos de estanterías metálicas permanecían alineadas en filas perfectamente ordenadas.

En el centro había decenas de estructuras semejantes a grandes columnas de cristal oscurecidas por el paso del tiempo.

Daniel caminó lentamente hasta una de ellas.

Pasó la mano por su superficie.

Ninguna reacción.

Olivia observaba a través de la cámara.

— Parece algún tipo de banco de datos.

Sofia acercó el escáner.

— O un sistema de almacenamiento.

Daniel sacó cuidadosamente de su mochila una pequeña batería portátil.

Era una unidad de energía de la propia Odyssey-X9.

Miró a Ethan.

— Puedo intentarlo.

Ethan asintió.

— Hazlo.

Daniel conectó dos cables al panel situado en la base de una de las columnas.

Durante unos segundos no ocurrió nada.

Entonces...

Una tenue luz azul recorrió lentamente el interior del cristal.

Todos contuvieron la respiración.

Otra columna se encendió.

Después una tercera.

A continuación, toda la sala quedó iluminada por un débil resplandor azulado que no había aparecido en incontables miles de años.

En el centro surgió una proyección holográfica temblorosa.

Las imágenes eran inestables.

Pero lo bastante nítidas como para revelar una ciudad magnífica.

Torres enormes.

Plazas.

Jardines.

Miles de habitantes caminando con normalidad.

La civilización subterránea estaba viva.

Claire contemplaba la escena fascinada.

— Estamos viendo el pasado...

Las imágenes continuaron.

Familias caminaban por las calles.

Niños jugaban.

Investigadores trabajaban en laboratorios.

Todo parecía absolutamente normal.

Entonces la grabación cambió.

Una de las figuras se acercó a otra.

Ambas permanecieron frente a frente durante unos segundos.

De repente, la imagen comenzó a fallar.

El holograma sufrió una fuerte interferencia.

La silueta de uno de los individuos pareció deformarse durante un breve instante, como si su cuerpo estuviera cambiando de forma.

Antes de que pudieran comprender algún detalle, toda la proyección desapareció.

La sala volvió a quedar en silencio.

Ninguno de los ocho consiguió pronunciar una sola palabra.

Porque todos tenían la misma impresión.

Aquella grabación acababa de mostrar el comienzo de algo.

Y, por alguna razón desconocida, alguien —o algo— parecía no querer que vieran el resto.

La proyección desapareció tan repentinamente como había surgido.

La sala volvió a quedar iluminada únicamente por las linternas de los exploradores.

Durante unos segundos, nadie consiguió decir una palabra.

Daniel permaneció arrodillado frente a la columna de cristal.

Comprobó nuevamente la conexión de la batería.

Todo seguía funcionando.

Aun así, el holograma no regresaba.

— No ha sido por falta de energía...

— Algo interrumpió la reproducción.

Claire mantenía la mirada fija en el lugar donde había aparecido la proyección.

— ¿Vosotros también lo habéis visto?

Maya respondió inmediatamente.

— Sí.

— Aquel... ser cambió de forma.

Sofia amplió rápidamente la grabación realizada por la cámara sujeta a su uniforme.

Todos se acercaron.

Reprodujo la secuencia a cámara lenta.

La ciudad.

Los habitantes.

Las familias caminando.

Entonces apareció nuevamente la figura que se aproximaba al otro individuo.

Durante apenas una fracción de segundo, su silueta pareció perder los contornos.

Como si el cuerpo dejara de ser sólido.

Después...

La grabación falló.

Daniel cruzó los brazos.

— No puedo afirmar si fue un defecto del holograma...

— O si realmente ocurrió.

Claire respondió casi en un susurro.

— Pero parecía que estaba...

Vaciló.

— Cambiando de apariencia.

El ambiente volvió a quedar en silencio.

En la Odyssey-X9, Noah también examinaba la grabación fotograma a fotograma.

Olivia comparaba cada imagen con ayuda de la inteligencia artificial.

Después de unos minutos, el ordenador concluyó el análisis.

ANOMALÍA VISUAL CONFIRMADA.

ORIGEN INDETERMINADO.

POSIBILIDAD DE FALLO EN EL ARCHIVO: 61 %.

POSIBILIDAD DE ALTERACIÓN REAL DE LA IMAGEN: 39 %.

Noah respiró lentamente.

— No tenemos forma de saberlo.

Olivia amplió otro gráfico.

En aquel mismo instante, el consumo energético de la antigua instalación había aumentado durante exactamente tres segundos.

Después había regresado al nivel anterior.

Frunció el ceño.

— Daniel solo alimentó un cristal...

— Pero algo respondió.

Noah volvió a comprobar los registros.

La energía no se había propagado únicamente por aquella sala.

Había recorrido varias galerías subterráneas.

Como si los antiguos circuitos continuaran conectados.

Tomó inmediatamente el comunicador.

— Ethan.

La voz respondió por radio.

— Adelante.

— Cuando Daniel conectó aquel equipo...

Noah volvió a mirar el monitor.

— Toda la ciudad respondió.

Daniel escuchó la transmisión.

Levantó lentamente la mirada.

— ¿Cómo que... toda?

Olivia respondió antes de que Noah pudiera continuar.

— Detectamos una breve circulación de energía por varios sectores del complejo.

Hizo una pequeña pausa.

— Es como si hubierais despertado algo.

Nadie respondió.

Marcus se limitó a volver a iluminar los corredores oscuros que salían de aquella antigua biblioteca.

Por primera vez desde que habían entrado en la ciudad subterránea, todos sintieron que quizá no estaban explorando únicamente unas ruinas.

Tal vez aquellas ruinas también hubieran percibido su presencia.

Y, en algún lugar mucho más allá de las paredes de aquella sala, un sistema olvidado acababa de despertar después de miles de años de completo silencio.

El silencio volvió a dominar la antigua biblioteca.

Ninguno de los exploradores conseguía apartar la mirada de las columnas de cristal.

La breve proyección había planteado más preguntas que respuestas.

Daniel desconectó cuidadosamente la batería de la Odyssey-X9.

En aquel mismo instante, todas las columnas perdieron su resplandor azulado.

La sala volvió a sumirse en la oscuridad.

Solo las linternas iluminaban el lugar.

Claire caminó lentamente entre las estanterías.

Sobre algunas todavía descansaban pequeños objetos fabricados con un material negro y extremadamente liso.

Tenían formas rectangulares.

Algunos eran circulares.

Otros recordaban a pequeñas placas transparentes.

Ninguno mostraba inscripción visible alguna.

Maya recogió uno de los fragmentos con extremo cuidado.

— Lo llevaremos para analizarlo.

Sofia continuaba examinando las paredes.

En uno de los extremos de la biblioteca encontró un gran panel cubierto de símbolos.

A diferencia de los anteriores, aquellos caracteres estaban organizados en líneas, como si formaran un texto.

Lo fotografió todo.

— Tal vez el ordenador de la Odyssey pueda identificar algún patrón lingüístico.

Marcus, sin embargo, no prestaba atención a las inscripciones.

Sus ojos permanecían fijos en la entrada de la biblioteca.

Había algo que lo inquietaba desde que habían entrado en aquel lugar.

Una sensación constante.

Como si alguien los observara desde la distancia.

Ethan se acercó.

— ¿Sigues teniendo esa impresión?

Marcus respondió sin vacilar.

— Es más fuerte.

En aquel instante, un sonido grave recorrió la biblioteca.

No procedía de los corredores.

Ni del techo.

Parecía surgir de las propias paredes.

Un sonido profundo.

Continuo.

Casi imperceptible.

Daniel levantó inmediatamente la cabeza.

— ¿Lo habéis oído?

Todos permanecieron inmóviles.

El sonido cesó tan rápidamente como había comenzado.

En la Odyssey-X9, Noah volvió a comprobar los sensores.

El consumo energético de la ciudad había regresado a la normalidad.

Pero acababa de aparecer otra información en la pantalla.

MOVIMIENTO DETECTADO.

Olivia abrió mucho los ojos.

— ¿Dónde?

El ordenador señaló un punto luminoso.

No estaba en la posición del equipo.

Tampoco se encontraba cerca de la biblioteca.

Estaba decenas de metros más abajo.

Se movía lentamente.

Después se detuvo.

Noah intentó ampliar la lectura.

La señal desapareció.

Como si jamás hubiera existido.

Activó inmediatamente el comunicador.

— Ethan, acabamos de registrar movimiento debajo de vosotros.

La respuesta llegó casi de inmediato.

— ¿Puedes identificar qué era?

— Negativo.

— Pero había algo desplazándose.

Marcus apretó con fuerza la linterna.

Después miró a Ethan.

— Creo que ya hemos visto suficiente por hoy.

Ethan asintió.

— Recoged todo lo que podáis.

— Regresamos a la nave.

Mientras el equipo organizaba rápidamente los equipos e iniciaba el regreso por los oscuros corredores, una pequeña grieta se abrió silenciosamente detrás de una de las estanterías.

De ella surgió únicamente un par de ojos negros.

Inmóviles.

Inteligentes.

Curiosos.

Observaron la salida de los ocho exploradores sin emitir sonido alguno.

Como si aquella presencia desconocida no estuviera interesada en atacar.

Todavía no.

Sino en aprender todo lo que pudiera sobre los visitantes llegados de las estrellas.