II
Las sirenas atravesaban el hangar como cuchillas.
— ¡Formación cerrada! —gritó Marcus.
Los diez avanzaron por la pasarela.
Un grupo de soldados apareció frente a ellos.
— ¡Deténganse inmediatamente!
Marcus disparó primero.
El pulso eléctrico golpeó el suelo delante de ellos, extendiendo una onda azul que obligó a los militares a retroceder.
— ¡Armas no letales! —gritó al grupo—. ¡Disparad solo si es necesario!
Adrian derribó un dron con un disparo preciso.
La máquina perdió estabilidad y se estrelló contra una rejilla lateral, estallando en una lluvia de chispas.
Ethan corrió hacia la escalera que conducía a la plataforma principal.
— ¡Están aislando la nave!
Noah levantó la mirada.
Grandes placas metálicas seguían descendiendo alrededor de la Odyssey-X9.
— ¡Si se cierran por completo, se acabó!
Olivia se detuvo junto a un terminal integrado en la pared.
— Intentaré detener el bloqueo.
— ¿Cuánto tiempo? —preguntó Marcus.
— No lo sé.
— Averígualo rápido.
Conectó el dispositivo al sistema.
Argos respondió casi de inmediato.
— Acceso denegado.
— No te he pedido permiso —murmuró Olivia.
Líneas de código comenzaron a llenar la pantalla.
Mientras tanto, Marcus, Adrian y Ethan descendían por la escalera.
Lena, Claire, Maya y Sofia los seguían de cerca.
Daniel y Noah permanecieron unos metros más arriba, protegiendo a Olivia.
Varios soldados aparecieron en el nivel inferior.
— ¡Ríndanse!
Ethan siguió corriendo.
Una descarga de energía alcanzó la rejilla junto a él.
Adrian se volvió y disparó contra el emisor del arma, destruyéndolo.
— Están utilizando baja intensidad —dijo.
Marcus se dio cuenta.
— Quieren la nave intacta.
— ¿Y a nosotros vivos? —preguntó Ethan.
— No cuentes con ello.
En el centro del hangar, la rampa principal de la Odyssey-X9 comenzaba a retraerse automáticamente.
Daniel la vio.
— ¡La entrada!
Noah señaló un panel exterior.
— Hay un control manual.
— Yo voy.
Daniel saltó los últimos peldaños y corrió hacia el lateral de la nave.
Dos técnicos intentaron detenerlo.
Derribó al primero con el hombro y golpeó al segundo con una herramienta de pulsos.
Ninguno de los dos volvió a levantarse.
Daniel alcanzó el panel.
— ¡Noah!
— ¡Estoy conectado!
— ¡Necesito el código de la rampa!
Noah tecleó rápidamente.
Aparecieron varias secuencias.
— ¡Prueba cuatro-nueve-siete-omega!
Daniel introdujo el código.
No ocurrió nada.
— ¡No ha funcionado!
— ¡Espera!
Un nuevo grupo de soldados entró por la puerta norte.
Marcus disparó contra las luminarias situadas sobre ellos.
El sector quedó parcialmente sumido en la oscuridad.
— ¡Esto solo los retrasará unos segundos!
— Los segundos bastan —respondió Ethan.
Lena alcanzó la base de la nave.
Miró el casco y, durante un instante, pareció olvidar el caos que los rodeaba.
La Odyssey-X9 no se parecía a ninguna aeronave que hubiera visto jamás.
Era una construcción concebida para abandonar el mundo.
Claire tiró de ella por el brazo.
— ¡Ya la admirarás después!
En el terminal superior, Olivia consiguió atravesar la primera capa de Argos.
— Vamos, vamos...
La inteligencia artificial reaccionó.
— Intrusión confirmada. Iniciando aislamiento físico.
Las placas que rodeaban la nave comenzaron a descender aún más deprisa.
Olivia introdujo un comando de emergencia.
— ¡Noah, necesito tu módulo de desvío!
Él lanzó el pequeño dispositivo.
Olivia lo conectó.
La pantalla se volvió blanca.
Durante un segundo, todo se detuvo.
Entonces las placas de aislamiento quedaron bloqueadas a pocos metros del suelo.
— ¡Lo conseguí!
— ¿Por cuánto tiempo? —gritó Ethan.
— ¡Hasta que Argos descubra cómo lo he hecho!
Daniel recibió un nuevo código.
— ¡Ahora!
Lo introdujo.
La rampa de la nave dejó de retraerse.
Después comenzó a descender de nuevo.
— ¡Entrad! —gritó.
Maya, Sofia, Claire y Lena subieron primero.
Daniel señaló hacia el interior.
— ¡Maya y Sofia, módulo científico! ¡Claire y Lena, soporte vital y enfermería! ¡No os detengáis!
Ethan entró inmediatamente después.
Adrian lo siguió.
Marcus permaneció fuera, cubriendo la retirada.
— ¡Noah! ¡Olivia!
Los dos corrieron por la pasarela.
Varios drones aparecieron en el techo.
Adrian levantó el arma.
— ¡Tres a la derecha!
Marcus disparó contra el primero.
Adrian alcanzó al segundo.
El tercero abrió fuego.
Una descarga golpeó a Noah en el hombro.
Cayó al suelo.
— ¡Noah! —gritó Olivia.
Ella regresó.
Marcus corrió hacia ellos.
Noah intentó levantarse, pero el brazo no le respondía.
— ¡Estoy bien!
— No lo estás —respondió Marcus.
Lo levantó con una sola mano y prácticamente lo cargó hasta la rampa.
Olivia entró detrás de ellos.
Marcus fue el último.
Daniel activó el cierre.
La rampa comenzó a elevarse.
En el exterior, decenas de soldados rodeaban la nave.
Un oficial apareció entre ellos.
Vestía uniforme negro con insignias doradas.
— ¡Ethan Cole!
La voz resonó a través de los altavoces del hangar.
Ethan se detuvo en el corredor interior.
Reconoció al hombre.
General Warren Vale.
Comandante del Proyecto Odyssey.
— ¡No sabes lo que estás haciendo! —gritó el general—. ¡Esa nave pertenece a la humanidad!
Ethan se acercó al comunicador externo.
— No. Pertenece a quienes vosotros elegisteis.
— ¡Condenaréis a miles de millones!
Lena lo oyó.
La frase la golpeó.
— Ethan...
Él percibió su vacilación.
Vale continuó.
— Hay material genético, bancos de semillas, investigaciones médicas y recursos de preservación a bordo. ¡Si robáis esa nave, destruiréis la única posibilidad de continuidad de la especie!
Lena miró hacia el corredor.
— ¿Y si está diciendo la verdad?
— La dice —respondió Claire—. He visto los bancos biológicos.
El silencio dentro de la nave duró apenas unos segundos, pero pareció inmenso.
Ethan volvió al comunicador.
— La humanidad no puede ser preservada únicamente por los hombres que la destruyeron.
La voz de Vale se endureció.
— Entrégate ahora.
— No.
— Entonces me veré obligado a derribaros.
Marcus cerró la rampa por completo.
— Se acabó la conversación.
La nave entró en bloqueo interno.
Daniel corrió hacia el núcleo de propulsión.
Noah, todavía herido, lo siguió.
— Tú te quedas en la enfermería —dijo Lena.
— Sin mí no puede iniciar los sistemas.
— Tienes el hombro quemado.
— Ya te ocuparás de eso después.
Ethan y Adrian llegaron a la cabina.
Diez asientos se distribuían en dos niveles, pero únicamente los dos delanteros disponían de control directo.
La proyección de Argos apareció en el panel principal.
— Tripulación no autorizada.
Olivia se sentó en una estación lateral.
— Todavía.
Conectó el terminal.
La interfaz de la nave intentó expulsarla.
— Sistema de mando bloqueado —anunció Argos.
Adrian asumió el control manual.
— Motores fríos.
Ethan activó la secuencia primaria.
— ¿Reactor?
La voz de Daniel llegó por el comunicador.
— Iniciándolo manualmente.
En el núcleo de la nave, abrió un compartimento y tiró de dos palancas mecánicas.
El reactor respondió con un rugido profundo.
Noah conectó varios cables al sistema secundario.
— Sincronización al veinte por ciento.
— Necesitamos cien —dijo Daniel.
— Lo sé.
En el exterior, los soldados comenzaron a colocar cañones de contención.
Marcus observaba a través de las cámaras.
— Van a intentar anclar la nave a la plataforma.
Ethan miró a Adrian.
— ¿Podemos despegar antes del bloqueo?
— No sin los motores a plena potencia.
Olivia tecleaba a una velocidad frenética.
— Argos está cerrando los controles.
La inteligencia artificial respondió:
— Acción hostil confirmada. Iniciando apagado de seguridad.
Las pantallas comenzaron a apagarse.
— ¡No! —gritó Noah.
Desvió energía desde el núcleo auxiliar.
Algunos paneles volvieron a encenderse.
Daniel sintió cómo aumentaba el calor.
— ¿Sincronización?
— Cuarenta y ocho por ciento.
Una explosión golpeó el casco.
La nave se sacudió.
Claire cayó contra una pared de la enfermería.
Lena corrió hacia ella.
— ¿Estás herida?
— Solo me he golpeado el brazo.
Otra explosión.
Esta vez más fuerte.
Marcus vio cómo lanzaban cables magnéticos contra la Odyssey-X9.
Cuatro se adhirieron al casco.
— ¡Nos están anclando!
Adrian activó los propulsores laterales.
No ocurrió nada.
— ¡Daniel!
— ¡Sesenta por ciento!
— ¡No tenemos tiempo!
Olivia finalmente atravesó una capa de la inteligencia artificial.
— Argos, protocolo de evacuación de emergencia.
— Denegado.
— Protocolo siete-alfa. Fallo crítico en el hangar.
La IA vaciló.
— Confirme autoridad.
Olivia proyectó la identidad digital del general Vale.
— Autoridad confirmada.
Argos respondió:
— Protocolo de evacuación aceptado.
Las compuertas superiores del hangar comenzaron a abrirse.
Vale se dio cuenta.
— ¡Cancelen eso!
Pero ya era demasiado tarde.
La plataforma elevadora se activó.
La Odyssey-X9 comenzó a ascender lentamente.
Los cables magnéticos se tensaron.
— El casco no va a resistir —dijo Sofia.
Marcus activó los cortadores externos.
Dos cables se rompieron.
Los otros permanecieron sujetos.
— ¡Daniel!
— ¡Ochenta y dos por ciento!
La nave continuaba ascendiendo.
Las compuertas del techo se abrieron hacia el cielo nocturno.
Varios cazas militares ya esperaban sobre la base.
Adrian miró a Ethan.
— En cuanto tengamos potencia, será todo o nada.
— Siempre lo fue.
En el núcleo, Noah vio cómo la sincronización alcanzaba el noventa y siete por ciento.
— ¡Casi!
Argos volvió a recuperar parte de los sistemas.
— Intrusión detectada. Cancelando protocolo.
Olivia golpeó el panel.
— No, no lo harás.
Desconectó físicamente el módulo de comunicación de la IA.
Las luces de la cabina oscilaron.
— Hemos perdido la mitad de la automatización —dijo Ethan.
— Pero todavía tenemos la nave —respondió Adrian.
Daniel tiró de la última palanca.
— ¡Cien por ciento!
Los motores despertaron.
El rugido atravesó todo el hangar.
Las llamas de los propulsores destruyeron parte de la plataforma.
Los dos cables restantes se rompieron.
Ethan sujetó los controles.
— ¡Despegamos!
La Odyssey-X9 salió disparada hacia arriba.
El casco rozó uno de los bordes del hangar.
Una lluvia de chispas atravesó los monitores.
Claire salió despedida contra un asiento.
Lena la aseguró con el cinturón.
— ¡Todos sujetos! —gritó.
La nave atravesó la abertura y emergió en el cielo del desierto.
Inmediatamente, cuatro cazas la rodearon.
— Odyssey-X9, reduzca potencia y regrese a la base —ordenó una voz—. Esta es su única advertencia.
Adrian miró a Ethan.
— No van a esperar una respuesta.
El primer caza disparó.
Ethan inclinó la nave.
El proyectil pasó junto al ala.
La Odyssey-X9 era más grande, más pesada y mucho menos ágil.
— No fuimos construidos para combatir —dijo Adrian.
— Entonces no lucharemos.
Ethan aumentó la potencia.
La nave atravesó las nubes.
Los cazas fueron tras ella.
Otro disparo alcanzó el lateral.
Apareció una alerta.
— Daños en el módulo exterior —informó Sofia.
— Presión estable —respondió Claire.
Marcus ocupó una de las estaciones defensivas.
— Tenemos contramedidas.
— Úsalas sin alcanzar a los pilotos —dijo Ethan.
Marcus lanzó una nube electromagnética.
Dos cazas perdieron temporalmente sus sensores.
Adrian aprovechó para cambiar de rumbo.
La nave ascendió casi verticalmente.
Las fuerzas gravitacionales presionaron a todos contra los asientos.
— Estamos entrando en la alta atmósfera —anunció Ethan.
El cielo se oscureció.
Las estrellas comenzaron a aparecer.
En el panel surgió una nueva transmisión.
General Vale.
— Todavía podéis regresar.
Ethan no respondió.
— El motor gravitacional no ha sido probado durante una huida atmosférica —continuó el general—. Si lo activáis ahora, moriréis.
Adrian analizó los sensores.
Seis cazas más se aproximaban.
— Si no lo activamos, nos derribarán.
Daniel habló por el comunicador:
— El anillo todavía no está estable.
— ¿Cuánto falta?
— Minutos.
— Tenemos segundos.
Ethan abrió el canal.
— General, aquí tampoco sobreviviríamos.
Cortó la transmisión.
Adrian activó el anillo gravitacional.
La nave entera gimió.
El espacio frente a ellos se distorsionó.
Luces azules envolvieron el casco.
Las alarmas estallaron en la cabina.
— ¡Campo inestable! —gritó Noah.
— ¡Sujetaos! —ordenó Ethan.
La Odyssey-X9 aceleró.
Los cazas desaparecieron de los sensores.
La Tierra comenzó a empequeñecerse detrás de ellos.
Durante unos segundos, nadie habló.
En los monitores, el planeta parecía silencioso, azul y distante.
Demasiado hermoso para albergar tanta muerte.
Lena contempló la imagen con lágrimas en los ojos.
— De verdad nos hemos ido.
Ethan mantuvo las manos sobre los controles.
— Todavía no hemos escapado.
La ruta hacia Neptuno apareció en el panel.
Al final de ella, la Anomalía N-7 palpitaba como una herida abierta en el espacio.
El motor gravitacional había reducido un viaje de años a unas pocas horas, pero el reactor funcionaba por encima de sus límites.
Daniel vigilaba las temperaturas.
— Si mantenemos esta potencia, no tendremos suficiente sistema para desacelerar.
Adrian observó la persecución.
Nuevas firmas aparecían detrás de ellos.
— Han enviado naves de largo alcance.
Ethan fijó la mirada en la anomalía.
— Entonces no desaceleraremos.
Horas después, Neptuno apareció a lo lejos.
Más allá, el agujero de gusano ocupaba el vacío.
Era gigantesco.
Un círculo negro rodeado de relámpagos violetas, distorsionando las estrellas y la luz a su alrededor.
Ninguna proyección había preparado a los diez para aquello.
Maya se acercó al monitor.
— Parece vivo.
La nave comenzó a temblar.
Argos, parcialmente desconectada, volvió a emitir alertas.
— Inestabilidad gravitacional crítica.
— Ruta de retorno no disponible.
— Estructura sometida a tensión.
Ethan intentó corregir la trayectoria.
Los controles respondieron con retraso.
— ¡Nos está arrastrando!
Adrian asumió parte del control.
— ¡Todos a sus asientos!
Los diez se aseguraron.
El casco gimió.
Las luces se apagaron.
La Tierra desapareció del mapa.
La Vía Láctea comenzó a deformarse detrás de ellos.
La Odyssey-X9 fue arrastrada hacia la oscuridad.
Ethan apretó los controles hasta que le dolieron los dedos.
— ¡Ahora!
Adrian activó el estabilizador.
El anillo gravitacional brilló como una estrella.
La nave entró en la anomalía.
El espacio dejó de existir.
El tiempo perdió todo sentido.
Y cuando la luz de la Vía Láctea desapareció detrás de ellos, los diez comprendieron que habían escapado de la Tierra, pero aún no sabían adónde los estaban llevando.