Horizonte Azul II
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II

El amanecer del segundo día de exploración trajo consigo una sensación diferente.

Poco después de las seis, Ethan volvió a reunir al equipo.

Marcus comprobó el equipo de seguridad.

Daniel verificó los comunicadores.

Claire y Maya organizaron los recipientes para las nuevas muestras.

Lena confirmó que todos se encontraban en perfectas condiciones físicas.

Adrian revisó el mapa tridimensional.

Noah y Olivia permanecieron en la Odyssey-X9.

Serían los ojos del equipo a distancia.

— Comunicación comprobada —informó Noah por radio.

— Audio perfecto —respondió Ethan.

Olivia proyectó nuevamente el mapa holográfico.

Una línea azul indicaba el camino hasta la región de la anomalía.

— Si mantenéis esta ruta, llegaréis en aproximadamente dos horas.

Marcus miró hacia el bosque.

— Vamos.

La marcha comenzó.

A diferencia del día anterior, el grupo hablaba poco.

A medida que avanzaban, el paisaje empezaba a cambiar lentamente.

Los árboles gigantes daban paso a formaciones rocosas cada vez más altas.

El terreno se volvía irregular.

Grandes bloques de piedra aparecían dispersos entre la vegetación.

El río continuaba acompañando parte del recorrido, pero su cauce se hacía más estrecho y profundo.

Daniel observaba atentamente el terreno.

— Parece que hemos entrado en una región mucho más antigua.

Sofia analizaba los datos del escáner.

— La composición de las rocas también ha cambiado.

Después de casi dos horas de marcha, Marcus levantó una mano.

Todos se detuvieron.

Frente a ellos, parcialmente oculta por árboles centenarios, gruesas lianas y enormes helechos, se alzaba una gigantesca pared de piedra.

Claire se acercó lentamente.

— ¿Es una montaña?

Daniel negó con la cabeza.

— No...

Pasó la mano por la superficie.

— Hay una abertura.

Con cuidado, Marcus apartó parte de la vegetación.

Poco a poco apareció una enorme entrada natural.

Tenía decenas de metros de anchura.

El interior estaba completamente oscuro.

Una corriente de aire frío salía lentamente de aquel lugar.

Maya acercó el escáner ambiental.

— El aire del interior es respirable.

Olivia seguía todo a través de las cámaras corporales.

En la Odyssey-X9, el ordenador emitió inmediatamente un aviso.

REGIÓN DE LA ANOMALÍA ALCANZADA.

Noah amplió el mapa.

El pequeño punto que representaba al equipo se encontraba exactamente sobre la zona marcada en rojo.

— Ethan...

Su voz llegó a través del comunicador.

— Hemos confirmado la posición.

— Es exactamente ahí.

Ethan volvió a mirar la abertura.

El silencio era absoluto.

Ni siquiera podía escucharse el canto de las aves.

Solo el sonido del viento atravesando la enorme abertura de piedra.

Marcus encendió la linterna.

El haz de luz se perdió en la oscuridad.

— No consigo ver el final.

Claire sintió un ligero escalofrío.

— Extraño...

Lena la miró.

— ¿Qué ocurre?

— No sé cómo explicarlo.

Continuó observando la entrada.

— Parece que este lugar... está esperando a alguien.

Nadie respondió.

Tal vez fuera únicamente la impresión provocada por la oscuridad.

O quizá el silencio de aquella inmensa abertura despertaba un miedo que ninguno de ellos conseguía justificar.

Ethan respiró profundamente.

Después miró a todo el equipo.

— Permaneceremos juntos.

— Sin excepciones.

Marcus tomó la delantera.

Uno a uno, los exploradores cruzaron lentamente la entrada.

Las linternas comenzaron a iluminar el interior de la gigantesca caverna.

Los primeros metros revelaban únicamente rocas naturales.

Pero, a medida que avanzaban, Daniel se detuvo de repente.

Pasó la mano por una de las paredes.

No era completamente natural.

Había cortes perfectamente rectos.

Marcas imposibles de producir por la erosión.

Miró a Ethan.

Su voz salió casi como un susurro.

— Alguien... construyó esto.

La frase de Daniel resonó por los oscuros corredores.

Nadie respondió de inmediato.

Las linternas recorrían lentamente las paredes, revelando superficies lisas, columnas perfectamente esculpidas y pasadizos demasiado amplios para ser obra de la naturaleza.

Marcus se acercó.

Pasó la mano por la piedra.

— Tienes razón.

Volvió a mirar a Ethan.

— Esto fue construido.

Sofia activó el escáner tridimensional.

Las lecturas comenzaron a aparecer lentamente.

— Las paredes muestran señales claras de corte.

Analizó otro tramo.

— Precisión milimétrica.

Daniel observaba impresionado.

— Una tecnología extremadamente avanzada...

— Y muy antigua —completó Maya, examinando la gruesa capa de polvo acumulada sobre el suelo.

El equipo continuó avanzando.

Con cada nuevo corredor encontraban enormes pilares que sostenían el techo de la caverna.

Algunos tenían símbolos grabados en espiral.

Otros mostraban figuras geométricas que ninguno de ellos conseguía interpretar.

Claire lo fotografiaba todo.

— Nunca he visto una arquitectura así.

Lena caminaba unos metros más atrás.

— Yo tampoco he sentido nunca un silencio tan pesado.

Ni siquiera el viento parecía penetrar en aquel lugar.

El único sonido era el de las botas golpeando el suelo de piedra.

Mientras tanto, en la Odyssey-X9, Noah seguía la transmisión de las cámaras.

Olivia observaba atentamente el mapa subterráneo que empezaba a construirse en tiempo real.

— Cada vez están entrando más profundamente.

Noah amplió la proyección.

— El complejo es enorme.

La inteligencia artificial lo confirmó.

ESTRUCTURA SUBTERRÁNEA ARTIFICIAL DETECTADA.

EXTENSIÓN ESTIMADA: INDETERMINADA.

Olivia abrió mucho los ojos.

— ¿Indeterminada?

Antes de que Noah pudiera responder, el equipo alcanzó un salón gigantesco.

Las linternas iluminaron lentamente el lugar.

Entonces todos quedaron inmóviles.

Dispersos por el suelo había decenas de esqueletos.

Marcus fue el primero en acercarse.

Se agachó cuidadosamente junto a uno de ellos.

Los huesos eran mucho más grandes que los de un ser humano.

El cráneo era alargado.

Las manos tenían cuatro dedos largos y delgados.

Las piernas eran más largas.

Maya se acercó en silencio.

Observó cuidadosamente la estructura ósea.

— No son humanos...

Claire sintió un escalofrío recorrerle la espalda.

— Dios mío...

A medida que avanzaban por el salón, comprendieron que no eran solo decenas.

Había cientos.

Esqueletos apoyados contra las paredes.

Otros yacían junto a las columnas.

Algunos parecían haber intentado huir.

Otros permanecían sentados, como si simplemente hubieran esperado la llegada de la muerte.

Lo más extraño era la ausencia de señales de combate.

Ninguna arma.

Ningún impacto en las paredes.

Ninguna señal evidente de violencia.

Solo silencio.

Un silencio que parecía atravesar miles de años.

Daniel miró lentamente a su alrededor.

— ¿Qué le ocurrió a este pueblo?

Nadie supo responder.

Ni siquiera los sensores de la Odyssey-X9 eran capaces de explicar por qué una civilización aparentemente tan avanzada había terminado reducida únicamente a huesos y polvo.

Y cuanto más observaban aquel lugar, más crecía la sensación de que aquellas ruinas todavía ocultaban respuestas...

Respuestas que quizá jamás deberían ser encontradas.

El salón permaneció sumido en un silencio absoluto.

Durante varios minutos, nadie se atrevió a pronunciar una sola palabra.

Las linternas recorrían lentamente aquel escenario de destrucción.

Cientos de esqueletos permanecían dispersos por el suelo, cubiertos por una fina capa de polvo.

Parecía como si el tiempo simplemente se hubiera detenido en aquel lugar.

Maya se arrodilló junto a uno de los cuerpos.

Sacó cuidadosamente un pequeño escáner portátil.

La luz verde recorrió toda la estructura ósea.

Segundos después, el equipo completó el análisis.

— La estructura está compuesta por calcio y minerales semejantes a los encontrados en la Tierra.

Daniel se acercó.

— ¿Cuánto tiempo hace que murieron?

Maya volvió a consultar los datos.

— Todavía no puedo afirmarlo con precisión.

Hizo una breve pausa.

— Pero sin duda estamos hablando de miles de años.

Claire observaba el rostro alargado de uno de los esqueletos.

Incluso reducido únicamente a huesos, era posible percibir que aquella especie poseía rasgos inteligentes.

Ojos grandes.

Cráneo desarrollado.

Dedos largos y delicados.

— Ellos construyeron todo esto...

Miró el enorme salón.

— Y desaparecieron.

Sofia comenzó a fotografiar cuidadosamente cada detalle.

Las inscripciones cubrían parte de las paredes.

Paneles fabricados con un material oscuro permanecían incrustados entre las columnas.

A pesar de la gruesa capa de polvo, resultaba evidente que aquella civilización había dominado una tecnología muy superior a la terrestre.

Daniel se acercó a uno de los paneles.

Pasó la mano por su superficie.

Ninguna respuesta.

Ninguna luz.

Todo parecía completamente apagado.

Marcus permanecía alerta.

Mientras los demás analizaban los vestigios arqueológicos, sus ojos recorrían continuamente los pasadizos que se extendían más allá del gran salón.

Había corredores.

Muchos corredores.

Oscuros.

Profundos.

Silenciosos.

Ethan se acercó a él.

— ¿Algo?

Marcus respondió sin apartar la mirada.

— Todavía no.

Hizo una breve pausa.

— Pero no me gusta este lugar.

En la Odyssey-X9, Noah seguía las imágenes transmitidas por las cámaras corporales.

Olivia ampliaba continuamente el mapa subterráneo.

Con cada nuevo corredor descubierto, la proyección revelaba que aquella estructura era mucho mayor de lo que habían imaginado.

— Ethan —llamó Noah por radio.

— Estamos identificando decenas de túneles conectados con el salón principal.

Ethan respondió inmediatamente.

— ¿Puedes calcular hasta dónde llegan?

Noah observó el monitor.

El ordenador intentó completar el mapeo.

Pocos segundos después apareció la respuesta.

EXTENSIÓN DE LA ESTRUCTURA: DESCONOCIDA.

LÍMITE DE LOS SENSORES ALCANZADO.

Olivia respiró lentamente.

— Es mucho más grande de lo que pensábamos.

Ethan volvió a mirar los corredores oscuros.

Después se volvió hacia el equipo.

— No vamos a separarnos.

Todos asintieron inmediatamente.

Claire guardó cuidadosamente las últimas fotografías.

Maya recogió pequeñas muestras de polvo y fragmentos minerales.

Sofia finalizó el registro del salón.

Antes de abandonar el lugar, Ethan lanzó una última mirada a aquella antigua ciudad silenciosa.

Toda una civilización había vivido allí.

Había construido aquellas galerías.

Levantado aquellas columnas.

Desarrollado una tecnología extraordinaria.

Y, por alguna razón desconocida, todo había terminado en aquel enorme cementerio subterráneo.

Sin ninguna explicación.

Sin ningún superviviente.

Cuando abandonaron el salón en dirección al siguiente corredor, ninguno de ellos percibió un pequeño detalle.

Mucho más allá del alcance de las linternas, oculto en la oscuridad absoluta de una galería todavía más profunda, un pequeño fragmento de piedra se desprendió lentamente del techo.

Cayó al suelo sin producir apenas sonido.

Como si algo, muy lejos de allí, acabara de moverse por primera vez en incontables milenios.