Horizonte Azul CAPÍTULO 11
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CAPÍTULO 11

EL MUNDO VIVIENTE

Cada paso revelaba un nuevo milagro. Y toda belleza ocultaba un silencio antiguo.

La voz de la inteligencia artificial rompió el silencio de la nave.

CONDICIONES CLIMÁTICAS FAVORABLES PARA LA EXPLORACIÓN.

TEMPERATURA EXTERIOR: 24 GRADOS.

VELOCIDAD DEL VIENTO: 11 KILÓMETROS POR HORA.

ATMÓSFERA TOTALMENTE RESPIRABLE.

Ethan se levantó antes que los demás.

Observó rápidamente el mapa holográfico preparado la noche anterior.

La ruta discurría paralela al río, pasaba junto a la gran cascada observada por los drones y regresaba antes del anochecer.

Era una caminata segura.

Al menos eso creían.

Pocos minutos después, todo el equipo se encontraba reunido junto a la compuerta principal.

Cada integrante llevaba un traje ligero de exploración.

Las prendas protegían contra pequeños cortes, cambios bruscos de temperatura y posibles microorganismos, pero no eran pesadas como los trajes espaciales.

Ya no era necesario.

Lena realizó una última comprobación.

— Frecuencia cardíaca normal.

Miró a Noah.

— Oxigenación perfecta.

Después a Marcus.

— Presión arterial dentro de los valores esperados.

Claire sonrió.

— Creo que estamos preparados.

Marcus comprobó rápidamente el equipo de seguridad.

Linterna.

Comunicador.

Escáner portátil.

Botiquín de primeros auxilios.

Todo estaba en su sitio.

Daniel volvió a revisar los sensores ambientales.

Ninguna alteración.

Ningún gas tóxico.

Ninguna radiación inusual.

Ethan respiró profundamente.

Había esperado aquel momento durante años.

Miró a todos.

— Recordadlo.

Hizo una breve pausa.

— Permaneceremos siempre juntos.

— Cualquier descubrimiento será registrado.

— Y, si algo parece estar mal...

Marcus completó:

— Regresamos inmediatamente a la nave.

Ethan sonrió.

— Exactamente.

Noah se acercó al panel principal.

Introdujo la orden de apertura.

Una señal sonora resonó por el compartimento.

La enorme compuerta comenzó a elevarse lentamente.

Una corriente de aire fresco invadió el interior de la Odyssey-X9.

Era un viento diferente.

Limpio.

Húmedo.

Cargado con el perfume de los árboles y las flores de aquel mundo.

Claire cerró los ojos durante unos segundos.

Respiró profundamente.

— Nunca había sentido un aire tan puro.

Maya hizo lo mismo.

— Yo tampoco.

La luz de la estrella iluminó por completo la entrada de la nave.

Fuera, la llanura verde parecía infinita.

Pequeñas flores se mecían suavemente con el viento.

El lago reflejaba el cielo azul.

A lo lejos podía escucharse el sonido constante de la enorme cascada.

Algunas aves desconocidas cruzaban lentamente el horizonte.

Marcus fue el primero en bajar por la rampa.

Se detuvo unos metros más adelante.

Observó cuidadosamente los alrededores.

Nada.

Ningún movimiento sospechoso.

Solo el viento.

Levantó una mano.

— Zona segura.

Ethan fue el segundo.

En cuanto sus pies tocaron el suelo, permaneció inmóvil durante unos instantes.

Miró lentamente a su alrededor.

Después se arrodilló.

Tomó un puñado de aquella tierra oscura y fértil.

Dejó que se deslizara entre sus dedos.

Sonrió discretamente.

— La humanidad ha llegado.

Uno a uno, los demás comenzaron a descender de la Odyssey-X9.

Claire no pudo resistirse.

Se arrodilló junto a Ethan.

Tocó delicadamente la vegetación.

Las hojas eran suaves.

Las flores desprendían un perfume dulce y delicado.

Maya sacó inmediatamente un pequeño recolector científico.

Tomó la primera muestra oficial de suelo.

Sonrió emocionada.

— Primera muestra geológica humana de otra galaxia.

Sofia lo registraba todo con su cámara.

Daniel fotografiaba el paisaje.

Noah anotaba automáticamente todas las coordenadas.

Lena observaba atentamente las constantes vitales del equipo.

Marcus permanecía unos metros por delante, atento al bosque.

El silencio de aquel mundo era diferente.

No era un silencio vacío.

Era un silencio lleno de vida.

A lo lejos, un pequeño grupo de animales de seis patas atravesaba tranquilamente la llanura.

Levantaron la cabeza durante unos instantes, observaron a los desconocidos visitantes y regresaron tranquilamente a pastar, como si la presencia de los seres humanos no representara ninguna amenaza.

Claire sonrió emocionada.

— Creo que nos han aceptado.

Ethan observó a aquellos animales durante unos segundos.

Después volvió la mirada hacia el inmenso bosque que se extendía frente a ellos.

Todavía quedaba mucho por descubrir.

Y aquella caminata marcaría únicamente el primer capítulo de la relación entre la humanidad y aquel mundo extraordinario.

La pequeña expedición inició la marcha siguiendo exactamente la ruta planificada la noche anterior.

Marcus avanzaba unos metros por delante.

Justo detrás caminaban Ethan, Noah y Daniel.

Claire, Maya y Sofia avanzaban observando con atención cada detalle de la vegetación.

Lena permanecía cerca del centro del grupo.

Adrian y Olivia cerraban la formación.

La llanura estaba cubierta por una vegetación suave que les llegaba hasta las rodillas.

Las hojas se mecían suavemente con el viento y producían un sonido semejante al de un campo de trigo.

El aire seguía fresco.

Respirar era fácil.

Natural.

Como si estuvieran caminando por una antigua reserva ecológica de la Tierra.

Después de unos veinte minutos de marcha, escucharon cómo el sonido del agua aumentaba poco a poco.

Unos metros más adelante, la vegetación dejó paso a un río de aguas cristalinas.

Todos se detuvieron.

Era imposible ocultar el asombro.

El río tenía decenas de metros de anchura.

El agua era tan transparente que permitía ver perfectamente el fondo cubierto de piedras redondeadas de diferentes colores.

Pequeños peces translúcidos nadaban tranquilamente entre las corrientes.

Sus cuerpos reflejaban la luz de la estrella como pequeños cristales vivientes.

Maya se acercó a la orilla.

Recogió cuidadosamente una muestra de agua.

El analizador portátil comenzó a trabajar de inmediato.

Segundos después apareció el resultado.

AGUA DULCE.

PUREZA: 99,97 %.

CONSUMO HUMANO RECOMENDADO.

Claire sonrió.

— Agua completamente potable...

Daniel negó con la cabeza, impresionado.

— Un recurso que casi desapareció de la Tierra... aquí existe en abundancia.

Mientras tanto, Sofia observaba los árboles de alrededor.

Eran enormes.

Algunos superaban fácilmente los cien metros de altura.

Los troncos tenían un tono marrón oscuro con discretos reflejos azulados.

Las copas formaban un gigantesco techo natural.

Entre las ramas colgaban frutos de formas inusuales.

Algunos eran azul oscuro.

Otros dorados.

Algunos presentaban un intenso tono violeta.

Claire se acercó a uno de los árboles.

Recogió cuidadosamente un fruto caído.

El escáner portátil analizó su composición.

MATERIA ORGÁNICA.

AUSENCIA DE COMPUESTOS TÓXICOS CONOCIDOS.

SE REQUIERE ANÁLISIS DE LABORATORIO ANTES DEL CONSUMO.

Sonrió.

— Al menos no parecen venenosos.

Maya recogió pequeñas semillas y hojas.

Cada planta recibía un código provisional.

Todo sería estudiado cuidadosamente cuando regresaran a la Odyssey-X9.

En aquel momento, un sonido diferente llamó la atención del grupo.

Una enorme bandada de aves cruzó lentamente el cielo.

Sus alas metálicas reflejaban la luz de la estrella en tonos azulados y plateados.

A diferencia de las aves terrestres, poseían cuatro alas perfectamente sincronizadas.

Volaban casi sin producir sonido alguno.

Sofia levantó inmediatamente la cámara.

— Espectacular...

Daniel no conseguía ocultar su entusiasmo.

— Nunca imaginé ver algo así.

Más adelante, junto al río, un pequeño grupo de los grandes herbívoros observados por los drones se acercaba lentamente al agua.

Poseían seis patas musculosas, astas translúcidas y un pelaje dorado que cambiaba discretamente de tonalidad según la incidencia de la luz.

Se detuvieron durante unos instantes.

Observaron a los seres humanos.

Después bajaron tranquilamente la cabeza para beber.

Marcus mantuvo la mano cerca del equipo de defensa.

Pero Ethan hizo un pequeño gesto.

— No.

Los animales no mostraban agresividad alguna.

Al contrario.

Parecían simplemente curiosos.

Una de las crías se acercó unos cuantos pasos.

Claire permaneció completamente inmóvil.

El pequeño animal inclinó ligeramente la cabeza y la observó con enormes ojos oscuros.

Después regresó corriendo junto al resto del grupo.

Claire sonrió emocionada.

— No nos tienen miedo.

Maya respondió en voz baja:

— Tal vez nunca hayan visto un depredador parecido a nosotros.

El grupo continuó avanzando lentamente por la orilla del río.

Cada metro recorrido revelaba una nueva especie vegetal, una nueva flor o un nuevo animal.

Todo parecía extraordinariamente vivo.

Todo parecía perfectamente equilibrado.

Y, durante un breve instante, los diez exploradores creyeron haber encontrado el lugar más seguro de todo el universo.

Sin darse cuenta de que, muy por debajo de aquel suelo fértil sobre el que caminaban, existía un mundo completamente diferente...

Un mundo que permanecía oculto mucho más allá del alcance de sus ojos.

La marcha continuó siguiendo el curso del río.

Mientras Ethan guiaba al grupo por la orilla, Noah y Olivia permanecían en la Odyssey-X9, siguiendo la expedición a través de las cámaras de los trajes y los sensores de rastreo. Cada paso se registraba en tiempo real, permitiendo que cualquier alteración fuese comunicada inmediatamente.

Pocos minutos después, el sonido del agua se volvió mucho más intenso.

Marcus levantó una mano.

— Escuchad...

Todos se detuvieron.

El estruendo constante aumentaba con cada metro recorrido.

Entonces la vegetación comenzó a abrirse lentamente.

Frente a ellos apareció un paisaje tan impresionante que nadie consiguió pronunciar una sola palabra.

Una gigantesca cascada caía desde una pared rocosa de más de doscientos metros de altura.

El agua se precipitaba con enorme fuerza sobre un lago cristalino y formaba una fina neblina que brillaba bajo la luz de la estrella.

Pequeños arcoíris surgían entre las gotas suspendidas en el aire.

Claire permaneció completamente inmóvil.

— Yo... nunca imaginé ver algo así.

Daniel se acercó lentamente a la orilla.

— Parece un lugar que lleva millones de años intacto.

Maya ya lo registraba todo.

Recogía pequeñas muestras del agua, fotografiaba la vegetación y grababa cada detalle del paisaje.

Las flores que crecían cerca de la cascada llamaron inmediatamente su atención.

Sus pétalos cambiaban lentamente de color conforme recibían la luz de la estrella.

Azul.

Después violeta.

Luego dorado.

Era un fenómeno completamente desconocido para la botánica terrestre.

Sofia acercó el escáner.

— Cambian la pigmentación en cuestión de segundos...

Claire sonrió.

— Es como si estuvieran vivas de una manera diferente.

Más adelante, Lena señaló hacia el lago.

Peces casi transparentes nadaban tranquilamente entre las piedras.

Cuando atravesaban un haz de luz, sus cuerpos reflejaban pequeños destellos plateados.

Adrian sacó la cámara portátil.

— Esto parecerá ciencia ficción para cualquiera que lo vea en la Tierra.

Marcus seguía atento a los alrededores.

Incluso ante tanta belleza, continuaba observando cuidadosamente el bosque.

No encontraba señales de peligro.

Solo vida.

Muchísima vida.

En aquel instante, una enorme bandada de aves de cuatro alas levantó el vuelo desde las copas de los árboles.

Sus plumas azul metálico reflejaban la luz del cielo y producían un espectáculo hipnótico.

Las aves dieron dos vueltas sobre la cascada antes de desaparecer en dirección a las montañas.

Claire siguió su vuelo hasta perderlas de vista.

— Creo que nunca conseguiré acostumbrarme a este lugar.

Al mismo tiempo, en la Odyssey-X9, Noah observaba las imágenes transmitidas por las cámaras corporales.

Olivia ampliaba continuamente el mapa de la región.

— Ya han recorrido casi dos kilómetros.

Noah asintió.

— Y todo continúa absolutamente normal.

Ella sonrió.

— Tal vez realmente hayamos encontrado un paraíso.

En el observatorio de la nave, la inteligencia artificial actualizó automáticamente el mapa topográfico.

Nuevas formaciones geológicas aparecían a medida que recibían los datos.

Pero, en una zona situada más allá de las montañas, los sensores continuaban mostrando una pequeña región sin lectura.

Olivia frunció el ceño.

— La misma interferencia de ayer...

Noah intentó ampliar la zona.

El resultado fue idéntico.

Ninguna imagen.

Ningún relieve.

Ninguna lectura.

Como si aquella parte del planeta simplemente no pudiera ser observada.

Mientras tanto, Ethan volvió a reunir al grupo cerca de la cascada.

El reloj marcaba el comienzo de la tarde.

Todavía quedaban algunas horas de luz.

Miró el mapa portátil.

— Continuaremos únicamente hasta aquel valle.

Señaló una abertura entre las montañas.

— Después regresaremos antes de la puesta de la estrella.

Todos estuvieron de acuerdo.

Sin darse cuenta, los ocho exploradores continuaron exactamente en dirección a una región donde el suelo comenzaba a mostrar discretas alteraciones geológicas.

Cambios pequeños.

Casi imperceptibles.

Pero que, al día siguiente, conducirían al equipo hasta el descubrimiento que cambiaría para siempre el destino de la humanidad.