Horizonte Azul II
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II

La enorme puerta circular permaneció inmóvil.

Sofia esperó a que terminara el análisis cuando el escáner emitió una breve señal sonora.

ESTRUCTURA COMPUESTA POR MATERIAL DESCONOCIDO.

MECANISMO DE APERTURA NO IDENTIFICADO.

Daniel acercó la linterna.

En el centro de la puerta había una secuencia de símbolos en espiral.

Ninguno se parecía a ninguna escritura conocida.

Claire fotografió cada detalle.

— Tal vez sea un lenguaje.

Maya observó atentamente.

— O algún sistema de identificación.

Marcus permanecía de espaldas a la puerta.

Sus ojos recorrían continuamente el corredor por el que habían llegado.

Era un viejo hábito adquirido durante años de entrenamiento.

Nunca mirar únicamente hacia delante.

El peligro casi siempre llegaba por detrás.

En la Odyssey-X9, Noah seguía todo a través de las cámaras corporales.

Olivia analizaba de nuevo las oscilaciones detectadas por los sensores subterráneos.

Entonces apareció una nueva lectura.

Muy débil.

Casi imperceptible.

Amplió el gráfico.

— Noah...

Él se acercó inmediatamente.

La frecuencia no era igual a las anteriores.

Tenía un patrón.

Regular.

Como si algún sistema estuviera emitiendo pulsos a intervalos constantes.

El ordenador intentó clasificarla.

Después de unos segundos, respondió únicamente:

ORIGEN DESCONOCIDO.

PATRÓN INCOMPATIBLE CON FENÓMENOS GEOLÓGICOS CONOCIDOS.

Noah respiró lentamente.

— Esto no parece natural.

Olivia activó el comunicador.

— Ethan... estamos detectando una nueva actividad.

— Esta vez no parece una interferencia del terreno.

Ethan permaneció inmóvil.

— ¿Puedes identificar el origen?

— Negativo.

— Pero la intensidad aumenta mientras permanecéis ahí.

Marcus escuchó la conversación por radio.

Sin apartar los ojos de la oscuridad, habló en voz baja.

— Os dije que algo no iba bien.

En aquel instante, un sonido resonó a lo lejos.

No era metálico.

No era una piedra.

Parecía...

...un paso.

Después otro.

Muy distante.

Claire sujetó involuntariamente el brazo de Maya.

Todos volvieron a apagar las linternas.

La oscuridad envolvió por completo el corredor.

El grupo permaneció inmóvil.

Conteniendo la respiración.

Los pasos cesaron.

Unos segundos después, Ethan hizo una discreta señal.

Las linternas volvieron a iluminar el lugar.

Nada.

El corredor seguía vacío.

Pero Sofia percibió un detalle.

El escáner portátil registraba pequeñas alteraciones térmicas.

Muy rápidas.

Como si alguna fuente de calor hubiera atravesado un corredor paralelo apenas unos instantes antes.

— Ethan...

Le mostró la pantalla.

— Esto acaba de aparecer.

Daniel observó los datos.

— No hay nadie ahí.

— Lo sé.

Respondió casi en un susurro.

— Pero algo estuvo ahí.

Noah recibió automáticamente aquellas lecturas en la Odyssey-X9.

Las comparó con la base de datos de la misión.

Ningún animal observado por los drones producía aquel patrón.

Ninguna firma térmica conocida coincidía con el registro.

Olivia permaneció unos segundos en silencio.

Después comentó:

— Si existe alguna forma de vida aquí abajo...

— Es capaz de permanecer fuera del alcance de nuestros sensores.

En el laboratorio subterráneo, Ethan tomó una decisión.

— Retrocedemos.

Claire lo miró sorprendida.

— Pero todavía ni siquiera hemos explorado esta zona.

Él respondió sin apartar la mirada de la oscuridad.

— No conocemos este lugar.

Ni sabemos qué ha provocado esas señales.

Volveremos mañana con un plan mejor.

Marcus asintió inmediatamente.

— Por primera vez desde que entramos aquí... estoy de acuerdo en marcharnos.

El equipo comenzó a regresar lentamente por el mismo corredor.

Sin que ninguno de ellos lo percibiera, una antigua cámara instalada en lo alto de una columna agrietada permaneció orientada hacia el pasadizo.

Llevaba incontables generaciones cubierta de polvo.

En el instante en que el último explorador pasó frente a ella, una pequeña luz azul brilló durante menos de un segundo.

Después volvió a apagarse.

Como si algún sistema dormido hubiera reconocido, por primera vez en miles de años, la presencia de visitantes llegados de otro mundo.

El regreso por el corredor transcurrió en absoluto silencio.

Nadie decía una palabra.

El único sonido era el de las botas golpeando lentamente el suelo de piedra.

Marcus caminaba delante.

Ethan permanecía justo detrás.

Claire miraba constantemente hacia atrás.

No conseguía explicar el motivo.

Solo sentía una necesidad casi instintiva de comprobar que realmente seguían solos.

En la Odyssey-X9, Noah observaba cada imagen transmitida por las cámaras corporales.

Olivia mantenía los ojos fijos en los sensores.

De repente apareció una nueva advertencia.

ALTERACIÓN DE BIOMASA DETECTADA.

Los dos intercambiaron una mirada.

Noah amplió inmediatamente los datos.

En el mapa aparecieron nueve puntos luminosos.

Frunció el ceño.

— ¿Nueve?

Olivia volvió a contarlos.

— El equipo está formado por ocho exploradores.

El ordenador actualizó la lectura.

El noveno punto desapareció.

Después volvió a aparecer.

Durante apenas un segundo.

Entonces desapareció de nuevo.

Noah intentó rastrearlo.

Sin éxito.

— Debe de ser un fallo de los sensores.

Olivia no parecía convencida.

— Tal vez...

Pero guardó aquel registro.

Mientras tanto, Ethan conducía al grupo por una galería estrecha.

Las paredes presentaban marcas profundas, como si algo extremadamente pesado se hubiera deslizado por ellas incontables veces.

Daniel pasó la mano por uno de los surcos.

— Estas marcas no fueron hechas por máquinas.

Maya acercó la linterna.

— Tampoco parecen naturales.

Claire las fotografió cuidadosamente.

Marcus continuaba alerta.

Entonces se detuvo de repente.

Levantó lentamente una mano.

Todos se quedaron inmóviles.

A lo lejos, en la oscuridad del corredor, parecía haber una silueta inmóvil.

Alta.

Muy alta.

Era imposible distinguir ningún detalle.

Ethan apuntó con la linterna.

La figura desapareció.

En ese mismo instante, un eco recorrió toda la galería.

No era un rugido.

Ni un grito.

Parecía... una voz.

Muy distante.

Tan distante que no podía comprenderse ninguna palabra.

Claire sintió un escalofrío recorrerle el cuerpo.

— ¿Habéis oído eso?

Lena respondió en voz baja.

— Sí.

Marcus respiró profundamente.

— Salgamos de aquí.

Nadie discrepó.

Sin darse cuenta, mientras se alejaban rápidamente por el corredor, una inteligencia oculta en las profundidades continuaba observando cada movimiento del grupo.

No atacaba.

No hacía ningún ruido.

Solo aprendía.

Observaba cómo caminaban.

Cómo hablaban.

Cómo gesticulaban.

Como si, pacientemente, estuviera empezando a comprender quiénes eran aquellos extraños visitantes llegados de las estrellas.

La salida de la antigua ciudad subterránea pareció mucho más larga que la entrada.

Los corredores permanecían sumidos en un silencio asfixiante.

Nadie se atrevía a hablar.

Cada integrante permanecía atento al menor ruido.

Marcus avanzaba delante.

Ethan caminaba justo detrás, comprobando constantemente la posición del grupo.

— ¿Daniel?

— Aquí.

— ¿Claire?

— Aquí.

— ¿Maya?

— Aquí.

Uno a uno, todos respondieron.

La tensión hacía que Ethan comprobara repetidamente que nadie se hubiera quedado atrás.

Después de casi media hora caminando, un pequeño haz de luz apareció a lo lejos.

Era la entrada de la caverna.

Claire respiró aliviada.

— Por fin...

Los ocho aceleraron el paso.

En cuanto atravesaron la enorme abertura de piedra, la luz de la estrella volvió a iluminar sus rostros.

El viento de la superficie parecía completamente diferente.

Más ligero.

Más acogedor.

Lena sonrió discretamente.

— Nunca pensé que sentiría tanta felicidad al volver a ver el cielo.

Marcus, sin embargo, no se relajó.

Se volvió lentamente hacia la entrada de la caverna.

Permaneció mirando la oscuridad durante unos segundos.

Después habló en voz baja.

— La sensación continúa.

Ethan se acercó.

— ¿Sigues pensando que había alguien ahí dentro?

Marcus tardó unos instantes en responder.

— No.

Volvió a mirar la abertura.

— Estoy seguro.

En la Odyssey-X9, Noah confirmó por radio:

— Tenemos contacto visual con vosotros. El regreso transcurre con normalidad.

Olivia añadió:

— Todas las constantes vitales permanecen estables.

Comenzaron el camino de regreso.

Mientras atravesaban nuevamente el bosque, nadie comentaba la belleza del planeta.

Los árboles.

Las flores.

Las aves.

Las cascadas.

Todo parecía diferente ahora.

Como si el paraíso hubiera perdido parte de su encanto después del descubrimiento de aquella ciudad olvidada.

Cuando llegaron a la Odyssey-X9, la compuerta se abrió automáticamente.

Todos entraron en silencio.

Los equipos fueron descontaminados.

Las muestras quedaron almacenadas.

Las fotografías comenzaron a transferirse a la base de datos de la nave.

Sofia observaba las imágenes pasando rápidamente por la pantalla.

De repente, una de ellas llamó su atención.

Era una fotografía tomada pocos minutos antes de que abandonaran la ciudad subterránea.

Amplió la imagen.

Al fondo de uno de los corredores, mucho más allá del alcance de las linternas, aparecía una sombra alta e indistinta.

No era posible definir su forma.

Podía tratarse únicamente de un efecto de la luz.

O quizá no.

Sofia amplió todavía más la imagen.

Los contornos seguían siendo indefinidos.

Permaneció unos segundos observándola.

Después cerró el archivo sin comentar nada con los demás.

Tal vez fuera solo producto de su imaginación.

O quizá aquella ciudad abandonada no estuviera tan vacía como todos creían.

A esa misma hora, muy por debajo de la superficie del planeta, una única abertura se cerró lentamente en las profundidades.

Como si algo hubiera terminado de observar a los visitantes.

Y hubiera decidido seguirlos en el momento adecuado.