CAPÍTULO 6 #2
Las puertas automáticas se abrían silenciosamente al reconocer la presencia de la tripulación.
Pequeños paneles luminosos indicaban sectores específicos.
LABORATORIO CIENTÍFICO.
OBSERVATORIO.
BANCO BIOLÓGICO.
MÓDULO DE CULTIVO.
CABINAS DE LA TRIPULACIÓN.
CENTRO DE DATOS.
Sofia lo observaba todo con atención.
— Parece una pequeña ciudad.
Maya se acercó a una ventana interior que daba a un invernadero.
Cientos de plantas crecían bajo iluminación artificial.
Árboles frutales en miniatura.
Vegetales.
Hierbas medicinales.
Cereales.
Claire entró justo detrás.
Sus ojos se iluminaron de inmediato.
— Han traído un ecosistema entero.
Caminó lentamente entre las mesas de cultivo.
Cada planta disponía de sensores individuales.
Un sistema automático controlaba el riego, los nutrientes y la iluminación.
— Esto puede alimentar a diez personas durante décadas.
Maya sonrió.
— Entonces no te quedarás sin trabajo.
Claire pasó delicadamente la mano sobre un pequeño brote de manzano.
Por primera vez desde que habían abandonado la Tierra, parecía verdaderamente feliz.
En el sector siguiente, Sofia encontró un enorme compartimento climatizado.
Cuando abrió la puerta, quedó completamente inmóvil.
Las estanterías metálicas ocupaban todas las paredes.
En cada una había pequeños cilindros transparentes.
En el panel principal se leía:
BANCO GEOLÓGICO DE REFERENCIA.
Se acercó.
Miles de muestras de rocas terrestres estaban catalogadas.
Basaltos.
Granitos.
Cuarzos.
Sedimentos.
Meteoritos.
Además, había equipos de perforación, análisis químico y sensores sísmicos de última generación.
— Pretendían estudiar otro mundo desde cero... —murmuró.
Marcus miró rápidamente alrededor.
— Todo esto para solo diez personas.
— No eran solo diez personas.
Ella se volvió hacia él.
— Pretendían reconstruir una civilización.
Las palabras hicieron reflexionar a Marcus.
Tal vez aquella nave jamás hubiese sido construida únicamente para sobrevivir.
Tal vez fuera una auténtica semilla de la humanidad.
En el centro de la nave, Ethan y Adrian llegaron al observatorio.
Una puerta circular se abrió silenciosamente.
La sala tenía paredes completamente transparentes.
En realidad, no eran ventanas.
Miles de microcámaras externas reproducían el espacio con una resolución perfecta, creando la sensación de que no existía ningún casco separando a la tripulación del universo.
Ethan se detuvo en mitad de la sala.
Era imposible no hacerlo.
Andrómeda ocupaba buena parte del horizonte.
Nebulosas de colores flotaban como tormentas gigantescas.
Estrellas azules, doradas y rojizas brillaban en todas direcciones.
A lo lejos, un cúmulo estelar parecía formar un enorme arco luminoso.
Adrian se acercó lentamente.
— Nunca imaginé...
Ni siquiera logró terminar la frase.
Ambos permanecieron en silencio.
En aquel momento no eran fugitivos.
No eran militares.
Ni siquiera supervivientes.
Eran simplemente dos seres humanos contemplando algo que nadie en la Tierra había visto jamás.
Detrás de ellos, el ordenador emitió una nueva alerta.
MAPEO ESTELAR COMPLETADO: 31 %.
DESTINO PROGRAMADO LOCALIZADO.
Ethan regresó inmediatamente al panel.
Una línea azul apareció sobre la proyección espacial.
Se extendía hasta un pequeño sistema estelar situado en la periferia de uno de los brazos de Andrómeda.
Al final de la ruta apareció una información sencilla.
TIEMPO ESTIMADO HASTA LA LLEGADA: 92 HORAS Y 14 MINUTOS.
Adrian sonrió discretamente.
— Entonces hay un destino.
Ethan observó el punto luminoso marcado por el ordenador.
Todavía era solo una estrella.
Nada indicaba si había un planeta.
Nada revelaba lo que los esperaba.
Aun así, por primera vez desde su huida de la Tierra, dejaban de viajar hacia lo absolutamente desconocido.
Ahora había un lugar al que se dirigían.
Y, sin darse cuenta, una mezcla de esperanza e inquietud comenzaba a ocupar el espacio que, hasta pocas horas antes, había pertenecido únicamente al miedo.
Mientras Ethan y Adrian seguían frente al observatorio, Olivia reapareció llevando un pequeño terminal extraído del centro de comunicaciones.
Su rostro mostraba cansancio, pero también curiosidad.
— Pensé que os gustaría ver esto.
Conectó el terminal al panel principal.
Una nueva ventana apareció ante ellos.
ARCHIVOS DE LA MISIÓN ODYSSEY-X9
ACCESO PARCIAL RESTAURADO: 38 %.
Noah se acercó de inmediato.
— ¿Has conseguido recuperar los bancos de datos?
— Solo una parte. La travesía corrompió muchos archivos, pero algunos directorios sobrevivieron.
Daniel también entró en el observatorio.
— ¿Hay alguna información sobre el destino?
Olivia navegó por los registros.
Casi todos seguían cifrados.
Sin embargo, una única carpeta era parcialmente accesible.
Su título llamó la atención de todos.
PROTOCOLO EDÉN
Claire frunció el ceño.
— ¿Edén?
— Debe ser el nombre de la misión —respondió Ethan.
Olivia intentó abrir el contenido.
La pantalla permaneció oscura durante unos segundos antes de mostrar únicamente una frase.
DESTINO SELECCIONADO POR SONDAS AUTOMÁTICAS. CLASIFICACIÓN: HABITABLE.
Nada más.
Ni mapas.
Ni imágenes.
Ni informes científicos.
Solo aquella información.
Sofia respiró lentamente.
— Entonces realmente existe un planeta.
— Al menos eso era lo que indicaban las sondas —respondió Noah.
— Si llegaron hasta allí —añadió Maya.
El comentario hizo regresar el silencio.
Todos recordaron el informe encontrado todavía en la Tierra.
Siete sondas habían atravesado el agujero de gusano.
Ninguna había regresado.
Ninguna había transmitido datos de vuelta.
Y ahora ellos seguían exactamente la misma ruta.
El ordenador interrumpió sus pensamientos.
CURSO MANTENIDO.
DESTINO ESTIMADO EN 92 HORAS.
NO SE REQUIERE INTERVENCIÓN DE LA TRIPULACIÓN.
Adrian miró a Ethan.
— Por primera vez desde que robamos esta nave... no hay nada que podamos hacer.
Ethan volvió la mirada hacia la inmensidad de Andrómeda.
La Tierra estaba demasiado lejos para ser vista.
Ya no había persecución.
Ya no había cazas.
Ya no había sirenas.
Solo el silencio infinito del espacio.
Aun así, una extraña sensación persistía en su interior.
No era miedo.
Era la impresión de que aquel viaje aún ocultaba algo que ninguno de los diez era capaz de imaginar.
Volvió a observar el pequeño punto luminoso marcado como destino.
Faltaban noventa y dos horas para alcanzarlo.
Y, sin que ninguno de ellos lo supiera, aquellas serían las últimas horas de auténtica paz antes de encontrar el mundo que cambiaría para siempre el destino de la humanidad.