CAPÍTULO 13
ECOS EN LAS PROFUNDIDADES
No todo silencio significa abandono. A veces, solo espera el momento adecuado para responder.
E l grupo permaneció unos instantes contemplando el enorme salón repleto de esqueletos antes de continuar.
El descubrimiento de aquella antigua civilización había cambiado por completo el rumbo de la misión.
El planeta que, apenas unas horas antes, parecía un paraíso intacto ocultaba ahora evidencias de una historia olvidada.
Y cuanto más avanzaban por los corredores subterráneos, mayor era la sensación de que aquellas ruinas todavía guardaban respuestas...
o peligros para los que ninguno de ellos estaba preparado.
Marcus volvió a tomar la delantera.
La linterna iluminaba apenas unos metros por delante.
Más allá de aquel pequeño círculo de luz solo existía oscuridad.
El grupo entró lentamente en uno de los corredores principales.
Las paredes seguían siendo perfectamente lisas.
En varios puntos aparecían símbolos grabados directamente en la roca.
Ninguno recordaba a ningún idioma conocido en la Tierra.
Sofia lo registraba todo.
Fotografiaba.
Escaneaba.
Catalogaba.
Cada detalle podía representar un descubrimiento histórico.
Daniel se acercó a una gran estructura metálica parcialmente incrustada en la pared.
Pasó delicadamente la mano por su superficie.
A pesar de los miles de años que aparentaba tener, el material permanecía prácticamente intacto.
— Esto desafía todo lo que conocemos sobre ingeniería.
Claire se acercó.
— No hay óxido...
Daniel asintió.
— Sea cual sea este metal... es extraordinario.
Más adelante, el corredor condujo al grupo hasta una enorme sala circular.
Alrededor había decenas de mesas de trabajo.
Sobre ellas permanecían dispersos equipos desconocidos.
Algunos recordaban a ordenadores.
Otros parecían instrumentos científicos.
Todo estaba apagado.
Cubierto de polvo.
Maya caminó lentamente entre las mesas.
— Tal vez fuera un laboratorio.
Lena observaba pequeños recipientes transparentes todavía alineados sobre una estantería.
— O un centro médico.
Daniel acercó la linterna a un enorme panel instalado en la pared.
Líneas geométricas recorrían toda su superficie.
En el centro había decenas de pequeños cristales oscurecidos por el paso del tiempo.
— Esto seguramente formaba parte de algún sistema.
Sofia fotografió cada detalle.
— Nunca había visto una tecnología así.
Mientras tanto, en la Odyssey-X9, Noah seguía atentamente la transmisión de las cámaras corporales.
Olivia ampliaba continuamente el mapa subterráneo.
Con cada nuevo corredor recorrido por el equipo, nuevas galerías aparecían en la proyección.
Entonces surgió una discreta alerta en uno de los monitores.
OSCILACIÓN DE SEÑAL DETECTADA.
Noah se acercó inmediatamente.
— Olivia...
Ella dirigió la mirada hacia la pantalla.
El gráfico mostraba pequeñas variaciones regulares.
Muy débiles.
Pero constantes.
— ¿Interferencia?
Noah realizó un rápido análisis.
— No lo parece.
Comparó los datos con los registros del día anterior.
Las frecuencias eran diferentes.
Muy diferentes.
Olivia intentó rastrear el origen.
Sin éxito.
La lectura desapareció.
Pocos segundos después regresó.
Siempre con la misma intensidad.
Siempre procedente de algún punto situado muy por debajo de la posición de los exploradores.
Activó inmediatamente el comunicador.
— Ethan, estamos registrando pequeñas oscilaciones de señal.
Ethan se detuvo en mitad del corredor.
— ¿Algún problema?
— Todavía no lo sabemos.
Noah respondió:
— Podría ser únicamente una interferencia geológica.
Marcus miró lentamente hacia la oscuridad que se extendía frente a ellos.
Después habló en voz baja.
— No sé por qué...
Todos volvieron los ojos hacia él.
El exmilitar permaneció inmóvil durante unos segundos.
Su mano apretaba con fuerza la linterna.
— Pero tengo la impresión de que no somos los únicos en este lugar.
Un silencio pesado se apoderó del corredor.
Nadie respondió.
Porque, por primera vez desde que habían entrado en la ciudad subterránea, todos experimentaron exactamente la misma sensación.
La frase de Marcus continuó resonando en sus mentes.
Nadie hizo ningún comentario.
Pero, a partir de aquel momento, cada paso fue dado con mucho más cuidado.
El corredor se volvió cada vez más estrecho.
Las linternas revelaban inscripciones dispersas por las paredes.
Símbolos geométricos se repetían en secuencia, formando paneles que parecían contar una historia.
Sofia acercó el escáner portátil.
— Estoy registrándolo todo.
Claire observaba atentamente los dibujos.
Algunas figuras representaban ciudades gigantescas.
Otras mostraban estructuras subterráneas conectadas mediante túneles.
En el centro de uno de los paneles aparecían decenas de seres altos, de cráneos alargados y cuatro dedos en las manos.
Eran exactamente iguales a los esqueletos encontrados en el gran salón.
Maya pasó lentamente la mano por la piedra.
— Esta civilización dejó registros...
Daniel iluminó otra parte de la pared.
Aparecieron nuevos grabados.
Esta vez mostraban a aquellos mismos seres contemplando el cielo.
Sobre ellos podían verse estrellas, lunas y constelaciones desconocidas.
— Tal vez fueran astrónomos... —comentó Sofia.
— O exploradores, como nosotros —respondió Ethan.
Mientras fotografiaban las inscripciones, un ligero ruido metálico resonó por el corredor.
Toc...
Todos se quedaron inmóviles.
Marcus levantó inmediatamente una mano.
Silencio absoluto.
Las linternas apuntaron hacia la oscuridad.
Nada.
Ningún movimiento.
Ningún animal.
Ninguna sombra.
Solo el eco desapareciendo lentamente.
Lena respiró profundamente.
— Habrá sido alguna piedra.
Marcus no respondió.
Continuó observando el corredor.
Después de unos segundos, Ethan hizo una señal para que continuaran.
La marcha se reanudó.
Pocos metros más adelante, Daniel percibió algo extraño.
Se detuvo frente a una enorme puerta de piedra.
Estaba entreabierta.
A diferencia de todas las demás estructuras, aquella parecía haber sido abierta recientemente.
No había polvo acumulado en la pequeña abertura inferior.
Claire acercó la linterna.
— ¿Alguien ha pasado por aquí?
Maya se arrodilló.
Observó cuidadosamente el suelo.
La capa de polvo era realmente más fina en aquel punto.
Pero no había huellas.
Ni humanas.
Ni de la especie que había construido aquel lugar.
Mientras tanto, en la Odyssey-X9, Noah continuaba analizando las oscilaciones registradas por los sensores.
El gráfico volvió a aparecer.
Esta vez, durante unos segundos, la intensidad aumentó.
Olivia amplió la lectura.
— Está haciéndose más fuerte.
Noah comparó la posición del equipo.
— Coincidencia...
Volvió a mirar el monitor.
— Cuanto más avanzan... más aumenta la interferencia.
Olivia tomó inmediatamente el comunicador.
— Ethan, estamos detectando nuevas oscilaciones.
— De mayor intensidad que antes.
Ethan respondió con calma:
— Entendido.
Volvió a mirar la puerta entreabierta.
Después miró a Marcus.
— Continuemos.
Marcus asintió, aunque mantuvo la mano cerca del equipo de defensa.
En aquel momento, ninguno de ellos percibió que, mucho más allá de la luz de las linternas, en un corredor paralelo completamente sumido en la oscuridad, algo permanecía inmóvil.
Observando.
Esperando.
Sin emitir el menor sonido.
El grupo atravesó con cuidado la enorme puerta entreabierta.
Las linternas revelaron un corredor mucho más ancho que los anteriores.
Las paredes ya no eran únicamente de piedra esculpida.
Ahora estaban revestidas de un material oscuro y extremadamente liso que reflejaba discretamente la luz.
Daniel pasó la mano por la superficie.
— Es el mismo metal que encontramos en el laboratorio.
Sofia acercó el escáner.
— Pero está en perfecto estado de conservación.
Claire observaba el techo.
Pequeñas estructuras circulares aparecían distribuidas a lo largo de todo el corredor.
— ¿Qué será eso?
Maya analizó una de ellas.
— Tal vez iluminación.
— O sensores.
A Marcus no le gustó la respuesta.
Continuó avanzando lentamente delante del grupo.
El corredor parecía no tener fin.
Sus pasos resonaban de una manera extraña.
Era como si el propio lugar devolviera el sonido unos segundos después.
Lena fue la primera en percibirlo.
— ¿Lo oís?
Todos se detuvieron.
Silencio.
Entonces...
Tac...
El sonido de un único golpe resonó a lo lejos.
Marcus apagó inmediatamente la linterna.
Los demás hicieron lo mismo.
La oscuridad se volvió absoluta.
Todos permanecieron inmóviles.
Conteniendo la respiración.
Pasaron unos segundos.
Nada.
Entonces el ruido regresó.
Tac...
Esta vez parecía más lejano.
Daniel susurró:
— Podría ser una piedra cayendo.
Marcus negó lentamente con la cabeza.
— Una piedra no hace esa clase de sonido.
Ethan esperó unos instantes más.
Cuando comprendió que no ocurría nada, hizo una discreta señal.
Las linternas volvieron a encenderse.
El corredor continuaba vacío.
Ningún movimiento.
Ninguna criatura.
Solo el mismo silencio asfixiante.
En la Odyssey-X9, Noah seguía todo a través de las cámaras sujetas a los uniformes.
Olivia amplió uno de los gráficos.
— Noah...
Él miró inmediatamente.
Las oscilaciones volvían a aumentar.
El ordenador intentó identificar su origen.
Durante unos segundos procesó miles de datos.
Después mostró únicamente un mensaje.
ORIGEN DE LA SEÑAL: DESCONOCIDO.
PROFUNDIDAD ESTIMADA: POR DEBAJO DEL NIVEL EXPLORADO POR EL EQUIPO.
Noah frunció el ceño.
— La fuente está todavía más abajo.
Olivia tomó el comunicador.
— Ethan, los sensores indican que la interferencia procede de niveles subterráneos inferiores al vuestro.
Ethan respondió sin apartar la mirada del corredor.
— ¿Existe algún paso hacia abajo?
Noah consultó rápidamente el mapa.
— Todavía no hemos localizado ninguno.
Marcus caminó hasta el final del corredor.
Allí encontró una enorme puerta circular cerrada.
A diferencia de las anteriores, parecía completamente intacta.
En el centro había un extraño símbolo en espiral.
Daniel se acercó.
— Parece algún tipo de acceso principal.
Claire fotografió cuidadosamente el símbolo.
Sofia inició un escaneo completo de la puerta.
Antes de que el equipo pudiera concluir el análisis...
Todas las linternas parpadearon al mismo tiempo.
Una vez.
Dos veces.
Después volvieron a la normalidad.
Nadie habló.
Los ocho exploradores se limitaron a intercambiar miradas.
Por primera vez desde que habían entrado en aquella ciudad subterránea, la sensación de que no estaban solos dejó de ser únicamente una impresión.
Y comenzó a parecer una posibilidad aterradoramente real.