Hopeless. Tocando el cielo (Hopeless 1) Martes, 30 de octubre de 2012. 2045 h
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Martes, 30 de octubre de 2012. 2045 h

Holder no me pregunta sobre la conversación que acabo de mantener con Karen. Sabe que se lo contaré cuando pueda, pero ahora mismo no me veo capaz. Prefiero no hablar hasta haber decidido lo que quiero hacer.

Cuando llegamos al aeropuerto, aparca, aunque me extraña ver que no lo hace en el mismo sitio que las otras veces. Mientras caminamos en dirección a la verja, veo sorprendida que hay una entrada sin candado. Holder descorre el pestillo, la abre y me invita a pasar con un gesto.

—¿Hay una puerta? —pregunto confundida—. Pero, entonces, ¿por qué saltábamos la valla?

Él me dirige una sonrisa canalla.

—Llevabas vestido las dos veces que vinimos. ¿Dónde habría quedado la diversión si hubiéramos entrado por la puerta?

No sé de dónde saco las ganas de reír, pero el caso es que no puedo controlarlas y se me escapa una carcajada.

Holder cierra la verja, pero se queda al otro lado. Yo le ofrezco la mano.

—Quiero que vengas conmigo.

—¿Estás segura? Pensaba que querrías reflexionar a solas.

—No. Me gusta estar contigo cuando venimos aquí. Me sentiría rara sin ti.

Vuelve a abrir la valla y me da la mano. Recorremos la pista y ocupamos nuestro lugar habitual bajo las estrellas.

Dejo la caja a mi lado. Todavía no sé si reuniré el valor para abrirla. Ahora mismo no estoy segura de nada. Permanezco quieta durante una media hora, dándole vueltas a mi vida, a la de Karen, a la de Lesslie..., y siento que debo tomar una decisión en nombre de las tres.

—Karen es mi tía, mi tía biológica. —No sé si lo digo para que lo oiga él o si necesito pronunciarlo en voz alta para asimilarlo.

Él enlaza el dedo meñique con el mío y se gira para mirarme.

—¿La hermana de tu padre? —pregunta en tono cauteloso. Cuando asiento con la cabeza, cierra los ojos porque entiende lo que eso significa—. Por eso se te llevó de allí —afirma como si al fin lo comprendiera todo—. Sabía por lo que estabas pasando.

Yo vuelvo a confirmárselo en silencio.

—Me ha pedido que tome una decisión, Holder. Quiere que sea yo la que escoja lo que debemos hacer, pero no tengo ni idea de qué es lo correcto en este caso.

Él entrelaza el resto de los dedos con los míos.

—Porque no hay una respuesta correcta —opina—. A veces hemos de elegir entre un montón de opciones incorrectas porque no tenemos acceso a ninguna apropiada. Entonces hemos de elegir la opción incorrecta que nos haga sentir menos mal.

Que Karen pague por algo que hizo por puro altruismo sería sin duda la peor de todas las malas alternativas.

Mi corazón lo sabe, aunque a mi mente le cuesta aceptar que un acto como el suyo no tenga consecuencias.

Sé que ella no podía saberlo entonces, pero, al apartarme de mi padre, Lesslie acabó convirtiéndose en su siguiente víctima.

Me cuesta ignorar el hecho de que las acciones de Karen condujeran a lo que le pasó a Les, la otra persona en la vida de Holder a quien siente que le falló.

—Necesito preguntarte algo —le digo. Al ver que él aguarda pacientemente a que continúe, me siento y lo miro a los ojos—.

No quiero que me interrumpas, ¿vale? Deja que lo saque todo de dentro.

—Él me toca la mano y asiente en silencio, por lo que sigo hablando—.

Sé que Karen hizo lo que hizo con la intención de salvarme, que fue una decisión tomada desde el amor, no desde el odio.

Pero tengo miedo de que, si no informo a la policía...

, si nos lo guardamos para nosotros..., te acabe afectando.

Porque sé que lo que mi padre le hizo a Les no habría ocurrido si yo hubiera seguido allí.

Soy consciente de que Karen no tenía manera de saber lo que iba a pasar.

Trató de hacer las cosas bien y lo denunció antes de tomar medidas desesperadas.

Pero ¿qué pasará entre nosotros? Tengo miedo de que la odies cuando te acuerdes de cómo eran las cosas antes y de que acabes odiándome a mí por la decisión que tome esta noche.

No te pido que no sientas lo que necesites.

Si necesitas odiar a Karen por lo que le pasó a Les, lo entenderé.

Supongo que necesito saber que, elija lo que elija... Necesito saber...

Busco la manera más elocuente de expresarme, pero no encuentro ninguna que me sirva. A veces las cosas más sencillas son las más difíciles de preguntar. Le aprieto la mano y busco respuestas en su mirada.

—Holder, ¿estarás bien?

Él me observa con una expresión que no sé interpretar. Entrelaza los dedos con los míos y fija la vista en el cielo que se extiende sobre nosotros.

—Durante este último año —empieza en voz baja— no he hecho otra cosa que odiar a Les y culparla por lo que hizo.

La detestaba porque habíamos llevado la misma vida, habíamos tenido los mismos padres, que habían pasado por el mismo divorcio.

Tuvimos la misma mejor amiga, que nos arrebataron a la vez.

Compartimos el mismo dolor por lo que te había pasado, Sky.

Nos mudamos a la misma ciudad, a la misma casa, con la misma madre, y fuimos al mismo instituto.

En su vida pasaron exactamente las mismas cosas que en la mía, pero ella siempre se lo tomó a la tremenda.

En ocasiones la escuchaba llorar en su habitación.

Siempre que la oía, iba a tumbarme a su lado y la consolaba, pero muchas veces estuve tentado de gritarle por ser mucho más débil que yo.

»Y entonces..., esa noche..., cuando vi lo que había hecho..., la odié. Odié que se hubiera rendido tan fácilmente, que pensara que su vida había sido mucho más dura que la mía cuando habían sido exactamente iguales.

Se sienta, se vuelve hacia mí y me toma las manos antes de seguir hablando.

—Ahora sé la verdad, que su vida fue un millón de veces más difícil que la mía.

Y que fuera capaz de sonreír y de reír todos los días...

y que yo no tuviera ni idea de todo por lo que había pasado...

me hace darme cuenta de lo valiente que fue.

No supo lidiar con lo que le ocurrió, pero no fue culpa suya.

Ojalá hubiera pedido ayuda o le hubiera contado a alguien lo que le sucedía, pero cada persona se enfrenta a estas cosas como puede, sobre todo cuando piensa que está solo.

Tú pudiste bloquear los recuerdos y eso te permitió sobrevivir.

Creo que ella lo intentó con todas sus fuerzas, pero era mayor que tú cuando le pasó y no pudo.

Por lo que, en vez de no volver a pensar nunca más en lo sucedido, estoy seguro de que los recuerdos la consumieron hasta que no pudo soportarlo.

»Y no. No quiero oírte decir que la decisión de Karen estuvo ligada directamente a lo que le hizo tu padre a Les.

Si ella no se te hubiera llevado, lo más seguro es que lo hubiera hecho igualmente porque estaba en su naturaleza.

Por eso, si me preguntas si culpo a Karen, la respuesta es no.

Lo único que me gustaría que hubiera hecho de otra manera...

sería que se hubiera llevado también a Les.

Me abraza y me dice al oído:

—Lo que tú decidas estará bien. Lo que vaya a hacer que tu corazón se cure más deprisa..., eso es lo que deseo para ti. Y es lo que Les habría querido también.

Le devuelvo el abrazo y hundo la cara en su hombro.

—Gracias, Holder.

Me estrecha en silencio mientras pienso en mi decisión, aunque en realidad siento que ya está tomada.

Al cabo de un rato, me separo de él y me coloco la caja en el regazo.

La recorro con los dedos mientras me armo de valor para abrirla.

Aprieto el cierre y levanto la tapa despacio, con los párpados cerrados, dudando sobre si mirar el contenido o no.

Inspiro hondo y, al abrir los ojos, me encuentro con los de mi madre.

Cojo la foto con dedos temblorosos y observo la cara de la mujer que me creó.

No me cabe ninguna duda de que es mi madre porque soy igual que ella: la boca, los ojos, los pómulos. La veo en cada uno de mis rasgos.

Dejo la fotografía para contemplar la que hay debajo.

Esta todavía me emociona más porque salimos las dos juntas.

Debo de tener dos años y estoy sentada en su regazo, abrazada a su cuello.

Me está dando un beso en la mejilla y yo miro a cámara con una sonrisa que iluminaría la noche más oscura.

Cuando empiezan a caer lágrimas sobre la foto, la seco y se la paso a Holder.

Necesito que entienda por qué era tan importante para mí volver a casa de mi padre.

En la caja hay otro objeto, que levanto y dejo colgando entre mis dedos. Es un colgante de plata, un relicario en forma de estrella. Al abrirlo, veo que dentro hay una foto mía de pequeñita. En el otro lado, leo una inscripción que pone: «Hope, mi rayo de esperanza».

Abro el cierre y me coloco la cadena alrededor del cuello. Holder agarra los dos extremos mientras yo me levanto el pelo. Cuando lo abrocha, me suelto los mechones y él me besa en la sien.

—Es preciosa, igual que su hija. —Me devuelve las fotos y me besa con delicadeza. Abre el medallón y contempla la imagen con una sonrisa en la cara. Después de cerrarlo, me mira a los ojos—. ¿Estás lista?

Guardo las fotos en la caja, le devuelvo la mirada y respondo en tono firme:

—Lo estoy.