II
Mientras los drones completaban los últimos barridos, la luz de la estrella comenzaba lentamente a perder intensidad sobre la llanura.
Las sombras de las montañas se alargaban cada vez más y una tonalidad anaranjada cubría el horizonte.
Por primera vez desde el aterrizaje, todos comprendieron que aquel mundo también tenía un atardecer: hermoso, silencioso y completamente desconocido.
Claire permanecía cerca del lago.
El viento agitaba suavemente la vegetación alrededor de la nave.
Observaba el reflejo dorado del cielo sobre el agua cristalina.
— Podría quedarme aquí el resto de mi vida...
Maya sonrió.
— Yo también.
Marcus, sin embargo, mantenía la mirada fija en el bosque.
Desde que habían abandonado la Odyssey-X9, no conseguía librarse de una extraña sensación de alerta.
No existía ninguna señal concreta de peligro.
Ningún animal agresivo.
Ningún ruido extraño.
Aun así...
Algo parecía estar mal.
Se acercó a Ethan.
— Está oscureciendo.
Ethan levantó la mirada hacia el cielo.
La estrella se aproximaba lentamente al horizonte.
Las sombras crecían rápidamente.
Daniel también se dio cuenta.
— La temperatura ha empezado a bajar.
Sofia consultó los sensores portátiles.
— Sigue siendo agradable... pero perderemos la luz en menos de una hora.
Noah volvió a mirar el mapa generado por los drones.
El área explorada todavía era muy pequeña.
Gran parte del bosque seguía siendo completamente desconocida.
Marcus habló con firmeza.
— Explorar un planeta que nunca ha recibido seres humanos... de noche... sería un error.
Nadie discrepó.
Era exactamente lo que haría cualquier equipo científico.
Ethan respiró profundamente.
Había esperado aquel momento durante años.
Quería seguir caminando.
Quería conocer cada árbol.
Cada río.
Cada montaña.
Pero también era responsable de la vida de todos.
Miró al equipo.
— Terminamos la exploración por hoy.
Claire mostró una ligera decepción.
— ¿Ya?
Ethan sonrió.
— Mañana tendremos todo el día.
Después se volvió hacia los demás.
— Todos de regreso a la Odyssey-X9.
Marcus fue el primero en iniciar el camino de vuelta.
Mientras atravesaban lentamente la llanura, los últimos rayos de aquella estrella iluminaban el casco plateado de la nave.
Parecía todavía más grande vista desde el exterior.
Un verdadero refugio construido por la humanidad en otro mundo.
Adrian fue el último en recoger los drones.
Cada uno aterrizó automáticamente sobre su plataforma de recarga.
Las hélices se detuvieron lentamente.
El ordenador confirmó:
MISIÓN DE RECONOCIMIENTO COMPLETADA.
DATOS TRANSFERIDOS CON ÉXITO.
Noah sonrió satisfecho.
— Tenemos muchísimo material que analizar.
En cuanto todo el equipo entró, Ethan se volvió hacia la enorme compuerta.
Contempló una última vez el paisaje.
El lago.
La llanura.
Las montañas.
Los árboles gigantes.
Todo permanecía inmóvil bajo la luz rojiza del atardecer.
Entonces pulsó el control de cierre.
La gigantesca puerta metálica comenzó a deslizarse lentamente.
El sonido de los mecanismos resonó por el compartimento.
Segundos después, la Odyssey-X9 volvió a quedar completamente sellada.
La inteligencia artificial confirmó de inmediato:
COMPUERTA PRINCIPAL CERRADA.
ATMÓSFERA INTERNA ESTABILIZADA.
INTEGRIDAD DE LA NAVE: 100 %.
Fuera, la noche comenzaba a apoderarse de aquel planeta desconocido.
Dentro, diez seres humanos se preparaban para analizar todo lo que habían descubierto.
Ninguno imaginaba que, mientras la compuerta se cerraba lentamente, algo observaba la nave desde el otro lado del bosque.
Inmóvil.
Silencioso.
Esperando pacientemente la mañana siguiente.
En cuanto la compuerta principal quedó completamente sellada, una sensación de seguridad volvió a apoderarse de la Odyssey-X9.
Por primera vez desde el aterrizaje, todos respiraron aliviados.
El ordenador inició automáticamente el protocolo de descontaminación.
Un haz de luz azul recorrió lentamente todo el compartimento de entrada.
Segundos después, la inteligencia artificial informó:
ANÁLISIS BIOLÓGICO COMPLETADO.
NINGÚN AGENTE CONTAMINANTE DETECTADO.
ATMÓSFERA INTERNA PRESERVADA.
Lena sonrió discretamente.
— Excelente noticia.
Marcus se quitó el equipo de exploración y lo dejó sobre la mesa.
— Al menos sabemos que podemos entrar y salir sin traer ninguna sorpresa.
Daniel respondió sonriendo:
— Por ahora.
Los tres drones fueron llevados al laboratorio.
En cuanto fueron conectados a la Odyssey-X9, cientos de gigabytes de imágenes comenzaron a transferirse a la base de datos principal.
Noah supervisaba atentamente cada etapa.
En la enorme pantalla holográfica, un mapa tridimensional comenzó a construirse automáticamente.
La región alrededor de la nave aparecía con un nivel de detalle impresionante.
Montañas.
Ríos.
Lagos.
Cascadas.
Valles.
Bosques.
Todo era reconstruido digitalmente.
Sofia amplió el modelo.
— La precisión es extraordinaria.
Olivia hizo girar lentamente la proyección.
— Ahora podemos planificar cada paso de la exploración de mañana.
Claire seguía fascinada con las imágenes grabadas por los drones.
Amplió una zona del bosque.
Árboles gigantescos ocupaban casi toda la pantalla.
Flores de colores crecían cerca de los arroyos.
Algunas plantas cambiaban lentamente de tonalidad a medida que disminuía la luz.
— Nunca he visto nada parecido.
Maya se acercó.
— Yo tampoco.
Comenzó a catalogar cada especie observada.
Creó una lista provisional.
Vegetación arbórea.
Vegetación rastrera.
Especies acuáticas.
Animales herbívoros.
Aves.
Insectos.
Cada nueva imagen revelaba formas de vida completamente desconocidas para la ciencia terrestre.
Mientras tanto, Daniel realizaba una nueva inspección completa de la Odyssey-X9.
Recorrió el compartimento de motores.
Comprobó el sistema hidráulico.
Probó los generadores auxiliares.
Verificó el funcionamiento de la compuerta principal.
Cuando terminó, regresó a la sala de mando.
— Puedo confirmar que la nave está preparada para un despegue de emergencia en cualquier momento.
Marcus asintió.
— Espero que no sea necesario.
Lena inició una rápida evaluación médica del equipo.
Presión arterial.
Temperatura.
Oxigenación.
Todos presentaban un excelente estado físico.
— Parece que el planeta nos ha recibido muy bien.
Claire sonrió.
— Creo que le ha gustado nuestra visita.
Marcus respondió en tono relajado:
— Todavía es demasiado pronto para confiar tanto.
Sus palabras provocaron algunas risas.
La tensión disminuía poco a poco.
En el centro de la sala principal, el mapa tridimensional quedó finalmente completo.
Noah resaltó una ruta en azul.
— Mañana seguiremos este camino.
La línea acompañaba el río observado por los drones.
Pasaba cerca de la gran cascada.
Después se internaba lentamente en el bosque.
Ethan analizó el recorrido durante unos instantes.
— ¿Distancia?
— Aproximadamente seis kilómetros a pie.
— Excelente.
Volvió a mirar a todo el equipo.
— Mañana empezaremos a conocer este mundo de verdad.
Todos permanecieron observando el mapa holográfico.
Cada montaña.
Cada río.
Cada árbol registrado por los drones.
La sensación era que se encontraban ante un planeta perfecto.
Pero, oculta más allá de la zona ya cartografiada, permanecía una inmensa extensión que ninguna cámara había alcanzado.
Y era precisamente en aquel territorio desconocido donde comenzaría la verdadera historia de aquella misión.
El análisis de las imágenes se prolongó durante varias horas.
Aunque estaban cansados del viaje, ninguno de los diez parecía tener ganas de dormir.
Cada grabación de los drones revelaba un nuevo detalle de aquel mundo extraordinario.
Noah redujo la velocidad de uno de los vídeos.
Una enorme ave de plumaje azul metálico planeaba sobre un lago cristalino antes de desaparecer entre los árboles gigantes.
Claire sonrió.
— Parece que estemos viendo un documental sobre un planeta perdido.
Maya amplió otra grabación.
Un grupo de animales de seis patas caminaba lentamente cerca de un río.
No mostraban ningún comportamiento agresivo.
Vivían tranquilamente en pequeños grupos.
— Son herbívoros.
Daniel preguntó:
— ¿Estás segura?
— Casi.
Amplió de nuevo la imagen.
— Mirad los dientes.
Están adaptados para consumir vegetación.
Marcus respiró aliviado.
— Al menos una buena noticia.
Mientras tanto, Sofia terminaba de construir el mapa definitivo de la región.
Las áreas exploradas por los drones quedaron resaltadas en azul.
Las regiones todavía desconocidas permanecían en gris.
El territorio inexplorado era gigantesco.
Ethan lo observó atentamente.
— Hemos explorado menos del uno por ciento del área alrededor de la nave.
Noah confirmó:
— Todavía sabemos muy poco de este planeta.
Aun así, las primeras informaciones resultaban extremadamente prometedoras.
Olivia organizaba todos los archivos en una base de datos científica.
Cada especie recibía un código provisional.
Cada formación geológica era catalogada.
Cada río y cada lago quedaban registrados.
Todo debería regresar algún día a la Tierra.
O, al menos, permanecer preservado en la memoria de la Odyssey-X9.
Poco después, Claire se acercó a la gran ventana lateral.
La noche se había apoderado por completo del planeta.
Las dos lunas iluminaban suavemente la llanura alrededor de la nave.
El lago reflejaba aquella luz plateada, creando un paisaje casi mágico.
Pequeños puntos luminosos comenzaron a aparecer entre los árboles.
Daniel se acercó.
— ¿Qué es eso?
Maya amplió la imagen de las cámaras exteriores.
Cientos de pequeños organismos bioluminiscentes volaban lentamente por el bosque.
Parecían luciérnagas.
Pero brillaban en tonalidades azuladas y doradas.
Claire sonrió fascinada.
— Es precioso...
El ordenador también registraba sonidos procedentes del exterior.
El estruendo constante de la gran cascada.
El viento atravesando las copas de los árboles.
El canto lejano de aves desconocidas.
Y, de vez en cuando, el llamado grave de algún animal que ninguno de ellos conseguía identificar.
Marcus escuchó atentamente.
— Espero que sea vegetariano.
La frase provocó algunas risas.
El ambiente se volvió más ligero.
Ethan aprovechó aquel momento para reunirlos una vez más.
— Mañana comenzaremos la verdadera exploración.
Miró a cada integrante del equipo.
— Partiremos al amanecer.
— Permaneceremos siempre juntos.
— Ninguna decisión se tomará de manera individual.
— Cualquier situación fuera de lo normal será comunicada inmediatamente.
Todos estuvieron de acuerdo.
La seguridad de la misión era la prioridad absoluta.
Poco a poco, cada integrante se dirigió hacia su propia cabina.
La ansiedad seguía siendo enorme.
Casi nadie creía que pudiera dormir.
Antes de apagar las luces del observatorio, Ethan volvió a mirar por última vez aquel mundo desconocido.
Las dos lunas permanecían altas en el cielo.
La Odyssey-X9 descansaba silenciosamente en medio de la llanura.
Todo parecía tranquilo.
Todo parecía en paz.
Pero, mucho más allá del alcance de las luces de la nave, oculta entre las sombras del bosque, una enorme silueta se movió lentamente entre los árboles.
Solo durante un instante.
Después volvió a desaparecer en la oscuridad.
Ningún sensor registró su presencia.
Ninguna cámara consiguió captarla.
Y, dentro de la Odyssey-X9, los diez exploradores se durmieron creyendo que el día siguiente marcaría únicamente el comienzo de un gran descubrimiento.
Sin imaginar que, en realidad, sería el inicio de la mayor pesadilla de la humanidad.