Horizonte Azul CAPÍTULO 6
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CAPÍTULO 6

MÁS ALLÁ DE LA VÍA LÁCTEA

Las estrellas dejaron de ser un sueño lejano, y comenzaron a iluminar un camino sin retorno.

Durante unos segundos, no supo dónde estaba.

Entonces lo recordó.

La huida.

Los cazas.

Neptuno.

El agujero de gusano.

Y aquella sensación imposible de ver el espacio plegarse alrededor de la nave.

Ethan intentó mover los brazos, pero todo su cuerpo parecía aplastado contra el asiento. El panel frente a él estaba parcialmente apagado. Algunas pantallas mostraban líneas distorsionadas. Otras, únicamente interferencias.

— Adrian...

No hubo respuesta.

Giró la cabeza con dificultad.

Adrian seguía inconsciente en el asiento de al lado, con un pequeño corte en la frente. La sangre le descendía hasta la ceja, pero su respiración parecía regular.

Ethan se soltó el cinturón.

El movimiento provocó un dolor agudo en sus costillas.

— Adrian, despierta.

Tocó el hombro del piloto.

Adrian abrió los ojos de golpe e intentó incorporarse.

— ¿Dónde estamos?

— Todavía intento averiguarlo.

Examinó los controles.

— ¿Motores?

— Sin respuesta.

— ¿Reactor?

El comunicador interno crepitó.

La voz de Daniel llegó entrecortada.

— Cabina... ¿me recibís?

Ethan activó el canal.

— Te recibimos. ¿Cuál es la situación?

— El reactor principal sigue activo, pero hemos perdido dos módulos de distribución. El anillo gravitacional se desconectó solo.

— ¿Riesgo de explosión?

— Siempre hay riesgo de explosión.

— Daniel.

— No inmediato.

Adrian se limpió la sangre de la frente.

— Eso casi cuenta como una buena noticia.

Otro sonido llegó desde el corredor.

Alguien gemía.

Ethan abrió la puerta de la cabina.

El interior de la nave estaba sumido en una penumbra azulada. Algunos objetos sueltos flotaban lentamente por el corredor. La gravedad artificial funcionaba solo de manera parcial, haciendo que cada paso resultara ligero e inestable.

Lena apareció desde uno de los compartimentos laterales, apoyándose en la pared.

— ¿Dónde están los demás?

— Todavía no lo sé.

Tenía un corte en el labio, pero parecía consciente.

— Noah ya estaba herido antes de la travesía.

— Encuéntralo. Revisa a todos.

Lena asintió y siguió por el corredor.

Ethan y Adrian avanzaron hacia el módulo central.

Maya estaba tendida junto a una compuerta, todavía sujeta al asiento auxiliar. Sofia intentaba liberarla.

— Está respirando —dijo Sofia.

— Lena viene hacia aquí.

Claire apareció detrás de ellas, sujetándose el brazo izquierdo.

— Creo que me he dislocado el hombro.

— No lo muevas —respondió Ethan.

Marcus salió del compartimento de seguridad cargando a Noah en brazos.

El ingeniero estaba consciente, pero muy pálido.

— La quemadura se ha abierto —dijo Marcus.

Lena corrió hacia ellos.

— Llévalo a la enfermería.

— Puedo caminar —protestó Noah.

— Hoy ya has dicho eso una vez.

Marcus ignoró la queja y siguió cargándolo.

Olivia salió del módulo de comunicaciones con el rostro cubierto de pequeños cortes.

— Hemos perdido contacto con todo.

— ¿Con la Tierra? —preguntó Ethan.

— Con cualquier cosa.

Señaló los paneles.

— Sensores externos, comunicaciones, navegación... parte del sistema se está reiniciando.

Daniel apareció por una compuerta inferior.

Uno de los lados de su uniforme estaba quemado.

— Tenemos que reducir el consumo.

— ¿Qué apagamos? —preguntó Adrian.

— Todo lo que no mantenga el casco, el oxígeno o nuestros cuerpos funcionando.

Daniel se acercó al panel central y activó una secuencia manual.

Las luces disminuyeron aún más.

El zumbido de la ventilación se volvió más débil.

Durante unos instantes, nadie habló.

La Odyssey-X9 parecía respirar con dificultad.

— ¿Argos? —preguntó Ethan.

Olivia negó con la cabeza.

— No responde.

— ¿Eso es malo?

— Después de todo lo que intentó hacernos, todavía lo estoy decidiendo.

Sofia consiguió liberar a Maya.

La bióloga abrió lentamente los ojos.

— ¿Hemos llegado?

Nadie respondió.

Porque nadie lo sabía.

Ethan regresó a la cabina.

Adrian ya intentaba recuperar los controles de navegación.

— El ordenador está reconstruyendo los mapas.

— ¿Cuánto tardará?

— Pueden ser minutos. Pueden ser horas.

Ethan observó el monitor frontal.

La protección exterior permanecía cerrada desde la travesía. No había ventanas en aquella cabina, únicamente proyecciones alimentadas por los sensores del casco.

En aquel momento, todas estaban apagadas.

Podían estar en el espacio.

Podían seguir atrapados dentro de la anomalía.

Podían estar muertos y aún no saberlo.

Una alerta apareció en el panel.

SENSORES EXTERNOS RESTAURADOS: 12 %.

Adrian se incorporó.

— Tenemos algo.

La imagen frente a ellos parpadeó.

Primero apareció únicamente oscuridad.

Después, puntos de luz.

Miles.

Las estrellas eran tan densas que parecían formar ríos brillantes en el vacío.

La proyección se amplió.

Nebulosas violetas atravesaban el horizonte. Nubes doradas de gas rodeaban sistemas desconocidos. A lo lejos, una galaxia entera ocupaba parte del campo de visión, inmensa e inclinada, con brazos luminosos extendiéndose por el espacio.

Ethan quedó inmóvil.

Nada de lo que había visto en sus misiones orbitales lo había preparado para aquello.

La Tierra siempre había parecido pequeña vista desde el espacio.

Allí, incluso el recuerdo de la Tierra parecía pequeño.

Adrian se acercó al panel.

— Esto no es la Vía Láctea.

La frase atravesó la cabina en silencio.

Los demás comenzaron a llegar.

Lena sostenía a Claire.

Marcus permaneció junto a la puerta.

Olivia, Noah, Maya, Sofia y Daniel se acercaron lentamente.

Diez personas frente a un universo que ningún ser humano había contemplado jamás con sus propios ojos.

En el centro de la proyección apareció una nueva información.

POSICIÓN GALÁCTICA: INDETERMINADA.

Debajo surgió otra línea.

FIRMA ESTELAR COMPATIBLE CON LA GALAXIA DE ANDRÓMEDA.

Maya se llevó una mano a la boca.

Sofia dejó escapar una risa nerviosa.

Daniel simplemente se sentó en el suelo.

Ethan contempló la inmensidad frente a ellos.

No hubo celebración.

Todavía no.

Había demasiado dolor, miedo y demasiados daños.

Aun así, en aquel instante todos comprendieron la magnitud de lo que habían hecho.

Habían abandonado la Vía Láctea.

Habían atravesado lo imposible.

Y, por primera vez en la historia, diez seres humanos despertaban bajo las estrellas de otra galaxia.

El silencio permaneció en la cabina durante varios segundos.

Ni siquiera Marcus, que rara vez mostraba emoción alguna, conseguía apartar la mirada de la proyección.

Aquello no era simplemente otra región del espacio.

Era otra galaxia.

Durante toda su infancia, todos habían aprendido que Andrómeda era un punto luminoso distante, visible únicamente mediante telescopios potentes. Los antiguos libros afirmaban que la luz de aquella galaxia tardaba millones de años en llegar hasta la Tierra.

Ahora llenaba casi todo el horizonte.

— Lo hemos conseguido... —murmuró Claire, casi sin creérselo.

Nadie respondió.

Porque todos seguían intentando convencerse de que aquello era real.

El ordenador de la Odyssey-X9 volvió a emitir una breve señal sonora.

RESTABLECIENDO SISTEMAS...

SOPORTE VITAL: 100 %.

INTEGRIDAD ESTRUCTURAL: 94 %.

PROPULSIÓN PRINCIPAL: OPERATIVA.

MOTOR GRAVITACIONAL: EN ENFRIAMIENTO.

Daniel respiró aliviado.

— El casco ha soportado la travesía mejor de lo que imaginaba.

Adrian cruzó los brazos.

— ¿Y el anillo gravitacional?

— Necesitará una inspección completa.

— ¿Algún daño grave?

Daniel amplió un diagrama del reactor.

Pequeños puntos amarillos parpadeaban cerca del conjunto de estabilización.

— Tres conductores han sufrido una sobrecarga. No impedirán que la nave vuele, pero tendremos que sustituirlos cuando encontremos material compatible.

Noah se acercó.

— ¿Tenemos repuestos?

Daniel abrió el inventario automático.

La lista parecía interminable.

Cientos de componentes estaban almacenados en compartimentos internos de la nave.

— Parece que sí.

Sonrió discretamente.

— El gobierno realmente esperaba que esta misión durara muchos años.

Mientras ambos discutían el estado del reactor, Lena condujo a Noah hasta la enfermería.

El lugar sorprendió a todos.

Era mucho mayor de lo que imaginaban.

Dos camas quirúrgicas ocupaban el centro de la sala.

Armarios automatizados almacenaban medicamentos organizados por categorías.

Equipos de diagnóstico cubrían una pared entera.

Incluso una pequeña unidad de regeneración celular formaba parte de la estructura.

Lena pasó lentamente la mano por uno de los aparatos.

— Nunca he visto funcionar un equipo como este.

Claire se acercó.

— Yo tampoco.

Lena abrió uno de los armarios.

Cientos de cajas perfectamente selladas aparecieron frente a ella.

Analgésicos.

Antibióticos.

Antivirales.

Sueros.

Kits quirúrgicos.

Medicamentos que habían desaparecido de los hospitales de la Tierra décadas atrás.

Se quedó inmóvil.

— Cuántas personas podrían haberse salvado...

Su voz se quebró.

Nadie respondió.

La enfermería de la Odyssey-X9 tenía recursos suficientes para mantener sana a una pequeña comunidad durante muchos años.

Mientras tanto, los hospitales terrestres cerraban por falta de un simple antibiótico.

Claire apoyó suavemente una mano sobre el hombro de Lena.

— Ahora pueden salvarnos a nosotros.

Lena respiró profundamente.

Después volvió al trabajo.

— Noah, siéntate.

El ingeniero obedeció.

La quemadura del hombro seguía molestándole.

Lena retiró con cuidado la protección improvisada que le habían colocado durante la huida.

La piel estaba enrojecida, pero el tejido no mostraba signos de necrosis.

— Has tenido suerte.

Noah sonrió.

— Creo que estoy empezando a especializarme en eso.

— No confíes en la suerte la próxima vez.

Aplicó un gel regenerador.

En pocos segundos, el dolor comenzó a disminuir.

Noah abrió mucho los ojos.

— Esto es increíble.

— Tecnología militar.

— Nunca llegó a los hospitales.

Lena se limitó a asentir.

Mientras tanto, Ethan, Adrian, Marcus, Maya y Sofia iniciaban una inspección de los corredores de la nave.

La Odyssey-X9 parecía más grande por dentro de lo que sugería su casco exterior.

Amplios corredores conectaban los diferentes módulos.