II #2
— Solo informó de que forman parte de los protocolos restringidos de la misión.
Marcus amplió el mapa.
Los compartimentos se encontraban cerca del casco inferior.
Ninguno aparecía en el plano principal de la nave.
— Más secretos... —murmuró Adrian.
Marcus guardó el terminal.
— No me gustan las puertas cerradas dentro de una nave.
— A mí tampoco.
En el centro de la Odyssey-X9, Ethan observaba en silencio la proyección del espacio.
A cada minuto, nuevas estrellas aparecían ante los sensores.
Algunas tenían tonalidades azuladas.
Otras brillaban con un rojo intenso.
A lo lejos, nubes de polvo cósmico formaban dibujos que parecían ríos atravesando la oscuridad.
Jamás había imaginado que el universo pudiera ser tan colorido.
Maya se acercó lentamente.
— ¿Puedo?
Señaló la silla que había a su lado.
Ethan sonrió.
— Claro.
Los dos permanecieron unos minutos contemplando el horizonte.
— Todavía parece un sueño —dijo Maya.
— A mí también.
Ella respiró profundamente.
— Pasé años estudiando organismos microscópicos para intentar descubrir cómo comenzó la vida.
Volvió a mirar las estrellas.
— Y ahora vamos en busca de una forma de vida completamente diferente.
Ethan dirigió los ojos hacia ella.
— ¿Tienes miedo?
Maya sonrió.
— Mucho.
— Yo también.
Ella se sorprendió.
— Pensaba que jamás admitirías eso.
— Liderar no significa dejar de sentir miedo.
El silencio regresó.
Después de unos instantes, Maya preguntó:
— ¿Echas de menos la Tierra?
Ethan tardó unos segundos en responder.
— Echo de menos a las personas que la Tierra fue alguna vez.
Ella comprendió de inmediato.
El planeta había quedado atrás.
Pero tal vez ya se había perdido mucho antes de la huida.
Poco después, el ordenador anunció que la cocina principal estaba lista para ser utilizada.
Claire tuvo una idea.
— Creo que ya hemos tenido suficiente con las barritas energéticas.
Marcus levantó una ceja.
— ¿Hay algo mejor?
Ella sonrió.
— Venid conmigo.
La cocina de la Odyssey-X9 sorprendió a todos.
Era completamente automatizada.
Los alimentos eran preparados por sistemas inteligentes que utilizaban ingredientes naturales almacenados en compartimentos refrigerados.
Claire seleccionó una comida sencilla.
Verduras.
Arroz.
Proteína vegetal.
Pan.
Frutas.
Nada sofisticado.
Pero infinitamente mejor que cualquier comida que hubieran probado en los últimos años.
El aroma se extendió rápidamente por el ambiente.
Daniel rio.
— Había olvidado cómo huele la comida de verdad.
Lena repartió los platos.
Todos se sentaron alrededor de la mesa circular.
Durante unos segundos nadie habló.
Cada uno observaba su propio plato.
Tal vez porque aquello parecía un lujo.
Tal vez porque les recordaba todo lo que habían perdido.
Fue Marcus quien rompió el silencio.
— Entonces...
Todos lo miraron.
— Creo que hemos sobrevivido al primer día.
Por primera vez desde que había comenzado aquella historia, todos rieron al mismo tiempo.
No fue una carcajada fuerte.
Fue una risa cansada.
Pero auténtica.
En aquel instante, por primera vez, la Odyssey-X9 dejó de parecer únicamente una nave.
Comenzaba, lentamente, a transformarse en un hogar.
La comida terminó mucho después de que los platos quedaran vacíos.
Por primera vez en muchos años, ninguno de ellos tuvo que dividir cada ración en porciones cuidadosamente calculadas.
No hubo discusiones sobre quién comería menos.
Ni preocupación por el abastecimiento del día siguiente.
La propia Odyssey-X9 administraba automáticamente sus reservas e informaba de que los suministros seguían estando muy por encima de lo necesario para diez tripulantes.
Aun así, Claire insistió en registrarlo todo.
— ¿Costumbre? —preguntó Daniel, observándola anotar cada producto consumido.
Ella sonrió discretamente.
— En la Tierra, desperdiciar un solo gramo de alimento podía costar una vida.
Daniel asintió.
Algunas costumbres tardarían mucho en desaparecer.
Cuando la mesa volvió a quedar ordenada, Ethan se levantó.
Todos volvieron a mirarlo.
No como al hombre que había tenido la idea de robar la nave.
Sino como a quien ahora debía guiarlos por un camino que nadie conocía.
— Quiero daros las gracias a cada uno.
Nadie dijo nada.
— Hace pocas semanas éramos desconocidos intentando sobrevivir en un mundo que estaba muriendo. Hoy somos la única tripulación humana en otra galaxia.
Respiró profundamente.
— No sé qué encontraremos cuando lleguemos a nuestro destino. No sé si habrá un planeta habitable. No sé si podremos construir una nueva vida.
Miró cada rostro alrededor de la mesa.
— Pero sé que ninguno de nosotros ha llegado hasta aquí solo.
Marcus cruzó los brazos.
— Y seguiremos vivos de la misma manera.
Adrian levantó discretamente un vaso de agua.
— Por la tripulación.
Los demás repitieron el gesto.
— Por la tripulación.
Después de la reunión, cada uno regresó lentamente a su propio sector.
Daniel volvió al compartimento de ingeniería para programar una inspección automática del reactor.
Claire revisó una vez más el invernadero hidropónico antes de reducir la iluminación de las plantas para el ciclo nocturno.
Lena comprobó la enfermería por última vez, asegurándose de que Noah descansara y de que todos los medicamentos permanecieran organizados.
Marcus recorrió todos los corredores de la nave, comprobando puertas, cierres y compartimentos de emergencia.
Incluso a millones de años luz de la Tierra, seguía haciendo rondas.
Era su forma de proteger a los demás.
En el centro de comunicaciones, Noah y Olivia permanecieron frente a los terminales.
El Protocolo ARCA seguía siendo inaccesible.
Pero, antes de apagar los sistemas, apareció espontáneamente un nuevo mensaje en el monitor.
ARCHIVOS BLOQUEADOS PRESERVADOS.
LIBERACIÓN CONDICIONADA AL PROGRESO DE LA MISIÓN.
Olivia volvió a leer la frase dos veces.
— Acaba de decir «progreso de la misión».
Noah se inclinó hacia la pantalla.
— Eso significa que esos archivos se liberarán automáticamente.
— ¿Cuándo?
Él negó con la cabeza.
— Todavía no lo sabemos.
Olivia apagó el terminal.
— Entonces tendremos que esperar.
Los dos abandonaron la sala con más preguntas que respuestas.
Mientras tanto, Ethan caminó solo hasta el observatorio.
Las luces estaban apagadas.
Solo el resplandor de las estrellas iluminaba la estancia.
Permaneció varios minutos contemplando Andrómeda.
Era imposible distinguir constelaciones.
Ningún dibujo conocido existía en aquel cielo.
Todo era nuevo.
Todo era extraño.
Activó el registro de a bordo de la nave.
Una pequeña luz verde se encendió frente a él.
— Registro de la misión... día uno.
Hizo una breve pausa.
— Si alguien escucha esta grabación algún día, quizá la humanidad todavía exista. Quizá no. Hoy hemos atravesado el agujero de gusano y hemos dejado atrás la Vía Láctea. Todos han sobrevivido, a pesar de los daños sufridos por la nave. Todavía estamos aprendiendo a vivir dentro de la Odyssey-X9.
Sus ojos volvieron hacia el universo.
— No sabemos qué encontraremos en el destino programado. Tampoco sabemos si algún día volveremos a ver la Tierra. Pero seguiremos registrando todo lo que ocurra. Si esta misión representa un nuevo comienzo para nuestra especie, entonces alguien tendrá que conocer la verdad.
Terminó la grabación.
El silencio volvió a dominar el observatorio.
Poco después, la serena voz del ordenador resonó por toda la nave.
TODOS LOS SISTEMAS ESENCIALES ESTABILIZADOS.
RUTA CONFIRMADA.
TIEMPO RESTANTE HASTA EL DESTINO: 87 HORAS Y 03 MINUTOS.
La Odyssey-X9 continuó su viaje a velocidad constante.
Delante, solo estrellas desconocidas.
Detrás, un planeta condenado que desaparecía para siempre en la inmensidad del cosmos.
Y, sin que ninguno de los diez lo percibiera, el verdadero viaje apenas estaba comenzando.